EL PRI, AUTOR PRINCIPAL DE LA PLURALIDAD

Al festejar hoy el aniversario de la fundación de nuestro Partido, saludo con afecto y agradecimiento a la base priísta, a los miles de mujeres y hombres que a lo largo y ancho del país construyen a diario la grandeza de nuestro instituto político.

Saludo a la y los expresidentes del Partido, a los dirigentes y cuadros territoriales y sectoriales que con su talento y entrega conducen el cambio hacia el nuevo PRI, el cambio que nos hará triunfar, con legalidad y transparencia, en todo el país el próximo 2 de julio.

Vamos a ganar. Porque tenemos las mejores ideas, el mejor proyecto, la mejor propuesta.

Vamos a ganar. Porque tenemos una historia de realizaciones que nos enorgullece y a partir de la cual estamos forjando el destino de grandeza por la que trabajaron y trabajan varias generaciones de priístas.

Vamos a ganar. Porque de ello depende que el país siga adelante, sin claudicaciones ni retrocesos. Siempre con la mirada puesta en mejorar el presente y construir un mejor futuro para todos los mexicanos.

Vamos a ganar. Porque el Presidente de México, Ernesto Zedillo, conduce a la Nación sin desmayos ni titubeos, con la visión de estadista que la Nación requiere, para orgullo de quienes somos sus compañeros de Partido.

Vamos a ganar. Porque contamos con la firme dirigencia de una mujer que a su talento y capacidad, suma su profundo compromiso revolucionario con las causas de nuestro Partido y nuestro pueblo. Nuestra querida y respetada amiga Dulce María Sauri Riancho.

Al cumplir 71 años como partido podemos decir con legítimo orgullo que si hemos permanecido en el gobierno, es porque hemos sabido cambiar y encabezar el cambio. Lo seguimos haciendo.

Hay PRI en el gobierno para muchos años más.

Nuestro Partido nació para dar a México estabilidad y paz social. Para dar fin a la etapa de la discordia y la lucha entre caudillos, y pasar a la construcción de las instituciones que hicieran posible cumplir los objetivos emanados de la revolución triunfante. Lo hicimos.

Lo hicimos porque contamos, ayer y hoy, con un ejército de honda raíz y compromiso popular. Nuestras fuerzas armadas son ejemplo de disciplina, de sentido del honor, de lealtad, apego a la Constitución y amor a la Patria.

Realizada la primera tarea, supimos cambiar, abrimos una segunda etapa para constituir la gran alianza del campesinado, los trabajadores y las clases medias, con los gobiernos revolucionarios.

Esa alianza, hasta hoy indestructible, permitió a México recuperar la soberanía sobre su riqueza petrolera y empezar a dar vigencia a los derechos sociales de las clases trabajadoras, que la Constitución de 1917 había consagrado y que al Partido correspondía llevar a la práctica.

Con el Partido a la vanguardia, con el activo apoyo y la movilización de sus organizaciones agrarias, los gobiernos revolucionarios repartieron la tierra; más de la mitad del territorio nacional pasó a dominio de ejidatarios y comuneros.

Cumplimos así el mandato de Zapata y los anhelos de Villa.

Nuestro Partido fue impulsor de las grandes reformas que hicieron posible extender la educación pública, laica y gratuita, a todos los rincones de la Patria, al alcance de las niñas y niños, de los jóvenes y adultos. La obra educativa de los gobiernos revolucionarios fue una de las grandes hazañas de México en el siglo XX.

Gracias a la iniciativa y al apoyo de nuestro Partido fueron creadas las grandes instituciones de seguridad social, que hoy protegen y dan servicio a ocho de cada diez mexicanos.

Sin incurrir en los vicios o tentaciones autoritarias, nuestro Partido ha sabido preservar y defender la soberanía nacional, sin restringir o cancelar las libertades individuales o los derechos sociales.

Cuando en el país despuntaba la urbanización, se creaban las primeras industrias y surgían las incipientes clases medias estuvimos de nueva cuenta a la vanguardia. Entendimos que era necesario pasar a una tercera etapa de nuestra tarea histórica, con nuevas metas, con nuevos instrumentos y formas de hacer la política. Nuestra respuesta fue el Partido Revolucionario Institucional, del cual, hoy somos orgullosos integrantes.

Durante casi tres décadas, el PRI y los gobiernos de él emanados, sumaron a la estabilidad política y la paz social, el progreso económico. De nueva cuenta encabezamos los cambios que demandaba una población creciente en forma acelerada. Surgieron las grandes ciudades y metrópolis; las clases medias pasaron a convertirse en el sector más dinámico y pujante de nuestra sociedad. Se extendieron las comunicaciones, los cambios científicos y tecnológicos modificaron nuestra forma de ser y de relacionarnos entre nosotros y con el mundo.

Esos cambios dieron lugar a una sociedad más activa, más informada, más crítica y demandante, que exigió, con justificada razón, que a los beneficios de la estabilidad política y el progreso, sumáramos los de la democracia.

Es cierto, en el camino hubo errores. Tardamos demasiado tiempo en hacer los cambios democráticos; el país y la sociedad sufrieron una dolorosa experiencia a finales de la década de los sesenta. Pero aprendimos la lección y tomamos la iniciativa para abrir los cauces de participación y competencia de quienes hasta ese momento eran minorías políticas con débil presencia y muy poca influencia en el escenario nacional.

No pretendemos que esas fuerzas deban al PRI lo que hoy son. Pero nadie puede negar que nuestro Partido impulsó y apoyó los cambios que permitieron el surgimiento de la nueva etapa de pluralidad y competencia política. No reclamo para nuestro Partido monopolio alguno del mérito de ese avance. Únicamente recuerdo lo que corresponde a la verdad, aunque les pese a quienes son incapaces de reconocer aportación o mérito alguno a sus adversarios.

El autor fundamental de los avances que México vivió en el siglo XX fue nuestro pueblo, nuestra gente; pero, ¿qué duda cabe?, que en esa historia deben registrarse, con objetividad y seriedad, las aportaciones y esfuerzos, la historia misma de nuestro gran Partido.

Nunca esperamos que el cambio lo hicieran otros partidos. No lo esperamos ahora.

El Partido ha estado con las grandes causas de la Nación, cada una a su tiempo y en su circunstancia.

Sabemos, por nuestros propios errores, que cuando al PRI se le adormecen sus reflejos a favor del cambio, cuando se aparta de la senda del compromiso con la gente, cuando sus bases dejan de tener voz y voto en las decisiones, extraviamos el rumbo y pierde México.

En cambio, cuando confiamos en la base, cuando acudimos a la sociedad, cuando sin temores ni dudas vamos por delante, salimos siempre triunfantes, como lo acabamos de constatar el 7 de noviembre pasado. Aunque les duela a nuestros adversarios, una y otra vez habré de recordar y agradecer a los 10 millones de ciudadanos que acudieron a votar ese día.

Esa es la fuerza de nuestra candidatura, pero sobre todo, la legitimidad del liderazgo que me han conferido. Es también la legitimidad y la fuerza del nuevo PRI que estamos construyendo, con la que vamos a ganar el 2 de julio.

Damos inicio a la etapa decisiva de la campaña electoral. A partir de ahora, cada acción, cada iniciativa, cada cosa que hagamos cuentan. En cada ejido, en cada fábrica, en cada centro de trabajo, en cada barrio o colonia, en cada familia, nuestras acciones y nuestras palabras tienen un valor político, un significado importante.

Aunque estamos adelante, no nos vamos a confiar. Vamos a redoblar trabajo y esfuerzo, dedicación y empeño, porque debemos ampliar la ventaja, para que nuestra victoria sea irrefutable, por su contundencia, por su limpieza y transparencia.

¿Cómo lo podemos lograr? Transmitiendo nuestras convicciones, nuestra seguridad en lo que proponemos y queremos hacer, a la gente que nos rodea, a la que está más cercana a nosotros. No requerimos exagerar, ni siquiera negar los errores cometidos. Sólo decir la verdad, platicar lo que proponemos y queremos; para que cada quien compare y vea que, hoy por hoy, seguimos siendo los mejores.

No hay mejor constancia de lo que somos capaces de hacer y de lo que proponemos para que el poder sirva a la gente, que nuestros propios actos. Cambiemos, seamos una vez más, vanguardia en la defensa y promoción de las demandas de la gente.

De ustedes depende que mi lema de campaña sea compromiso permanente, realidad de todos los días. Que el poder sirva a la gente.

Renovemos a nuestro Partido para que siga siendo la vanguardia del cambio con rumbo, como lo demanda la sociedad y lo requiere nuestra Patria.

Estamos orgullosos de nuestra historia y al mismo tiempo insatisfechos, profundamente insatisfechos por las carencias y rezagos, por la pobreza y la marginación que padecen millones de compatriotas, especialmente en las zona urbanas marginadas, en las colonias populares, en los miles de caseríos dispersos en el campo y entre las comunidades indígenas con las cuales guardamos una deuda histórica.

Mientras no hayamos hecho lo suficiente, el México con hambre y sed de justicia que Luis Donaldo Colosio nos convocó a cambiar aquel inolvidable 6 de marzo, será nuestra responsabilidad.

Por mi parte, lo digo emocionado y convencido: retomo la estafeta, hago mía esa bandera.

Vamos a cumplir nuestra tarea histórica, la que está expresada en nuestro lema: Democracia y Justicia Social. Lo vamos a hacer renovando nuestro proyecto de Nación. Fieles a sus valores profundos y comprometidos siempre con sus ideales permanentes.

El nuevo PRI tendrá siempre el objetivo de que el poder sirva a la gente. Toda acción, toda propuesta, toda política que impulsemos y pongamos en práctica debe tener ese objetivo.

Vamos a cambiar para dar a la Nación, en esta nueva etapa, rumbo seguro y destino cierto. Dejemos de hablar sólo de buenas cifras en la macroeconomía, vamos hablando de buenos resultados para los trabajadores y los campesinos, para las mujeres y los jóvenes, para las clases medias y el pequeño y mediano empresario nacional.

Midamos nuestros resultados como partido en el gobierno, por los empleos que se generan; por el aumento de los salarios y del ingreso de los campesinos; por la calidad de la educación que el Estado otorga; por la cobertura de la salud pública; por las viviendas que están al alcance de las familias de menores ingresos. Evaluemos el avance, no con una fría cifra de crecimiento, sino con la mejoría y progreso en beneficio de la mayoría de nuestro pueblo.

Porque ya cubrimos la etapa del esfuerzo y el sacrificio, porque hemos puesto los cimientos de una economía sólida y de un crecimiento estable, podemos ofrecer ahora la casa digna y justa que merecen los mexicanos del siglo XXI, en la que todos podamos vivir con seguridad y esperanza.

Convoco a la base priísta de todo México a trabajar más duro, con más entrega, con más pasión partidista, con la camiseta bien puesta. Hagámoslo juntos, para que el poder del gobierno sirva a la gente. Para superar la pobreza extrema y desterrar la marginación. Para que ningún mexicano carezca de los básico y todos tengan oportunidades y esperanza de progreso. Para alcanzar la igualdad entre el hombre y la mujer, reconociendo su aportación y trabajo, impulsándolas para que puedan desplegar sus propias iniciativas.

Todos sabemos que, cuando de trabajo y de Partido se trata, ellas, las mujeres, son las primeras. Son las que primero empiezan y más tarde terminan. Son las que nunca pierden la esperanza y nos animan cuando parece que las cosas van mal. Con que ganemos con ellas y para ellas los votos, ya la hicimos.

Por eso, aquí no hay lugar para el vulgar machismo de la derecha, que ofrece a la mujer protección, mientras con su lenguaje, procaz y soez, a diario las ofende, descubriendo el verdadero rostro de la reacción.

Abramos nuestras puertas a la juventud; para que ellas y ellos, que son la mayoría de la Nación, ejerzan sus derechos, participen en las decisiones y grandes cambios que vamos a realizar. Dejemos de ofrecer a los jóvenes el futuro, ellos son los que van a cambiar el México de hoy. Ellos son el presente y el futuro. Su derecho es construirlo desde ahora.

Quiero que el poder sirva a la gente:

Para abrir el camino al campo. Para dar dignidad a la vida de las familias campesinas, para que ningún mexicano se vea obligado a emigrara Estados Unidos por carecer en su tierra de oportunidades de progreso.

Quiero que el poder sirva a la gente:

Para impulsar a las pequeñas y medianas empresas, lograr que generen millones de nuevos empleos, dignos, estables, bien pagados, y así reconstruyamos nuestras clases medias.

Quiero que el poder sirva a la gente:

Para que el salario aumente y las prestaciones sean mejores, y así la fortaleza económica de México descanse ante todo en nuestro mercado interno y la prosperidad de las familias mexicanas.

Quiero que el poder sirva a la gente:

Para multiplicar por tres el número de viviendas que cada año se construyen en México.

Quiero que el poder sirva a la gente:

Para que el crecimiento se transforme en oportunidades de empleo, en por lo menos un millón de nuevos puestos de trabajo cada uno.

Quiero que el poder sirva a la gente:

Para que la educación pública, gratuita y laica, extienda su cobertura y aumente su calidad, como el mejor bien que el Estado puede brindar a las nuevas generaciones.

Quiero que el poder sirva a la gente:

Para que los servicios de calidad que al gobierno corresponde proporcionar, lleguen a todas las comunidades, tanto urbanas como rurales. Para proteger el medio ambiente, restaurar los ecosistemas y explotar racionalmente nuestros recursos naturales.

Hace unos días, en gira por el Estado de Puebla, conocí a un niño campesino cuya imagen es hoy parte de este escenario. Me conmoví al ver en sus ojos la ilusión por el futuro, en medio de una realidad de carencias; me conmovió su sonrisa libre y franca, tanto como sus zapatos rotos.

La realidad cotidiana de millones de niños como este nos obliga a tener siempre presente el significado que tiene trabajar para que el poder verdaderamente sirva a la gente.

Por esos niños, por sus sonrisas, trabajaré sin descanso para que mejore su presente y les abramos un futuro mejor, de esperanza y progreso. Por ellos, voy a hacer que el poder del gobierno sirva a la gente.

Lo que siempre nos ha distinguido es nuestra capacidad de unirnos en torno a los objetivos que nos dieron origen: independencia, igualdad, soberanía, libertad, democracia y justicia social.

Esos valores seguirán siendo nuestro lazo de unión, nuestro puente de identidad con la sociedad a la que representamos, y lo que nos hace diferentes frente a nuestros adversarios.

En esta nueva etapa, la competencia electoral se da en condiciones de equidad en todos los niveles. Incluso, las alianzas de interés y coyuntura formadas por nuestros adversarios, les permiten tener más recursos públicos que nosotros.

¡Pero van a perder!

¿Saben por qué?

Porque no tienen lo que tiene el PRI.

Una base militante como la nuestra. Unos cuadros y unos dirigentes como los nuestros. Una militancia por los principios que la Revolución nos entregó; por las causas que defendemos, por los cambios que hacemos.

Esa es la base de nuestro triunfo.

Eso es lo que ha hecho y hará del PRI el partido de México.

Discurso del licenciado Francisco Labastida Ochoa en la ceremonia del LXXI aniversario del Partido Revolucionario Institucional. 4 de marzo de 2000.