ALGUNAS
REFLEXIONES SOBRE EL FUTURO ENVEJECIMIENTO DE LA POBLACIÓN
DE MÉXICO
VIRGILIO
PARTIDA BUSH*
México
transita actualmente hacia una población «entrada
en años». El envejecimiento demográfico consiste
de una mayor presencia de viejos y ancianos, con la consecuente
disminución de niños y jóvenes. Este proceso
se origina en el rápido descenso de la fecundidad, observado
durante las pasadas tres décadas, y en el continuo alargamiento
de la vida, que posibilita una creciente sobrevivencia de adultos
mayores. La mayor presencia de viejos en nuestra sociedad será
cada vez más patente en el corto, mediano y largo plazos
y representa retos que, de no ser atacados desde ya, bien pueden
convertirse en una pesadilla social, económica y política.
Actualmente,
uno de cada veinte mexicanos tiene 65 años o más
de edad; en 2023 la fracción se habrá duplicado
y a mediados del presente siglo habrá quintuplicado, cuando
uno de cada cuatro habitantes del país se encuentre en
la tercera edad. Este paulatino envejecimiento traerá consigo
profundas transformaciones en distintos ámbitos de la vida
cotidiana de nuestro país.
En
la esfera social, los cambios en la composición de las
familias serán notables. ¡Que lejos han quedado aquellos
tiempos de varios hermanos que difícilmente conocían
a más de un abuelo! Ahora la presencia de tres generaciones
en el hogar es común y cada vez los hermanos escasean más.
Incluso, la ausencia de alguno de los padres es ahora más
frecuente y, a diferencia de hace seis lustros, cuando la muerte
era la causa primordial de esa ausencia, hoy día se debe
principalmente a una ruptura consciente de la unión consensual.
En el futuro previsible, la concurrencia de cuatro generaciones
en el arreglo doméstico no será rara; la presencia
de más de un hijo en el hogar será menos frecuente
y, probablemente, los hogares monoparentales serán más
comunes.
Es
difícil pensar que, dentro de medio siglo, la cuarta parte
de la población resida en asilos para ancianos; es indudable
que será necesario otro tipo de organización familiar
que haga posible la coexistencia de tres o más generaciones
bajo el mismo techo. Es impostergable el inicio de acciones orientadas
a instruir a la familia en formas de atención al anciano,
así como idear mecanismos que permitan a las personas de
la tercera edad, que ya se hayan retirado de la actividad económica,
una mayor participación familiar y social.
En
el plano económico, el envejecimiento de la población
representa uno de los mayores retos en los lustros venideros:
otorgar una pensión digna a los adultos mayores, que durante
su vida laboral entregaron sus mejores años para el desarrollo
del país. El reto se agudiza al considerar, por un lado,
que el crecimiento demográfico de los jubilados es mucho
más rápido que el de los trabajadores y, por el
otro, que quienes alcancen la edad de retiro vivirán cada
vez más años y, por ende, demandarán el pago
de la pensión por más largo tiempo.
El
monto financiero de la jubilación deberá considerar,
además del costo mismo de una manutención deseable,
el pago de servicios de salud -generalmente más onerosos
que para el resto de la población-, incluidos los de asistencia
personal para aquellos adultos mayores que padezcan de un deterioro
físico y/o mental agudo. Para la oferta de servicios de
salud deberán idearse, además, mecanismos que permitan
minimizar su costo, pues de lo contrario, su financiamiento puede
convertirse en un gravamen intolerable para la población
trabajadora.
En
el ámbito político, la transformación de
la composición etárea de la población también
propiciará cambios importantes. Actualmente, 60% de los
mexicanos tienen edad de votar y, a mediados del presente siglo,
más de 100 millones podrán sufragar su voto y representarán
82.3% de la población total. Mientras hoy sólo 8%
de los votantes potenciales pertenecen a la tercera edad, dentro
de cincuenta años representarán 30%. En las campañas
y estrategias electorales de los partidos políticos, cada
vez será más necesario incorporar propuestas orientadas
a las personas de la tercera edad, buscando allegarse el voto
de los adultos mayores. Es indudable que los viejos y ancianos
de México se irán convirtiendo gradualmente en una
fuerza política de grandes magnitudes, que bien puede llegar
a inclinar la balanza de manera definitiva en las elecciones que
tengan lugar durante del próximo medio siglo.
*Director
de Investigación Demográfica del Consejo Nacional
de Población.
