"EDUCACIÓN
DE CALIDAD, COMPROMISO PARA UNA NACIÓN JUSTA"
Vengo
a refrendar hoy mi compromiso total, firme, permanente, con la
educación, con la escuela pública, con los alumnos
de todo el país, con las maestras y maestros, con los catedráticos,
investigadores, científicos de todo México.
Dije
en Querétaro el pasado 23 de enero, al iniciar formalmente
mi campaña por la Presidencia de la República, que
todo cambio importante en México tiene que pasar por la
educación, que la educación es primero.
Al valorar nuestra historia, nuestros logros y nuestros anhelos,
podemos apreciar con claridad la importancia que la educación
siempre ha tenido para los mexicanos. Mediante ella hemos mantenido
nuestra identidad nacional y acrecentado nuestra cultura.
Ha sido por nuestros maestros que los mexicanos apreciamos la
riqueza de nuestra historia y la fortaleza que como sociedad podemos
lograr por medio de la educación.
Los maestros de ayer, con sus escasos recursos, pudieron formar
generaciones orgullosas de su pasado y con grandes esperanzas
en el porvenir. De ahí nuestra confianza de que será
en la educación y en nuestros maestros, en donde encontraremos,
nuevamente, la fuente de valores y conocimientos que brindarán
seguridad al futuro de nuestra niñez y nuestra juventud.
Es por esa convicción que el eje de mi propuesta y mi compromiso
es elevar la calidad de la educación, como la mejor garantía
de que nuestro futuro como nación soberana y como pueblo
con destino de grandeza tendrá certidumbre y viabilidad.
Agradezco su asistencia a este acto, en el que quiero exponer
los contenidos fundamentales de la propuesta que presento a ustedes
y a toda la sociedad.
El proyecto que les presento y para lo que solicito su apoyo comprometido
y crítico, concibe a la educación como el factor
decisivo del cambio y de las transformaciones que el país
reclama. Quiero que el poder sirva a la gente, por eso la educación
será prioridad en mi Gobierno, el eje articulador de la
política social.
Por
eso, propongo no sólo un plan, sino un sexenio entero de
acciones, obras y desarrollo educativo.
Por
eso, durante el gobierno que aspiro a encabezar, los recursos
designados a la educación crecerán cada año
en forma permanente, de forma continua y acelerada para cumplir
las metas que aquí detallo.
Elevar
la calidad educativa de forma efectiva y condición de mediano
y largo plazo demanda una política de estado, formulada
con base en el mandato del Artículo 3°. Constitucional
y a partir de acuerdos y convergencias construidas entre el Gobierno
y los actores del proceso educativo: alumnos, padres de familia,
maestros y comunidades concretas.
La
educación de calidad, como la obra de mayor alcance y perspectiva
que propongo emprender, sólo será posible con una
visión total y absolutamente comprometida con el progreso
de nuestro pueblo.
Considero
a la educación de calidad como instrumento que libera y
cohesiona, que procura el perfeccionamiento individual, integrándola
al todo social; que propicia el entendimiento, la civilidad y
la democracia; que permite, en fin, el desenvolvimiento pleno
del espíritu humano y con ello formas superiores de convivencia
en sociedad.
Sin
abandonar la tradición humanista de la educación
pública en México, es preciso vincularla, de manera
efectiva, con la ciencia, con los avances tecnológicos
y con el aparato productivo, en especial la educación media
y superior.
Una
de las grandes hazañas realizadas en el siglo que acaba
de terminar, fue la educación. Hoy, podemos decir que uno
de cada tres mexicanos asiste a la escuela.
Aunque
fuese sólo por esa hazaña, tenemos derecho a rechazar
la voz que pretende descalificar al siglo XX mexicano y a las
generaciones que de él formamos parte, como a un «siglo
perdido».
¡Que
ignorancia! ¡Que profundo desconocimiento de nuestra historia!
Bien decía don Alfonso Reyes que quien ignora la historia
de su patria, es extranjero en su propio suelo.
Los
avances en materia educativa son, múltiples, entre ellos
destaco la cobertura casi universal alcanzada en educación
primaria y secundaria, así como la constante elevación
de la matrícula en educación media y superior. La
escolaridad promedio alcanza hoy casi 8 años.
Pero
detrás de las cifras globales se esconden disparidades
muy grandes, inaceptables. Las altas tasas de analfabetismo en
13 estados de la República son una prueba grave de injusticia
cultural y social.
La escolaridad promedio entre las mujeres es aún inferior
que entre los hombres. La escolaridad es mucho menor en el campo
que en las ciudades y los estados con mayor pobreza tienen una
escolaridad muy por debajo del promedio nacional.
Miles
de jóvenes se ven obligados a abandonar la escuela para
buscar un ingreso que les permita apoyar a la familia. Es preocupante
el número de niños entre 12 y 15 años, que
trabajan, quitando tiempo a sus estudios o de plano abandonándolos.
La
sociedad se transformó, la educación también.
En los siguientes años, bajará el número
de niños en edad escolar, en tanto que seguirá aumentando
la demanda por educación media y superior.
Hay
un hecho que debemos tener presente: el grupo de entre 15 y 35
años de edad se ha transformado en el centro de las urgencias
educativas, culturales y también de empleo.
La
educación pública media y superior es insuficiente
para una población mayoritariamente joven. Enfrenta, además,
problemas de recursos presupuestales, de instalaciones, escasez
de equipo y material didáctico. Requiere de un replanteamiento
de sus propósitos, estructura y métodos.
Seguimos
teniendo problemas de deserción escolar, la que se refleja
de manera dramática en el número de personas mayores
de 15 años que no concluyeron la educación primaria
y secundaria, cerca de 28 millones de mexicanos, una cifra similar
a los que están en el sistema educativo.
El
sistema de investigación y desarrollo tecnológico
es pequeño y se concentra en unas pocas universidades.
Las matrículas de postgrado, maestrías y doctorados
son mínimas. Profesores e investigadores han perdido, con
otros grupos profesionales, calidad de vida y estímulos
en su tarea.
La
mayoría de los jóvenes que llegan a las universidades
están, lamentablemente, mal preparados, porque en los niveles
anteriores no tuvieron una educación de calidad, lo que
se traduce, de manera inevitable, en una baja calidad en la educación
superior.
Es
un círculo que debemos romper, empezando desde abajo, es
decir, desde la educación básica. Sin una educación
de calidad en la primaria, todo el sistema educativo sufrirá
las consecuencias.
La
clave de mi propuesta es la calidad de educación en todos
los niveles, empezando por la educación básica en
las escuelas públicas, pues en ellas se forman más
del 90% de las niñas y los niños de todo el país.
La
equidad debe ser un principio y una meta del proceso educativo.
La
calidad educativa no puede ni debe ser privilegio, sólo
de quienes puedan pagarla. La educación de calidad debe
ser derecho de nuestros hijos, de todos los alumnos, y compromiso
de todas las escuelas públicas y privadas sin distinción
alguna.
Aunque
hemos hecho grandes esfuerzos para resolver el problema del analfabetismo,
todavía existen muchas mexicanas y mexicanos que lo padecen
con las consecuencias de marginación y pobreza que ello
representa; y enlazaremos, cuando así se requiera, alfabetización
y educación para adultos.
Para
tener una educación pública de calidad, lo primero
es tener maestros mejor capacitados y contar con mejores escuelas.
Sin esto, lo demás no funcionará.
Propongo,
desde ahora, al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación,
un acuerdo para dar a los maestros la capacitación que
les permita elevar su nivel profesional, fomentar su creatividad
y capacidad innovadora, a fin de que incorporen y pongan en práctica
los nuevos métodos de enseñanza, para que transmitan
a los alumnos la capacidad de aprender a aprender, de pensar críticamente
y analizar, de buscar la verdad.
Los
maestros deben enseñar a nuestros hijos a comprender el
mundo que les corresponde vivir, reforzar la autoestima y la responsabilidad
en los niños y en los jóvenes, enseñarlos
a manejar con destreza y orgullo nuestro idioma, el español,
y el lenguaje matemático desde los niveles más tempranos,
sin descuidar su educación física y artística.
El
objetivo de la escuela debe ser el desarrollo armónico
de la personalidad del educando.
Debe
transmitir a los alumnos los valores del respeto a sus semejantes,
a la opinión diferente, a escuchar y a dialogar, a buscar
la verdad, no a imponerla.
Los
valores de la familia, el respeto a los padres, la igualdad entre
el hombre y la mujer, y la más alta responsabilidad que
tendrán con sus hijos. Fortalecer en ellos los valores
personales, el respeto al trabajo, a sus frutos, lo que con él,
honestamente, se obtiene. Y enseñarles que los seres humanos
valemos por lo que somos, por lo que damos a nuestra familia y
al país, no por los bienes materiales que acumulamos.
Por
ello, me importa fundamentalmente que los niños y jóvenes
conozcan nuestra historia, el valor de nuestras luchas como pueblo
y las realizaciones alcanzadas.
Que
la educación les transmita los contenidos culturales que
refuerzan identidad y nacionalismo; el valor de la libertad y
la democracia, es decir, el civismo, que asegura la convivencia
en una sociedad mejor.
En
un nuevo siglo, transformado por la revolución del conocimiento
y las telecomunicaciones, los alumnos deben saber que el mundo
es la patria universal de los derechos humanos, que nadie está
por encima de las leyes y que el planeta, ecológica y culturalmente,
es el patrimonio de la humanidad.
Por
ello, y porque mi proyecto les exige más, los sueldos y
prestaciones del magisterio tienen que mejorar, con un programa
de mediano y largo plazo que inicie desde el primer año
de Gobierno.
La
educación de calidad requiere de escuelas de calidad, de
escuelas públicas dignas. No puede ser que tengamos escuelas
que carecen no sólo de equipo y material didáctico,
sino inclusive, en algunas ocasiones, hasta de baños.
Atenderemos
a las escuelas con las que ya contamos y además a los nuevos
centros escolares.
Paulatinamente
integraremos a los planteles los servicios e instalaciones para
implantar las escuelas de tiempo completo que propongo.
Quiero
estimular la participación de los padres de familia en
la atención de la vida escolar, escuchar sus iniciativas
y lograr que se sumen al proceso educativo del que también
son parte importante.
Obtener
su apoyo para cuidar la buena marcha de las escuelas que siendo
especialmente de todos, son fundamentalmente suyas y de sus hijos.
Convoco a la sociedad a una alianza a favor de la escuela pública
de calidad, que con el apoyo de los maestros y la participación
de los padres de familia nos permitan iniciar el gran cambio que
en este campo estamos necesitando.
Considero
que las medidas prioritarias en la educación básica
son cuatro:
Primera.-
Establecer la obligación del Estado de proporcionar educación
preescolar y aumentar un año en ese ciclo;
Segunda.-
Aumentar horas de clases para tener escuelas de tiempo completo,
con maestros de tiempo completo, con maestros de sueldo completo
y alimentación al mediodía para alumnos y maestros;
Tercera.-
Fortalecer la enseñanza del español, las matemáticas,
el civismo y la historia patria;
Cuarta.-
Incorporar la enseñanza del inglés y la computación
desde la escuela primaria.
Dar
un año más en la educación preescolar es
muy importante, sé que llevará tiempo, pues implica
atender adicionalmente a más de un millón de niños
de lo que hoy atendemos. Por ello es que tenemos que empezar cuanto
antes.
La
pronta escolarización de los niños potencia enormemente
sus capacidades y mejora, para toda la vida, su rendimiento escolar
y sus posibilidades de aprendizaje.
Desde
luego, no todo se hará de la noche a la mañana,
mi proyecto es elevar la calidad de la educación de manera
integral.
Habrá
lugares en donde lo primero será construir la escuela;
otros, en donde será poner techo firme a los salones o
dotarlas de baños; en otros casos, lo urgente será
complementar la planta de maestros; en muchos más, proporcionar
material didáctico, hacer la biblioteca o construir canchas
para el deporte.
Pero
en conjunto, lo que les aseguro, es que procuro hacer una gran
movilización nacional para hacer de la educación
la gran palanca del cambio en todo el país, en todo México.
El
programa de escuelas de tiempo completo se realizará por
etapas y regiones, escuchando la opinión de los padres
de familia y, desde luego, la opinión de los pedagogos
y de los maestros.
Es
un proyecto complejo, imposible de realizar con medios burocráticos;
posible, sí, con el concurso de los maestros, de los padres
de familia y de la gente. Este proyecto de largo alcance, de gran
aliento, de largo plazo, como lo quiere la gente. Tenemos que
pensar en grande y en el largo plazo en el país.
El
programa para fortalecer la educación básica se
aplicará de inmediato, desde el primer ciclo escolar que
coincida con la llegada del nuevo Gobierno.
Tendrá
como elementos fundamentales la capacitación de los maestros,
la adecuación de los programas y la adecuación de
material didáctico, la complementación de las escuelas,
para fortalecer la enseñanza del español, las matemáticas
y el civismo.
La
enseñanza del inglés y la computación en
las escuelas primarias se realizará de manera programada
a lo largo del próximo sexenio, tomando en cuenta la disponibilidad
de maestros, instructores, laboratorios y equipos.
Estamos
hablando de una gran hazaña, más de 80 mil escuelas
primarias que están completas, deben contar con todo ello
a lo largo de los próximos 6 años.
Una
nación de justicia, libertades, prosperidad y armonía
debe garantizar mejores condiciones de vida a nuestras comunidades
indígenas.
La
identidad y la riqueza cultural de la nación se fundan
en su carácter pluriétnico y pluricultural.
La
política de educación en beneficio de esas comunidades
debe integrar todos los esfuerzos del sistema educativo nacional;
extender los programas compensatorios; diseñar planes.
Actualizarlos; diseñar mejores programas y materiales educativos
pertinentes, en las lenguas de cada etnia y con respeto y apego
a sus culturas.
Debe,
así mismo, combatir toda forma de discriminación;
impulsar en todos los niveles el aprecio y respeto a nuestra diversidad
cultural, a los valores, tradiciones y culturas indígenas;
impulsar la formación de maestros bilingües y dotar
con estímulos económicos al arraigo y al trabajo
docente en las propias comunidades indígenas.
Para
tener mejores escuelas, bien equipadas, maestros con mayor capacitación,
buenas instalaciones deportivas en todas las escuelas, suficientes
auxiliares pedagógicos, bibliotecas en las escuelas, laboratorios
de inglés y computación, en las más de 80
mil escuelas públicas, primarias, en todo el país;
así como alimentar a los niños y a los maestros
en estas escuelas, se requieren recursos adicionales del orden
de 70 mil millones de pesos.
Algunos
dicen que es mucho, yo digo que lograr un país menos desigual,
más justo y luchar por nuestros hijos, vale eso y mucho
más.
Ejecutar
estos programas toma tiempo, pero mi objetivo es llegar, en seis
años, con toda la sociedad, a realizar una gran hazaña
educativa.
La
educación privada constituye un complemento necesario para
el sistema nacional de educación pública. Sus escuelas
e instituciones, en todos los niveles, tienen, además del
compromiso de calidad, una responsabilidad directa con los padres
de familia que destinan parte de su ingreso para cubrir las colegiaturas
de sus hijos.
Habré
de trabajar en forma permanente y en coordinación con propietarios
y autoridades de los planteles educativos privados, para contribuir
a la elevación de su calidad y extender el sistema de becas
para estudiantes de pocos recursos.
Por
mandato constitucional y compromiso social, el Gobierno que aspiro
encabezar concentrará su esfuerzo en elevar la calidad
de la educación pública, pero siempre con aprecio
y apoyo al sistema privado.
Soy egresado de una universidad pública, de la UNAM, por
eso sé lo importante que resulta para cualquier estudiante
tener buenos maestros y buenas instalaciones educativas. No tengo
duda de que la educación media y superior debe estar al
alcance de todo buen estudiante. Tampoco tengo dudas sobre el
carácter laico, ajeno a cualquier influencia religiosa,
de toda la educación que imparta el Estado, ni tampoco
del valor de la autonomía de nuestras universidades y de
la importancia esencial de la libertad de cátedra y la
libertad de investigación.
La
Universidad mexicana debe empeñarse en cambiar radicalmente.
Sólo así podrá seguir siendo instrumento
de cambio y del progreso social.
Para
ello se requiere de un nuevo entendimiento al interior de sus
propias comunidades, que garantice libertad, libertad de cátedra,
tolerancia, autonomía y responsabilidad.
El
futuro de nuestro país depende de su capacidad para encauzar,
forjar y utilizar plenamente el talento de sus estudiantes universitarios.
En
la era del conocimiento, la Nación necesita que un número
creciente de mexicanos traduzcan sus conocimientos en procesos
avanzados y en bienes con alto valor agregado.
Para
lograr que la educación media y superior sea de mayor calidad,
es preciso que los procesos de planeación y desarrollo
estén radicados en las regiones y no se decidan desde el
centro del país. Ello permitirá evitar la duplicación
de la oferta y atender especialmente aquellas áreas del
conocimiento más relevantes para toda la sociedad.
En
México la colaboración interuniversitaria es escasa.
Las alianzas entre regiones para aprovechar recursos humanos y
físicos, casi no se han producido. Es imprescindible que
el sistema universitario se integre regionalmente y se complemente
de manera nacional, permitiendo, con base en la acreditación
de los conocimientos, la movilidad de los estudiantes.
El apoyo a la investigación científica y al desarrollo
tecnológico es indispensable para el país, al igual
que su vinculación con la educación y la planta
productiva. Más ciencia, más tecnología,
es también más información sobre ellas, es
un sistema de información sobre las mismas. Conocimiento
que no se difunde, conocimiento que no es útil.
Aprovecharé
plenamente el nuevo marco regulatorio de la actividad científica
y tecnológica nacional, como espacio de coordinación,
de establecimiento de compromisos entre la educación superior,
la ciencia, el mundo productivo y el gobierno.
Incrementaré,
desde luego, los recursos destinados al financiamiento de la educación
media que tiene el mayor reto, porque tiene que aumentar su matrícula
en más del 50 por ciento en escasos seis años, así
como el de las universidades, institutos y centros de educación
pública superior.
Mi meta, es que los jóvenes vean cumplido su derecho a
estudiar en una escuela de calidad y que ello no dependa de lo
que paguen, sino de lo que estudien.
Que
sus maestros tengan la información, la preparación
necesarias; que dispongan de buenas instalaciones y equipos y
desde luego, que los estudiantes pongan todo su esfuerzo por aprender.
Extenderé
el sistema de becas para los mejores estudiantes, de manera tal
que requerimos de normas generales que aseguren la gratuidad para
todo alumno que así lo requiera y en una beca para los
estudiantes de excelencia. Lo sustancial es que ningún
joven mexicano quede al margen de la educación por razones
de pobreza.
La
educación y capacitación a favor de quienes no pudieron
concluir sus estudios es también un asunto de la mayor
importancia. Estamos hablando de casi 29 millones de mexicanas
y mexicanos que por muy distintas razones no concluyeron la educación
básica. La solución a estos rezagos y desigualdades
no consiste en desechar la modernidad hasta en tanto sean eliminados
dichos rezagos, sino aprovechar la modernidad para resolverlos.
El
camino no es detener al que está más adelantado,
como si ello hiciera avanzar al rezagado. El camino es avanzar
todos, lo mejor y más rápido posible. De lo que
se trata es de educar y capacitar al mayor número posible
de mexicanas y mexicanos y hacerlo de forma más eficiente
y en el menor tiempo posible.
La
nueva era de la comunicación, en la que convergen todos
los medios desde la radio hasta el internet hace posible
resolver desigualdades y rezagos a un costo relativamente bajo
y a una gran velocidad.
Con
las nuevas tecnologías podemos enlazar e integrar a las
poblaciones alejadas, así como atender a los grupos marginados
de las zonas urbanas.
El
objetivo es llegar a la mayor parte de los 28 millones de mexicanos
que abandonaron el sistema educativo.
Experiencias
probadas nos enseñan que esta nueva capacidad tecnológica
brinda la oportunidad de dar a los maestros mejores herramientas
educativas que les permitan realizar su tarea con mayor eficacia,
favoreciendo también a los alumnos.
Una
moderna plataforma de comunicación, con nuevas técnicas
de enseñanza y adiestramiento permitirá avances
importantes en la capacitación de los trabajadores.
Propongo
objetivos alcanzables:
Elevar,
con la colaboración de maestros y estudiantes la cobertura,
la eficiencia terminal y la calidad de la educación en
todos los niveles y en todos los niveles y en todos los ámbitos
del país.
Construir,
con la participación del magisterio y de las empresas,
las universidades y los centros de investigación, un sistema
que brinde oportunidad de capacitación, educación
continua y aprendizaje durante toda la vida.
Llevar
el conocimiento a todos los mexicanos, usando los medios electrónicos
y las tecnologías más avanzadas, así alcanzaremos
mejores condiciones de vida y el enriquecimiento de nuestras costumbres
y cultura.
Fomentar en las pequeñas y medianas empresas el desarrollo
de modelos y prácticas que les permitan competir globalmente.
Propongo,
en suma, movilizarnos todos, movilizar a la sociedad, generar
un gran movimiento que involucre a todos los sectores, instituciones
y grupos, en una alianza a favor de la educación de calidad,
la capacitación y la superación de todos los mexicanos.
Amigas
y amigos:
Impulsemos
grandes cambios para alcanzar la educación de calidad que
México merece. Construyamos entre todos la gran hazaña
de la educación de calidad para todo el país. Transformemos
a México de un país en vías de desarrollo,
a una nación creativa, justa y exitosa.
Los
convocamos a analizar, discutir, criticar y mejorar estas propuestas.
Alcanzar las metas que propongo no será, no puede ser,
no debe ser, el producto del esfuerzo de un solo hombre.
Las
hazañas de un país sólo las hace el pueblo,
la energía social y el talento de una sociedad. A eso convoco
hoy, a construir entre todos una hazaña educativa, la hazaña
de la construcción de un mejor futuro para el país
y para nuestros hijos. La construcción de la esperanza.
Veamos
lejos. Atrevámonos a volver a soñar. Hagamos cambios
con rumbo en el país. Hagamos y una educación de
calidad para con ella alcanzar una nación justa.
Hagamos
una educación de calidad como el mejor instrumento para
que el progreso de México tenga como fundamento y objetivo
el progreso de nuestra gente.
Hagamos
una educación de calidad para hacer realidad el destino
de grande de México. Por los pueblos que en nuestro territorio
construyeron grandes civilizaciones, por la cultura que nos heredaron,
por la forma como se mezclaron aquí dos mundos, dos visiones,
varios pueblos, por nuestros principios, por nuestros valores,
México es una nación con pasado de grandeza.
Hagamos
una educación de calidad para que la grandeza sea el futuro
de México. Para que el Siglo XXI sea el siglo del triunfo
de México.
Mensaje
del licenciado Francisco Labastida Ochoa,
candidato del Partido Revolucionario Institucional a la Presidencia
de la República, al presentar su política educativa.
Teatro Metropólitan, México, D. F., 13 de abril
de 2000.
