La desaparición del Estado
JOSÉ TREJO HERNÁNDEZ*

«El Estado es un producto social en transición, una obra hecha por el hombre y para el hombre, y que al igual que éste, se encuentra apremiado por diversos factores de cambio en los cuales intervienen una multiplicidad de procesos...»

El profundo estudio de Daniel Montero Zendejas tiene como punto de referencia la compleja construcción del Estado a lo largo de la historia y los puntos de vista de reconocidos estudiosos de la ciencia política quienes, directa o indirectamente, ponen en la mesa de las discusiones y de la reflexión política los temas que giran en torno de la crisis estructural del Estado y sus instituciones.

El autor sienta las bases para dar paso, con todos los riesgos que ello implica, a una nueva Teoría del Estado. Nos permite entrar, en el marco de un análisis jurídico-político, en la prospección de lo que será y lo que de acuerdo con su tesis habremos de entender como el «Estado y sus instituciones en el nuevo siglo».

La propuesta se sustenta en un recorrido histórico que describe formas y sistemas de gobierno, instituciones tradicionales y contemporáneas, tesis de los más importantes teóricos de la doctrina política, hasta adentrarse en la complejidad de los actuales sistemas mixtos electorales.

Los partidos políticos, si bien son analizados como piezas clave de la expresión de la legalidad y legitimidad de la voluntad ciudadana, en la cotidiana lucha para alcanzar el poder político, son incorporados también como sujetos de la crisis estructural de las instituciones.

Bajo esta premisa, prevé que la existencia de una sociedad civil cada día más reflexiva y activa; la puesta en marcha de métodos propios de la democracia semidirecta -plebiscito, referéndum, iniciativa popular-, la actualización de figuras arcaicas, pero nuevas en el escenario político nacional, como los consejeros ciudadanos, advierten la imperiosa necesidad de iniciar o, en su caso, continuar con una profunda revisión de los objetivos y resultados de los partidos políticos.

Las ideologías, sistemas y formas de gobierno y organizaciones no gubernamentales, conforman el nuevo perfil de la modernidad política, la cual junto con los factores reales de poder, grupos de presión y los órganos institucionalizados, habrán de conformar la nueva teoría del Estado, afirma el autor.

Parte fundamental del estudio es la forma en la que Daniel Montero, cuestiona y replantea, a través de la realidad que conocemos y aprendemos todos los días, los principios tradicionales de la teoría política, tomando en consideración que en nuestros días, con la globalización y la modernidad económicopolítica, el Estado se condena a la construcción de bloques donde su soberanía –tanto popular como territorial– se limita al juego de la oferta-demanda y del costo–beneficio.
El planteamiento es claro: el Estado moderno ha hecho crisis en los hechos y a esta realidad no escapa el Estado mexicano.

El escenario del nuevo siglo no es nada halagador. El autor advierte un gobierno pobre, que ha dejado en manos de los capitales privados (nacionales o internacionales) el control de las empresas prioritarias y estratégicas; una ciudadanía y en general la población, cada vez más alejada del enfoque y de la realidad que avizoran sus gobernantes, una cabalgante globalización que día a día tiene como misión despersonalizar y desnacionalizar; y la pérdida de nuestra frontera norte, envuelta en la formalización de acuerdos binacionales vinculados al narcotráfico y seguridad nacional, entre otros temas.

El principio regulador de la economía moderna, deja del lado la tesis de la lucha de clases y el papel del control político, no obstante a que la realidad social se caracteriza por la pobreza y marginación que envuelve a la mayoría de la población, cuyos antagonismos y contradicciones cada día son mayores y más graves.

Las relaciones en el mundo contemporáneo confirman que cada día crece más la interdependencia entre los sistemas políticos del orbe. Eso quiere decir que el influjo al cambio y a la reforma del Estado llega, no sólo desde la sociedad nacional, sino también desde el contexto internacional. En este escenario, es incuestionable la existencia de un ambiente propicio para avanzar hacia una soberanía vulnerada y a la existencia de Estados supranacionales. Ante ello, la concepción y la construcción de la nueva Teoría del Estado, debe partir de la organización social como el elemento que integra y cohesiona el edificio social. La reforma del Estado, debe entenderse entonces, como una reforma del poder, donde los protagonistas –factores reales de poder–, gobierno, partidos y sociedad, converjan y conformen un nuevo pacto social y se opte por un Estado social, en la medida en que la respuesta a los problemas de la justicia se den a nivel de la sociedad y no a nivel de la tecnocracia institucionalizada, con iniciativas que dependan de la acción conjunta –democracia semidirecta– de las partes que integran un todo llamado nación y no con acciones burocrático–administrativas, propias del Estado autoritario. La desaparición del Estado; la ruptura epistemológica con el concepto de la lucha de clases; el encasillamiento de las naciones en los patrones del desarrollo capitalista, sujetándolas a los términos del costo-beneficio; el rompimiento de las fronteras y la conformación de bloques económicos como un sinónimo de globalización, entre otros muchos aspectos, colocan al discurso y a la teoría del Estado en la mesa del debate de los teóricos de la materia.

En este escenario Daniel Montero propone que, «el nuevo Estado deberá fundamentar su práctica en una política de corresponsabilidad orientada a destrabar los obstáculos que impidan el desarrollo y la modernización; una política social cuyo objetivo es permear las bases de la propia sociedad, acepción totalmente diferente a la del liberalismo clásico y a la del neoliberalismo...

*Profesor definitivo por oposición de las cátedras de Historia General del Derecho e Instituciones de Derecho Romano en la Escuela Nacional de Estudios Profesionales, Acatlán, UNAM.