México
y Estados Unidos en el contexto global
JAVIER TREVIÑO CANTÚ*
En
el contexto de las grandes transformaciones globales, los vínculos
entre México y Estados Unidos se amplían y profundizan
a una velocidad extraordinaria, abarcando un número cada
vez más amplio de áreas y actores. Así, lo
que sucede en un país tiene mayor incidencia en el otro,
al tiempo que la agenda bilateral está crecientemente vinculada
con la agenda regional y global. Por ello es fundamental consolidar
y ampliar los mecanismos bilaterales de diálogo y cooperación
para abordar los asuntos de interés común de manera
respetuosa, constructiva y eficiente.
La
creciente vinculación entre dos países tan distintos
como México y EU, que atraviesan profundos cambios internos
y están redefiniendo el lugar que ocupan en un mundo en
constante transformación, es inherentemente compleja. Pero
ninguno de los dos podremos resolver solos los retos que compartimos.
Por ello, debemos trabajar juntos de manera institucional, con
base en reglas claras y equitativas que tomen en cuenta nuestras
asimetrías y respeten la soberanía de cada país.
Por
encima de los debates y las diferencias, estamos avanzando en
nuestra relación a través de mecanismos bilaterales
que facilitan una comunicación permanente entre nuestras
autoridades para impulsar el entendimiento y la cooperación,
como la Comisión Binacional, que desde 1981 reúne
a funcionarios del más alto nivel, las reuniones interparlamentarias
e instancias como el Grupo de Contacto de Alto Nivel para el Control
de Drogas, el GCAN.
Al
mismo tiempo, las autoridades estatales y locales, junto con las
cámaras de comercio, las empresas, las organizaciones civiles
y las instituciones educativas y culturales están trabajando
en forma conjunta a través de mecanismos regionales, como
las comisiones de cooperación entre estados fronterizos;
y, sectoriales, como la Conferencia Cuatro Caminos, enfocada a
promover los intercambios económicos y la creación
de infraestructura productiva en la frontera. A estos esfuerzos
se suman las acciones de acercamiento y colaboración que
realizan directamente las comunidades de ambos lados de la frontera,
como el festival cultural In-Site que llevan a cabo las ciudades
de Tijuana y San Diego, o el proyecto de corredor turístico
«Camino Real» que está impulsando la gente
de Sonora, Texas y Nuevo México.
Este
nuevo andamiaje institucional nos está permitiendo avanzar
en muchas áreas de interés común. En materia
económica, el TLC ha sido determinante para aumentar nuestros
vínculos bajo normas y mecanismos equitativos de solución
de controversias que generan certidumbre. Las exportaciones mexicanas
a EU prácticamente se han triplicado, pasando de $42.8
mil millones de dólares (mmd) en 1993 a $120.6 mmd en 1999.
A partir de 1994, México ha captado más de $70 mmd
en inversión extranjera directa, el 60% proveniente de
EU1, a la vez que se han abierto nuevos espacios en ese país
para las empresas mexicanas, una de ellas acaba de adquirir CompUSA,
la mayor cadena de tiendas de computación de EU. Otro caso
sobresaliente es el de las cervezas mexicanas, cuya exitosa estrategia
de comercialización se ha convertido en modelo para sus
competidoras extranjeras.
Más
allá del comercio o la inversión, el TLC ha establecido
mecanismos como el Banco de Desarrollo de América del Norte
y la Comisión de Cooperación Ambiental Fronteriza,
que han financiando 32 proyectos ambientales en áreas tan
importantes como suministro de agua y tratamiento de desechos
industriales2.
El
dinamismo y la institu-cionalidad de la relación bilateral
también se refleja en asuntos como la cooperación
en la lucha contra el narcotráfico. El tráfico y
consumo de drogas es un fenómeno que afecta a nuestras
dos sociedades, por lo que tenemos la corresponsabilidad de enfrentarlo
dentro de nuestro territorio e impulsar una cooperación
seria y responsable, superando estereotipos y recriminaciones
que obstaculizan el entendimiento. Esto es lo que estamos logrando
con el GCAN, la Estrategia Binacional de Combate a las Drogas
establecida en 1998 y la participación de ambos países
en los trabajos de los nuevos mecanismos de fiscalización
de drogas creados por organismos regionales como la OEA, y multilaterales
como la ONU.
Lo
mismo sucede con fenómenos como la migración, que
debemos considerar desde una perspectiva amplia que tome en cuenta
su dimensión regional y global. En este caso destacan la
cooperación que se lleva a cabo a través del Grupo
de Trabajo sobre Migración y Asuntos Consulares, y el Estudio
Binacional de Migración, presentado en 1997. El Estudio
fue elaborado por especialistas de ambos países y ha servido
para comprender las causas y efectos de este fenómeno,
lo que constituye la base para diseñar estrategias conjuntas
que permitan abordarlo de manera constructiva.
Recientemente,
la organización sindical estadounidense AFL-CIO pidió
eliminar las sanciones contra los empleadores de trabajadores
indocumentados en EU, y el Presidente de la Reserva Federal estadounidense,
Alan Greenspan, ha declarado que ese país debe permitir
un mayor flujo de trabajadores extranjeros. Aunque estas propuestas
responden a la bonanza económica de EU, reconocen que la
migración es un fenómeno económico y social
que beneficia a EU, lo que contribuirá a avanzar en esta
área.
El
nuevo marco institucional que estamos consolidando juntos ha sido
especialmente importante para que las dos sociedades impulsen
directamente sus relaciones, como lo reflejan los 280 millones
de cruces legales que se registran anualmente en la frontera y
la dinámica interacción entre mexicanos y estadounidenses
a través de medios como internet o el correo electrónico.
En
el contexto de los procesos de globalización de la información
y la cultura, pocos países están desarrollando una
vinculación tan intensa como México y EU. A la vez
que los valores y patrones de consumo de EU dominan la nueva cultura
global, ejerciendo una gran influencia en países como el
nuestro, debemos reconocer que México es una potencia cultural
y nuestra cultura penetra e influye a la sociedad estadounidense.
En Estados Unidos se respeta el arte, la música, la comida,
el apego al trabajo y los sólidos valores familiares de
los mexicanos.
Esta
creciente interacción se proyecta, sobre todo, a través
de la comunidad mexicano-estadounidense, que tiene cada vez mayor
peso en la economía, la política y la cultura de
EU. Los 20 millones de personas de origen mexicano que viven en
ese país representan el 65.2% de su población hispana.
Una comunidad que tiene, en conjunto, un poder de compra de más
de $300 mmd, constituye uno de los mayores grupos electorales
en estados como California y en ciudades como Chicago, y en el
año 2050 será la minoría más grande
de EU, alcanzando el 24% de su población3.
En
términos cualitativos, la influencia mexicana ha sido determinante
en el «boom cultural latino» que vive EU, con su salsa
picante que ha superado el nivel de consumo de la salsa de tomate,
con el tequila, con películas de la calidad de Como agua
para chocolate de Alfonso Arau, que rompió el récord
de audiencia para una película extranjera, con actrices
como Salma Hayek y con los 8 premios Grammy que obtuvo el músico
Carlos Santana.
Así,
la profundización e institucionalidad de los vínculos
bilaterales está abriendo nuevos espacios para superar
nuestras diferencias, afrontar los desafíos que compartimos
y aprovechar las oportunidades que nos presenta el escenario global
del nuevo siglo. Por ello, debemos vigorizar y ampliar los mecanismos
que impulsan el diálogo y la cooperación bajo reglas
claras y equitativas; fomentar un mayor y mejor conocimiento mutuo,
especialmente a través de la educación y la cultura,
aprovechando mecanismos como la Comisión México-EU
para el Intercambio Educativo y Cultural; y, hacer de la comunidad
mexicano-americana un puente de entendimiento entre ambos países.
En la medida en que avancemos en estos aspectos consolidaremos
una relación bilateral constructiva, respetuosa y mutuamente
benéfica.
1
SECOFI, «Estadísticas comerciales, aranceles y normatividad»,
marzo del 2000, www.secofi.gob.mx; Bancomext, «Informe sobre
IED en México», marzo del 2000, mexi-co.businessline.gob.mx;
Banxico, «Balanza de Pagos», 12 de septiembre de 1999,
www.Banxico.org.mx
2
SECOFI, «Environmental Protection Along the Mexico-US Border
Improves», NAFTA Works, febrero del 2000, p. 1.
3
US Census Bureau, «The Hispanic Population in the United
States», febrero del 2000, www.-census.gov; Brook Larmer,
«Latino America», Newsweek, 12 de julio de 1999, pp.
14-17.
*
Vicecoordinador de Asuntos Internacionales del Comité Ejecutivo
Nacional del PRI. Se ha desempeñado como oficial mayor
de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público
y como subsecretario de Cooperación Internacional en la
Secretaría de Relaciones Exteriores.
