La banca de desarrollo mexicana: retos y evolución
Carlos Sales Gutiérrez*

El Partido y sus militantes, enfrentamos, el desafío de renovar acciones que hagan posible alcanzar más rápidamente un desarrollo integral y justo, en los ámbitos personal, empresarial, regional, local y sectorial, como requisito para lograr una participación exitosa en la globalización de nuestra economía.

En este contexto y ante los desafíos internos y externos que se plantean, es inevitable que tengamos que reflexionar acerca del papel y responsabilidades del conjunto de instituciones públicas y privadas que financian nuestro desarrollo, especialmente aquellas, que como los bancos de desarrollo, están responsabilizadas de fomentar la modernización de segmentos atrasados y marginados de los mercados formales.

Lo tenemos que hacer porque son muchos y variados los problemas y compromisos que enfrentamos, los cuales requieren de la reorientación y fortalecimiento de políticas e instrumentos que se han quedado rezagados del resto. De manera resumida, destacan los siguientes:

1° Uno de los desafíos más grandes que debe resolver urgentemente nuestro país es el de enfrentar, simultáneamente: globalización; lucha contra la pobreza extrema; fortalecimiento del mercado interno; elevada creación de empleos; aumento de la escolaridad media; incremento sustancial en la inversión en investigación y desarrollo tecnológico; elevación de la competitividad sistemática; reducir las desigualdades en el ingreso, entre personas, sectores y entre regiones; y recomponer el sistema financiero.

2° El Estado, con sus instrumentos, debe participar eficiente y decididamente en la actividad económica, pero no para sustituir al sector privado, sino para impulsar y respaldar su desempeño responsable, dentro de mercados nacionales e internacionales, que funcionen con equidad y transparencia.

3° El fortalecimiento y creación de las instituciones mexicanas de fomento económico y funcionamiento de nuestros mercados, constituye una tarea apremiante, por ser éstas las que determinan el nivel de bienestar general que nos es posible alcanzar y el tipo de nación que heredaremos a las futuras generaciones.

4° Es indispensable contar y aplicar con adecuadas políticas de fomento, como las que aplican los países líderes en la globalización, para poder estar en condiciones de consolidar nuestra exitosa participación en los mercados internacionales.

5° Debe considerarse que el fomento del desarrollo económico y social, siempre tiene un costo en el corto plazo que requiere recursos fiscales, los cuales tienen que ser transparentes, temporales y presupuestados, con previa aprobación y posterior supervisión y evaluación, del poder legislativo en representación de la totalidad del pueblo mexicano.

6° La activa y suficiente participación de la banca de desarrollo es indispensable, como se muestra en los países que mejor han aprovechado las ventajas de la globalidad.

7° Es preciso revisar la estructura, conformación, competencia y vinculación de nuestros actuales bancos y fideicomisos de desarrollo, para adecuarlos a los nuevos requerimientos del desarrollo integral nacional globalizado.

8° Hay que concentrar esfuerzos en el microcrédito y en el financiamiento a las pequeñas y medianas empresas, que son fuertes generadoras de empleo, formadoras del mercado interno y base de la estabilidad social.

Los puntos enunciados dejan clara la necesidad de que se apliquen políticas gubernamentales específicas, a través de la utilización de instrumentos, que como los bancos de desarrollo orienten la inversión hacia sectores, regiones, localidades y grupos sociales rezagados, para transitar por la senda pacífica de un desarrollo socialmente equilibrado y justo.

Iniciamos el siglo XXI con un sistema compuesto por diversos bancos y fideicomisos de fomento, organizados con base en un modelo de especialización sectorial que responde a la lógica histórica de la época en que nacieron, cuando se acordó: repartir las decisiones entre varias instituciones; diferenciar la atención entre personas físicas y empresas; tener canales discriminantes para la aplicación de subsidios a actividades de diverso tipo; y operar directamente para potenciar el otorgamiento del crédito.

Sin embargo, en estos tiempos de globalización y competitividad, en que se han registrado cambios profundos en prácticamente todos los ámbitos de la vida nacional y donde nos esperan transformaciones más dramáticas y de calidad más compleja, se impone meditar respecto a la validez de la integración y competencias actuales de la banca de desarrollo; su grado de vinculación con la política y las prioridades económicas; y desde luego, cuestionar su estructura y conformación.

La discusión es imprescindible como parte de las decisiones de la estrategia del financiamiento del desarrollo nacional para los próximos años, y exige una nueva visión que no podrá ser una simple extrapolación del pasado, ni una copia extralógica de instituciones de otros países.
Sin el propósito de realizar propuestas específicas al respecto, podemos adelantar algunas líneas de acción que pueden guiar el análisis de estas adecuaciones, como:

-Reconocer que los desafíos por venir requieren de una eficaz participación del Estado, y de renovadas políticas industrial, de financiamiento y de fomento al desarrollo integral, así como la esencial contribución que a este proceso puede y debe hacer una banca de desarrollo dinámica, eficiente, eficaz y competitiva.

-Definir su estrategia global dentro del marco de la política económica y social, así como fijar políticas específicas respecto a la actuación de cada banco o fideicomiso.
nEntender y concretar su función complementaria y estratégica, como parte integrante del sistema financiero.

-Decidir si la excesiva especialización sectorial tendrá sentido en el futuro globalizado de nuestra economía y simultáneamente racionalizar el actual funcionamiento de los bancos y fideicomisos de fomento, buscando sinergias y aprovechando las complementariedades que presentan.
n Estructurar su operación descentralizada, con amplia participación de los gobiernos locales, del sector privado y de las organizaciones sociales.

-Establecer un nuevo enfoque de gestión, con autonomía, transparencia y responsabilidad, que una los objetivos de fomento a los de rentabilidad y eficiencia empresarial y social, etc.

*Funcionario hacendario. Senador de la República. Director de Nacional Financiera.