México
en la globalización
JUAN PABLO ARROYO ORTIZ*
El
avance de la tecnología que influye en las comunicaciones,
en el transporte de las mercancías y en el movimiento de
capitales, es un dato histórico. Es una realidad fehaciente
el que cada vez menos obreros producen más y mejores productos,
que todo este fenómeno de la mundialización de los
procesos del capital, del comercio y la producción, son
hechos históricos que no pueden echarse atrás. Se
reconoce que es bueno que México se mantenga como líder
mundial en la integración regional y en la vinculación
de sus sectores más avanzados a la economía global.
Donde
hubo diferencias fue en cómo es que los mexicanos nos incorporamos
a la dinámica del mercado y, en este contexto, cómo
el sector externo cumple su papel de promotor del crecimiento
de toda la economía, al tiempo de buscar qué tenemos
que hacer para incorporar, beneficiándolas, a las grandes
masas de población que han quedado excluidas de los circuitos
del mercado nacional e internacional.
Encontramos
en el debate que uno de los problemas de la economía actual
es ¿cómo aprovechar las ventajas del mercado para
revertir el proceso que conduce a tener por cada peso exportado,
una proporción mayor de importaciones? ¿cómo
podremos lograr una mayor participación de proveedores
nacionales en las cadenas productivas para la exportación?
y ¿cómo este proceso reforzará la actividad
económica para incorporar cada vez a más empresarios
y fuerza de trabajo, a la economía formal?
Financiamiento
para el desarrollo
El
tema de nuestro primer seminario fue el de las alternativas para
afrontar el problema del FOBAPROA. Desde entonces, el Colegio
ha estado presente en el debate sobre política monetaria,
la modernización y el saneamiento de la banca. Reconocemos
el acierto de mantener la política monetaria consistente,
que busca la estabilidad del tipo de cambio y de los precios,
y una política realista en la emisión monetaria.
Esta política es necesaria pero no suficiente. Aún
existe un diferencial en la evolución de los precios respecto
a nuestros principales socios comerciales, por lo que es preciso
mantener la política antiinflacionaria para aprovechar
mejor las ventajas de los acuerdos comerciales. La eficiencia
y calidad del servicio de la banca son indispensables para el
buen desempeño de la economía nacional. Para garantizar
un sano crecimiento se debe considerar la importancia de tener
un sistema financiero eficaz que asuma la responsabilidad de ofrecer
condiciones de crédito accesible para el fomento de la
inversión. La banca tiene que compartir los costos de la
promoción del desarrollo en el mediano plazo con la reducción
de sus márgenes de beneficio y compensar los sacrificios
que hemos hecho los contribuyentes y el gobierno, así como
los medianos y pequeños empresarios, que no tienen acceso
a crédito suficiente y los asalariados que han sido golpeados
con la escasa recuperación de su nivel de ingresos y quienes
por falta de oportunidades se refugian en la economía informal.
Históricamente,
el último año del sexenio, siempre ha provocado
sobresaltos por los ajustes cambiarios. Tenemos plena confianza
en que las previsiones tomadas por el Gobierno Federal, con los
préstamos de contingencia, serán garantía
para evitar cualquier sobresalto durante la transición.
También tenemos confianza que un proceso electoral limpio
y transparente será el blindaje político que evite
hacer uso de estos recursos financieros.
El
aspecto fiscal es uno de los temas más debatidos. Las ideas
básicas giran en torno a la búsqueda de encuentros
entre los intereses y las necesidades de los diversos sectores
productivos y los contribuyentes. Este acuerdo será condición
indispensable para avanzar en la reforma fiscal que el país
demanda, para garantizar un gasto público suficiente que
dé mayor capacidad de gestión al Estado; reforma
fiscal que elimine la dependencia petrolera de los ingresos tributarios.
Son
temas centrales para lograr lo anterior, la definición
de la estructura tributaria óptima, la distribución
de la carga tributaria, el crecimiento de la relación de
ingresos PIB en función de las necesidades aplazadas de
gasto, pero ante todo el establecimiento de mecanismos para mejorar
la eficiencia en la recaudación y la eficacia y transparencia
en el gasto. Se debe buscar una reforma fiscal que permita sostener
al gasto público para alentar la inversión productiva
de los particulares, distribuya con equidad la carga tributaria
y nos permita mantener un sistema impositivo competitivo respecto
al de nuestros principales socios comerciales.
Los
economistas estamos convencidos de que el reto tributario no es
responsabilidad sólo del gobierno federal, lo es de los
tres órdenes de gobierno, de las organizaciones productivas,
de los académicos y de los colegios de profesionistas.
El desafío del futuro para la política fiscal es
complejo, pero será vital para hacer posible el crecimiento
con mejor calidad de vida para los mexicanos.
En
lo referente a la coordinación intergubernamental, pensamos
que ya es el momento de convocar a la creación de un sistema
nacional de coordinación hacendaria, que tome como base
los avances alcanzados en la coordinación fiscal, con el
objeto de darle articulación a los aspectos referentes
a la federalización del gasto público y a la asignación
de recursos necesaria para un desarrollo regional integral. Creemos
que es posible un federalismo fiscal con los tres órdenes
de gobierno fortalecidos en sus finanzas y en la política.
La Economía Real
Estudiamos
con atención la evolución de la actividad productiva
y los efectos de la política económica en la agricultura,
en la industria y en el sector de los servicios. La transformación
estructural en la economía ha repercutido de diversas formas
en la organización de la producción y tendrá
que pasar más tiempo para conocer la dimensión real
del cambio. No obstante, encontraremos un desarrollo heterogéneo
en la producción con un lento crecimiento de las actividades
para el abasto del mercado interno, entre otras cosas limitado
por una escasa demanda, por problemas de capitalización
y por límites en la disposición de crédito
en las empresas pequeñas y medianas; ante esto tenemos
un extraordinario crecimiento para la exportación que dispone
de las ventajas del mercado exterior.
La
agricultura reclama de una real incorporación a la modernidad.
Aunque tenemos sectores de alta tecnología, se da el fenómeno
similar al de la deformación en el sector manufacturero
exportador con un rezago importante en gran parte de la actividad.
El
sector de los servicios habrá que considerarlo seriamente
en el análisis y estudio, porque hasta ahora no le hemos
dado la importancia que tiene en cuanto a su participación
en el producto nacional, y porque en el futuro será el
espacio de oportunidades para incorporar grandes sectores de la
población, a una actividad económica formal. También
será el mecanismo para «transferir» riqueza
del área productiva y financiera al resto de la población,
ampliando la oferta de empleos, al tiempo de integrar a grupos
importantes de la población a dicha actividad económica
formal.
El
recurso más importante de que dispone México para
la producción, es su capital humano; éste podrá
convertirse en un impulsor real del crecimiento si mejoramos la
atención en todos los campos de la educación y capacitación
para el trabajo, el ejercicio profesional y la investigación
científica.
La Economía y El Medio Ambiente
Durante
los últimos años los economistas hemos estado realizando
esfuerzos por integrar a nuestra visión las preocupaciones
por la protección ambiental y la promoción de la
sustentabilidad en el desarrollo. Las consecuencias ecológicas
del crecimiento están a la vista de todos, pero las evidencias
muestran que sin crecimiento económico tampoco habrá
suficientes oportunidades para prevenir el deterioro, para invertir
en tecnologías más amigables con el ambiente y para
ofrecer alternativas a la gente que actualmente sobreexplota los
recursos naturales.
Es
imperativo reconocer y valorar correctamente la función
que los recursos naturales y los servicios ambientales prestan
como un capital natural, el cual es necesario conservar. Las presiones
ambientales constituyen una amenaza al progreso, especialmente
para las próximas décadas en las que nuestro país
seguramente intensificará su desarrollo industrial, con
sus derivaciones en mayores emisores y presiones sobre los acervos
de recursos naturales.
Por
eso uno de nuestros principales retos es cómo estimular
cambios en la producción, en el consumo, en los servicios
y en la economía en general. Es preciso controlar y prever
el mínimo uso de recursos no renovables, la generación
de residuos y otros contaminantes y que se estimulen formas de
aprovechamiento perdurables de la biodiversidad. En los temas
que nos corresponden, hay mucho que avanzar en la adaptación
de la política económica para que sus instrumentos
fiscales, comerciales y otros, sean funcionales a la preservación
ambiental, inhibiendo el uso depredador de los recursos y servicios
ambientales y alentando su uso sustentable. De hecho, este es
uno de los temas centrales de la agenda ambiental del siglo XXI.
Avanzar
en esa dirección implicará, sin duda, darle un horizonte
más amplio a la reforma fiscal pendiente, y asumir que
la globalización y la protección ambiental pueden
ser procesos sinérgicos si se tienen reglas claras que
por un lado impidan fórmulas neoproteccionistas, como ya
le sucedió a México con el caso del atún-delfín
con costosas consecuencias económicas, y que por otro lado
eviten que los movimientos de inversiones agudicen las presiones
ambientales que tenemos en nuestro país.
Una
reforma económico-ambiental tiene que ser compatible con
los grandes propósitos del desarrollo en cuanto a superación
de la pobreza, aliento a la competitividad y fomento al desarrollo
regional, entre otros. Esa reforma no excluye sino complementa
las vertientes normativas, de educación y otras que requiere
el desarrollo sustentable. Ya en los últimos años
se ha logrado un avance con el esquema institucional integrador
que se creó desde fines de 1994, pero una estrategia para
la sustentabilidad del desarrollo estará incompleta sin
esa reforma económico-ambiental de fondo.
Desarrollo
Social y Distribución del Ingreso
La
pobreza de este nuevo siglo no sólo implica nuevas categorías
de pobres, sino también nuevos mecanismos de empobrecimiento
que afectan de modo distinto a los diferentes grupos en situación
de riesgo, ya que ambas situaciones se dan en un contexto social,
cultural, económico e institucional distinto al de sólo
unas décadas atrás. Atacar de fondo sus causas estructurales,
como son el desempleo y la caída del poder adquisitivo
de los salarios, así como la regresiva distribución
del ingreso, es una tarea que requiere construir nuevas propuestas
partiendo del reconocimiento de que los esfuerzos realizados han
sido insuficientes, tanto por la magnitud del problema como por
la falta de continuidad en la instrumentación de la política
social, para romper con el círculo que reproduce la pobreza.
A
partir de 1981 el ingreso per cápita de los mexicanos se
estancó y más aún, la desigualdad en la distribución
del ingreso mejorada en el período de auge económico,
acrecentó su brecha en los últimos tres lustros.
Alrededor de 4.7 millones de hogares, el 21 por ciento de los
22 millones de hogares registrados en el país, viven en
la pobreza extrema. La proporción de mexicanos que viven
en esta condición representa no sólo el sacrificio
de quienes la padecen sino también un gran obstáculo
para el desarrollo nacional. El México de hoy, vive una
desigualdad que se expresa y manifiesta de diversas formas, por
ejemplo entre el campo y la ciudad, entre regiones, en el ingreso
de las familias que se acumula en grupos relativamente muy pequeños,
en las relaciones entre géneros: esta desigualdad nos lastima
y nos distancia de nuestras aspiraciones como sociedad.
Las
nuevas generaciones no tienen la esperanza de alcanzar el nivel
de vida que tuvieron sus padres, son hijos de las crisis recurrentes
que destruyeron los activos familiares, la educación y
el trabajo, viviendo así en una permanente incertidumbre
sobre su futuro. Ello se explica, en gran medida, por la incapacidad
del crecimiento económico para generar suficientes fuentes
de empleo permanentes y bien remunerados. Sabemos que el crecimiento
económico es una condición de vida de la población.
Por ello, se requiere modificar la calidad del crecimiento; hacerlo
socialmente incluyente con renovadas políticas e instrumentos
de política económica, con aceptación social
y capacidad distributiva. El crecimiento y la distribución
deben ser objetivos no renunciables.
La
política social debe ser importante proyecto de nación.
Hoy cobra importancia que la política social del gobierno
mexicano alcance resultados positivos, que sustenten las transformaciones
políticas y económicas de la última década;
se hace necesario redimensionar sus objetivos, rediseñar
sus estrategias y reorganizar sus acciones. Es necesaria una política
social congruente con las condiciones macroeconómicas vigentes,
acorde con el contexto internacional y sobre todo, con la demanda
acumulada de la población.
La
propuesta de diseño de la política social es una
tarea en la que deben participar los economistas del país.
Este debe ser uno de nuestros compromisos con la sociedad mexicana,
sobre todo la más vulnerable, la que vive en situación
de pobreza. No habrá en México un desarrollo social
aceptable mientras millones de mexicanos sigan viviendo en situación
de pobreza extrema y las diferencias sociales sean tan abismales
como las que existen actualmente.
En
estos dos años hemos profundizado el análisis del
desarrollo regional, desde la realidad de las entidades de la
federación, no sólo con la participación
de compañeros que están en los principales centros
de estudio y desarrollo regional de los estados, sino también
con el trabajo conjunto con las áreas de planeación
de los gobiernos estatales. La migración, la heterogeneidad
tecnológica y de capacidades productivas entre las regiones,
son realidades inadmisibles en el México que aspira un
futuro promisorio, con paz, unidad y un federalismo fortalecido.
El
Estado y la Economía
Los
planteamientos expuestos no serán posibles sin consolidar
un liderazgo que conduzca a la nación con capacidad real
de desarrollo, además del carisma indispensable para este
propósito, tenemos que fortalecer al Estado con una reforma
fiscal, que le otorgue recursos, con políticas congruentes
que siembren certidumbre, con proyectos de largo alcance de perspectiva
de mediano plazo. Los avances en la reforma del poder judicial,
las perspectivas de elecciones limpias y la adecuada incorporación
de la población a la vida económica, serán
base fundamental del Estado que haga posible un futuro de esperanza
para las nuevas generaciones.
Presidente
del Colegio Nacional de Economistas, fue secretario general y
director de la Facultad de Economía de la UNAM. Miembro
de Número de la Academia Mexicana de Economía Política.
