«Políticas
de Financiamiento a la Educación Superior en México»
VALENTÍN.
H. YÁÑEZ CAMPERO**
La
discusión de la subvención a las universidades públicas
es un tema prioritario en la agenda de los grandes temas nacionales
y dentro de esta tesitura se inscribe la discusión en foros
universitarios sobre cómo debe estar orientado el financiamiento
a la educación superior.
«Políticas
de Financia-miento a la Educación Superior en México»,
es una novedosa edición que penetra en este tema central,
donde se analizan y discuten las ideas más conservadoras
y radicales, todo ello orientado a encontrar las mejores fórmulas
para la subvención de las universidades públicas.
La
edición es una recopilación de ensayos que, especialistas
en la materia, ventilaron en el seminario Políticas de
financia-miento y apoyo de los organismos internacionales a la
educación, auspiciado por el Centro de Estudios sobre la
Universidad de la UNAM. Este foro académico, ahora es publicado
bajo la coordinación
de Rafael Cordera Campos y David Pantoja Morán.
Aquí,
se plantea si la universidad pública ya no tiene una razón
de ser como tal, si es uno de los últimos bastiones en
proceso de privatización con el que se debe acabar y si
el sistema debe transformarse en un régimen de libre competencia,
donde los alumnos pudieran decidir a que universidad quieren acudir
y pagar ese servicio.
En
el otro polo, se discute si la universidad pública debe
estar totalmente subvencionada por la sociedad, a través
del Estado, sufragar todos los costos de la universidad pública
a través de diferentes mecanismos.
Las
diferentes personalidades que participan en este texto, analizan,
discuten y proponen alternativas de solución. Se expone,
por ejemplo, que la universidad debe contar con una autonomía
real basada en la disposición de recursos propios.
Otras
propuestas señalan que la Secretaría de Educación
Pública tiene que diferenciar entre las políticas
destinadas a las instituciones de educación superior autónomas,
centralizadas, desconectadas o privadas ya que las políticas
son diferentes para cada responsabilidad.
Se
analiza cómo en los últimos años se le ha
dado mayor importancia a la enseñanza básica, lo
que se convierte en una preocupación para quienes quisieran
que el gobierno le diera mayor importancia a la educación
superior. Sin embargo, esto no quiere decir que la instrucción
superior haya sido abandonada, los recursos han sido suficientes,
pero aquí se cuestiona:
¿Cuánto
presupuesto sería suficiente para el desarrollo de la educación
superior y para qué? Ante ello se plantea la necesidad
de enfatizar en la diversificación de las fuentes de financiamiento.
En
este contexto se reconoce la necesidad de incrementar el presupuesto
a las universidades a través de un financia-miento adecuado,
relevante y congruente con las necesidades de las instituciones
de enseñanza.
Desde
otra visión, se destaca el valor social de la educación
y se señala que el problema del financiamiento de la educación
en México, más que un problema técnico económico
o inclusive político, es un asunto de moral social interna
para las comunidades académicas de México, lo que
no niega las otras dimensiones, sólo pondera la urgencia
de construir una conciencia moral de la vida académica
orientada a cumplir cabal y responsablemente el reto social de
educar y crear conocimientos y cultura.
Se
plantea asimismo, terminar con tendencias heredadas del pasado
en materia de subvenciones, por lo que se recomienda introducir
elementos significativos de financiamiento complementario, contar
con información confiable sobre la matrícula de
las instituciones de educación superior; distinguir el
financiamiento destinado a cada una de las funciones universitarias
y plantear que las cuotas aportadas por los alumnos son la fuente
más viable de ingresos significativos, posición
que apoyan las razones éticas y se oponen las consideraciones
políticas.
Otras
posiciones manifiestan que lo que preocupa no es sólo el
más o menos del financiamiento, o si los recursos deben
venir de tal o cual fuente, sino el cambio de paradigma, las transformaciones
de los escenarios macrosociales por la extinción inminente
del Estado benefactor y la aparición de una forma de Estado
en la que la política se liga al liberalismo económico.
Otro
tema por demás controvertido que aquí se analiza,
es el financiamiento de los organismos internacionales a la educación
de países como México. En este contexto, se cuestiona
la validez de expedir recetas universales, criterios preestablecidos
que permitan determinar matemáticamente, en cualquier circunstancia
y para cualquier país soluciones al respecto. Ante ello
se expresa que ningún organismo internacional puede fijar
normas en ese sentido, porque para cada país y en cada
época, existen límites.
Al
respecto se subraya que los lineamientos de los organismos internacionales
impactan directa o indirectamente al proyecto modernizador. Su
influencia puede afectar, a través de la asignación
de fondos, generalmente acompañados de un conjunto de exigencias,
sobre las modalidades de su aplicación y de criterios para
evaluar sus resultados. Por ello preocupa que ganen terreno los
planteamientos del Banco Mundial para países como el nuestro,
respecto de la aceptación de patrones subordinados de crecimiento.
En
esta tesitura, las políticas públicas y en particular
los encargados de su formación e instrucción desde
el sector público y los organismos internacionales van
a ser actores principales en un escenario en el que antes ocupaban
un papel secundario o simplemente formaban parte de la escenografía.
Se
señala que el gobierno perdió su autonomía,
tiene que gastar los recursos de acuerdo con las reglas del Banco
Mundial. Este no es precisamente un socio que vigile el presupuesto
en igualdad de condiciones, más bien asume el rol de quien
tiene mayor autoridad.
En
este ámbito, también se cuestiona que los organismos
internacionales hayan enfocado en los últimos tiempos el
financiamiento a la educación básica y a la alfabetización,
sin que por ello hayan dejado de aportar subvenciones a los niveles
educativos superiores, pero que para ellos pareciera primordial
este primer aspecto.
Se
propone adoptar un punto de vista en torno a un examen riguroso
de la totalidad del sistema educativo y su contexto socieconómico
nacional al lado de los objetivos de desarrollo, de expansión
de la cultura, de civilidad y democracia y de la humanización
creciente de la sociedad. Estos elementos tienen que estar presentes
para decidir acerca de los recursos que han de destinarse a la
instrucción en cada uno de sus niveles. Se expone la necesidad
de procesar consensos efectivos al nivel del conjunto de la sociedad,
a cerca de la importancia de la instrucción superior y
se puede lograr si la gente identifica que la operación
real de este nivel educativo está relacionada con su propio
futuro de una manera tangible.
De
esta forma, el modelo de financiamiento de la educación
superior con base en el gasto público, se enfrenta a sus
propios límites, por lo que la búsqueda de fuentes
complementarias de financiación de los diversos proyectos
universitarios constituye uno de los retos más importantes
para el porvenir inmediato.
*
Rafael Cordera Campos, David Pantoja Morán (coordinadores),
Políticas de Financiamiento a la Educación, UNAM,
Miguel Angel Porrúa, México 2000.
**Licenciado
en Ciencias Políticas y Administración Pública,
licenciado en Derecho, Maestro en Administración Pública,
catedrático universitario hace 25 años, servidor
público hace 27 años, consejero político
nacional y miembro del PRI hace 30 años.
