La economía siempre es política
julio zamora bátiz*

David Ibarra Mu-ñoz, uno de los mejores econo-mistas mexica-nos, publicó recientemente Política y Economía (Miguel Ángel Po-rrúa Grupo Editor, México, D.F., diciembre de 1999) magnífico y recomendable libro en el que conjunta con poco frecuente habilidad ensayos y artículos generados a lo largo de los tres últimos lustros, lapso en el que, alejado de las funciones gubernamentales, ha tenido mayores oportunidades para atender sus inclinaciones académicas.

El material contenido en «Política y Economía» se agrupa en tres secciones, en la primera de las cuales se incluyen las semblanzas de cuatro estudiosos de la economía que tuvieron singular importancia–no siempre reconocida– en el ejercicio de la política.

Artículos periodísticos, necesariamente breves, constituyen la tercera sección. En ellos Ibarra examina con desusada profundidad y con claridad que el público lector agradecerá, los problemas de México en el sexenio que fenece y las medidas de política económica que se pretende aplicar, muchas veces a contrapelo de las necesidades sociales y los compromisos políticos que existen implícitos con los mexicanos.

La segunda parte del libro la integran diez ensayos de gran rigor teórico, estructurados con bien informados y sólidos análisis, que son de suprema importancia para el conocimiento del manejo de la economía y la realidad política de México y de América Latina. Constituyen uno de las mejores revisiones que se han hecho en nuestro continente de la «globalización» (en español debería decirse «mundialización») que nos agobia y de sus efectos en la vida social y económica de nuestros países. Es también ésta sección un examen acucioso de las fallas y carencias del esquema neoliberal de políticas económicas y sistemático planteamiento de viables programas en la materia.

El lector concluye Política y Economía con una clara idea de la posición de David Ibarra en estas cuestiones, de las hoy muchos opinan sin suficiente bagaje intelectual. La solidez teórica e ideológica de Ibarra se hace patente en la consistencia que tienen entre sí los ensayos y artículos que ha escrito a lo largo de una década. La calidad de sus análisis se puede evaluar comparando los señala-mientos que hizo en ciertas etapas y el devenir de la realidad de nuestro país.

Ibarra propone un concepto de desarrollo económico que, aceptando la mundialización, el esquema de mercados competitivos, mantenga las indispensables bases de nacionalismo y justicia social. Por esta diferencia entre el modelo que esboza Ibarra y el neoliberalismo que hemos padecido -y que ha generado millones de pobres a cambio de números macroeconómicos atractivos para los inversionistas extranjeros- es altamente recomendable estudiar estos ensayos, que comprueban que se puede participar en la mundialización con provecho para México, sin continuar políticas económicas que han lesionado a los trabajadores y a los pequeños y medianos empresarios.

En particular dos ensayos, en los que se analizan las interrelaciones entre el sacrosanto «mercado» y la acción del Estado nacional, son lectura obligada para entender las complejas facetas de la realidad económica y las funciones gubernamentales y precisar el peligro que corremos en México de que las políticas neoliberales subviertan los valores sociales históricos a cambio de la concentración de los ingresos y la difusión de la pobreza. Es justo destacar que Ibarra hizo estos señalamientos desde el inicio de la década y que, al concluir ésta, las estadísticas del INEGI le dan, para nuestra desgracia, la razón.

En otro ensayo Ibarra analiza provechosamente para sus lectores el papel que deben jugar los bancos de desarrollo en el crecimiento de la economía. Hoy que esas instituciones están descapita-lizadas y restringidas los mexicanos obtenemos sugerencias concretas y viables para reincorporarlas al depauperado proceso de financiamiento de las actividades productivas.

Frente al vacío que han generado las autoridades en materia de promoción industrial, el autor señala los negativos efectos que ha tenido esa abstinencia, analiza diferentes opciones para llenar esa necesidad y recomienda tres metas generales para la política industrial en el corto plazo: «regenerar y enriquecer la capacidad del sector industrial de servir de polo generador de impulsos dinámicos al desarrrollo nacional... multiplicar los empleos bien remunerados... fortalecer el proceso de formación de una nueva cultura productiva, donde la eficiencia, la innovación tecnológica, la competitividad, el ahorro sean los criterios rectores...», que se deben complementar con objetivos concretos y apegados a la realidad. Por ejemplo, consolidar el cambio estructural, brindar estímulos para favorecer la productividad, la incorporación de tecnología y la investigación; impulsar las exportaciones no tradicionales, aprovechar mejor los procesos de maquila elevando el contenido nacional, gastar en infraestructura y capacitación, ganar nuevos mercados en actividades de tecnología media o madura.

Las reflexiones sobre política social que hace Ibarra definen los dilemas, destacan que des-politizar la economía es vano afán y manejando cifras oficiales demuestra que los derechos sociales de los mexicanos no se han traducido en presupuestos activos.

Destacan entre los artículos los análisis de las iniciativas de ley para dotar al Banco de México de omnímodos poderes y privatizar el sector eléctrico. De la primera Ibarra afirma que refleja «desconfianza intrínseca en el manejo económico gubernamental» y el temor a que la democracia política genere un gobierno que desconozca los criterios elitistas de liberalización a ultranza. De la segunda enfatiza el contraste entre la función promotora de la energía en manos del Estado y los problemas operativos e ideológicos de privatizar el sector eléctrico desconociendo su papel estratégico en el desarrollo independiente de la Nación.

Los ensayos y artículos de David Ibarra tienen un tono crítico, porque en ellos subyace su preocupación por quienes hasta hoy vienen perdiendo en el proceso de inserción de México en la mundialización, las grandes mayorías. Los avances macroeco-nómicos y la democratización de la vida política no se han traducido en bienestar para las familias y las propuestas de política económica que hace el autor están encaminadas a subsanar esa falla fundamental.

«Política y Economía» es un libro indispensable para quienes buscamos la justicia social y el desarrollo económico de México en función de las necesidades nacionales y la ideología forjada por el pueblo a lo largo de doscientos años, que son el activo del PRI y su responsabilidad ante los mexicanos.

Fue subdirector del IEPES, presidente de la Liga de Economistas Revolucionarios y de la Comisión Nacional de Asuntos Económicos del PRI.