Informe sobre desarrollo mundial 1999/2000
MARÍA CRISTINA ROSAS*

Por 22ª ocasión, el Banco Mundial pone a consideración de los lectores el Informe sobre desarrollo mundial 1999-2000, en el marco de la campaña para hacer del siglo XXI un «siglo sin pobreza.» Desde luego que resulta pretencioso que el Banco Mundial, manifieste un interés tan reciente en torno a un problema tan viejo. Aun así, la propuesta de trascender la noción tradicional de crecimiento económico en aras de promover el bienestar social, denota un giro importante en los enfoques promovidos tradicionalmente por el Banco.

El interés del Banco Mundial en torno a los temas relacionados con el combate a la pobreza ha sido recurrente, sobre todo a raíz del fin de la guerra fría. Mucho tiene que ver el hecho de que una vez asentado el polvo tras el derrumbe de la Unión Soviética, y por ende, del conflicto Este-Oeste, el conflicto Norte-Sur tomó su lugar, y los problemas sociales, y sobre todo las carencias que impiden que buena parte de la población del mundo disfrute de niveles de bienestar dignos, son muy visibles.

A lo largo de los 90, el Banco Mundial ha hecho acto de presencia en conferencias y seminarios internacionales para advertir en torno a las implicaciones de la pobreza en el mundo. Ha participado, además, en las cumbres convocadas por la Organización de las Naciones Unidas tales como la Cumbre Mundial de la Infancia, la Cumbre sobre Asentamientos Humanos, la Cumbre de la Tierra, la Cumbre sobre Población, la Cumbre Internacional de la Mujer, etcétera, y su postura incluso, marca una distancia importante respecto al Fondo Monetario Internacional (FMI), que si bien empieza a mostrar interés en torno a la pobreza, no logra desprenderse de sus sugerencias monetaristas y financieras, tan ajenas a la realidad cotidiana de los seres humanos.

Así las cosas y siguiendo ésta línea, el Informe sobre desarrollo mundial 1999-2000 destaca que los temas importantes para el siglo XXI serán la pobreza, el crecimiento demográfico, el cambio climático y la preservación de la cultura. Algo interesante en el informe de referencia es el énfasis en torno a la globalización y la localización (globalization-localization), considerando que no sólo hay que analizar los grandes procesos sino también sus implicaciones concretas en una dimensión más restringida y local. Las soluciones a muchos problemas, destaca el Banco Mundial, es posible que sean más efectivas, en ciertos casos, si ponderan variables más restringidas y concretas. Es innegable, sin embargo, que en otros casos, ciertas problemáticas demandan respuestas amplias y globales.

En el informe se explica que la globalización proporciona nuevas oportunidades para expandir los mercados y para facilitar el flujo de las tecnologías, propiciando una mayor productividad y la elevación de los niveles de bienestar. También se señala que la globalización es un proceso complejo, con gran capacidad de incidencia en las sociedades, y ello representa oportunidades que pueden ser aprovechadas para resolver desafíos, no sólo en el terreno económico, sino también en los ámbitos sociales e incluso políticos y culturales. Sin embargo, la globalización también es temida y condenada debido a la inestabilidad y los cambios no deseados que implica: a los trabajadores que temen perder sus empleos ante la competencia que entrañan las importaciones de bienes y servicios; y a los bancos y sistemas financieros e inclusive economías enteras que pueden caer en profundas recesiones debido a los movimientos del capital extranjero. Además, los países no son homogéneos, dado que hay profundas asimetrías regionales. Por ello, a pesar de que hay quienes reciben beneficios notables a partir del comercio y las inversiones internacionales, también hay quienes, marginados con anterioridad a las reformas estructurales inducidas por el propio Banco Mundial y el FMI, se pauperizan aun más ante la transnacionalización creciente.

La localización, bajo la premisa think global, act local, es aplaudida porque propicia altos niveles de participación e involucramiento, y propicia que las personas puedan permear el contexto en el que se desenvuelven. Al enfatizar la descentralización, la localización puede ser una forma más eficiente y articulada de gestión local, por ejemplo en la asignación de los recursos y en la participación activa de los individuos que tienen un conocimiento profundo de las carencias que enfrentan en sus vidas cotidianas. A veces, desde el centro, es difícil entender la problemática local y regional, y las decisiones que se toman no suelen ser las más apropiadas. Sin embargo, la descentralización no es una panacea. Cuando la descentralización no ha prosperado, puede producirse una situación en la que los gobiernos locales son rebasados, incapaces de cumplir con las responsabilidades más básicas de alocación de infraestructura y servicios. Peor aun: una descentralización incontrolable, puede propiciar la ingobernabilidad.

El informe consta de ocho apartados. El primero es una reflexión en torno a cómo debe pensarse el desarrollo y ésto es una variante respecto a enfoques previos donde se hablaba únicamente de crecimiento (esto es, de generación de riqueza, más no de su distribución). En el segundo se insiste en el carácter cambiante del mundo a partir de las tendencias en el comercio internacional, los flujos financieros, la migración, los retos ambientales, las nuevas tendencias políticas en los países en desarrollo, el surgimiento de una dinámica subregional, los imperativos urbanos y las implicaciones para las políticas sobre el desarrollo.

El tercer capítulo analiza al sistema mundial. El cuarto capítulo es de especial interés debido a que aborda la problemática de los sistemas financieros globales, su inestabilidad y la manera de prevenir la volatilidad y la especulación. Todavía no hay un consenso en torno a la manera de controlar las inversiones extranjeras, dado que se asume que las restricciones a su movimiento pueden dirigirlas a latitudes con disposiciones más laxas. En el apartado siguiente se reflexiona en torno a la amenaza ambiental donde el énfasis, al igual que en los apartados en que se habla sobre la pobreza, está puesto en la premisa (no explicitada, sin embargo) de que ambos problemas atentan contra el proceso de acumulación y expansión del capital. De ahí que sea urgente revertir esas tendencias. Más adelante se formulan algunos planteamientos en torno a la descentralización, las ciudades, la agenda urbana y por último se presentan algunos estudios de caso como son Egipto, Hungría, Brasil, Karachi y Tailandia.

Doctora en Relaciones Internacionales por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Profesora de tiempo completo. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores.