LA
FAMILIA, GENERADORA DE VALORES ESENCIALES
Enrique
Burgos García*
La
pobreza y la desintegración familiar, son problemas sociales
muy preocupantes. En un contexto de globalización, recaen
en la familia demasiadas tareas y pocos soportes, de tal modo
que tienen que movilizar sus recursos para procurar sustento material
y apoyo emocional para todos sus miembros, tarea no exenta de
riesgos y de fracasos; lo cual genera dificultades para mantenerse
unidas, para inculcar en sus miembros códigos éticos,
para forjar identidades firmes, para fomentar el respeto por los
más débiles y practicar la tolerancia.
En
nuestro país hasta el mes de Junio de 1998, de acuerdo
a datos del INEGI y CONAPO, existían 20.4 millones de familias,
el 46 por ciento de las cuales tienen más de cinco miembros.
El tamaño promedio por hogar es de 4.7 miembros.
El
número de familias en México, ha evolucionado en
los últimos sesenta años aumentando en proporciones
considerables: en 1930 se tenían 3.6 millones, en 1960
se reportan 6.4 millones, en 1982 18.2 millones, y en 1998 20.4
millones.
En
promedio se forman 408 mil nuevas familias cada año en
México. Los tipos de familias que existen actualmente en
México son: Nucleares, 14297,781, equivalente al
69 %; Extensas, 4776,239, el 22 %; Unipersonales, 1209,529,
el 6 %; Compuestas, 109,965, el 2 %; y Corresidentes, 73,524,
el 1 %. Se considera que las familias mexicanas están en
proceso de transición prolongada y lenta, derivada de los
cambios demográficos y de salud observados en los últimos
treinta años, lo que ha generado nuevos factores en la
composición de las familias:
1.
La familia nuclear sigue siendo la opción principal de
los mexicanos. Sin embargo existe una menor proporción
de éstas que en los años previos.
2. Existen más familias extensas modificadas
,
es decir, una familia nuclear a la que se le van agregando otros
individuos, con parentesco o sin él, o porciones de otras
familias.
3.
Se han incrementado las familias reconstruidas, hecho que es reciente
y contemporáneo al aumentar el número de disoluciones
formales e informales.
4.
Los hogares de personas solas han aumentado de manera importante
en proporción al total de hogares mexicanos.
5. Se ha incrementado la proporción de hogares uniparentales,
en el que uno de los padres, generalmente las mujeres, dirigen
el hogar.
Un
fenómeno reciente es el de una mayor proporción
de mujeres en el mercado de trabajo, y el aumento del nivel educativo
de las mismas. Por otro lado, las personas viven más años
en familia y postergan cada vez más la edad del matrimonio,
de igual manera se sobrevive más hasta la vida adulta y
la vejez. Esto da por resultado la modificación de las
trayectorias de vida y el papel respectivo de la mujer y el hombre.
Lo
anterior incluye la dinámica en el interior de las familias
hacia una mayor tensión y sufrimiento. Esto se manifiesta
con fenómenos como los de la violencia intrafamiliar que
está en ascenso, y que obliga a considerar al de las mujeres
como uno de los grupos sociales más importantes a considerar
en las políticas públicas de atención para
el sector salud y de la asistencia social.
En
los últimos años se ha denunciado el problema de
la violencia, especialmente con relación a las formas de
violencia intrafamiliar, cuya expresión más cruel
se refiere al maltrato a niños y a niñas, así
como a la violencia conyugal, de efectos negativos en la integración
familiar, ya que es un proceso que corroe las estructuras de la
familia, destruyendo vínculos e identidades, y propiciando
la desintegración y el abandono.
La
cultura de la denuncia prácticamente no existía
hasta hace algunos años en el país, las creencias
culturales asociadas al entorno más amplio de la sociedad
patriarcal, tradicionalmente otorgan el poder al hombre sobre
la mujer, a los padres sobre los hijos, y este es un eje que estructura
los valores sostenidos en la mayor parte de las sociedades occidentales.
Este
sistema de creencias suele sostener un sólo modelo de familia
vertical, y una concepción acerca del poder y la obediencia
en los contextos familiares cuyas formas más rígidas
promueven una obediencia automática e incondicional de
la mujer hacia el marido y de los hijos hacia los padres, que
en muchas ocasiones es el sustrato en el que se genera la violencia
hacia las niñas, niños y mujeres.
Los
tiempos que corren desafían a estas estructuras que entre
más rígidas sean, más difícil es que
armonicen con la modernidad. Esta rigidez limita la adecuación
de las estructuras sociales y familiares al desafío que
plantea la Convención sobre los Derechos de la Niñez,
para construir relaciones familiares e institucionales menos autoritarias
y más horizontales, así como a incorporar una visión
desde una perspectiva de género que considere la situación
de desventaja en la que viven las niñas y las mujeres en
un marco de restricciones y discriminación hacia ellas.
Hoy
se sabe más del problema, se puede evaluar mejor el verdadero
impacto que puedan tener los programas públicos y privados
y alentar la adecuación de las legislaciones, así
como la creación de instrumentos administrativos para enfrentar
este problema, conjuntamente con programas de capacitación
para profesionales del trabajo social, del aparato judicial y
educadores; diseñar e implementar políticas públicas
de prevención, protección, atención y rehabilitación;
pero también, afinar la estructura y contenidos escolares
sobre la resolución creativa y coherente de los conflictos
familiares, conscientizando a la comunidad de que es un problema
social grave ante el cual es necesario modificar actitudes y comportamientos.
A
través de las Procuradurías de la Defensa del Menor,
la Mujer y la Familia, el Sistema Nacional DIF, es el receptor
natural de miles de denuncias de maltrato, abuso y violencia hacia
mujeres, niñas, niños y ancianos; estas estadísticas
permiten dimensionar el problema y las alternativas de solución.
Asunto
tal, involucra a gobierno y sociedad, en todos sus componentes
y expresiones y, por supuesto, obliga a recobrar tradiciones,
principios, valores éticos, que no cancelan la viabilidad
a partir de la familia, de la sociedad contemporánea.
*Doctor
en Derecho.
Ha sido presidente municipal, diputado local, senador de la República
y gobernador constitucional del estado de Querétaro. Actualmente
es director del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de
la Familia (DIF).
