ECONOMÍA Y JUSTICIA SOCIAL

No puede haber justicia social sin economía sana; lograrla requiere estabilidad duradera. Es de primera importancia abordar este tema como parte fundamental del proceso electoral tendiente a llevar al Poder Ejecutivo a Francisco Labastida Ochoa y obtener la mayoría en el Congreso de la Unión.

Cuando hablamos de estabilidad nos referimos a los ámbitos político y económico; ambos redundan en un tercero y más importante: la sociedad, motivo sustantivo del desarrollo. La estabilidad política existe cuando los conflictos entre la población y en torno al poder público, se procesan mediante instituciones que aseguran la paz social. Asimismo, la estabilidad económica se posibilita cuando los factores que la integran propician mejores condiciones de vida. Sin estabilidad política y económica, es imposible plantearse el crecimiento; en su ausencia, la justicia social es inalcanzable.

La garantía de la estabilidad política está impresa en nuestras leyes y ordenamientos democráticos y por supuesto en su cumplimiento. La política se practica cotidianamente a través de los partidos, medios, grupos de interés y de presión, asociaciones políticas nacionales, civiles, clubes de servicio, organizaciones no gubernamentales, iglesias; el Instituto Federal Electoral y el Tribunal correspondiente; el Congreso de la Unión y en suma, por todas las instituciones relacionadas con el fenómeno del poder.

En nuestros días, la estabilidad económica significa una inserción positiva en la globalización; demanda retroalimenta-ción entre la macro y micro economías. Parte de mantener cuentas macroeconómicas que incentiven el desarrollo, tales como baja inflación, déficit público y deuda manejables, balanza comercial equilibrada, entre otras medidas, que permitan ponderar los ingresos y egresos frente a las necesidades y con ello impulsar una microeconomía reflejada en salarios y empleo suficientes, seguridad social, escuelas, salud, vivienda, infraestructura. En otras palabras, calidad de vida digna para la mayoría de la población.

Pese a los avances, en economía tenemos todavia mucho por hacer: promoción industrial armónica, particularmente de la pequeña y mediana empresas, restauración del crédito bancario, turismo, desarrollo regional, acercando al sureste, centro y norte del país, privilegiar la participación del Estado a fin de asegurar a los más necesitados una base sólida de despegue definitivo, abordar la reforma fiscal integral, determinar la transformación del sector energético, conservando el dominio por parte del Estado y ampliando su capacidad financiera para dar respuesta a los requerimientos actuales y futuros de la Nación. Al tratarse de problemas estructurales que requieren de la participación comprometida de los legisladores en la definición del rumbo y en el cómo hacer las cosas, es indispensable ganar la mayoría en el Congreso de la Unión.

Es la primera vez, en un cuarto de siglo, que está ausente el fantasma de una crisis económica. Ello se debe a una disciplina excepcional de parte del gobierno, pero sobre todo de la sociedad. No debemos olvidar que desde hace años el pueblo no ve reflejado plenamente su esfuerzo en su ingreso familiar.

En este escenario, estamos convencidos de que la postura de Francisco Labastida Ochoa es la más realista: generar un crecimiento de 5% anual promedio durante su administración, impulsando inversiones en las actividades generadoras de empleo, como la construcción de vivienda, infraestructura, intensificación del turismo, promoción de exportaciones y apoyo al campo. Esto es: por lo menos seis millones de empleos en el sexenio. Sin duda, la economía tiene contenido pleno, cuando deviene en justicia social.

Dulce Ma. Sauri Riancho,
Presidenta del Comité Ejecutivo Nacional