Crecimiento y política social
ÁNGEL ACEVES SAUCEDO*

A pesar de los múltiples programas e inversiones sociales que se han instrumentado durante los últimos años, lo cierto es que en México persisten rezagos que es imperativo revertir; estos sin duda, representan retos para la oferta de los candidatos presidenciales en el competitivo proceso electoral de julio próximo.

Para combatir los rezagos sociales es necesario trabajar en el ámbito del crecimiento económico, a la par que en el de la política social, siempre buscando que ésta sea cada vez más adecuadamente financiada. Trabajar sólo en alguno de los dos frentes nos llevaría a un círculo perverso de autocomplacencia, con escasos resultados en la convergencia de crecimiento y bienestar para el mediano y largo plazos.

Como sociedad, estamos obligados a hacer del crecimiento generador de empleos toda una cultura, una prioridad. Sin embargo, el avance en este frente no debe contraponerse a políticas sociales que permitan llevar educación, salud, vivienda y alimentación a todos los mexicanos. Los objetivos, tanto como los instrumentos para el crecimiento deben ser además sostenibles en el largo plazo. Así lo demuestra la experiencia propia y la de otras latitudes, en los últimos años.

Crecimiento y política social deben ir de la mano a fin de que el avance en el bienestar de la población no se vea afectado por los ajustes y ciclos de la economía, al tiempo que el crecimiento no sea cuestionado por la desigualdad y la pobreza extrema, tanto por sus implicaciones éticas y morales, como por la inestabilidad política y la inseguridad pública. Lograr el crecimiento sostenido implica garantizar condiciones mínimas de bienestar social; de la misma manera que el bienestar sólo puede alcanzarse en escenarios de crecimiento económico. De otra manera lo que se reparte es miseria.

Contrarrestar de manera sustantiva la desigualdad del ingreso y, sobre todo, la superación de las condiciones de pobreza, demanda continuidad del proceso de crecimiento económico, tal y como lo hemos hecho en los últimos cinco años, pero necesitamos tasas de 5 o 6% sostenidas durante 10 o 15 años. Sólo de esta forma los países del Sudeste Asiático lograron saltar de economías agrícolas a economías de reciente industrialización, con niveles de vida mayores que sus equivalentes latinoamericanos. Sólo así estaremos como país en condiciones de capitalizar las potencialidades de ese bono demográfico que nuestra pirámide poblacional nos otorga por única vez.

Como lo ha planteado Francisco Labastida, contar con una población económicamente activa de 40% como la que tenemos, debe significar no sólo un desafío en términos de generación de empleos, sino una divisa en términos de potencialidades innovadoras y emprendedoras.

Las condiciones para lograr un crecimiento sostenido están presentes en el México de nuestros días; la discusión entre los estudiosos y analistas económicos no es ya sobre las crisis recurrentes y las políticas de choque para contrarrestar los fenómenos deficitarios o inflacionarios.

A diferencia de otros fines de ciclo sexenal, hoy el país no tiene fuertes presiones por vencimientos de deuda, su déficit externo y de finanzas públicas se encuentra dentro de márgenes manejables, y su nivel de inflación continúa a la baja. El panorama externo es favorable, con crecimientos sostenidos de nuestros principales socios comerciales.

Los temas políticos hoy parecen permear sólo marginalmente a los económicos, asumiendo su propia dinámica cada uno de ellos, tal como sucede en las democracias consolidadas. Pocas veces en la historia los inversionistas encuentran tal grado de certidumbre para sus inversiones como hoy; así está demostrándolo la virtual asignación a México de «país con grado de inversión» por las empresas calificadoras más reconocidas en el mundo.

Requerimos de un crecimiento sostenido, pero además necesitamos que éste se presente de manera equilibrada entre sectores, regiones y factores de la producción, y esto sólo es posible alcanzarlo con estrategias activas de desarrollo industrial y regional, promovidas desde el Estado, en coordinación con el sector productivo.

Como lo ha reiterado el candidato a la presidencia Francisco Labastida, México demanda un crecimiento balanceado entre mercado interno y mercado externo. Situación que se logra con el fortalecimiento de las cadenas productivas, mediante el apoyo eficaz a las medianas y pequeñas empresas, que son a fin de cuentas las que mayor número de empleos generan en nuestro país, y las que en ese sentido tienen un mayor impacto para hacer de la nuestra una economía con justicia social.

El crecimiento generador de empleo está en el centro de la oferta, no sólo económica sino social del candidato priísta a la presidencia, lo está porque ha quedado demostrado que la generación de empleo es la forma más eficaz de distribución del ingreso, de alcanzar equidad, de luchar contra la pobreza, de conseguir la seguridad pública y la justicia social.

Pero el objetivo no es el empleo improductivo, artificial, burocrático de otras épocas, generado con gasto público artificialmente financiado. La meta es multiplicar las condiciones para que el sector productivo sea capaz de generar empleos autosostenibles. Por eso la propuesta del candidato priísta plantea una alianza por abatir el desempleo con el sector productivo y laboral, a favor de la pequeña y mediana empresa y en los sectores de la construcción, la vivienda, el turismo, y servicios que tienen mayores efectos multiplicadores.

Sólo la combinación de un crecimiento sostenido con políticas sociales garantizará la igualdad de oportunidades y el desarrollo pleno de las capacidades individuales y colectivas de los mexicanos. Como lo ha planteado el candidato a la presidencia Francisco Labastida, el incentivo gubernamental en la creación de nuevos y mejores empleos debe estar tanto en las prioridades de la política pública y de las estrategias de crecimiento. En otras palabras, ésta es la única forma de hacer económicamente posible lo que es estrictamente deseable.

Ha sido presidente de la Liga de Economistas Revolucionarios (LER), diputado y senador, presidente nacional del Colegio de Economistas y director del IEPES del PRI. Actualmente es presidente de la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros.