Realidad social en México. Retos y perspectivas de la salud
ERNESTO RUBIO DEL CUETO*

México entra al nuevo siglo ante un panorama muy distinto con el que se inició el Siglo XX. Diversos indicadores constatan los avances alcanzados después de la gesta revolucionaria, que sirvieron de cimiento para la construcción de la modernización del país y que son ahora el soporte de una nación inmersa en la complejidad de un mundo globalizado y cada vez más interdependiente. No hay duda que en las últimas décadas se ha avanzado en lograr un cambio social y económico en el contexto de una necesaria transición democrática.

En materia de salud sobresalen diversas transformaciones que se reflejan en indicadores demográficos y en el cambio del perfil epidemiológico. En ello ha contribuido en forma significativa la construcción de una infraestructura sanitaria para atender a la mayor parte de la población, el mejoramiento en la producción y distribución de alimentos, el despliegue de efectivas campañas de salud pública que han llevado a la erradicación y control de ciertos padecimientos mediante un exitoso programa de inmunización y el avance de la ciencia y la tecnología médica. Se ha construido una importante infraestructura de servicios públicos ofrecidos en forma destacada por el Instituto Mexicano del Seguro Social y los Institutos Nacionales de Salud, acompañada de una amplia pero desarticulada oferta del sector privado.

Los problemas, los retos, las oportunidades que surjan en los próximos años serán producto de tendencias que ahora se manifiestan, así como de la capacidad para incidir en políticas públicas y en la concertación con el sector social y privado a fin de hacer crecientemente efectivo el derecho a la protección de la salud.

El perfil demográfico para el Siglo XXI señala un crecimiento más mesurado de la población, al tiempo que emergerá una sociedad más longeva, producto combinado de una disminución de la mortalidad y de la fecundidad. Sin duda, la regulación del crecimiento poblacional será un factor crucial para lograr una sociedad más justa y equitativa. El país tendrá en los próximos 20 años 120 millones de habitantes, con una mayor expectativa de vida que podrá alcanzar los 80 años. Si bien la mayoría de la población estará integrada por jóvenes, la edad media aumentará respecto de la que se tenía en las dos últimas décadas y el grupo de edad de mayores de 65 años seguirá creciendo en números absolutos y relativos, a una velocidad mayor que el ritmo de crecimiento de la población general, lo cual incidirá en mayores riesgos de enfermedades crónicas y degenerativas, tales como las neoplasias malignas, las anomalías congénitas, las cardiopatías isquémicas, la diabetes mellitus o la obesidad, que es un grave problema de salud pública que propicia diversos padecimientos que afectan no sólo a los ricos sino también a los pobres, a hombres y mujeres, a poblaciones urbanas y rurales.

Se seguirá perfilando, en forma preponderante, una sociedad urbana, con sus ventajas, pero también con sus desventajas. Entre ellas patrones deletéreos a la salud, producto de factores adversos del medio ambiente, del riesgo a las lesiones que se causan por accidentes o por agresiones violentas producto de la conducta humana, muchas veces vinculados a problemas de adicción, sobre todo de jóvenes. La polarización entre pobres y no pobres resaltará las diferencias del medio rural y del medio urbano y también se acentuará la marginación urbana en los cinturones de miseria. Los hábitos y estilos de vida de una sociedad globalizada tendrán implicaciones en los valores individuales, en la cohesión del grupo familiar, en la interacción con la vecindad próxima al hogar, en los sitios de labor, en fin en las múltiples facetas de nuestra vida cotidiana.

Forzosamente tenemos que mejorar y ampliar nuestros niveles de educación si es que queremos sumarnos al desenvolvimiento de la humanidad e integrarnos eficientemente en el proceso de globalización. Deberemos redoblar los esfuerzos para tener un capital humano más rico en posibilidades y potencialidades. En forma especial, la mujer aumentará sus oportunidades de más y mejor educación para acceder a más y mejores oportunidades de empleo, a riesgo de modificar, en alguna medida su papel en el seno familiar. Las formas de organización de la sociedad civil se multiplicarán en modalidades que ahora se gestan y multiplican; se abordarán campos en los cuales el Estado y la empresa dejan un vacío social que necesariamente habrá de llenarse con modelos novedosos que propicien el desarrollo de personas y comunidades. Si bien vienen disminuyendo las enfermedades transmisibles persistirán en los albores del nuevo siglo, producto de inadecuadas condiciones de higiene y de la falta de acceso tanto a satisfactores básicos de educación, empleo, alimentación, como a servicios esenciales de salud. La desnutrición proteico calórica, seguirá afectando a poblaciones rurales en forma significativa, lo mismo que las diarreas, las afecciones perinatales, la tuberculosis; todas ellas y otras más seguirán cobrando sus cuotas de enfermedad y muerte, no obstante el avance de la tecnología médica. Enfermedades nuevas y recurrentes complicarán el panorama, tales como el sida, que es un problema de salud pública de amplias repercusiones sociales. Se requerirá un esfuerzo supremo como país para superar las condiciones de pobreza y marginación, pues la inversión social que se haga en la infraestructura educativa y de servicios de infraestructura básica y de salud redundará, en el mediano y largo plazos, en poblaciones más sanas, con menos desventajas sociales para su superación, cada vez más participativas en el progreso nacional.

El modelo de atención a la salud ha evolucionado del médico de la familia, al médico institucional y al equipo de salud y culmina en una compleja industria de la salud en la que intervienen facultades y escuelas de medicina, clínicas y hospitales, la industria farmacéutica y la productiva de otros insumos, la biotecnología, las comunicaciones y la informática.

No podremos estar ajenos a los nuevos avances en la biología molecular, en las telecomunicaciones y en los materiales que ofrecen potencialidades para un nuevo paradigma de la salud. La medicina genómica ya está con nosotros; cada vez más estaremos mejor armados para desentrañar los misterios de la biología molecular, para propiciar la terapia génica, para producir más y más potentes vacunas, para hacer uso del código genético contenido en el ADN. Por eso, cada vez más, necesitaremos de una más sólida sociedad que anteponga normas éticas al enfrentar los desafíos de la salud en el siglo XXI.

Los procesos de reforma que se dan en las instituciones del sector salud apuntan a una mayor descentralización o desconcentración de los servicios hacia los niveles estatales y municipales. Si bien esto pudiera facilitar la respuesta y eficiencia de los mismos, también implica un riesgo para la valoración del esfuerzo económico nacional en salud y para la supervisión y la garantía de calidad por parte de la instancia normativa nacional. La pluralidad y diversidad de la mezcla público–privada también deberá llevar a la estructuración e implantación de mecanismos reguladores que garanticen calidad, protejan al usuario, contengan costos, cuiden de la ética y aseguren responsabilidad social de las instituciones prestadoras o administradoras de servicios y produzcan mejores niveles de salud y de calidad de vida humana en la población.

A la par de las espectaculares innovaciones tecnológicas que, en forma impresionante, aumentan la capacidad resolutiva de la atención médica, es preciso avanzar en la formulación e implantación de políticas de salud que superen inequidad, baja calidad e ineficiencia de los servicios, que propicien la prevención de riesgos y, a través de la educación para la salud, promuevan la participación comunitaria y la promoción de la salud, fomentando estilos de vida saludables.

Se requerirá impulsar formas más adecuadas para el desarrollo de recursos humanos en salud, acordes a las necesidades, al avance del conocimiento, al desarrollo de la biotecnología, la informática y las telecomunicaciones, al advenimiento de una tecnología en salud más acorde a las necesidades y capacidades de la sociedad mexicana. Una inadecuada innovación tecnológica hospitalaria no sólo aumenta los costos de los servicios sino que restringe el acceso a muchos grupos de población. El desarrollo de recursos humanos no sólo se referirá a los procesos de formación de profesionales, especialistas y graduados, también implicará formas diversas de actualización y acceso rápido al nuevo conocimiento. El cuidado de la salud podrá tener un amplio sustento en la educación para la salud de la población en general, a fin de que mujer, familia y organizaciones de la sociedad civil puedan jugar un papel más activo en el mejoramiento de la salud.

El financiamiento de los servicios es motivo de creciente preocupación. El aumento en los costos hace necesario diseñar estrategias para su contención. Ha cobrado conciencia que hay que obtener más salud por el dinero que ya se invierte. Existe una tendencia general, en las iniciativas de reforma en curso, de que es preciso separar el financiamiento de la prestación de servicios. En México es muy importante revisar las políticas de financiamiento por la diferencia en el gasto per cápita entre los derechohabientes de la seguridad social y la población abierta así como por los niveles de extensión de la pobreza y la relación directa que existe entre esta condición y las condiciones de salud antes mencionadas.

Para lograr que la salud sea un instrumento efectivo para avanzar en el desarrollo humano es necesario consolidar y mantener un buen nivel de investigación en salud. La sinergia entre universidades, instituciones de salud y organizaciones de la sociedad civil será un elemento clave para lograr este propósito. La investigación en salud precisa de enfoques multicéntricos, de colaboración complementaria, y bajo perspectivas de estudios multidisciplinarios. Por ello la necesidad de estrechar y perfeccionar los vínculos entre las instituciones involucradas. Este es uno de los primeros retos para impulsar la investigación en salud como instrumento para el desarrollo en el tercer milenio.

*Presidente del Consejo Directivo, Fundación Mexicana para la Salud. Miembro del Consejo Técnico del IMSS. Doctor Honoris Causa de la Academia Mexicana de Derecho Internacional.