Cesáreo Morales García
...un orden sustentado en el estado de derecho y un gobierno que gobierne...

EXAMEN ENTREVISTA AL DR. CESÁREO MORALES GARCÍA, COORDINADOR DE LA COMISIÓN NACIONAL DE IDEOLOGÍA.

e El tema que nos trae a esta entrevista es la Gobernabilidad Democrática ¿Cuál es su concepto al respecto?

R Conforme algunas discusiones académicas, sobre todo en torno a Huntington y a nuestra experiencia política, es fundamentalmente la posibilidad de un orden sustentado en la Ley, que permite solucionar los conflictos inherentes a la convivencia, algunos de ellos inevitables y ofrece condiciones favorables para que el gobierno gobierne. Dominan dos ideas: un orden sustentado en el estado de derecho y un gobierno que gobierne.

e ¿Podemos hablar de una gobernabilidad en una dictadura?

R Ese es uno de los puntos que se ha debatido tanto en la academia como en seminarios políticos. ¿Una dictadura puede o no obtener la gobernabilidad? La respuesta es positiva, obviamente con altos costos. De manera diferente, la gobernabilidad que estamos calificando de democrática, tiene un rasgo esencial que es el de fundarse en el sistema democrático representativo. De hecho, en esta perspectiva, la democracia, sin adjetivos, es la primera estructura de la gobernabilidad.

e La gobernabilidad ¿Qué tanto es una responsabilidad del gobierno y en que medida lo es de la sociedad?

R En este caso, la democracia como forma de gobierno y como ejercicio de los derechos políticos, permite la elección de gobiernos legítimos, con una alta posibilidad y viabilidad de que efectivamente gobiernen.

Desde la perspectiva de los electores, ellos señalan los riesgos que la sociedad no quiere correr; lo hacen frente a las opciones que presentan los candidatos y partidos sobre distintos temas públicos. Así, el elector opta por los riesgos que quiere o no correr. La mayoría, el peso del voto, califica los riesgos. Por eso, otro aspecto de la democracia es que actúa con el carácter de un mecanismo de seguridad. Una democracia eficaz es aquella que evita a una sociedad los riesgos que no quiere correr. Ahí está la gran responsabilidad de cada uno de los ciudadanos.

Por ejemplo, un conflicto postelectoral provocado por unos pocos, puede ser muy riesgoso para la convivencia. Sin una responsabilidad asumida por los ciudadanos, la democracia se puede debilitar y hasta desvirtuar. Esta responsabilidad es también muy específica para los partidos, los cuales deben encauzar las orientaciones de gobierno y a los candidatos hacia la función pública, persiguiendo los intereses generales.

Tanto perdedores como ganadores deben recordar que la democracia lleva inherente el aspecto coercitivo del ejercicio del poder. De ahí otra definición de democracia, como un sistema de gobierno en el cual la mayoría adquiere la legitimidad de ejercer coercitivamente el poder, en el marco de la Constitución.

e ¿Cuáles son los pasos para propiciar la gobernabilidad?

R Volvería a una fórmula sencilla que ve a la gobernabilidad como un orden y un ordenamiento y a la democracia como una estructura ordenadora, concibiendo a la sociedad como un conjunto de subsistemas, en el cual el susbsistema democracia (ejercicio del voto para quitar, poner o ratificar gobiernos) es como un mecanismo corrector del conjunto de susbsistemas. Una democracia que funciona bien ejerce esa acción correctora.

e ¿Cómo debe gobernar un partido para que haya gobernabilidad?

R Ahí entra un concepto más amplio: el de sociedad ordenada. Hay una concepción autoritaria y una democrática del orden. La democrática se sustenta en dos principios sencillos pero claves en cuanto a su capacidad de suscitar legitimidad y de sustentar el contrato ciudadano: el primer principio es el de libertad (donde cada ciudadano tenga el mayor goce de libertades posible); el segundo, es el de tolerancia a la desigualdad (donde los desiguales progresen siempre). Son principios generadores de legitimidad y de un orden, donde toda la sociedad y sus instituciones se estructuran para lograr esas dos finalidades.

Cuando algo falla en perjuicio de alguno de esos principios, habrá que revisar el conjunto institucional y ofrecer las correcciones adecuadas. El ejercicio mismo del voto es el que manda las orientaciones y obliga a un gobierno a cambiar sus políticas, si es posible; mientras mejor funcione la democracia, se orientarán mejor las políticas públicas.

Esto se ve en el comportamiento electoral, particularmente, en el terreno económico, trayendo desajustes entre voto y política económica. Los resultados beneficiarán o perjudicarán a un partido. No hay correspondencia, pero sí hay señales que manda el voto, orientando las reformas y ajustes; en términos sistémicos, significa dar mayor comunicatividad a los distintos subsistemas, con la finalidad de que cada ciudadano se encuentre en las condiciones más favorables para lograr sus objetivos. La gobernabilidad, a su vez lubrica a los subsistemas y permite que funcionen mejor.

e ¿Qué piensa del diálogo y del consenso?

R La gobernabilidad entendida en esta dirección, lleva a muchos ciudadanos a sólo pedir al gobierno que gobierne y que mantenga un orden democrático favorable a los propósitos de cada quien. Conforme las sociedades se desarrollan, cada individuo se hace cargo de sí mismo, participando en lo social y en lo político, como un elector, que exige que su voto funcione, se tengan en cuenta sus orientaciones y sirva para tener mejores gobernantes. Cada vez más, los ciudadanos exigen que funcione el orden democrático, orden en la economía, en lo urbano, orden fundado en la ley para mantener la seguridad.

En esta dimensión, México se mantiene con una gran capacidad de cambio, lo que se traduce en las campañas como un ejercicio de propuestas sobre las reformas deseables y necesarias. En los últimos años, hemos vivido un clima reformador: la reforma del Estado, de la justicia, la relativa a lo social, la cual aún no termina. Parece llegado el momento de concluir algunas, por lo menos en esta etapa y en un cierto nivel de ordenamiento.

Paradójicamente, lo más avanzado y quizá lo que mejor esté funcionando sea la democracia. A través de ella y un buen gobierno, se reordenan y articulan mejor los subsistemas. En el contexto de una sociedad desigual, por un lado, y con mucha energía de cambio, por el otro, es donde naturalmente aparecen los conflictos. En todas las sociedades hay conflictos, pero hay sociedades con dimensiones variables; diríamos sociedades más «calientes» y sociedades más «frías». En Latinoamérica todas las sociedades son «calientes». En Europa, Francia es una sociedad «caliente», en 68 cambia hasta el escenario social; en Inglaterra, a pesar de estar en crisis a finales de los 60’s, en una mediocridad económica, con una gran desigualdad, sin embargo no pasó nada pues los cambios tienen otro ritmo. Esto explica el actual éxito de Blair.

Muchos conflictos en México son inherentes a esta situación. La dinámica de nuestra sociedad exige reformas; si estas no se dan a tiempo o son lentos los procesos, surgen los conflictos, por ejemplo, en la UNAM, donde debieron darse hace tiempo. Es un caso clásico de ingobernabilidad. Otro es Chiapas o las manifestaciones y bloqueos con los autos ilegales. Siempre habrá conflictos, pero muchos de ellos pueden ser previsibles, por lo que se requiere mayor rapidez en cierto reordenamiento, para atender esa situación.

e ¿Cómo desmantelar o atender un conflicto?

R Es fundamental el diálogo. No solo cuando surge sino para prevenir el conflicto. La gobernabilidad es ejercicio de previsión. La democracia también es un mecanismo previsor.
Después de votar, hay que darle tiempo al gobierno para que realice lo que el ciudadano está dictando con el sufragio. Muchos conflictos son resultado de la falta de previsión. En la UNAM o en Chiapas, ha habido factores políticos que han impedido tomar decisiones a tiempo; la falta de ello provoca ingobernabilidad.

e ¿Cuáles serían los instrumentos que facilitan la gobernabilidad?

R El voto es el primer instrumento; luego, tenemos la emergencia de las llamadas ONG’s y las nuevas capacidades de la sociedad para ir atendiendo ella misma temas que antes atendía el gobierno. Cada vez más, temas en los que innumerables organizaciones –efímeras o de mayor permanencia– van a atender la calidad de vida, lo urbano, la ecología, imprimirá otra calidad a la gobernabilidad.

e ¿Qué debe hacer el gobierno como ejercicio permanente? ¿Cómo se comprometen los ciudadanos a la importante tarea de la gobernabilidad?

R Hay varios niveles. El primero, la eficiencia del gobierno y sus instituciones; segundo, la vigencia de la ley; solo en la ley tenemos orden en las interacciones entre ciudadanos y gobierno; tercero, favorecer la participación ciudadana en los procesos de toma de decisiones, sobre todo en los de mayor sensibilidad. Aquí los candidatos deben ser muy pragmáticos porque la participación no podrá ser forzada; los ciudadanos acuden cuando es su interés y cuando ven que es útil.

Los candidatos pueden proponer marcos normativos y regulatorios para que los ciudadanos participen y den su punto de vista; por ejemplo, en cuestiones de desarrollo urbano, seguridad pública, etc. Hay ámbitos más favorables de participación para el ciudadano, con distintos niveles de participación: lo urbano es lo más cercano y los órganos de consulta y toma de decisiones en las adscripciones territoriales, manzana, colonia, etc., son el medio más adecuado para hacer circular la gobernabilidad por todo el entramado citadino.

En la economía deberán irse dando iniciativas de carácter consultivo; generando dinámicas regionales en relación a infraestructura, precios, consumo, planeación, construcción de comercios, etcétera, vinculadas a la economía regional, que pueden llegar a los congresos estatales y a partir de ahí hacerlas llegar al nivel federal. Tiene que haber una mayor comunicación y lubricación en los distintos niveles de gobierno. Aquí el PRI como partido nacional, debe ofrecer la ventaja de posibilitar, mediante sus representantes, la articulación de los tres niveles.

e ¿Cuál es el veneno que rompe el orden?

R Veo tres: primero, que el gobierno no preserve el orden legal; segundo, la corrupción, que provoca el desorden- el orden cuesta, pero el desorden cuesta mucho más-; tercero, la irresponsabilidad de la sociedad. Es necesario cumplir responsabilidades inéditas que caracterizan a las ciudades, donde se vive y sobrevive en condiciones especiales; de lo contrario puede haber colapsos menores o mayores.

e ¿Históricamente cómo ha actuado y cual ha sido la responsabilidad del PRI frente a la gobernabilidad?


R El PRI pasa la prueba histórica; en estos 70 años de gobierno ha conducido la edificación y el fortalecimiento del conjunto de las instituciones, mediante reformas y modificaciones constitucionales y legales. El país posee una estructura de gobernabilidad, que se puede mejorar, lo cual es una ventaja. Ha cumplido, en sus grandes rasgos, la tarea. Ha establecido, además, una reserva cultural de la goberna-bilidad; existen ciertas raíces compartidas; de ahí la explicación de su permanencia en el poder; tenemos la percepción de que los mexicanos compartimos algo: la esperanza de mejorar y avanzar, vía las reformas, como han sido las reformas legales, sobre todo las político electorales. El PRI tiene respuestas adecuadas, precisas para dar el siguiente paso, tomando en cuenta que México ha cambiado y es heterogéneo, además del peso de ser vecino de Estados Unidos y un socio comercial muy importante y lo será, sin duda, de Europa, así como de Japón y los países asiáticos. Todo esto se vuelve más complejo por la globalización que está cambiando el rostro del país. En este contexto, hemos de acceder a un nivel más alto de gobernabilidad democrática.

e ¿Viendo lo sucedido en Perú, cuál sería la perspectiva del 2 de julio?

R En las elecciones del 2 de julio, gane quien gane, se mantendrá la gobernabilidad democrática. La competencia electoral va en ascenso, es intensa, y no hay posibilidad alguna de fraude. Esto da confianza al elector y otorga una alta capacidad legitimadora a las instituciones y nos pone a salvo de una situación de incertidumbre, como la enfrentada en Perú, lo que no hace predecible una situación de ingobernabilidad entre nosotros.

Lo que sí preocupa es que Fox reitere el argumento del fraude, no en el voto ni el día de la elección, sino respecto de otros elementos no calificables jurídicamente: el presunto clientelismo en torno a políticas públicas, a subsidios, vivienda, etc. Hay que responderle que todo gobierno que cumple sus facultades y funciones a favor de los ciudadanos y porque gobierna para todos, quiere avanzar en un proyecto, en un programa y, por eso, en la lucha política, quiere seguir ejerciendo el poder.

Es muy difícil que el PAN corriera una aventura política con Fox. Más ante una normalidad de consensos tácitos, en una sociedad plural y heterogénea, a favor de la gobernabilidad. Una de las grandes ventajas de las reformas político-electorales de los últimos años, es la equidad de la confianza entre partidos. Así, todo indica, por lo menos hasta el momento, que en las elecciones federales, aunque estén dadas las condiciones de la alternancia, Francisco Labastida va a ganar -lo muestran las encuestas-; ello responde a condiciones muy específicas: seriedad política, mayor experiencia y sobre todo, cambio con rumbo, es decir, una percepción mayoritaria de que el candidato del PRI ofrece seguridad y confianza.

Doctor en filosofía de la Universidad de la Sorbona, París. Fue diputado federal en la LV Legislatura. Ha publicado numerosos trabajos de investigación y algunos libros, entre ellos, es coautor de «Colosio. La construcción de un destino». Colabora semanalmente en «El Economista» y «El Occidental» de Guadalajara.
Actualmente es profesor en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM; coordinador de Asesores de la Presidencia de la Junta de Coordinación Política del Senado de la República; miembro del Consejo Político Nacional y coordinador de la Comisión Nacional de Ideología.