Economía
real
Julio Rodolfo Moctezuma Cid*
Más
allá de cualquier ideología, destaca el papel que
en el escenario nacional desempeña la llamada economía
real, es decir, el conjunto de actividades productivas que crean
plazas de trabajo y estimulan el ahorro y la inversión.
Impulsar
la economía real debe ser propósito de los planes
de gobierno. Sin ella, la mayor parte de las tesis de política
económica carecen de instrumentos que conduzcan a su viabilidad.
Por eso se requieren programas debidamente articulados y coherentes,
que a la vez que definan las acciones del sector público,
abran nuevas oportunidades para la participación de la
sociedad. Aun cuando suele ser motivo de discusión el deslinde
de los ámbitos de acción del gobierno y los particulares,
no hay duda que el fomento de la economía real tiene que
ser resultado de un esfuerzo conjunto. ¿Cómo lograr
de otro modo el desarrollo equilibrado, que haga asequibles a
los sectores más débiles los beneficios de las políticas
macroeconómicas?
El
reto es múltiple. Por una parte, se necesita fortalecer
o estimular la participación de las entidades federativas
y de los municipios, así como diseñar, desde una
perspectiva nacional, una estrategia desarrollo regional. Por
otra, todos los grupos que integran la sociedad han de involucrarse
activamente y ser cada vez más aptos para tener capacidad
de respuesta, no sólo frente a los problemas internos,
sino a los que el mundo actual y el proceso de globalización
plantean a nuestro país.
Durante
los trabajos para la formación de la Plataforma 2000, se
desarrolló el tema La Economía para la Justicia
Social, en el que se analizaron varios aspectos de la economía
real, bajo el rubro de La Productividad de los Sectores
de la Economía.
Al
examinar la infraestructura del país, factor determinante
del crecimiento económico, se destacó la función
rectora y reguladora que desempeña el Estado en el ramo
de comunicaciones y transportes y la forma como se ha promovido
e incrementado la participación privada. El desarrollo
futuro del sector tiene que basarse en la adopción y el
impulso de nuevas tecnologías, particularmente las relacionadas
con la revolución informática. Acelerar su proceso
de modernización se precisa no sólo para la atención
de las necesidades internas, sino para que el país esté
en capacidad de triunfar en un mundo globalizado que exige crecientes
niveles de competitividad. Por lo que se refiere a las actividades
primarias, se agudizan los contrastes: la agricultura de elevada
capacidad productiva convive con la de subsistencia. La organización
de los productores en sus diversas formas y el mejoramiento de
la infraestructura y los sistemas de comercialización,
habrán de repercutir en la elevación del ingreso
campesino. Para ello es imprescindible la coordinación
a cargo del estado, que, a través de políticas integrales,
puede continuar impulsando el acceso de los agricultores a los
avances de la tecnología, para que obtengan economías
de escala y sean partícipes de una distribución
de beneficios más justa.
Si
en el caso de la agricultura la escasez del agua es determinante,
el problema se agrava por el acelerado crecimiento de los centros
urbanos y su inapropiada localización. Resulta indispensable
que las políticas y proyectos de desarrollo regional tomen
en cuenta el agua como elemento crítico y se conscientice
a la población sobre su importancia.
Otro
de los temas de mayor relevancia en la economía real es
de la energía. Por su naturaleza, es una materia cuyas
políticas, proyectos y esquemas de financiamiento solo
pueden enfocarse con una visión cuidadosa y de largo plazo.
Es fundamental mantener el respeto absoluto a la potestad que
por disposición constitucional se otorga a la nación
sobre los hidrocarburos; buscar la diversificación de las
fuentes de energía y procurar, particularmente en electricidad,
diversificar los recursos y las formas de participación,
para apresurar su modernización.
Por
su parte, la industria mexicana tiene una posición ambivalente
que conviene ir superando. De un lado están las empresas
que poseen tecnología de punta y eficiente organización.
De otro, las que, principalmente debido a las crisis recientes,
no han podido superar su rezago y están demandando orientación
y apoyo. En los años por venir la actividad manufacturera
estará sometida a una intensa competencia internacional,
a la que habrá que responder con eficacia.
Lo
anterior pone en relieve la urgencia de fomentar el desarrollo
empresarial, particularmente el relacionado con las industrias
pequeñas y medianas, a fin de mantener actualizada su percepción
sobre el comportamiento de los mercados; facilitar la adopción
de nuevas tecnologías; propiciar la integración
de cadenas productivas y la formación de conjuntos industriales
en las regiones y, en general, aumentar su propia competitividad
y la del país en su conjunto.
Los
logros recientes alcanzados en el comercio exterior, que han superado
las expectativas, demuestran cómo México puede potenciar
su actividad económica si intensifica sus relaciones de
intercambio en un mundo más abierto. Esta dinámica
tiene que ser aprovechada también como experiencia para
la modernización del comercio interior.
Como
se puede observar, la temática de la economía real
parece inagotable. El PRI ha sido promotor de la participación
de numerosos ciudadanos, que han aportado su experiencia y sus
propuestas sobre estas materias. El siguiente paso sería
la formulación de programas y proyectos concretos, tanto
públicos como privados, que durante el próximo sexenio
conduzcan a la acción. No hay que olvidar que el énfasis
habrá de ponerse en la obtención de resultados.
De
su eficacia va a depender, en buena medida, que el país
esté cada vez mejor equipado para aumentar su capacidad
productiva y que, por consiguiente, esté en aptitud de
crear empleos, atender las demandas de la población y elevar
su nivel de vida.
*Licenciado
en
Derecho. Como servidor público fue director general de
Petróleos Mexicanos, Banco Mexicano Somex, S.N.C., y secretario
de Hacienda y Crédito Público. Fue presidente del
IEPES.
