Crecimiento económico con justicia social
Javier Castillo Ayala*

La población mexicana ha venido padeciendo fuertes rezagos sociales, que se caracterizan por un cúmulo de desigualdades en las condiciones de vida y en el acceso inequitativo a las oportunidades de empleo; asimismo se han hecho evidentes las insuficiencias productivas y las limitaciones en la calidad de los servicios de infraestructura básica; los desequilibrios regionales y los graves problemas del medio ambiente.

Se estima que en el país existen cerca de 4.2 millones de hogares en pobreza extrema, en los que habita casi una cuarta parte de la población total. Que en los 500 municipios más pobres del país un 40% de sus habitantes son analfabetas; su escolaridad promedio alcanza únicamente el segundo año de primaria y el 65% de esa población tiene ingresos menores al salario mínimo.

Por lo anterior, el principal reto que México habrá de enfrentar en los próximos años es alcanzar un crecimiento económico sostenido con justicia social, que mediante la instrumentación de políticas de largo plazo, permita generar mayores oportunidades de empleo y fortalecer e incrementar el ingreso de los trabajadores.

Dado que la estabilidad y el crecimiento económico son indispensables para generar empleos bien remunerados, se deberán orientar las acciones tendentes a mejorar y elevar la calidad de la fuerza de trabajo; promover una reforma fiscal que coadyuve a consolidar la confianza necesaria para propiciar los flujos de inversión requeridos, y perfeccionar el marco legal y regulatorio al que habrán de ajustarse los agentes económicos.

En este sentido las acciones a instrumentar deberán considerar los siguientes aspectos fundamentales: a) mantener consistencia en el manejo de la economía; b) impulsar la solidez de las cuentas externas, lo que implica que se lleven a cabo programas apropiados para asegurar suficientes flujos de exportaciones, de ingresos por inversión extranjera, y de financiamientos del exterior; c) fomentar la inversión pública y privada en infraestructura básica; y d) crear condiciones impositivas y crediticias que estimulen las inversiones en aquellas ramas de actividad y sectores de la economía que son fuertes generadores de empleos directos o que tienen un efecto multiplicador favorable en el aspecto ocupacional y/o ahorran divisas.

Específicamente los esfuerzos de nuestra nación deberán hacer énfasis en: 1) formular políticas económicas que promuevan la competencia interna; 2) favorecer la especialización productiva en aquellas áreas donde se tienen ventajas tanto absolutas como relativas; 3) fortalecer los programas de promoción, financiamiento y desregulación de las exportaciones, especialmente para las pequeñas y medianas empresas; 4) crear incentivos que fomenten la modernización, que alienten la innovación y el mejoramiento productivo, y favorezcan el proceso de agrupación e interconexión de las empresas; 5) desarrollar y fortalecer un sistema de información sobre opciones de inversión que apoye la toma de decisiones; 6) llevar a lo mínimo indispensable la regulación de la actividad productiva, evitando incurrir en costos de gestión; 7) reducir los obstáculos a la inversión extranjera en obras productivas, privilegiando el control nacional de áreas estratégicas; 8) brindar seguridad jurídica y certidumbre a la inversión productiva, nacional y extranjera, y a la investigación; y 9) crear y divulgar un proyecto económico, con bases sólidas, visión social y claridad en sus objetivos.

Para consolidar el crecimiento económico esperado, es indispensable la participación convencida de los sectores productivos y de los representantes de las organizaciones sindicales y sociales, para lo cual se deberá promover una política de concertación, con el propósito de sentar las bases de cuatro grandes estrategias: a) difusión de una nueva cultura laboral cuyas acciones buscan impulsar el interés por la capacitación, la certificación de conocimientos y habilidades, y la adaptación a las nuevas tecnologías y ámbitos laborales; b) impulso a la productividad como planteamiento fundamental de mejoramiento de ingresos, mediante el acuerdo entre trabajadores, empresas y gobierno, lo que conllevaría al incremento eficiente de la producción y el mejor aprovechamiento y reparto de sus beneficios; c) modernización del marco jurídico laboral, a fin de conciliar los grandes principios de protección social al trabajador, mediante la inclusión de instrumentos legales que simplifiquen los procesos de contratación y baja del personal; la contratación temporal de trabajadores y su movilidad interna; la incorporación a los sistemas de seguridad social; los estímulos a la capacitación y al buen desempeño; y la actualización y adaptación de los trabajadores a los requerimientos de las nuevas tecnologías y equipos; y d) la revisión de los costos laborales (cuotas al IMSS, INFONAVIT, entre otros) con el propósito de que se constituyan en un elemento de estímulo a las inversiones nacionales y extranjeras (instalación de nuevas plantas, ampliación de las ya existentes, etc.), sin que ello suponga la cancelación de prestaciones básicas para los trabajadores. Paralelo a las reformas al marco estructural, a efecto de fomentar el sano crecimiento de nuestro país, deberán fortalecerse las bases para elevar el nivel de cobertura y la calidad de la oferta educativa e investigación, mediante la participación activa de empresas e instituciones no educativas.

Al Gobierno Federal, le corresponderá consolidar una política de capacitación para la población en edad de trabajar que coordine los esfuerzos de las instituciones públicas y privadas, la cual deberá sustentarse en tres principios básicos: a) que los contenidos curriculares y las especialidades que se impartan sean el resultado de una permanente vinculación entre las empresas y las instituciones educativas y respondan a los requerimientos del aparato productivo; b) que se continúen las acciones emprendidas por algunos organismos de capacitación para el trabajo, en las cuales la modalidad de los cursos y carreras técnicas de nivel medio ofrezcan una doble opción para los capacitandos: incorporarse a un empleo o continuar el proceso de formación en su especialidad; y c) que se impulse la capacitación mediante el enfoque de formación basada en competencias laborales, así como la certificación de los conocimientos y habilidades de las personas que las han adquirido de manera institucional o por el ejercicio práctico de una actividad.

Por otra parte, también será necesaria la conversión de los actuales programas de empleo temporal en el campo, con el objeto de buscar el desarrollo de actividades que permitan un mayor arraigo en aquellas zonas con altos niveles de migración. Asimismo, se deberá impulsar una política de incentivos a la inversión en actividades emergentes en el campo, a fin de detonar el empleo agrícola y agropecuario en diversos renglones de la producción.Las tareas antes señaladas implican una participación convencida de los actores económicos y sociales para abatir la pobreza extrema en nuestro país. Los grandes retos que conlleva, se deben asumir con plena conciencia a fin de que Gobierno y sociedad los enfrenten y, con responsabilidad, se den pasos firmes en la consolidación de estructuras para buscar su solución permanente, privilegiando una sociedad más equitativa.

*Ha desempeñado diversos cargos en la Administración Pública y el Poder Legislativo, destacando el de subsecretario de Control Presupuestal y Contabilidad, en la Secretaría de Programación y Presupuesto; y Contador Mayor de Hacienda de la H. Cámara de Diputados. Actualmente es subsecretario de Capacitación, Productividad y Empleo de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social.