Pensar nuestro futuro a
largo plazo*

Nuestro partido tiene presencia fuerza y vigor en toda la República. Lo tiene. Lo tiene porque sus idearios, sus principios, son defendidos con talento, con sensibilidad social y con entereza política, por Dulce María Sauri Riancho, mujer que a su liderazgo y a su carácter suma extraordinarias cualidades humanas y políticas.

Múltiples razones sustentan que iniciemos formalmente en este recinto la campaña por la Presidencia de la República.

Primera, porque aquí, en donde se debatió y definió el proyecto de nación que los mexicanos dimos al iniciar el Siglo XX, es el lugar idóneo para renovar el proyecto de nación que deseamos construir para el Siglo XXI.

Segunda, porque aquí los mexicanos nos comprometimos a construir un país de leyes y hoy es necesario refrendar nuestra creencia en ellas. Construir una cultura de la legalidad que implica la existencia de buenas leyes, su aplicación justa, honesta y el respeto a las mismas.

Y, tercera, por una causa personal, quise ratificar hoy, en este recinto, un legado, un mandato, una convicción que me viene de sangre. En estos muros, entre los nombres de los legisladores que dieron a México, cauce, rumbo y destino, está el de alguien que me marcó, Francisco Labastida Izquierdo, mi abuelo.

Fueron esos hombres tan disímbolos y aún contradictorios entre sí, los autores de un documento que sintetizó la gesta de una nación y la proyectó al futuro con certidumbre y esperanza.

Los Constituyentes de Querétaro, algunos de ellos iletrados, supieron interpretar los anhelos y aspiraciones del pueblo, supieron leer los vientos del cambio para entregar a México la primera constitución social del Siglo XX.

Ese fue el genio, la altura de miras de aquellos hombres que unieron en un solo proyecto el decreto libertario de Hidalgo, los sentimientos de la nación de Morelos, el liberalismo de la Reforma y los compromisos sociales de la Revolución triunfante.

En la siguiente década, en este mismo recinto, una nueva generación se reunió para crear el Instituto Político que haría posible que los postulados de la Constitución del 17 le dieran cauce y tuvieran vigor. Se creó aquí, también, el Partido Nacional Revolucionario, el Partido de la Revolución Mexicana y nuestro Partido.

Hoy nos corresponde, en el inicio del siglo, leer los signos de los nuevos tiempos, de nuestro país y del mundo, definir los nuevos rasgos que deseamos imprimir al rostro de la nación.

Inicio mi campaña con la legitimidad y la fuerza que nos dan la democracia interna y los 10 millones de votos emitidos el pasado 7 de noviembre. Bienvenidos los tres señores precandidatos, que nos distinguen con su presencia.

La tarea más importante del Partido en esta campaña es ganar para construir.

Al iniciar el nuevo siglo, México cuenta con fuerzas muy importantes a favor del cambio y con posibilidad de progreso, como hace décadas no teníamos. Esas fuerzas, son las que nos permiten anticipar una transmisión del mando gubernamental sin crisis, para así dejar atrás el negativo ciclo de los últimos 25 años.

Una fuerza que impulsará el desarrollo del país es el cambio demográfico. Tenemos que acentuar ese cambio, pero el crecimiento de la población ya es considerablemente menor y así será en el futuro, bajará consistentemente todos los años.

En el futuro crecerá, sobre todo, la población en edad productiva, la que trabaja, produce y ahorra, se reducirá el número de personas por familia y en cada una de ellas habrá más personas que trabajen.

Tendrá el país un bono demográfico que no lo tuvo a lo largo de todo el Siglo XX y que estará presente por única ocasión durante las primeras 2 ó 3 décadas del Siglo XXI:

Otra gran fuerza que impulsará el desarrollo del país son los cambios sociales profundos que México ha vivido, la mucho mayor participación de la mujer en la vida política, económica y social, la mayor escolaridad, los casi 8 años de educación que tiene nuestra población, el menor alfabetismo, la mayor salud, la mayor esperanza de vida al nacer.

Hay otra fuerza que impulsa nuestro desarrollo: las transformaciones económicas, el mayor ahorro, la diversificación del aparato productivo, las crecientes exportaciones, que en conjunto actuarán a favor de nuestro país.

Hay cambios favorables también en los instrumentos de política económica que maneja el Estado: un menor déficit fiscal, la autonomía del Banco de México, la política monetaria y el menor peso relativo de la deuda externa.

La creciente incorporación de tecnología está logrando que crezca la productividad, que estemos mucho mejor informados, mejor comunicados. Ello también mejora, sin lugar a dudas, nuestras perspectivas de desarrollo.

A todo lo anterior se suma la fuerza que nos dan los tratados y acuerdos comerciales, los de América del Norte y países de América Latina, y el que se está consolidando con con Europa.

Recordemos que gracias a la lealtad de nuestras fuerzas armadas, a su compromiso inquebrantable con la Constitución, México tuvo y tiene estabilidad y paz social. Pocos países tuvieron ese activo, menos de 10 en todo el siglo XX. Tenemos que cuidarlo y preservarlo.

También nuestro país y nuestro Partido avanzaron en democracia como no lo habían hecho en toda su historia.

Esas fuerzas derivan de cambios que hicimos los mexicanos durante años, durante décadas. Son hoy parte esencial de los activos de México y gracias a un hombre de profunda convicción democrática y republicana, que ha ejercido su mandato con visión de estadista, se incorporan de manera permanente, sobre todo en esta circunstancia de cambio gubernamental, a los activos del país. Hablo del Presidente Ernesto Zedillo Ponce de León.

Estas grandes fuerzas que impulsaron nuestro desarrollo nos permiten seguir avanzando. Sin embargo, mientras tengamos los graves problemas de pobreza, marginación, injusticia e inseguridad pública, no podemos declararnos satisfechos ni los priístas ni nadie.

Así como estamos orgullosos de los avances, también reconocemos los errores y sobre todo las tareas que no hemos terminado de cumplir.

La pobreza extrema y la marginación urbana aún afectan a una cuarta parte de la población. En el campo, pese al esfuerzo realizado, muchos campesinos no cuentan con apoyo suficiente y oportuno.

Las ciudades han crecido de manera explosiva, sin planeación ni orden.

El medio ambiente se deterioró y nuestros recursos naturales, sobre todo el agua, han sido explotados, muchas veces, irracionalmente.

En las urbes la inseguridad pública aumentó hasta provocar un sentimiento de temor en la sociedad.

La creación de nuevos empleos es insuficiente y los salarios todavía no alcanzan.

El mercado interno es vulnerable por la injusta distribución del ingreso y la gran concentración de la riqueza.

Tenemos, pues, enormes retos que debemos enfrentar.

En las épocas en las que las perspectivas mejoran, es frecuente que las naciones, los partidos y los gobiernos pierdan el espíritu y dejan de hacer cambios.

Yo les propongo que no hagamos así, que, por el contrario, mantengamos la firme decisión de impulsar grandes transformaciones en el país.

Quiero que el Poder Sirva a la Gente; quiero hacer cambios con rumbo, para lograr que México triunfe en el siglo XXI.

Miremos el México de nuestros días, con casi 100 millones de habitantes, la mayoría de ellos en ciudades que cuentan con los servicios básicos.

La medicina preventiva está al alcance de prácticamente todos y la esperanza de vida al nacer ya es cercana a los 75 años.

La escolaridad promedio se acerca a los ocho años y en el presente ciclo escolar uno de cada tres mexicanos van asistir a la escuela.

México vive en democracia.

Los ciudadanos, los medios de comunicación y los partidos políticos ejercen las libertades que nuestra constitución y las leyes consagran.

Nuestro país es, en síntesis, otro: con mejor salud, más comunicado, más democrático, más abierto al mundo. Pero muchos mexicanos siguen siendo pobres y la inseguridad es mayor.

El siglo XX fue el siglo de los grandes cambios: cambios demográficos, económicos, tecnológicos, de información y de comunicación. Nuestro Partido fue un actor central de los cambios en México. Nacimos para dar estabilidad al país y lo logramos.

Impulsamos también los grandes cambios diseñados en nuestra Constitución. No fuimos los únicos en aportar ese esfuerzo, es cierto, pero sin duda la historia de México en el siglo XX no podría entenderse sin la participación, el esfuerzo y el compromiso de varias generaciones de priístas.

Tenemos, entonces, enormes retos que debemos enfrentar y para hacerlo requerimos entender los nuevos signos del cambio y así renovar nuestro proyecto de nación, con los anhelos y aspiraciones de la sociedad.

Nuestro compromiso con el futuro, como partido, no se resume ni se agota en el horizonte del próximo sexenio. Se le agota al candidato, pero no se le agota al Partido.

Tenemos el reto y la oportunidad de mirar lejos, de pensar nuestro futuro a largo plazo, para que nuestras ideas, propuestas y acciones sean perdurables. Renovemos nuestra capacidad de cambio, sabiendo que todo lo que beneficia a México debe ser impulsado por nuestro Partido.

Tarea y compromisos fundamentales son fortalecer la soberanía nacional, que no es otra cosa que la capacidad para decidir por nosotros mismos lo que queremos ser y cómo nos relacionamos con el mundo. El mundo del nuevo siglo ha experimentado enormes y profundas transformaciones, cuya síntesis es la globalización en la que estamos inmersos.

La globalización es irreversible, el dilema no es si participamos o no en ella, el dilema es si tenemos éxito o fracasamos en el contexto de la globalización. Para que nuestro pueblo y nuestro país ganen en la globalización se requiere leer oportunamente los signos del cambio y estar a la vanguardia, aprovechar las oportunidades que da ella para beneficio de nuestro país y para beneficio de los mexicanos.

Entrar tarde, hacerlo mal o entrar para obsequiar los intereses de otras naciones, significaría la derrota de nuestro país y la disminución del nivel de vida de los mexicanos. Nuestra primera responsabilidad es con México, con nuestro pueblo.

La soberanía se fortalecerá en la medida en que los intereses de los mexicanos, donde quieran que se encuentren guíen nuestro trato con todas las naciones. Nuestra presencia en el mundo debe servir para defender nuestros principios y también para promover nuestros intereses. Participemos activamente en la reforma de los organismos internacionales. Fortalezcamos el derecho internacional para dar vigencia a la igualdad jurídica de los estados y contribuir a la solución pacífica de los conflictos.

Fortalezcamos nuestras relaciones con las regiones prioritarias, América Latina y el Caribe, Europa y la Cuenca del Pacífico y desde luego en América del Norte.

Hagamos de nuestra política exterior promotora activa de los intereses de México. Impulsemos la aplicación y evolución de los acuerdos que ya tenemos suscritos. Propongo un México soberano y abierto al mundo. Para ello la democracia debe arraigarse y extenderse entre nosotros.

Hemos culminado la tarea de construir un sistema electoral confiable. Las elecciones del próximo 2 de julio serán las más libres, equitativas y transparentes de toda nuestra historia. El gobierno que de ella surja contará con la legitimidad y el apoyo de la sociedad. Es, en la propia sociedad, donde radican y se expresan las mayores fortalezas y capacidades de la nación.

Para que la fuerza de la sociedad se manifieste con todo su vigor, con toda su riqueza, propongo impulsar un nuevo ciclo de reformas de Estado, una reforma que debemos alcanzar es el equilibrio entre los poderes de la Unión. Para ese objetivo propongo fortalecer al Congreso de la Unión, a sus dos cámaras. Le pido a mi Partido que analice a profundidad el principio de reelección inmediata de los legisladores y de los presidentes municipales.

Propongo que en esta materia volvamos a la letra y al espíritu de la Constitución de 1917, que sólo establecía la no reelección bajo ninguna circunstancia del titular del Poder Ejecutivo y de los ejecutivos de las entidades federativas.

Hay una gran demanda por mayor seguridad pública en todo el país, la sociedad quiere, con legítima razón, buenos y rápidos resultados. Es mi mayor compromiso hacer todo para lograrlo.

Nuestro Partido se comprometió, se compromete, en su plataforma electoral a impulsar un gran programa de justicia y seguridad pública, a fortalecer la cultura de la legalidad y a combatir la impunidad.

Hago míos los planteamientos del Partido y los de la sociedad. Refrendo mi público compromiso de hacer de la seguridad pública la mayor prioridad del gobierno que aspiro a dirigir, convencido de que es una obligación ineludible del Estado mexicano.

Recogeremos en todo el país las mejores soluciones. Yo di ya una serie de propuestas para que fueran analizadas, corregidas, modificadas, con el mejor y mayor espíritu democrático.

Refrendo la tranquilidad a los mexicanos, no me van temblar las manos para combatir con mano firme la delincuencia y el crimen. Nadie fuera de la ley, nadie por encima de la ley, reconstruyamos en el país la cultura de la legalidad y el respeto a las leyes.

Compañeras y compañeros:

Los años de esfuerzo y duro trabajo han rendido sus frutos. Por primera vez en un cuarto de siglo la crisis no está en nuestro horizonte. Hoy podemos lograr que el crecimiento económico eleve, efectiva y realmente el nivel de vida de nuestra población.

Ese gran cambio debe tener metas concretas asociadas a 3 ejes fundamentales:

Primero, crecimiento con estabilidad de precios y generación de empleos.

Segundo, elevación de la calidad de vida, para lo cual es necesario invertir más, mucho más en nuestra gente. Equidad con igualdad de oportunidades, a favor de las mujeres, los jóvenes y las regiones con mayores problemas.

Afirmo que es posible lograr que los resultados en la economía se reflejen de manera tangible en el bolsillo de los trabajadores y empleados, en el ingreso de los campesinos, en la mesa de cada familia mexicana.

Para que esto sea realidad hay que impulsar la creación de, al menos, un millón de nuevos empleos en promedio, cada año, 6 millones de nuevos empleos durante el siguiente sexenio. Lo haremos asegurando un crecimiento anual que en promedio sea, al menos de un 5% e impulsando, adicionalmente, las actividades altamente generadoras de empleo, como la construcción de vivienda que propongo cuadriplicar el número de casas que se construyen por año.

El mayor apoyo al turismo y un fuerte y decidido impulso a la pequeña y a la mediana empresa, para reconstruir así, en el país, las clases medias que prácticamente hemos perdido.

Reduciremos la inflación a un nivel comparable al de nuestros principales socios comerciales. Mi compromiso es que las finanzas públicas serán manejadas de manera responsable y ordenada. El déficit público se mantendrá, a lo más, en el nivel ya alcanzado. La autonomía del Banco de México será respetada, para que la política monetaria pueda cumplir su objetivo constitucional de evitar el deterioro del poder de compra de la población.

Nunca pondré en riesgo la estabilidad de la economía de nuestro país.

En el gobierno que espero encabezar no habrá indiferencia ante los problemas sociales, todo lo contrario, pero tampoco habrá irresponsabilidad.

Para alcanzar la vida digna a que toda familia mexicana tiene derecho, el empleo será la palanca fundamental.

Más empleos y mejores salarios son las dos vías principales para alcanzar la justicia social.

Mejores salarios y empleos suficientes permitirán fortalecer el mercado interno, al aumentar el poder de compra de las familias, tanto en las ciudades como en el campo.

Impulsemos mayor ahorro y más inversión, porque ello genera empleos y aumentos en la productividad, y esa es la base para un mejor salario.

Perseveremos en el combate a la inflación, pues a quienes más perjudica es a quienes menos tienen.

Lo podemos hacer si las finanzas públicas se fortalecen, aumentando los recursos tributarios a través de la ampliación de la base de contribuyentes y el combate firme y decidido a la evasión fiscal.

Simplificar y hacer más eficiente el sistema tributario es una necesidad imperiosa. Lo tenemos que hacer para invertir más recursos en nuestra gente, hacer realidad el derecho de cada mexicana y de cada mexicano a una vida digna.

Por compromiso moral y obligación ética ataquemos lo más urgente: la pobreza extrema.

La única forma de hacerlo es con una política social integral. Se necesita invertir más en la gente, en educación, nutrición y salud; crear y apoyar proyectos productivos para que eleven considerablemente su nivel de vida y dotar a esas zonas marginadas de los servicios básicos indispensables.

Lo anterior tendrá mejores resultados si logramos que la población se asiente en comunidades más grandes y combatimos esta excesiva dispersión demográfica que hoy genera que en el país haya 200 mil pequeños pueblos de 30 habitantes cada uno.

No olvidemos que son la pobreza y el abandono los grandes enemigos, tanto en Chiapas como en todo el país.

Aprendamos la lección. Demos a las comunidades indígenas atención y apoyo, esperanza y progreso real.

Que nunca más un grupo de mexicanos pretenda cambiar su situación utilizando la violencia contra otros mexicanos.

El apoyo al campo y a los productores rurales, a los campesinos, es compromiso central. Con ellos, con sus organizaciones, seguiré impulsando programas de largo alcance, que permitan cambiar efectivamente sus condiciones de vida y de trabajo.

Al campo propongo llevar más recursos; duplicar, al menos desde el primer año, los recursos destinados a la Alianza para el Campo, para producir más alimentos en el país; impulsar los proyectos productivos; dar mayor valor agregado, y estimular la creación de pequeñas y medianas empresas, para la industrialización y comercialización de los productos agropecuarios, realizadas por los propios campesinos.

Mi compromiso es, también, apoyar mejores precios con recursos y transferencias para los productos básicos vitales para el nivel de vida de la población campesina de México.

Apoyaré a las familias de las zonas rurales para que tengan los servicios básicos, como agua, drenaje, electricidad, escuelas, medicinas, instalaciones para el deporte y la recreación.

Una vida digna debe ser también una realidad para los pobladores de las zonas marginadas de nuestras ciudades y metrópolis. Hoy carecen de muchos de los servicios urbanos y de oportunidades de progreso.

La atención a estas zonas es responsabilidad de estados y municipios, pero con frecuencia sus demandas exceden la capacidad financiera de los estados y también de los municipios.

Propongo, por ello, crear fondos especiales dentro del presupuesto federal para apoyar y constituir con los dos órdenes de gobierno, con los gobiernos de los estados y los municipios, fondos para apoyar a las zonas urbanas marginadas, en especial las ubicadas en municipios de muy alto crecimiento demográfico en todo el país.

Las clases medias constituyen el sector más dinámico de la población; son las que impulsan los grandes cambios en el país, el sector más creativo e innovador. Las clases medias son prioritarias para nuestro Partido. Las crisis recurrentes deterioraron seriamente su nivel y calidad de vida y prácticamente hicieron que en el país se perdieran.

Devolvamos a las clases medias posibilidades efectivas de superación económica y elevación de su calidad de vida.

Plantearé un proyecto específico para apoyar su desarrollo, para apoyar su iniciativa y para encontrar fórmulas hábiles para que las clases medias vuelvan a tener el dinamismo que tuvieron y que han perdido en este momento.

Pondré especial atención a las demandas de las mujeres y de los jóvenes, la incorporación de las mujeres al trabajo remunerado va en aumento, cada vez, sin lugar a dudas, serán más. Si queremos que el derecho constitucional y humano de la mujer, a un trato equitativo, sea una realidad, tenemos que empezar por el principio de que a trabajo igual salario igual, que hoy, la verdad, no se cumple a cabalidad en todo el país.

Dentro de las medidas que propongo plantearé mecanismos de apoyo, mediante créditos, asesoría tecnológica y apoyos económicos presupuestales para que las mujeres emprendedoras puedan crear y fortalecer pequeñas y medianas empresas. Hoy más de la mitad de las micro, pequeñas y medianas empresas son manejadas por mujeres. Apoyemos su desarrollo, su impulso, la elevación de su nivel de vida, realizada con su propio esfuerzo.

Tenemos que combatir y desterrar toda forma de discriminación o maltrato en contra de la mujer, en la familia, en el trabajo, en la escuela y, desde luego, en el gobierno. Una de mis primeras acciones como Presidente será proponer al Congreso de la Unión la creación del Instituto Nacional de la Mujer, diseñado y dirigido por ellas mismas.

No ofrezco ser la voz de las mujeres, la de ellas, la de ustedes, ya es suficientemente fuerte. Les ofrezco algo más duradero y profundo, ser su aliado, su aliado permanente.

Somos un país de jóvenes, hagamos una política para con los jóvenes. Ellos reclaman su derecho de participar, tanto como sus derechos a estudiar y tener acceso a trabajos estables, remunerados, de acuerdo a su preparación y capacidad, más educación, más deporte, más esparcimiento, más acceso a la cultura y también más seguridad pública. Esas son las demandas de los jóvenes.

Para los jóvenes emprendedores ofrezco apoyar también la creación de pequeñas y medianas empresas dirigidas por ellos, con capital de ellos, con apoyo del gobierno para ellos. Los jóvenes serán partícipes activos de los cambios que se desarrollen en el país para lograr la superación social y la igualdad de oportunidades. Todo cambio importante en el país tiene que pasar por la educación. Si ella fue importante en el siglo pasado, en el presente y en el futuro del país es y será vital, crítica y determinante.

Nuestra gente siempre debe ser el objetivo central de todos los esfuerzos que el Partido y los gobiernos emanados del Partido realicen, pero en la era de la información también la gente es la fuerza definitiva que puede lograr el cambio en el país.

He tomado un compromiso central con la calidad de la educación porque estoy convencido de que en ella está el futuro del país.

Propongo que agreguemos un año de preprimaria como obligación del Gobierno Federal dentro de nuestro sistema educativo que en primaria fortalezcamos la formación de valores; que le pongamos énfasis a la memorización de datos, cifras y nombres y más énfasis a que los muchachos aprendan a aprender y que incorporemos más horas de deporte, de lectura, bibliotecas completas, laboratorios de idiomas y de cómputo en las escuelas primarias. Que nuestros niños puedan comer al mediodía en las escuelas primarias, sufragadas con los recursos del Estado; y, que abramos en un diálogo franco y amistoso como siempre lo hemos tenido con el SNTE, un análisis para examinar en qué medida avanzamos en estas materias por cualquiera de los dos caminos; una jornada más amplia de trabajo, escuelas de tiempo completo, educación de tiempo completo, con mejor calidad y salarios de tiempo completo para los maestros.

O que, en la otra vía, agreguemos e incorporemos horas de clase adicionales con maestros especializados para complementar, como la segunda alternativa, el camino de hacer crecer rápido la elevación de la calidad en nuestro sistema educativo fundamental.

A este reto debemos de agregar el gran reto de la educación media, tanto media básica, como media superior. Un gran reto es la educación de adultos, no debemos de olvidar que están sin terminar la secundaria o la primaria cerca de 29 millones de mexicanos, sin concluir el número de años recomendados.

Ellos no se nos pueden perder; no podemos olvidarnos y tenemos que capacitarlos y agregar al sistema educativo los conocimientos que requieren; es necesario un gran impulso a la educación por métodos alternos.

Trabajaré recibiendo las aportaciones que los maestros y los pedagogos tienen sobre esta materia; ellos conocen a profundidad la problemática, y también conocen las soluciones.

Debe quedar claro que ésta es una prioridad vital para el país. Tienen el mismo número estas gentes que salieron, estos mexicanos que salieron del sistema educativo que los que hoy están en el sistema educativo. Ocupémonos centralmente de ellos.

Hagamos todos los mexicanos una gran alianza por la escuela pública de calidad como detonadora del cambio en todo México.

Hagámoslo con los maestros, con las familias, con los propios jóvenes que requieren opinar, ser tomados en cuenta y ser artífices de la transformación. No quieren ser espectadores, quieres ser actores, con justa razón.

La educación de calidad requerirá del acceso generalizado de los educandos a otros servicios públicos también de calidad.

El primero de ellos es la salud. Hemos alcanzado, en esta materia, una cobertura casi universal en medicina preventiva. Tenemos que lograr la calidad en la atención curativa hospitalaria y ponerla al alcance de todos.

Igual importancia propongo otorgar a la vivienda. Consideremos que en los siguientes años se formarán, en promedio, más de 700 mil nuevos hogares por año, varios millones durante el siguiente sexenio.

Esos hogares van a demandar vivienda, la van a demandar legítimamente y allí está, además de una demanda, la posibilidad de generar empleos, impulsar el desarrollo de nuestro país y generar un desarrollo regional más equilibrado del que hasta el momento hemos logrado.

Me comprometo a instrumentar el mayor programa de construcción de nuevas viviendas que el país haya conocido, con créditos a largo plazo y tasas de intereses accesibles para las familias de menores ingresos.

La elevación de la calidad de vida reclama de un medio ambiente sano y de una cultura para la protección, conservación y uso racional de los recursos naturales.

La ecología no es bandera de un partido o de un grupo, es requisito de vida, es patrimonio de las generaciones venideras.

A las regiones y a los municipios, en todo México, tenemos que llevar las oportunidades de progreso.

En particular será necesario fortalecer los programas de mantenimiento y las inversiones en ampliación de la infraestructura en comunicaciones y transportes.

Propongo que todos los programas del Gobierno Federal tengan incorporada, de manera obligatoria, la evaluación de su impacto y la estimación de sus beneficios en cada una de las regiones y municipios.

El verdadero criterio para evaluar al gobierno es claro y sencillo: ¿Qué tanto le sirve lo que hace a la gente con la cual está comprometido a servir y atender?

Mi compromiso es rediseñar el gobierno para dar a todos sus programas y acciones a calidad, eficiencia, eficacia y honradez a que la gente tiene derecho.

La relación entre gobernantes y gobernados debe ser sencilla, transparente, honrada y siempre apegada a la ley.

La gente quiere un gobierno de calidad. Estamos comprometidos a dárselo.

La gente está cansada de trámites absurdos, engorrosos, de los laberintos burocráticos en donde el ciudadano se pierde y la corrupción florece. Vamos a combatir la corrupción también con ello, rediseñando el gobierno y quitando los trámites y la discrecionalidad que hoy existe.

Propongo crear el Servicio Civil de Carrera, como medio de garantizar los derechos laborales y las posibilidades de progreso de los trabajadores al servicio del Estado y como la vía para otorgar a la gente un servicio público de mayor calidad.

Vamos a hacer efectivo y eficiente el control, tanto interno como externo, del manejo de los recursos públicos. Vamos a simplificar trámites, a desregular las actividades que siguen enfrentando trabas injustificadas de parte de las dependencias del gobierno y vamos a regular, también, de manera más eficiente y honrada, allí en donde los intereses de los consumidores se vean dañados por prácticas monopólicas o abusivas. El gobierno tiene que construir una regulación más efectiva para defender los derechos de la ciudadanía y de los consumidores.

Amigas y amigos:

Estas son mis convicciones y compromisos; son las ideas que expongo a ustedes, con total apertura, y las que habré de convertir en fuerza política para ganar el próximo 2 de julio.

Quiero, en esta campaña que hoy inicia, ganar la confianza de la mayoría de los mexicanos hablando siempre con la verdad.

Aspiro a ser un Presidente al que un día las generaciones venideras recuerden porque cumplió su palabra, hizo honor a sus compromisos y realizó todos los esfuerzos para servir a su pueblo.

Compañeras y compañeros priístas:

Hagamos de esta campaña motivo para la reflexión y el debate; para el encuentro de las mejores soluciones; para saber lo que el pueblo quiere; para oír nuestro corazón.

Para oír al corazón de México, que es nuestro corazón, sólo se necesita saber escuchar.

Por ello, en mi campaña quiero escuchar a la gente.

La sabiduría sumada de nuestro pueblo contiene las respuestas a nuestro desarrollo.

Pongamos al día nuestro proyecto de nación. Demostremos que tenemos la mejor propuesta para México. Hagamos que el Poder Sirva a la Gente.

Quiero dar siempre certeza; quiero decidir siempre con serenidad; quiero actuar siempre con determinación y firmeza.

Recobremos la confianza y la esperanza. Que seamos nosotros mismos y la fuerza de nuestras ideas quienes conduzcan el cambio.

Veamos lejos, atrevámonos a volver a soñar.

Por los pueblos que en nuestro territorio construyeron grandes civilizaciones; por la cultura que nos heredaron; por la forma como se mezclaron aquí dos mundos, dos visiones, varias razas, México es una nación con pasado de grandeza. La grandeza es el destino de México. De nosotros depende alcanzarlo.

Hagamos que el siglo XXI sea el siglo de la grandeza de México.

¡Qué viva el Partido Revolucionario Institucional!

¡Qué viva México!

*Mensaje del licenciado Francisco Labastida, en el Inicio de la
Campaña Presidencial, Teatro de la República, Querétaro, Qro.,
23 de enero de 2000.