El
Amable Duelo
Alejandro
Villalobos Ortiz*
Don
Andrés He-nestrosa escribió el «Pórtico»
de la publicación de tres cartas cruzadas entre José
Vasconcelos y Teófilo Oléa hace 66 años,
y señala que las cartas privadas pueden ser fuentes para
el estudio de la vida de los pueblos en momentos y situaciones
determinados, lo cual se aprecia con toda amplitud en múltiples
referencias históricas contenidas en las misivas.
Se
trata de dos escritos del Lic. Oléa y otro de Vasconcelos
Calderón, a los que se suma uno más de este último
personaje (fechado el 25 de abril de 1933), el cual dio origen
a un intercambio áspero y violento de consideraciones sobre
la vida y acciones de los autores.
El
prólogo de Xavier Oléa Muñoz explica el origen
de la polémica epistolar, generada por los conceptos de
Vasconcelos sobre el libro «La socialización en el
Derecho. Ensayo de una Teoría General de las de las Funciones»,
escrito por Teófilo Leyva y que le fue enviado a Vasconcelos
a la ciudad de Somio, en España, donde se encontraba asilado
después de los resultados adversos de las elecciones presidenciales
de 1929. El prólogo en cuestión también contiene
semblanzas biográficas de los dos actores del «Amable
Duelo»: el creador del lema y escudo de la Universidad Nacional
y el destacado jurista componente de «Los Siete Sabios».
La
carta de abril de 1933 no indica destinatario y fue reproducida,
en parte, en el periódico del sindicato de abogados «Derecho
Nuevo». Inicia la crítica al libro con la siguiente
frase: ...«me ha entristecido el criterio del libro, fiel
a esa famosa generación de 1915, que no se atreve a decir
que Carranza era bandido por temor de parecer antirrevolucionaria».
Agrega que dicha generación es indecisa, vive en el limbo,
siempre al margen de la acción y del pensamiento definido.
Ya
en la parte final enfatiza que el tipo al que más odia
«no es ni siquiera Lenin», sino a Bertrand Russell,
que va a llegar al infierno recorriendo uno por uno todos los
tormentos, aunque para ello le falta temperamento.
La
primera carta del Lic. Oléa le da a Vasconcelos el trato
de «Venerable Maestro» y le hace saber que le produjo
honda y profunda pena, por la amargura que se revela en ella y
«por la falta de altura y de grandeza del filosofo ... para
resistir la adversidad política...». Hace defensa
de la generación de 1915, argumentando que no pretende
contar con genios, sino que cifra su orgullo en su honestidad
y en su civismo.
Le
reclama a Vasconcelos ser responsable de que en México
no exista una opinión publica organizada e independiente,
y acuña una frase: «se sigue pensando en México
sin Vasconcelos, a pesar de Vasconcelos y por encima de Vasconcelos».
En
su respuesta, Vascon-celos explica que no se prestó a construir
una oposición a gusto del gobierno. Califica la carta de
Oléa como cargada de insidia. Contesta que sí toma
en cuenta las realidades mexicanas; que lo que desconoció
y sigue desconociendo es «la autoridad moral, el patriotismo
falso del carrancismo».
En
esta etapa de su vida, Vasconcelos, emite afirmaciones sorprendentes:
«El derecho me ha hecho siempre bostezar»; califica
su propia tesis profesional («Teoría Dinámica
del Proceso») como tomadura de pelo a los abogados; admite
que profesa despego a la ciencia jurídica y que no ha sido
sino «codiguero», pero que como tal en su tiempo ganó
más que todos los de la generación de 1915.
Le
espeta a Oléa, quien se refirió a la doctrina de
Ghandi, que el sí es un poco «ghandinista»,
porque renunció a una carrera profesional que le dejaba
buenas entradas, primero para sumarse al maderismo, después
para combatir al carrancismo. También le reclama que no
se manifieste contra la violencia encumbrada en México.
Se
despide llamando a Don Teófilo « ex discípulo»
y entre otras cosas, que se olvide del Vasconcelos pedante que
escribió la tésis sobre Derecho; que reniegue del
Vasconcelos de las filosofías que no pasan de ensayos bastante
discutibles, y que perdone al Vasconcelos del Ministerio que nada
logró enraizar.
El
Lic. Oléa retomó el debate y en carta fechada un
mes después de la de Vasconcelos, lo llamó «siempre
venerado maestro», pero le afirmó que su soberbia
era satánica, con orgullo desmedido y altivez arrogante,
reprochándole falta de espíritu de autocrítica
y ponderación, y calificándolo como enfermo del
espíritu. También le reconoció su honestidad
en el manejo de fondos públicos. En otra parte lo cataloga
como «impaciente teori-zante de la violencia de la política
militante».
La
carta y el debate concluyen con el agradecimiento del Lic. Oléa
a su interlocutor por el contacto que le permitió tener
con uno de los espíritus más grandes de su patria,
pero a la vez le pidió que le permitiera decirle «
con el ranchero de mi Sur querido: Maestro vale usted mucho, es
muy grande, pero no lo es usted tanto como cree».
Resulta
tarea imposible dar una idea completa en esta breve reseña,
de la multitud de aspectos que abarcó el encuentro epistolar
entre estos dos grandes mexicanos, que en unas cuantas páginas
revisaron cuestiones torales de un período trascendental
de nuestra historia y que dejaron constancia de un espíritu
combativo en el que se superó el duelo armado por el de
la pluma, para defender el honor y las ideas.
*Licenciado
en Derecho.
