Crecer
en lo económico para alcanzar la justicia social
Javier Treviño Cantú*
Una
de las demandas principales de los mexicanos es consolidar una
política económica que contribuya al desarrollo
del país y al progreso de la gente. Por ello, el reto para
México en este siglo que comienza es que la economía
crezca en forma sostenida, para que se creen empleos y se generen
mayores recursos que permitan apoyar a los que menos tienen.
El
país cuenta con las bases necesarias para que el crecimiento
beneficie a la gente. La consistencia en las políticas
macroeconómicas, el equilibrio de las finanzas públicas,
un déficit fiscal sano, la reforma estructural y la apertura
de la economía al exterior han sido elementos determinantes
para que desde 1997 México haya crecido a una tasa promedio
de 5%, una de las más altas en todo el mundo.
Estos
avances son un requisito para generar confianza y certidumbre;
son condiciones indispensables para que la economía funcione.
Ahora hay que aprovecharlos y hacer los cambios que se necesitan
para que la economía sea una herramienta que sirva para
alcanzar una mejor calidad de vida.
Antes
que nada hay que asegurar un crecimiento sostenido. Para ello,
México requiere un mayor compromiso y esfuerzo conjunto
por parte de los sectores que inciden en el desarrollo del país,
que permita hacer frente al contexto internacional de cambio constante
que vivimos, caracterizado por fenómenos como la globalización,
la volatilidad financiera internacional y los vertiginosos avances
científicos y tecnológicos que transforman los procesos
productivos de la noche a la mañana.
En
este marco, como lo propone la Plataforma Electoral Federal 2000-2006
del PRI, el Estado tiene que reforzar sus tareas como orientador
y coordinador de la actividad económica. Debe adaptarse
a las condiciones que prevalecen en el escenario global, dar seguridad
a la inversión y establecer políticas de apoyo a
la industria, al campo, al comercio, al sector servicios y a la
pequeña y mediana empresa para que eleven su productividad
y sean más competitivos.
Por
su parte, la iniciativa privada y social tiene que consolidarse
como motor del crecimiento, a través de una mayor inversión,
la creación de nuevos negocios, el fomento de la investigación
científica, la promoción del desarrollo tecnológico
y el impulso a la capacitación de los trabajadores.
Así,
la suma de un Estado con mayor capaci-dad para ejercer la rectoría
económica y una participación privada y social que
capitalice plenamente las ventajas que ofrece la economía
de mercado, permitirá a México crecer en forma sostenida.
Para
reforzar este crecimiento, es necesario profundizar la reforma
estructural, de forma que se estimule la competitividad de los
sectores productivos y se aliente la libre competencia, garantizando
siempre el interés público.
Asimismo,
se requiere impulsar una reforma fiscal que contribuya a financiar
el crecimiento económico con recursos propios, enfrentar
en mejores condiciones la volatilidad de los capitales internacionales
y, sobre todo, canalizar una mayor inversión al desarrollo
social y al abatimiento de la pobreza.
También
hay que fortalecer y capitalizar al sistema financiero para que
se convierta en un sólido apoyo para el crecimiento, a
través del incremento en el ahorro, la reactivación
del crédito y el financiamiento de programas de desarrollo.
Del
mismo modo, en la era de la información hay que impulsar
una mejor educación y capacitación. En el siglo
XXI, el progreso económi-co y las ventajas competitivas
de una nación estarán fundadas cada vez más
en la calidad de sus recursos humanos.
En
la medida en que se avance en estos campos, la economía
crecerá sostenidamente y habrá mayores beneficios
para la gente, porque el incremento de la actividad económica
permitirá crear empleos, y más fuentes de trabajo
representan mayores oportunidades de salud, alimentación
y educación para los mexicanos.
A
la vez, la creación de más empleos llevará
a un círculo virtuoso, ya que elevará el ingreso,
lo que estimulará el ahorro, el consumo y la inversión,
además de que fortalecerá la cohesión social
y contribuirá a la disminución de los índices
de criminalidad.
Sobre
todo, el crecimiento de la economía y la reforma fiscal
permitirán incrementar el gasto social. Así, el
Estado tendrá los recursos para cumplir mejor con su principal
compromiso: promover un desarrollo regional equilibrado y atender
las necesidades de millones de mexicanos que viven en condiciones
de pobreza.
Los
logros que se han registrado en los últimos años
nos dan las bases para alcanzar estos objetivos. Ahora hay que
crecer sostenidamente en lo económico para avanzar hacia
una mayor justicia social.
*El
autor es vicecoordinador de Asuntos Internacionales del Comité
Ejecutivo Nacional del PRI. Se ha desempeñado como oficial
mayor de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público
y como subsecretario de Cooperación Internacional en la
Secretaría de Relaciones Exteriores.
