Revalorar
el ser, no el tener*
Para
mí es al mismo tiempo una gran satisfacción y un
reto estar con ustedes el día de hoy, en el Colegio Nacional
de Economistas.
Han
acudido aquí, el Presidente de la República, y después
cinco candidatos para exponer, junto con el que habla, nuestra
visión de la política económica que el país
debe seguir en los próximos años. Es un reto por
la importancia del foro, por el espíritu crítico,
abierto y por la libertad que siempre ha campeado en el Colegio;
libertad que sin lugar a dudas debemos de fortalecer, defender
y siempre apreciar.
La
crisis económica no está en el horizonte del país,
México puede elevar su nivel de vida de manera sustancial
en los siguientes años. Esta es una oportunidad que se
le presenta al país después de casi un cuarto de
siglo de vivir dificultades económicas severas, por las
cuales uno de cada cuatro mexicanos está en condiciones
de pobreza extrema y existen grandes diferencias en el nivel de
vida entre el sur y el norte del país, entre el campo y
la ciudad. Problemas ingentes de marginalidad en muchas regiones
que debemos atender.
He
dicho, también, que propongo cambios con rumbo a la economía
para que el poder sirva, efectivamente, a la gente.
¿Por
qué plantear hoy esta posibilidad de crecimiento económico
con estabilidad, cuando en los años pasados esto no lo
habíamos logrado?, ¿qué cambios se han dado
en el país?, ¿en qué circunstancias se encuentra
la economía del país?, ¿qué cambios
ha habido en la coyuntura y en la estructura de la economía
de México, que nos permiten afirmar eso?
El
discurso de los candidatos ha empezado a cambiar, ya nadie dice
hoy, como se decía con anterioridad, que las perspectivas
del país eran de crisis y que estábamos condenados
a la pobreza. Hoy se discute la dimensión del crecimiento,
pero la discusión no se centra sobre la viabilidad del
proyecto económico del país, ni sobre nuestras perspectivas
de crecimiento. Es un cambio de fondo, no sólo cuantitativo
sino cualitativo, sobre la actitud de los partidos y sobre la
actitud de los candidatos, quien inició esta posición
es el candidato que hoy habla, el candidato del Partido Revolucionario
Institucional.
Considero
acertado que el Colegio haya citado a un congreso para ver a largo
plazo las transformaciones de México. Celebro que el Colegio
proponga que proyectemos las transformaciones del país
hasta el año 2025, a partir de lo ocurrido en la historia
reciente del país.
Permítanme,
con este propósito, hacer un recorrido sintético
de los fenómenos de los años pasados y cómo
influyeron en las crisis económicas, en la inflación
y en los problemas de pobreza que tenemos.
Los gobiernos federales y muchos de los gobiernos estatales se
propusieron cubrir rezagos en México durante este periodo
y lo lograron, pero ello implicó una acción más
decidida del gobierno en sectores y demandas sentidas por la población.
Esto nos permitió atender el explosivo crecimiento demográfico
y atender un rezago que era dramático en el país.
En
1960 había 125 mil maestros contratados por el gobierno;
en este año hay 1 millón 450 mil; es decir, se multiplicó
por 12 el número de maestros. La escolaridad promedio pasó
de poco menos de 3 años a casi 8 años.
Hace
cuarenta años había aproximadamente 6 mil 500 médicos
que trabajaban en el sector público, hoy hay cerca de 130
mil, se multiplicó por 20 el número de profesionistas
que atendían las demandas de salud. Eso nos permitió
elevar la esperanza de vida al nacer a cerca de 75 años,
contra menos de 50 que teníamos en 1960.
El
número de habitantes que tenían agua potable en
su casa era cerca de 17 millones en 1960, hoy, cerca de 90 millones
de habitantes tienen agua potable entubada en su casa.
Esto
es el lado positivo de lo que se produjo en estos años,
e insisto: qué bueno que el Colegio plantea considerar
el tiempo largo, pero esta atención de las demandas sociales
con que cumplió el gobierno, implicó una gran presión
sobre el gasto público a la cual se agregaron erogaciones
e inversiones del gobierno federal en sectores a los cuales no
había razón para concurrir, que en su conjunto determinaron
que el país llegara a tener déficit fiscales cercanos
al 16% como cifra máxima en 1981, si aplicamos ese déficit
fiscal al tamaño de nuestra economía, es el tamaño
de un FOBAPROA anual.
Este
alto déficit generó mayor demanda agregada; generó
ciclos recurrentes de devaluación y la inflación
aparejada a ello, obviamente, un empobrecimiento en una parte
de la población y una distribución crítica
del ingreso, en donde se polarizaron los que tenían más
con la gran masa de mexicanos que tiene poco o que sólo
tiene pobreza, consecuencia de altos periodos de inflación
de más de 20 años, arriba de 2 dígitos, de
una baja inversión y de baja generación de empleo.
La
referencia y la conclusión no es que el gobierno haya hecho
mal en atender demandas sociales, sino que se debió corresponder
con una política de ingresos corresponsable con los objetivos
nacionales y sociales que nos estábamos planteando, para
hacer consistente el propósito con el manejo de los instrumentos
de política económica.
Pero
vale la pena escudriñar el pasado, observar la coyuntura
y prever el futuro que nos espera. En términos de la coyuntura
logramos reducir un déficit fiscal del 16% del Producto
a un déficit del 1%. Logramos reducir un déficit
de la balanza comercial y de la balanza de servicios cercano al
8%, a un nivel inferior al 3%, compensado en su mayor parte con
aportaciones de inversión extranjera directa, el 85%, que
no pone en riesgo el equilibrio de la balanza comercial y le da
un saldo favorable, positivo, estable, a la balanza de servicios.
Redujimos
el manejo de la deuda a un pago programado del orden de mil 900
millones de dólares en el año 2001, contra 9 mil
700 millones de dólares programados en 1995, más
la existencia de unos 34 mil millones de dólares de Tesobonos.
Contamos en el Banco de México con una reserva del orden
de 31 mil millones de dólares, contra menos de 6 mil millones
de dólares que teníamos vigentes en diciembre de
94, y esto desde luego se aúna con una disminución
persistente en la inflación que logra, entre otras cosas,
hacer vigente nuestro consumo interno.
Viendo
hacia adentro, somos ya un país de 100 millones de habitantes;
somos un gran mercado; viendo hacia el futuro, debemos planear
el diseño y el desarrollo de nuestra economía con
base en el crecimiento de las exportaciones y en el fortalecimiento
de nuestro mercado interno, lo que vamos a lograr disminuyendo
la inflación a un nivel compatible con el de nuestros socios
comerciales, del orden del 3%, reduciendo el costo del capital
para incentivar la inversión, la generación de empleo
y también para estimular la mayor adquisición de
bienes de consumo duradero, de vivienda, de electrodomésticos,
de vehículos.
Haremos
crecer el salario real todos los años, por arriba de la
inflación y basando el crecimiento del país, en
la existencia de un gran mercado de 100 millones de personas.
Debemos hacerlo por razones éticas, morales, de justicia
social, de viabilidad del desarrollo de nuestra nación,
de largo plazo; pero también por razones de viabilidad
en el proyecto económico que el país debe fijarse
hacia el futuro.
Tan importante como la situación de coyuntura o más
importante aún, son los cambios en la estructura del país.
El país tiene grandes fuerzas, grandes cambios estructurales,
que nos colocan en situaciones que no habíamos vivido en
el pasado y yo diría que vamos a vivir, algunos de ellos,
sólo en un periodo de inicio del Siglo XXI.
México
tenía en 1960 cerca de 35 millones de habitantes, al terminar
el presente año vamos a ser cerca de 100 millones. En 40
años casi triplicamos el número de habitantes. Sólo
para comparar, España en este tiempo pasó de 30
a 39 millones de habitantes, un crecimiento del 30% contra casi
una triplicación en el número de habitantes en nuestro
país.
Los
demógrafos coinciden en que México tendrá
130 millones de habitantes en el año 2030; es decir, un
crecimiento del 30%. Este es un cambio de fondo, cuantitativo
y cualitativo. En lugar de crecer el número de niños
y jóvenes, va a crecer fundamentalmente la población
entre 18 y 65 años. A diferencia de los países europeos,
en donde crece el grupo de edad de más de 65 años
y eso les presiona en términos de su costo de seguridad
social y de salud, con nosotros va a crecer la población
de 18 a 65; es decir, la población que trabaja, que produce,
que ahorra, que invierte y eso nos va a cambiar el resultado total
de la economía porque, con todo respeto para mis amigos
economistas, no podemos ver la economía aislada de lo que
está ocurriendo en otros grandes componentes del país,
La referencia y la conclusión no es que el gobierno haya
hecho mal en atender demandas sociales, sino que se debió
corresponder con una política de ingresos corresponsable
con los objetivos nacionales y sociales que nos estábamos
planteando, para hacer consistente el propósito con el
manejo de los instrumentos de política económica.
Pero
vale la pena escudriñar el pasado, observar la coyuntura
y prever el futuro que nos espera. En términos de la coyuntura
logramos reducir un déficit fiscal del 16% del Producto
a un déficit del 1%. Logramos reducir un déficit
de la balanza comercial y de la balanza de servicios cercano al
8%, a un nivel inferior al 3%, compensado en su mayor parte con
aportaciones de inversión extranjera directa, el 85%, que
no pone en riesgo el equilibrio de la balanza comercial y le da
un saldo favorable, positivo, estable, a la balanza de servicios.
Redujimos
el manejo de la deuda a un pago programado del orden de mil 900
millones de dólares en el año 2001, contra 9 mil
700 millones de dólares programados en 1995, más
la existencia de unos 34 mil millones de dólares de Tesobonos.
Contamos en el Banco de México con una reserva del orden
de 31 mil millones de dólares, contra menos de 6 mil millones
de dólares que teníamos vigentes en diciembre de
94, y esto desde luego se aúna con una disminución
persistente en la inflación que logra, entre otras cosas,
hacer vigente nuestro consumo interno.
Viendo
hacia adentro, somos ya un país de 100 millones de habitantes;
somos un gran mercado; viendo hacia el futuro, debemos planear
el diseño y el desarrollo de nuestra economía con
base en el crecimiento de las exportaciones y en el fortalecimiento
de nuestro mercado interno, lo que vamos a lograr disminuyendo
la inflación a un nivel compatible con el de nuestros socios
comerciales, del orden del 3%, reduciendo el costo del capital
para incentivar la inversión, la generación de empleo
y también para estimular la mayor adquisición de
bienes de consumo duradero, de vivienda, de electrodomésticos,
de vehículos.
Haremos
crecer el salario real todos los años, por arriba de la
inflación y basando el crecimiento del país, en
la existencia de un gran mercado de 100 millones de personas.
Debemos hacerlo por razones éticas, morales, de justicia
social, de viabilidad del desarrollo de nuestra nación,
de largo plazo; pero también por razones de viabilidad
en el proyecto económico que el país debe fijarse
hacia el futuro.
Tan importante como la situación de coyuntura o más
importante aún, son los cambios en la estructura del país.
El país tiene grandes fuerzas, grandes cambios estructurales,
que nos colocan en situaciones que no habíamos vivido en
el pasado y yo diría que vamos a vivir, algunos de ellos,
sólo en un periodo de inicio del Siglo XXI.
México
tenía en 1960 cerca de 35 millones de habitantes, al terminar
el presente año vamos a ser cerca de 100 millones. En 40
años casi triplicamos el número de habitantes. Sólo
para comparar, España en este tiempo pasó de 30
a 39 millones de habitantes, un crecimiento del 30% contra casi
una triplicación en el número de habitantes en nuestro
país.
Los
demógrafos coinciden en que México tendrá
130 millones de habitantes en el año 2030; es decir, un
crecimiento del 30%. Este es un cambio de fondo, cuantitativo
y cualitativo. En lugar de crecer el número de niños
y jóvenes, va a crecer fundamentalmente la población
entre 18 y 65 años. A diferencia de los países europeos,
en donde crece el grupo de edad de más de 65 años
y eso les presiona en términos de su costo de seguridad
social y de salud, con nosotros va a crecer la población
de 18 a 65; es decir, la población que trabaja, que produce,
que ahorra, que invierte y eso nos va a cambiar el resultado total
de la economía porque, con todo respeto para mis amigos
economistas, no podemos ver la economía aislada de lo que
está ocurriendo en otros grandes componentes del país,
principalmente el componente demográfico, social, tecnológico,
político, social, dentro de los muchos que debemos examinar.
Entonces,
el primer cambio es demográfico, un menor crecimiento demográfico
nos va a marcar, el número de mexicanos que trabajen crecerá
rápidamente en los siguientes años. Hoy, nuestra
población económicamente activa es de aproximadamente
40 millones; en trabajo formal están 18 millones y 22 millones
están en trabajo informal y el gran reto es darles servicios,
satisfactores básicos como seguridad social, vivienda,
entre otros, a quienes optan por el trabajo informal o autoempleo.
La
población económicamente activa llegará a
proporciones del 55 y del 60%, esto significa que la población
económicamente activa en el año 2025 será
más de 70 millones de mexicanos, que van a aportar riqueza
y valor. Tendrá México un bono demográfico
que no tuvo en todo el siglo XX, porque creció principalmente
la población de menos de 18 años, que demandaba
escuelas, hospitales y que no estaba, obviamente, en edad de trabajar
y producir
El
país tendrá un bono demográfico durante unos
25 años aproximadamente, que le va a abrir perspectivas
y posibilidades que no debemos dejar pasar, que debemos de utilizar
y basarnos en ellas como parte de las palancas más fuertes
que el país ha tenido, en lugar de ser algo que detenga
el nivel de vida, contribuirá a su elevación; el
bono demográfico será un fuerte instrumento para
hacer que el nivel de vida de la población crezca.
De
1960 a 70, en cada familia usualmente había 7 personas
y trabajaban en promedio 1.4 personas. Hoy vemos familias de 4
personas o menos, trabajando 2 de ellas en promedio; es muy diferente
dividir 1 salario y un poco más, entre 7 personas, que
dividir 2 salarios entre 3 ó 3.5 personas por familia que
algunos demógrafos calculan.
Este
sólo elemento va a provocar también una elevación
en el nivel de vida de los mexicanos y una transformación
y ampliación de nuestro mercado interno junto con la elevación
del empleo y el nivel real de los salarios que tenemos en el país.
El
segundo gran recurso de transformación son las fuerzas
sociales; una mucho mayor participación de las mujeres,
quienes, hace 25 o 30 años, sólo trabajaban 2 de
cada 10, hoy son 4 de cada 10 y en el futuro va a ser una proporción
igual al número de hombres, 8 de cada 10. Esa mayor participación
determina que, fundamentalmente, las mujeres van a hacer los cambios
más positivos que en México vivamos en los siguientes
años.
Otro
cambio social es la mayor escolaridad, de 3 a casi 8 años:
una tendencia muy franca a llegar a los 12 años. Yo planteo
ahí avances sustanciales en términos cuantitativos
y cualitativos. Y en salud, desde luego, una esperanza de vida
de cerca de 75 años.
La
tercera gran fuerza que está impulsando o que va a impulsar
el desarrollo del país es mayor ahorro, que nos permite
estar ahora en 22 ó 23 puntos del producto, contra 14 puntos
en que estábamos escasamente hace 6 años; mayores
exportaciones, pasamos de 7 mil millones de dólares a 122
mil millones de dólares en escasos 15 años; menor
regulación, antes teníamos cerca del 80% de la economía
regulada, le quitamos regulación y eso le ganó flexibilidad
y agilidad; y, desde luego, la gran fuerza de los acuerdos comerciales
con Estados Unidos, con la Unión Europea, con varios países
de América Latina.
La
estructura de la fuerza de trabajo cambió radicalmente
de ser fundamentalmente agrope-cuaria, a ser hoy de servicios
e industrial.
Cada
vez se incorporan más recursos, en electrónica,
en computación; tan sólo en computa-doras privadas
se están comprando cerca de 500 mil unidades en México,
mil 400 computadoras personales por día, esto provoca una
revolución tecnológica y productiva en todo México.
Se
realiza, hoy en día, un manejo de finanzas y de los instrumentos
financieros mucho más sanos y ya
no se utilizan las reservas del Banco Central para anclar artificialmente
el valor del dólar. La autonomía del Banco de México
es también un avance sustancial, así como la reducción
en el déficit de las finanzas públicas.
Me
permito agregar: los avances que en democracia hemos tenido en
el país, los avances que entre todos los partidos construimos
en 1996 no sólo para asegurar la democracia, para asegurar
la equidad en el acceso a recursos para todos los partidos: económicos,
en tiempos de transmisión en radio y televisión,
libertad de expresión; sobresalen los avances que, en materia
democrática, el propio Partido Revolucionario Institucional
ha realizado en nuestra democracia interna.
No
dejo de mencionar algo que para los mexicanos ya es costumbre
y quizá por eso no lo aquilatamos: la estabilidad política
y la paz social que el país ha tenido. Menos de 15 naciones
en el mundo han gozado de esta característica en este siglo.
Ahora
bien, si no entramos en crisis, si no vamos a tener la angustia
de tener que solucionar los problemas de una crisis económica
en la transición, la pregunta es: ¿Qué hacer
como Nación?, ¿qué hacer como sociedad?,
¿qué plantearnos como economistas?, ¿qué
hacer, detenemos los cambios en el país o mantenemos la
decisión de hacer que la economía mexicana evolucione,
se desarrolle y transforme?
No
hay que parar los cambios en el país, por el contrario,
conducir las transformaciones hacia lo que está demandando
México y la inmensa mayoría de los mexicanos.
Propongo
un cambio con rumbo, con seguridad, que no arriesgue el crecimiento
económico del país ni la estabilidad de nuestro
desarrollo, que no volvamos a incurrir en riesgos de caer otra
vez en crisis de confianza, en inflación acelerada y dar
estabilidad al crecimiento económico del país. Esa
es condición necesaria, pero no suficiente para lograr
lo que nos planteamos.
Adicionalmente,
debemos hacer cambios orientados a combatir la pobreza extrema,
atender más al campo, cerrar las grandes brechas que existen
entre el norte y el sur y atender a las regiones marginadas y,
desde luego, hacerlo por 3 ejes, con un crecimiento sostenido
cuando menos del 5% anual en promedio, con baja inflación,
teniendo como meta una inflación compatible con nuestros
principales socios comerciales, del orden del 3%, como instrumento
para combatir los problemas de pobreza que en el país tenemos.
Si no le quebramos el espinazo a la inflación, no vamos
a ser efectivos en el combate a la pobreza.
Impulsar
la generación de empleos, del orden de 6 millones de empleos
durante el sexenio, logrando más ahorro, más inversión
y apoyando a sectores altamente generadores de empleo.
La
gran industria, la industria maquiladora, tiene dimensión
para desarrollarse y crecer por sí misma, pero hay que
apoyar mucho a la pequeña y a la mediana empresa; esa empresa
familiar que hoy no consigue un crédito de 20 mil pesos,
ni tiene apoyo para la transferencia tecnológica, para
la inversión, para la generación de empleos; mi
propuesta es un gran programa de aliento, de impulso y desarrollo
a las empresas pequeñas y medianas, como una de las vías
más efectivas para reconstruir a las clases medias, que
tenemos el riesgo de perderlas si no les damos un gran apoyo,
para que encuentren ahí un camino alterno a sus actividades
y para que los estudiantes también vean ello como una forma
de desarrollarse hacia el futuro.
Darle
también un gran impulso a la vivienda, triplicando el número
de las que hoy se están construyendo, en su momento expondré
con qué características vamos a realizar este programa,
si tengo la alta responsabilidad de conducir los destinos del
país en los siguientes años.
Apoyaré al turismo porque genera mucho empleo, porque nos
da, al igual que la vivienda, un desarrollo regional equilibrado
y nos permite captar divisas que le dan sustento al crecimiento
de la economía y, desde luego, mucho más apoyo al
campo.
Estos
cambios son los objetivos; también debemos considerar los
instrumentos. Será indispensable lograr una reforma educativa,
que le ponga un gran énfasis a la calidad, la calidad de
la educación es fundamental, si no logramos una reforma
de fondo de la educación, nada de lo que nos planteamos
como grandes metas será factible. Una reforma en la calidad
de la educación empieza por cambiar los paradigmas, el
sistema educativo tiene un gran énfasis en memorizar, más
bien el énfasis debe ponerse en aprender a aprender, en
dudar de lo que se ve, en discutir, en la búsqueda de la
verdad.
Eso
hace una sociedad mucho más activa, más participativa,
también más crítica. Hay que impulsar un
gran cambio en la calidad de la educación, incorporando
desde la primaria materias básicas, como es el conocimiento
de idiomas, conocimiento de computación, agregando un año
en la preprimaria, fortaleciendo la educación media básica
y media superior y dándole más recursos a la educación
superior, los estudiantes tienen derecho a una educación
de calidad y, obviamente, gratuita.
Debemos
tener claro que en México, como en todos los países
del mundo, no hay derechos sin su compensación, la responsabilidad
es la compensación del derecho, la responsabilidad de compensar
eso estudiando. Así me eduqué yo en la Escuela Nacional
de Economía, es también fórmula insoslayable
para elevar la calidad de la educación en las escuelas
públicas que son vitales para el desarrollo de nuestro
país, porque contribuyen a formar conciencia social, sentido
de responsabilidad y amor al país, ese cariño por
la soberanía nacional. Por eso debemos defender la escuela
pública de calidad, gratuita, libre de pensamiento, libre
a la discusión, libre en la cátedra, libre en la
investigación. Defendamos la libertad dentro de la escuela
pública como forma de elevar la calidad de la docencia
y de la investigación.
Lo
material, siendo tan importante, debe darle lugar a algo igual
o más importante, lo moral. Es lógico que en este
momento, con los graves problemas de pobreza que el país
tiene, pongamos un gran énfasis en lo material, en la elevación
del nivel de vida de los mexicanos, pero es indispensable revalorar
al ser, a lo interior, a lo moral y no sólo al tener, para
que no se diga que un señor vale muchos millones de pesos,
porque tiene muchos millones de pesos. Las personas valemos por
lo que tenemos adentro y hay que revalorar el ser y no sólo
el tener; y revalorar el ser, los valores de nuestra sociedad,
de nuestro país, los valores éticos, humanos, personales,
empiezan desde la escuela, por cambios en el sistema educativo
y también, sin lugar a dudas, por el fortalecimiento de
la seguridad pública, de la justicia, del respeto a la
ley, de la creación de una cultura de la legalidad y de
una lucha muy de fondo contra la corrupción en el país.
Una
lucha muy de fondo contra la corrupción en el país
que tiene que pasar por el rediseño del gobierno federal,
para hacerlo más ágil, menos burocrático,
mucho más expedito, para que atienda real y efectivamente
las necesidades de la población, un rediseño del
Gobierno Federal que se aplique, que se construya incluso jurídicamente
desde antes del 1º de diciembre de este año, porque
la costumbre es que cuando los secretarios se sientan en su lugar
todo es perfecto, no hay que cambiar nada, es imposible quitar
un trámite, no se puede hacer nada mejor de lo que está
diseñado.
Entonces,
hacer un profundo cambio en el funcionamiento del Gobierno Federal,
poniendo en primer lugar las necesidades de la gente, quitándole
tramitología y quitándole también discrecionalidad
a la forma de decidir, porque hay muchos campos del Gobierno Federal
que se deciden en función de quién es mi cuate o
de quién recibo una prebenda. Entonces, combatir la corrupción
eliminando también las causas, quitarle discrecionalidad,
quitarle tramitología, quitarle burocracia, crear el servicio
civil de carrera y cerrar la gran brecha de salarios que existe
hoy entre los funcionarios de alto nivel, los secretarios de Estado
y los que tienen las responsabilidades más elementales
dentro del sector público.
Cambiar,
también, las leyes que rigen el funcionamiento del Gobierno,
hoy hay mil 610 trámites y normas que fueron creadas por
la Secretaría de Hacienda y la Secretaría de la
Contraloría, que deben cumplir las dependencias del Gobierno
Federal y que, obviamente, se aplican a la ciudadanía:
Hacer un Gobierno mucho más ágil, expedito y orientado
a darle un buen servicio a toda la población.
Si
queremos, al final de cuentas, que haya equidad, que abramos igualdad
de oportunidades en todo el país y si queremos hacer efectivo
un cambio con rumbo en el país, para que el poder sirva
a la gente, no sólo debe expresarse el qué, sino
también el cómo. Propongo en ese sentido, que los
economistas, como líderes de opinión, defendamos
hoy y siempre la vitalidad de nuestro país para evolucionar
y con ese vigor emprendamos una nueva serie de cambios para hacer
que en el Siglo XXI, en esta época de globalización,
México triunfe; para lograr, efectivamente, que el nivel
de vida de los mexicanos se eleve y que la patria común
que nos alberga a todos nos satisfaga más, porque hay menos
pobreza, porque hay más igualdad, porque hay condiciones
reales de equidad, porque combatimos la corrupción y porque
estamos alcanzando la justicia.
*Mensaje
de Francisco Labastida Ochoa en el XIII Congreso del Colegio Nacional
de Economistas, el 10 de febrero de 2000.
