Vivienda
social, necesidad inaplazable y palanca para el desarrollo
LUIS
DE PABLO*
La
vivienda constituye una de las necesidades fundamentales y demandas
más urgentes de la población nacional. La vivienda
es de gran importancia en el ámbito familiar ya que es
una garantía de seguridad, propicia el arraigo y es el
ámbito donde los niños se desarrollan mejor.
Durante
las últimas décadas, la tasa de crecimiento de la
población en México ha mostrado una tendencia continua
a la baja, llegando a ubicarse a mediados de los años noventa
en 1.8%, promedio anual. De acuerdo con el Conteo General de Población
y Vivienda, en 1995 la población del país era de
91 millones de habitantes y se estima que en la actualidad ésta
alcance los 100 millones.
No
obstante el descenso demográfico, la estructura de edades
de la población ha registrado modificaciones en su composición,
observándose un mayor crecimiento en la población
de edad media respecto de la infantil.
De
1970 a 1995, la población de 20 a 44 años de edad
incrementó su participación en el total de la población
del país, pasando de 29.7% a 37.1%; esta población
es la de mayor demanda de empleo, vivienda y servicios.
En
1995 el parque habitacional ascendió a 19.4 millones de
viviendas, mientras que la demanda mínima de vivienda para
ese mismo año fue de 22.2 millones, lo que significó
un déficit de 2.8 millones de viviendas, sin considerar
las necesidades inmediatas de la población en edad de contraer
matrimonio y formar un hogar independiente.
Considerando
los financiamientos para vivienda otorgados en los últimos
años, así como el ritmo de formación de hogares,
se estima que en 1999 el déficit acumulado de vivienda
alcanzó los 6 millones. En los próximos años
será necesario construir en promedio más de 700
mil viviendas para abatir el rezago y estar en condiciones de
satisfacer la nueva demanda. Como parte de este reto, es importante
considerar que en México el 47% de las familias reside
en viviendas que cuentan con dos o menos habitaciones y 4.6 millones
de viviendas presentan condiciones inadecuadas de habitabilidad.
No
debe pasarse por alto que un factor que incide de manera importante
en el desarrollo de los programas de vivienda en México
es el ingreso familiar. El 54.5% de la población ocupada
del país percibe hasta 2 salarios mínimos; el 16.1%
percibe de 2 a 3 salarios mínimos, el 8.5% de 3 a 4 salarios
mínimos y sólo el 20.9%, más de 4 salarios.
Esto significa que más de la mitad de los trabajadores
mexicanos cuentan con limitaciones económicas para poder
acceder a un financiamiento adecuado para la adquisición
de una vivienda.
La
vivienda social sólo se obtiene con crédito. En
este sentido, es necesario instrumentar programas de construcción
de vivienda que puedan ser adquiridas con créditos de largo
plazo y tasas de interés accesibles para las familias de
menores ingresos.
Aunado
al problema que representa para el mercado de vivienda la estructura
de distribución del ingreso, se han sumado otros factores
de índole cíclica como lo son: el comportamiento
de las tasas de interés, la contracción del financiamiento
privado, las variaciones en los costos de construcción,
el nivel de la actividad económica, el desempleo y el empleo
informal. Estos factores, en su conjunto, han incidido, a su vez,
en que se observen altos niveles de las carteras vencidas y, consecuentemente,
restricciones de financiamiento en la banca comercial para la
adquisición de viviendas de interés social.
Desde
el punto de vista económico, la vivienda juega un papel
de gran importancia en el ámbito familiar y en el contexto
nacional. La vivienda es una fuente de ahorro y consolidación
de la familia, constituye el principal patrimonio del trabajador
y su familia, es uno de los mayores incentivos para el mejoramiento
en el nivel de ingreso del trabajador y puede significar una garantía
financiera para el sistema crediticio nacional.
En
el ámbito nacional, la vivienda se ha constituido en una
fuente de ahorro para el país, ya que casi la mitad del
ahorro nacional lo representan las viviendas. En términos
cuantitativos, la construcción de vivienda tiene uno de
los coeficientes más altos de generación de empleos,
5 directos y 7 indirectos, durante el proceso de construcción
y su efecto multiplicador se distribuye en 42 ramas industriales
y de servicios.
En
los próximos 10 años, los cambios en la estructura
de la pirámide de edades de la población indican
que serán cada día más los jóvenes
en edad de formar familias nuevas. Este inminente y elevado crecimiento
esperado de la demanda de vivienda en México, requerirá
de un enorme esfuerzo para satisfacer esas necesidades, particularmente
de la población de menores ingresos.
Debido
a la nueva composición que registra la pirámide
de edades del país, es de preverse que durante la próxima
década se deberán crear anualmente un millón
de empleos. Por tal razón, se hacen necesarias tasas de
crecimiento económico de cuando menos el 5% que permitan
ofrecer a la población más empleos y mejor remunerados.
Para lograr esto, se debe impulsar la construcción de vivienda,
que es altamente generadora de empleos.
La
vivienda es también un factor detonante del desarrollo
regional, ya que el impulso a su generación en localidades
insuficientemente atendidas, promueve el empleo, el aumento de
la riqueza regional y de la calidad de vida de la población.
La
industria de la construcción de vivienda, en especial la
de interés social, se distingue porque impulsa fuertemente
la actividad económica utilizando materiales e insumos
de producción nacional.
De
acuerdo a proyecciones del Consejo Nacional de Población,
se estima que para el año 2010 se requerirá a nivel
nacional un total de 30.2 millones de viviendas. Considerando
que actualmente se tiene un parque habitacional de alrededor de
22 millones, con un déficit de 6 millones de viviendas,
se precisa que durante los próximos once años el
país edifique 8.2 millones de viviendas, esto es, poco
más de 700 mil viviendas por año.
La
política nacional de vivienda deberá buscar ser
socialmente equitativa, incentivar la oferta para los diferentes
estratos de ingreso y propiciar el establecimiento de fuentes
alternas y complementarias de financiamiento, como es el caso
del desarrollo del mercado secundario de hipotecas, el cual permitiría
reciclar recursos frescos y limpiar los balances de los organismos,
así como otros novedosos mecanismos de financiamiento.
Para
atender la creciente construcción de vivienda del país,
se requiere bajar costos directos mediante la utilización
de nuevas técnicas y materiales, así como disminuir
costos indirectos a través de la desregulación de
trámites, permisos y licencias. Esto permitirá fomentar
la actividad económica, la generación de empleos
y el desarrollo regional, y lo más importante, edificar
más de 700 mil viviendas anuales en los próximos
años que satisfagan las necesidades habitacionales regionales,
permitan la utilización de insumos nacionales, propicien
la cultura del ahorro y del incentivo al pago a efecto de abatir
en el menor tiempo posible el rezago habitacional. El Estado tiene
el compromiso social de asumir un papel más dinámico
en materia de vivienda para mejorar la calidad de vida de los
mexicanos. El impulso a una política social en materia
de vivienda, debe propiciar el desarrollo económico, la
distribución de la riqueza y el bienestar social.
*Servidor
público y diplomático. Actual director general del
Infonavit.
