Educación
para Adultos: Una Deuda Social
JOSÉ
ANTONIO CARRANZA PALACIOS*
La
búsqueda de soluciones para atender y en lo posible resolver
inquietantes problemas de marginalidad en México y en el
mundo, constituye una preocupación central de la política
social de los Estados nacionales que hoy, como nunca antes, se
expresa en un tenso desafío entre las políticas
nacionales y sociales.
Esto
ocurre particularmente en los países que conforman la periferia
del sistema económico internacional. Esta preocupación
central del desarrollo social demanda adecuadas, sensibles y precisas
tareas de planeación para brindar una atención pertinente
y eficaz a los grupos rezagados.
En realidad, no existe el fenómeno de la marginalidad aislada;
quienes se encuentran rezagados en cualquier área o dimensión
de la vida personal, familiar o comunitaria, enfrentan esa misma
condición en muchas otras. Ello obliga a considerar y practicar
políticas integrales de desarrollo, entre las cuales la
educación representa, por su incidencia en las tasas y
tipos de movilidad social, el factor de mayor importancia y valor
estratégico.
Por
atrazos seculares, el rezago educativo conformado por la población
de 15 y más años, sigue siendo la expresión
de un lastimoso e improductivo déficit, tanto en lo que
se refiere a las prioridades nacionales cuanto en lo que lastima
y ofende deudas sociales incumplidas y arriesga la estabilidad
social y política de México.
En
el caso específico de nuestro país, y especialmente
a partir de la Reforma Constitucional que incorporó a la
secundaria como parte de la educación obligatoria, el rezago
educativo, a pesar de los grandes esfuerzos, se integra por 36
millones de jóvenes y adultos que, o no ingresaron al sistema
educativo o han tenido que abandonarlo por razones économicas
y/o sociales.
Así,
de la población de 15 ó más años,
el 55 % (36 millones) carece de educación básica
y sólo 30 millones (el 45%), terminaron la secundaria.
Son
6.6 millones de analfabetas, 11.2 millones que no terminaron primaria
y 18 millones que teniendo primaria no completaron la secundaria.
De esta población, por lo menos el 85% está en la
economía informal; son campesinos, amas de casa, miembros
del auto empleo sin acceso a las instituciones de seguridad social,
carecen de prestaciones de patrón ... y de esperanza.
El
rezago educativo se incrementa anualmente. En 1999 cerca de 950
mil jóvenes de 15 años se incorporaron; salieron
330 mil por muerte o migración y 320 mil terminaron su
educación secundaria en el INEA.
El
analfabetismo representa el 10% de la población de 15 ó
más años y su tasa se ha reducido: en 1970 era de
25.8%, en 1980 del 17% y en el Censo de 1990 tuvo un registro
de 12.4%. Sin embargo, el número absoluto de analfabetas
se mantiene constante en 6 millones.
Conviene
hacer algunas reflexiones sobre el analfabetismo: en primer lugar,
alrededor de 1.5 millones de esos adultos son mayores de 65 años
y se estima en 1.2 millones el número de personas con una
discapacidad tal que están impedidos y no pueden ser sujetos
educativos potenciales. Además, 2.3 millones tienen entre
45 y 65 años de edad, población muy difícil
de ser atendida si consideramos que a partir de los 45 es muy
bajo el interés por participar en su proceso educativo.
Por lo anterior, podemos concluir que son 1.6 millones de adultos
entre 15 y 44 años los que podemos considerar con posibilidades
reales de atención.
Del
grupo de rezago sin primaria, de 11.2 millones de personas, 4.3
millones (un 38%) habita en poblaciones marginadas dispersas menores
de 2 500 habitantes. Además 5.5 millones (49%) son mayores
de 45 años y casi el 54% del total son mujeres.
De
este rezago, un grupo de particular interés lo constituyen
las mujeres jóvenes ya que se tienen datos que muestran
que las madres de más del 80% del rezago total no concluyeron
la primaria, por lo que se podría inferir que si más
mujeres terminaran la primaria la probabilidad de que sus hijos
fuesen parte del rezago se reduciría.
Por
último, del rezago sin secundaria integrado por 18.2 millones
de jóvenes y adultos, el 63% vive en localidades de más
de 15 mil habitantes; el 45% es una población joven de
15 a 29 años y solamente el 23% es mayor de 45 años.
Esta población en rezago representa la fuerza laboral presente
y futura del país.
La
realidad del diagnóstico del rezago posibilita formular
ciertas acotaciones y establecer prioridades:
1.
El rezago es una deuda social del Estado Mexicano. Son más
los que no han concluido su educación básica, que
los que sí han terminado la secundaria.
2.
El rezago se podrá reducir:
a)
En la medida en que se cierre la llave; es decir, cuando se tenga
una cobertura de más del 98% en la educación básica
y se mejore la eficiencia para que sean más los que terminen
que los que se salgan.
b)
Intensificando los programas de educación para adultos,
duplicando, por lo menos, los esfuerzos realizados, lo que implica
destinar mayores recursos.
La
educación para adultos debe ser una prioridad nacional.
De no sostenerse en el futuro la decisión de corregir ese
rezago, la población adulta sin educación básica
seguirá pesando como lastre del mejoramiento económico
y social.
Es
evidente que el propósito de alcanzar una mayor y mejor
educación para los mexicanos compromete la voluntad y capacidad
del Estado mexicano para articular las necesidades nacionales
de desarrollo y las sociales de bienestar. Igualar las oportunidades
de desarrollo social requiere de una estrategia que amplie la
cobertura y mejore la calidad de la educación.
Realizar
un esfuerzo especial a favor de la educación basica para
adultos significa atender un sector de la población que
no sólo es mayoritario y constituye la fuerza laboral presente
y futura del país en el año 2000, sino que además
exige, con razón, la flexibilidad de un sistema educativo
que permita al adulto seleccionar las opciones más idóneas
para una mejor y más provechosa incorporación y
movilidad en el mercado de trabajo.
Lo
expuesto se refiere a desafíos de la mayor importancia
y transcendencia relacionados con la economía, la política,
la cultura y el sentido de convivencia tan indispensable para
una adecuada y funcional integración nacional y cohesión
social.
Bajo
cualquier óptica, el gobierno, los partidos políticos
y las organizaciones sociales debieran incorporar el tema, de
la educación para los adultos como una propuesta prioritaria
para seguir construyendo el proyecto de nación al que aspiramos
en este nuevo siglo: Se trata de hacer el desarrollo, la justicia,
la equidad y la democracia.
*Ingeniero
Civil y maestro en administración por el ITESM. Director
General del INEA.
