DEMOCRACIA Y GOBERNABILIDAD.
LIBERTAD DE EXPRESIÓN Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Juan Carlos Hinojosa Luelmo*

I. Democracia.

Aunque es imposible lograr consenso absoluto en las decisiones de una colectividad, en los sistemas democráticos predominan los intereses de la mayoría. Generar apertura y pluralidad no significa, sin embargo, que se prescinda de las minorías. Al contrario, las minorías ejercitan también la parte que les corresponde en la soberanía popular, al desempeñar funciones de crítica y acotamiento de los actos gubernamentales.

La democracia que estamos construyendo los mexicanos y a la que aspiramos, es una forma de vida cotidiana que garantiza las relaciones sociales sustentadas plenamente en la ley, en una cultura del reconocimiento a los derechos individuales y a la diversidad de expresiones sociales.

Gracias a las reformas legislativas impulsadas por el Partido Revolucionario Institucional y consensadas con los demás partidos, hoy contamos con un sistema sustentado en un cuerpo de normas (Cofipe); un organismo ciudadanizado, imparcial e independiente (IFE), que organiza y regula los procesos electorales federales; y un órgano jurisdiccional (TRIFE), que dirime controversias en la materia. Todo esto, a fin de garantizar que los procesos electorales se den en un marco de competencia equitativa, legal y plural, con pleno respeto a los derechos políticos ciudadanos.

II. Gobernabilidad.

La responsabilidad por mantener condiciones adecuadas de gobernabilidad no es un asunto que recae, de manera unilateral, en el gobierno o en la sociedad. No es un Estado o gobierno lo que permite, por sí mismo, gobernar a una sociedad, ni tampoco es la sociedad en sí misma gobernable o ingobernable; más bien, es la relación compleja entre ambos sujetos lo que nos permite hablar de condiciones de gobernabilidad.

Al igual que el concepto de democracia, la noción de gobernabilidad tiene una función persuasiva, en la medida en que el debate acerca de ellos depende de relaciones entre hechos y valores.

Desde sus orígenes, el pensamiento político se ha movido entre dos concepciones opuestas en torno a la gobernabilidad. Una de esas concepciones está ligada a la esfera de la ética y ha centrado su preocupación en un modelo de «buen gobierno»; la otra, en cambio, se limita a considerar a la política como un sistema de ejercicio del poder.

Cada una de estas corrientes de pensamiento parte de valoraciones distintas: para la primera, lo principal es la noción de justicia; para la segunda, la de eficacia. Junto a estas dos vertientes, podríamos hablar de una tercera corriente que tiene la peculiaridad de ubicarse en un plano intermedio y que ha puesto su atención en el fenómeno de la «estabilidad política».

Por «estabilidad política» se entiende la previsible capacidad del sistema para durar en el tiempo; es decir, por su capacidad de cambiar adaptándose a los desafíos que provienen del ambiente. En este sentido, podemos entender por gobernabilidad, un estado de equilibrio dinámico entre demandas sociales y capacidad de respuesta gubernamental. En México, los medios de comunicación han contribuido de manera fundamental a consolidar la estabilidad política.

III. Democracia y Gobernabilidad. (Los Medios de Comunicación.)

Actualmente, el paradigma que domina nuestra política es la transición de una democracia representativa a una democracia directa. La ciudadanía cada día demanda mayores canales de participación política. En este cambio juegan un papel primordial los medios de comunicación.

En el mundo moderno y de cara al siglo veintiuno, la presencia de los medios de comunicación es determinante para reafirmar los procesos democráticos y de gobernabilidad. Sumado a ello, en los últimos años, los medios de comunicación han proliferado. Actualmente se cuenta con 575 televisoras, mil 400 estaciones de radio y más de 500 periódicos y revistas, así como con 5 millones de usuarios de computadoras, de los cuales 2.2 millones están enlazados al sistema Internet. Se ha construido esta nueva cultura democrática del Sistema Mexicano, donde el ejercicio de gobierno va de la mano de la comunicación, de acuerdo con la máxima de Giscard (expresidente de Francia): «comunicar es gobernar, quien no comunica no gobierna».

Esto significa que los gobernantes, además de realizar y concluir sus programas de gobierno, deben comunicarlos a la ciudadanía. Para ello cuentan con medios de comunicación, tanto escritos como electrónicos, los cuales se han transformado en generadores de opinión pública, constituyéndose además como elementos indispensables de las democracias contemporáneas.

El reto de los medios y de los políticos y gobernantes, es vencer la indiferencia frente al tema de lo político, que es motivado por la irrupción caótica de informaciones simultáneas y contradictorias que tienden a provocar un efecto analgésico y de falta de credibilidad en la opinión pública. No se puede forzar a la audiencia a escuchar o creer lo que nosotros creemos, sino que debemos transmitir mensajes acordes con la realidad y con la verdad, con hechos creíbles.

La apertura e intensidad en los niveles de información que han generado la tecnología moderna, permite una mayor identificación de las opiniones políticas. En el pasado inmediato los votantes en México se sentían inclinados por subordinar sus propios puntos de vista a los de los partidos políticos y sus líderes, a las corporaciones y sindicatos.

Hoy cada vez son más los ciudadanos que se sienten capaces de analizar los temas de la política pública por sí mismos, con base en la información que arrojan los medios.

Los partidos políticos y los políticos profesionales deben proponer prioridades y soluciones. Con la ayuda de los estudios de análisis cualitativos y cuantitativos, es el político quien debe seleccionar y decidir en qué deben usarse los recursos públicos (combate a la pobreza, educación, salud, servicios, etcétera).

La libertad de expresión, plasmada en una opinión pública cada vez más fortalecida gracias a modernos y eficaces medios de comunicación, ejerce hoy una función esencial en nuestra sociedad.

Con su carácter de censora del poder político, acota, impulsa, contrasta y proyecta los intereses de la sociedad y de los gobernantes, conciliándolos hacia un escenario de gobernabilidad, estabilidad y desarrollo democrático.

*Maestro en Derecho. Ha sido Secretario de Promoción y Vinculación del CONALEP; Coordinador General de Comunicación Social de SEDESOL.
Actualmente es coordinador de imagen en la campaña presidencial de Francisco Labastida Ochoa.