Democracia económica, condición de equidad distributiva
ARMANDO LABRA MANJARREZ*

La política económica instrumentada en tiempos recientes ha sido eficaz para recuperar el crecimiento, del saldo negativo en 1995 a números positivos entre 1996 y 1999; para afianzar la estabilidad monetaria e insertar a la economía mexicana hacia la dinámica globalizadora, pero no para revertir el rezago acumulado, ni para avanzar hacia la distribución equitativa de los beneficios alcanzados. (Gráficos 1 y 2).

En efecto, entre 1995 y 1999 la economía nacional creció 2.9%, en términos reales como promedio anual, cifra superior al 1.8% observado por la dinámica poblacional. La inflación se redujo de 52 a 12.3%, mientras que el déficit del sector público se abatió a sólo 1.15% del PIB.

Nuestras ventas al exterior aumentaron en 72%, al pasar de 80 mil millones de dólares al principio de la actual administración, a más de 136 mil 700 millones al cierre del año pasado. Por su parte, la proporción del déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos respecto al PIB se redujo en más de la mitad, al pasar de -7 a -2.8%, de 1994 a 1999.

Sin embargo, el PIB per cápita permaneció estancado, aumentando apenas en términos reales 0.9% como promedio anual, mientras que el poder adquisitivo del salario acumuló un deterioro de -21%, de manera que la participación de los salarios en el PIB se redujo de 31% en 1995 a 29% el año pasado.

Traducir el éxito macroeconómico en bienestar para los mexicanos, requiere incursionar en una economía política y una política económica que responda a las necesidades de las mayorías, mediante la creación masiva de empleos productivos, la recuperación sostenida del ingreso y el abatimiento de los rezagos sociales.

Ello es condición para construir la sociedad justa, democrática y digna que todos los mexicanos demandan y, sin duda, merecen, por la vía de la estabilidad económica, social y política.

Sin embargo, proseguir hacia una economía socialmente compartida no sólo concierne a la técnica económica sino a la política. Esa economía sólo se puede lograr en forma perdurable a condición de que tenga su conocimiento en la fortaleza de las decisiones políticas del Estado mexicano comprometidas a disminuir la inequidad, la desigualdad y la extrema pobreza que agravia a demasiados mexicanos.

Tal desafío político tiene su sustento económico en la necesidad y posibilidad de ampliar la fortaleza del mercado interno para convertirlo en base firme de la producción, el consumo interno y las exportaciones. Lograrlo exige ampliar el espacio de la política para asegurar que el vínculo entre la política económica y la política social desemboque en oportunidades de empleo y bienestar perdurables para todos. Ello significa mayor producción, empleo y oportunidad para una vida digna.

En un país con profundas desigualdades, la apertura de la economía puede ser motor perdurable del crecimiento y factor de equidad social si se conjuga con la democracia, si se democratizan las decisiones, el esfuerzo y los beneficios del quehacer económico.

Tal propósito implica la democratización social de la economía sin perjuicio de la rentabilidad del capital, lo cual es hoy posible merced a una organización productiva más eficiente que permite y requiere, una mayor distribución equitativa de las cargas y de las oportunidades del progreso que se genera.

Hoy resulta viable profundizar, con eficacia creciente, la lucha contra la desigualdad, conjugando el desempeño de la macroeconomía con la elevación sostenida de los niveles de vida populares. Armonizando la eficacia del mercado con el compromiso social y la intervención del Estado.

Técnicamente, ello exige apoyar el dinamismo económico del mercado interno, donde se aloja la actividad productiva de la mayor parte de los mexicanos, sin demérito del aprovechamiento de las ventajas y beneficios que ofrece el mercado exterior.

Ampliar el espectro de la política económica dando atención prioritaria al mercado interno favorece el propósito de crecer, producir y distribuir el ingreso al mismo tiempo, dando un sentido social a la economía política de México.

Para tal efecto, es necesario y posible fortalecer los alcances de la política económica con acciones distributivas cuyos ejes sean el impulso de las economías regionales, el incremento en la productividad de las pequeñas y microempresas vinculadas a bienes de consumo popular, la generación masiva de empleos permanentes en zonas rurales y urbanas, el incremento de las remuneraciones reales y el impulso al desarrollo regional a partir de la reactivación del mercado interno.

Tal estrategia conlleva a la generación de empleos permanentes y productivos y, por ende, impacta favorablemente la distribución del ingreso, aumenta la demanda y la potencialidad masiva del mercado nacional, impulsando la generación de utilidades, de salarios y de impuestos.

Para impulsar el desarrollo de las micro y pequeñas empresas es necesario ampliar los instrumentos de política fiscal, monetaria, cambiaria y crediticia convirtiéndolos en estímulo y fomento a la inversión y la reinversión socialmente productivas; reorganizar a la banca de desarrollo a fin de apoyar a las regiones y actividades económicas con mayor rezago; poner en funcionamiento programas de ahorro, seguro y crédito adecuados a las necesidades reales de la pequeña y microempresa, rural y urbana; e, impulsar una política de desarrollo industrial que integre las cadenas productivas, reduzca la dependencia de importaciones y defina las prioridades en material industrial, considerando las ventajas comparativas y competitivas de la estructura productiva nacional.

La clave para el funcionamiento de esta estrategia ampliada pivota en flexibilizar la política de tasas de interés a partir de premiar más al productor y menos al especulador, y potenciar las formas de crédito informal que ya existen y en las que hoy descansa la actividad productiva de la mayoría de los pequeñas y medianas empresas mexicanas.

En suma, la apertura de la economía mexicana y su inserción en el mercado global ofrecen retos pero también oportunidades que es preciso aprovechar con una visión integral que oriente la economía, por la política y para la sociedad. Superar los desafíos y aprovechar cabalmente las oportunidades es el reto de los mexicanos. Si asumimos el compromiso público de encauzarlos hacia una economía de mayor amplitud, productiva y social, acorde con el interés de la mayoría, tendremos el desarrollo pleno que es ahora posible, urgente y necesario para todos los mexicanos.

*Economista. Coordinador de asesores del
secretario de Gobernación.