La política de lo epidérmico
LUIS
FARÍAS MACKEY*
Cuando
el cambio pierde su carácter instrumental y, por ende,
la finalidad u objetivo que lo explica y justifica, pasa a ser
un mero placer de lo fugaz, por lo efímero, por lo frívolo.
En
una sociedad de consumo, se tiende peligrosamente a responder
en todos los aspectos a la seducción y a lo efímero
de la lógica de la moda.
Lipovetsky
en su libro El Imperio de lo Efímero, nos describe los
riesgos de una sociedad dominada por la frivolidad, donde la
democracia carece de grandes proyectos colectivos movilizadores,
ante el aturdimiento por los goces privados del consumo y la
infantilización de la sociedad por la cultura minuto,
la publicidad y la política espectáculo.
Ante
ello, los ciudadanos se sienten poco interesados por la cosa
pública y la política solo genera desmotivación
e indiferencia; el elector termina por convertirse en consumidor
de imágenes, espectáculos y escándalos.
En la sociedad priva la locura de los entusiasmos superficiales
y pasajeros.
En
esta racionalidad de lo efímero y lo frívolo,
la objetividad se instituye en espectáculo y la dominación
técnica manipula lo lúdico, terminando por imponer
las políticas por la seducción y no por la razón.
En
la lógica de lo frívolo impera el cambio por el
cambio; todo pasado y la tradición es denostado, se pierde
identidad histórica y, por ello, también rumbo
y propósito de porvenir. En esta dinámica solo
el cambio tiene valor y el individuo se ve perdido en un flujo
permanente que le impide encontrar elementos comunes que lo
vinculen a un pasado y a un futuro, quedando al arbitrio de
quien controle los medios de comunicación y el manejo
del escándalo.
En
esta lógica, domina la teatralidad, toda vez que lo efímero
demanda el exceso, la desmesura y la rareza. Surgen así
los líderes estrellas que engañan con el juego
de imágenes personalizadas por artificios y falsas semejanzas
y los ciudadanos pasan a constituirse en espectadores pasivos
y responsables del show político.
La
política-espectáculo enmascara los problemas de
fondo, sustituye los programas por el relumbre de personalidades
y atrofia la capacidad de razonamiento y juicio en beneficio
de reacciones emocionales y sentimientos irracionales de atracción
y antipatía.
El
asunto del emblema de Fox es un ejemplo claro de esa política
de lo efímero y lo frívolo. No solo sacrifica
principios, ideas y programas a favor de una personalidad inflada
por la mercadotecnia, sino también partidos (PAN) e instituciones
públicas, el Tribunal, que ha sido irracional e injustamente
denostado por cumplir con su mandato constitucional, y el IFE
que cayó en su trampa aprobando el ilegal emblema.
Lo
que hemos visto es una estrategia escandalizadora que ameniza
un debate banal y que empobrece la vida democrática de
la Nación. es también una estrategia bélica
de propaganda política, forjada a golpe de emboscadas
publicitarias como lo fue el estandarte guadalupano y el ilegal
emblema. Esta estrategia esconde la indigencia ideológica
y política de quien la impulsa.
El
Partido Revolucionario Institucional no debe caer en las provocaciones
propagandísticas que le coloquen en su tránsito
a las elecciones el 2 de julio. Por eso peleamos por la vía
jurídica y no por la mediática.
El
PRI no debe caer en la tentación de confrontarse en esta
feria de frivolidades. El Partido debe concentrarse en las propuestas
a la ciudadanía y en acreditar el juego perverso de Acción
Nacional de manufacturar escándalos artificiales en búsqueda
de propaganda insustancial y gratuita.
*Secretario
Adjunto de la Presidencia del CEN del PRI.
