Las
elecciones en España
BERNARDO
GONZÁLEZ SOLANO
Para
el momento en que este artículo aparezca publicado en la
revista examen, los resultados de los comi-cios generales que
se llevaron a cabo el domingo 12 de marzo en España, ya
habrán sido objeto de infinitos análisis e interpretaciones.
Lo único que no variará durante mucho tiempo es
que el Partido Popular (PP), calificado de derecha, aunque otros
lo ubiquen benignamente como organización de centro, ganó
ampliamente dichas elecciones logrando una mayoría absoluta
de 183 escaños en el Congreso de los Diputados, lo que
le permitirá a José María Aznar López,
actual Presidente del gobierno español, formar nuevamente
gobierno sin necesidad de contar con el apoyo de ningún
partido nacionalista, como fue el caso de su primera elección
hace cuatro años, cuando forzosamente buscó la negociación
con el partido catalán Convergencia i Uni (CiU) encabezado
por Jordi Pujol, y con el Partido Nacionalista Vasco (PNV) de
Xabier Arzalluz. Asimismo, estas elecciones demostraron que las
«calificaciones históricas» que agrupaban a
grandes sectores de la sociedad española en la «derechona»
o en «las izquierdas no eran sino eso: meras calificaciones
que a la hora de la verdad el resultado de los comicios,
fácilmente pueden ser arrumbadas en el anecdotario político
periodístico.
Del
triunfo del PP y de José María Aznar pueden sacarse
muchas conclusiones. Una de ellas es que, una vez más,
pese a los adelantos informáticos del momento, nadie puede
tomar al pie de la letra las imprescindibles encuestas y sondeos
de opinión como verdad absoluta. En gran medida, éstos
métidos tan apreciados por grupos tecnócratas y
neoliberales que en sí no tienen nada de vituperables
sino que pueden y deben utilizarse con el profesio-nalismo del
caso, llegan a desorientar a los electores dada su recurrencia
a impactar por la televisión y el radio, que son los medios
idóneos para este tipo de investigaciones. Quizás
llegó el momento en que sea necesario legislar sobre la
materia a nivel mundial, pues cada vez es más evidente
que se corre el riesgo de cometer irreparables pifias en cuestiones
electorales cuando priva la encuesta o el sondeo sobre la libre
elección del votante.
En el caso de España prácticamente todos los sondeos
y encuestas que se realizaron durante muchas semanas, sobre todo
en los últimos dos meses, repetían que el PP estaba
a la cabeza con una diferencia que nunca bajó de 4.5 puntos,
pero tampoco subió más de 5 puntos, lo cual, a final
de cuentas, fue totalmente erróneo. El PP ganó la
mayoría absoluta con 183 escaños en el Congreso
de los Diputados. Ni los más entusiastas militantes del
PP llegaron a sugerir dicha mayoría. Nunca perdieron las
esperanzas del éxito pero tampoco fueron «triunfalistas».
Y sobre todo, «triunfalistas» en el sentido de mayoría
absoluta. Y el PSOE, junto con Izquierda Unida (IU), pensaron
que la alternancia en el gobierno, simplemente porque ellos lo
pensaban así, tenía que ser inevitable. Gravísimo
error.
En
materia electoral nadie tiene la fórmula definitiva, aunque
es indudable que los sondeos y las encuestas ayudan para vislumbrar
un probable resultado. Esto no se puede ignorar. Hacerlo correspondería
sólo a mentes retrógradas e insensibles políticamente
hablando. El justo medio en este asunto es que deben interpretarse
encuestas y sondeos con una gran frialdad, con los
pies en la tierra sin asumir resultados que son una posibilidad,
nunca una certeza.
El
PSOE en alianca con IU, se equivocaron absolutamente y ahora deberán
pagar este error. Y no se trata solamente de que Joaquín
Almunia Amann haya renunciado a la dirección de su partido,
tampoco de que con esta derrota termine la era de Felipe González
Márquez en el socialismo español, sino de que, en
su conjunto, el PSOE debe cambiar radicamente de dirigentes y
en su política electoral tanto en España como en
Europa.
Es
decir, la derrota del 12M dentro del PSOE dejará muchos
cadáveres en la cuenta, a nivel nacional y a nivel regional,
pues aunque en Andalucía una vez más ganó
los comicios, el avance del PP fue evidente, tan evidente que
la candidata popular puede plantarse con toda comodidad frente
al ganador socialista y éste debe extremar sus cuidados.
Algo
similar sucedió en el País Vasco, donde el PNV mantuvo
su anterior posición y ganó un escaño más,
solo que el PP remontó su techo electoral con otras seis
diputaciones, lo que automáti-camente lo convierte en una
alternativa de poder para ocupar el palacio de Vitoria, pese a
la oposición de la terrífica Euzkadi ta Askatasuna
(ETA) Patria Vasca y Libertad que mediante sus brazos
políticos como Euskal Herri-tarrok buscó el mayor
abstencio-nismo posible en estas elecciones. El elector vasco
superó el odio y acudió a las urnas; el porcentaje
de votación fue de aproximadamente 70 por ciento, lo que
es una marca superior a la de muchos países europeos en
condiciones normales, es decir, que no sufren la presión
del terrorismo etarra. Si ETA contaba con que sus tres últimos
actos de salvajismo, en los que perdieron la vida tres personas
y resultaron heridas muchas más, lograría impedir
el libre derecho al voto de los vascos, se equivocó de
medio a medio. Otro error que puede sumarse a los demás
en estas elecciones. Inculso, el renacimiento del terrorismo de
ETA favoreció a los candidatos del PP. Por eso logró
otros seis escaños.
En
política nada es eterno y puede suceder que en próximas
elecciones el PP se encuentre en la situación en que ahora
se encuentra el PSOE aunque bajo otras variantes. Todo es posible,
pero, por el momento, es apabullante la decisión de más
de diez millones de electores españoles: el PP y su gobierno
han funcionado para España. Y funcionado quiere decir que,
en su generalidad, o por lo menos una gran mayoría, siente
que el país progresa, que el país no está
con altibajos desconcertantes, y que una cosa es lo que afirman
algunos medios de comunicación y otra, muy diferente, lo
que vive el ciudadano común y corriente. Que la peseta
sirve para algo más que sumarla en los libros contables;
que el futuro no pinte nubarrones y que en fin se cree empleo
tanto para los nacionales como para los extranjeros pese al escándalo
tipo El Ejido.
En
tal situación, puede decirse que algunos militantes y dirigentes
del PSOE estaban ciegos al no ver qué es lo que ocurre
en estos momentos en la sociedad española. Y que la socialdemocracia
intervencionista que tanto le place a Joaquín Almunia es
un estorbo, no una solución. Equivocadamente el PSOE creyó
que podía ganar las elecciones del 12-M con los mismos
postulados de las de 1982, lo que en el mejor de los casos, ahora
es un disparate.
Almunia,
por otro lado, estaba marcado por el destino desde el momento
en que perdió la candidatura original del PSOE al enfrentarse
con José Borrel que renunció por los escándalos
que todos sabemos. Almunia «cachó» una candidatura
que originalmente los propios militantes le habían negado.
Además, y esto es cosa del destino, por todas las razones
del mundo, jamás ha podido quitarse de encima la sombra
de «hijo putativo» de Felipe González que,
por cierto, después del domingo quedó mudo. No era
para menos: de este fracaso Felipillo poco podía decir,
aunque durante la campaña electoral fue más expresivo
que nunca, hasta la grosería, lo que lastimó el
oído de más de un socialista y ya no se diga de
los populares. Izquierda Unida, a su vez, ya no cayó más
bajo porque no era posible. El infarto y la operación de
corazón de Julio Anguita fue lo peor que pudo sucederle
a IU antes de los comicios. Su sucesor era prácticamente
desconocido y al aprobar la semi-alianza con el PSOE solito se
clavó la puntilla. Giovani Sartori lo previó en
una entrevista concedida a un periódico español
varios días antes de los comicios: la experiencia histórica
demuestra que cuando se hace este tipo de alianzas socialista-comunista,
ambos partidos retroceden en su votación y logran menos
votos que cuando lo hacen en forma separada. Así sucedió.
En fin, el triunfo del PP y de Aznar conmocionó a Europa
y al mundo. Periódicos como Le Monde afirmaron, en un amplio
informe sobre la situación política e institucional
de España, que el modelo de gobierno de José María
Aznar se considera en Europa como una alternativa ideológica
de centro reformista, y subrayó que el sistema desarrollado
por el jefe de gobierno español es «exportable»,
por lo que constituye «una referencia para Europa».
El
reportaje de Le Monde es inusitado, y puso el tono en el sentido
de que las últimas elecciones en España tienen un
alcance que va mucho más allá de las fronteras nacionales.
El periódico parisiense no se quedó corto y tituló
el reportaje, a toda plana: «El éxito de José
María Aznar, en España, estimula el debate de la
derecha en Europa. Ahora, Aznar no debe cometer los mismos errores
de prepotencia que cometieron Felipe González y el PSOE
cuando éstos obtuvieron éxito similar y hasta mayor.
No puede dejar de lado las negociaciones aunque no las necesite
de sus antiguos aliados, especialmente de CiU y del nacionalismo
canario. En el caso del PNV el asunto es distinto.El 12-M fue
el fin a «viejos conflictos históricos de España».
*Diplomático
de carrera y periodista profesional. Autor de varios libros. Su
título más reciente es ETA, problema en vasco. Fin
al terrorismo. ¡Ya basta! Actualmente es subdirector general
del periódico unomásuno y autor de la columna Isagoge.
