GLOBALIZACIÓN
Y MEDIO AMBIENTE
GABRIEL
QUADRI DE LA TORRE*
La
globalización económica conduce a un proceso de
integración progresiva en los mercados dentro de un escenario
internacional. Va tejiendo una cada vez más densa red de
interdependencias entre países por medio de un mayor volumen
y diversidad de transacciones en bienes y servicios y en el movimiento
de capitales, y también a través de una difusión
mucho más rápida de tecnologías.1 Los mercados
acusan de manera creciente un cambio estructural, en favor de
una mayor integración horizontal y vertical en el financiamiento,
producción y distribución de un mucho más
vasto espectro de productos y servicios. Destacan nuevas formas
asociativas entre empresas que refuerzan al propio proceso de
globalización en una espiral cada vez más amplia.
Uno
de los cauces que conducen al cambio estructural en los mercados
es la liberalización de la actividad económica,
que intensifica la competencia por medio del abatimiento o la
eliminación de barreras al comercio y a la inversión,
la desregulación y la privatización. Una corriente
más intensa de inversión extranjera, que se conjuga
con mayor libertad en los regímenes de comercio, con una
atmósfera más competitiva y con un rápido
cambio tecnológico, plantea influencias importantes sobre
el medio ambiente y un nuevo horizonte para las expectativas de
desarrollo sustentable.
El
proceso de globalización significa sin duda modificaciones
al contexto en el cual se formulan y aplican a nivel nacional
políticas e instrumentos para el desarrollo sustentable,
dadas sus relaciones reales y potenciales sobre el medio ambiente.
Los impactos ambientales de la globalización se expresan
en cuatro tipos de efectos. El primero se refiere a efectos de
escala, vinculados a una mayor producción; el segundo incluye
a los efectos estructurales que provienen de cambios en el tipo
y localización de las actividades económicas; el
tercero se asocia con los efectos tecnológicos generados
por la utilización de nuevas tecnologías; y, el
cuarto resulta de efectos sobre los patrones de consumo y producción,
inducidos por modificaciones en las preferencias sociales y en
la estructura de demanda.2
Usualmente,
se supone que los efectos de escala de la globalización
son negativos o cuando menos inciertos, mientras que se cree lo
contrario de los efectos estructurales, tecnológicos y
los resultantes de nuevas preferencias y patrones de consumo.
Aún
y cuando se presuma de antemano un impacto negativo de los efectos
de escala, debe aceptarse que la globalización y las políticas
comerciales y de inversión extranjera en sí mismas
no son responsables de ningún problema ambiental; estos
problemas, como sabemos, surgen de una regulación inexistente
o inadecuada en los procesos de producción y de consumo.
El comercio y la inversión en un escenario globalizado
son sólo el vehículo a través del cual se
expresan estas fallas institucionales de manera indirecta. Por
tanto, conviene advertir aquí, que las soluciones a los
problemas ecológicos no deben plantearse en términos
de limitaciones al libre flujo de inversiones, mercancías
y servicios, sino de fortalecimiento de las políticas ambientales.
Como siempre, el desafío de política es el de encontrar
la forma de maximizar los beneficios y minimizar los costos para
la sociedad.
Más
todavía; debe dudarse por otras razones de los supuestos
impactos ambientales negativos de los efectos de escala. No necesariamente
hay una relación constante y estable entre el crecimiento
económico y el medio ambiente, ya que, si como resultado
de la liberalización comercial se elevan los niveles de
ingreso, se generará un sistema más sólido
de preferencias ambientales entre la población, lo que
tenderá a reducir la intensidad ambiental de los procesos
productivos. De esta forma, a mediano y largo plazos, los supuestos
impactos negativos de una mayor escala en la producción
pudieran ser mucho menores que lo que normalmente se cree, dando
origen a una curva ambiental de Kuznets (invertida).3
En
última instancia, es preciso aceptar que es difícil
anticipar algún juicio al respecto de los impactos de escala
transmitidos por la globalización hacia el medio ambiente,
sin una evaluación detallada de circunstancias específicas.
Por
otro lado, la globalización puede promover un patrón
de desarrollo económico más eficiente y menos impactante
del ambiente gracias a cambios estructurales que favorezcan una
distribución territorial más equilibrada de la actividad
económica; por ejemplo desde las ciudades altamente concentradas
hacia ciudades medias, puertos y fronteras como consecuencia de
la transición de una economía cerrada que privilegia
la localización de empresas cerca de sus mercados cautivos,
a una economía orientada a la exportación. El mismo
razonamiento aplica al transferirse la producción y el
empleo desde actividades intensivas en recursos naturales y territoriales
como la agricultura, el pastoreo y la pesca de subsistencia hacia
una economía basada en las manufacturas, en la información,
en el capital humano y en el sector servicios. Su efecto benéfico
puede darse también a partir de una mayor difusión
y adopción de tecnologías más limpias, de
mitigar la pobreza, y de ofrecer el necesario soporte financiero
a las inversiones ambientales. La globalización implica
igualmente exponer a productores y consumidores a nuevas preferencias
sociales a favor del medio ambiente y a exigencias de cumplimiento
de estándares internacionales.
En
esta medida, la globalización contribuirá a desacoplar
el crecimiento económico del daño ambiental, y por
tanto, a favorecer posibilidades para un desarrollo sustentable.
Esto, bajo el entendido de que los problemas y procesos ambientales
se manifiestan y se desarrollan en un marco de largo plazo, y
de que cualquier examen objetivo sobre las consecuencias ambientales
de la globalización debe hacerse a partir de una perspectiva
temporal mucho mayor a la que normalmente aplica al análisis
estrictamente económico. Por ello, se requieren nuevos
enfoques y capacidades analíticas.
Desde
el punto de vista de la gestión ambiental, se nos presentan
otras dimensiones importantes de la globalización, como
es el caso del comercio internacional, la inversión extranjera,
nuevos actores, fallas de mercado a nivel global, la armonización
de normas ambientales entre los países, y la difusión
de estándares internacionales de administración
ambiental, las cuales conviene abordar aunque sea muy brevemente.
1.
Comercio y Medio Ambiente
La
relación entre comercio y medio ambiente puede esclarecerse
desde una perspectiva que preocupa a algunas empresas y a autoridades
comerciales e industriales; esto es, preguntándonos si
las políticas ambientales afectan negativamente a los flujos
de mercancías y servicios. La información disponible
sugiere que los flujos de comercio están influenciados
sólo de una manera muy poco significativa por cambios en
la regulación ambiental vigente en diferentes países.4
La participación de bienes y servicios de una elevada intensidad
ambiental en el comercio internacional no ha cambiado perceptiblemente
en las últimas dos décadas; ello, a pesar de que
en ese mismo lapso se construyeron la mayor parte de los esquemas
regulatorios en materia ambiental tanto en los países industrializados
como en los países no desarrollados.
En
el tema genérico de comercio y medio ambiente hay otros
asuntos que ejercen cierta inquietud y que se refieren a posibilidades
de dumping ecológico, barreras técnicas o no arancelarias
y a tendencias de convergencia en la regulación ambiental
entre diferentes países. Todos ellos están siendo
abordados de alguna forma o de otra en acuerdos y tratados internacionales.
2.
Inversión Extranjera
Las
corrientes de inversión extranjera directa (IED) se han
incrementado con gran rapidez en los últimos años,
siguiendo el paso de la globalización; hoy en día
ascienden aproximadamente a 400 mil millones de dólares
anuales, de los cuales sólo la tercera parte es captada
por países en vías de desarrollo.5 Existen preocupaciones
sobre las consecuencias ambientales que ésto pueda tener,
particularmente en países en donde no hay un adecuado contexto
de políticas.
La
estructura de la IED ha cambiado, reduciéndose aquella
que se dirige al sector manufacturero mientras se incrementa la
que se orienta al sector servicios. En principio, estos cambios
podrían resultar en menores presiones ambientales, bajo
el supuesto de que las actividades de servicios poseen una intensidad
ambiental menor que las actividades industriales. Sin embargo,
conviene advertir que ésto no necesariamente es cierto
en todos los casos, considerando que un análisis completo
sobre el ciclo de vida de los servicios puede revelar importantes
e inesperadas consecuencias ambientales.
Existen
otras preguntas que se formulan recurrentemente y que siempre
es necesario responder de manera objetiva: ¿existe el peligro
de que los países relajen su regulación ambiental
para traer mayor IED o para crear ventajas competitivas en sus
propias empresas? ¿es cierto que las empresas transfieren
su inversión fuera de países con regulaciones ambientales
estrictas? ¿son importantes los costos ambientales en las
decisiones de localización de las empresas? Si todo esto
es cierto, ¿existe un beneficio en la competitividad a
largo plazo de las empresas que se comportan de esta manera?.
La evidencia existente sugiere que la respuesta a todas estas
preguntas es NO aunque pueden presentarse algunas anomalías
o excepciones.6,7
No
existe evidencia de los llamados «paraísos de contaminación»
en la economía global, derivados de la concentración
de inversiones en países o regiones en donde la regulación
ambiental sea relativamente laxa. La mayor parte de los cambios
en los patrones de inversión pueden ser atribuidos a cambios
estructurales, en los que no hay ninguna influencia perceptible
del diferencial existente de normas ambientales entre países.
En realidad, una mayor incidencia regional de problemas de contaminación
industrial se asocia con mucho más frecuencia a economías
protegidas y a empresas bajo la tutela de los gobiernos. La evidencia
sugiere que la imposición de normas ambientales más
estrictas tiende más a generar una respuesta tecnológica
que una transferencia de inversiones.8
1
Chung, C. and Gillespie, B., 1998. Globalization and the environment:
new challenges for the public and private sectors. OECD.
2 Jones, Tom. 1998. «Economic Globalization and the Environment:
an Overview of the Linkages», in Globalization and the Environment.
OECD. Paris.
3 Selden, Thomas and Song, d. 1994. «Environmental Quality
and Development: Is There a Kuznets Curve for Air Emissions?»
Journal of Environmental Economics and Management. 27, 2 pp 147-162.
4 Sorsa, Piritta. 1994. «Competitiveness and Environmental
Standards»: Some Exploratory Results». Policy Research
Working Paper. 1249. World Bank.
5 OECD. 1997. Economic Globalization and the Environment. Paris.
6 Adams, Jan. 1997. «Environmental Policy and Competitiveness
in a Globalised Economy». Paper for the Workshop on Economic
Globalization and the Environment. Viena. January 30-31.
7 Repetto, Robert et al. 1996. Has Environmental Protection Really
Reduced Economic Productivity? WRI. Washington, D.C.
8 OECD. 1997. Op cit.
*Director
general del Centro de Estudios del Sector Privado para el Desarrollo
Sustentable. Expresidente del Instituto Nacional de Ecología.
