Panamá: la cintura reivindicada
de América

VÍCTOR MANUEL BARCELÓ R.*

El último día de 1999, el gobierno de Estados Unidos reparó una irregularidad histórica iniciada a fines del siglo pasado, cuando la hermana república de Colombia, perdió el Istmo ante una "guerra" de independencia auspiciada convenientemente para negociar con ventaja la construcción y usufructo del entonces proyecto del Canal de Panamá. El genio de Suez, Fernando Lesseps, fracasó en el intento de emular la hazaña de romper la liga de los continentes de Asia y África. Estados Unidos tomó el asunto en sus manos para unir su flota del Atlántico con la del Pacífico y así entró de lleno en el más gigantesco juego geopolítico de principios de siglo.

Parte importante de este proyecto fue considerar a Cuba como pivote de su vigilancia naval en la puerta del Golfo de México y el Caribe y, de paso, mantener el Istmo de Tehuantepec como reserva en el tránsito interoceánico, de donde resultamos involucrados, sin quererlo, en este gigantesco tablero de ajedrez geopolítico. Además, nuestro archipiélago de las Islas Revillagigedo, ha sido objeto de un persistente interés, por su ubicación de al frente a la sonda de Tehuantepec. Nos faltaría agregar el preferido canal de Nicaragua que, tanto japoneses como estadunidenses, han pretendido construir.

Todo esto entra en juego al devolverse el canal a los panameños, porque en materia de territorios estratégicos no hay limitaciones, como bien lo sabemos, desde la Guerra de Troya, que no fue sino la llave para el dominio del Mar Negro.

De modo que no es inocente el evento histórico que se signó en 1977 con la firma de los Tratados Torrijos-Carter, con participación de México a través del Presidente López Portillo, y culmina en el trascendente acto de la devolución del canal a sus legítimos propietarios.

Todavía quedará un resabio de predominio de la cláusula que hace a Estados Unidos "responsable" de la neutralidad del canal en caso de conflicto -algo así como una cláusula de "derecho de injerencia" disfrazada. No es ociosa la preocupación, porque en 1989 se produjo una intervención armada en Panamá contra Noriega, que es un mal precedente en esta materia. Bien que recordamos que tras la muerte de Torrijos hubo presiones por invalidar los tratados firmados con él, departe de las fuerzas más retrógradas. Sin embargo, para fortuna de nuestros países, los tiempos de la globalidad hacen difícil, si no imposible, el mantenimiento impune de actitudes imperiales en la relación entre países fuertes y débiles.

Prevalece, por encima de todo, con la entrega del canal, la reivindicación de la soberanía de una nación sobre su territorio, lo cual es más importante para todos los países que tenemos como divisa el respeto de nuestro dominio pleno de aire, mar, suelo e infierno si lo hubiera.

Ahora es el momento de acompañar a los hermanos panameños en la celebración de su importante logro; mañana tendremos que reflexionar sobre las implicaciones, so pena de pecar de negligentes o miopes, ante los acontecimientos que afectan o pueden afectar nuestro territorio.

Debemos confiar en el patriotismo de nuestros líderes, empezando por el Presidente de México, Ernesto Zedillo, y por los prospectos que pugnan por el relevo en el mando, sin dejar de señalar la dirección en que apuntan los hados en el futuro inmediato.

Ya está en marcha la propuesta para la rehabilitación de la vía de Tehuantepec, mediante el viejo proyecto de unir Puerto Madero con Coatzacoalcos con una línea de ferrocarril para el transporte de contenedores, efecto indirecto, inmediato del cambio de status del canal.

Por otra parte, dado que la llamada Escuela de las Américas de Panamá, había servido como núcleo de la lucha contra el narcotráfico, se buscan alternativas para un "comando conjunto" de los ejércitos de los países del área, con el propósito de tener un punto de apoyo para las acciones preventivas y punitivas en esta región, clave para la seguridad nacional.

Es mucho lo que está en juego en Panamá y mucho lo que de manera directa o indirecta puede afectarnos y debe mantenernos alertas. Queda atrás la injusta guerra contra España, las enmiendas como la Platt que crea la base de Guantánamo, la citada invasión de 1989 y otros más, que están en los muros vacíos del Comando Sur.

La vía interoceánica queda en manos de los nacionales, sin necesidad de un enfrentamiento, como ocurrió con el de Suez, en la época de Nasser. Por el momento está bien. Como todo lo que termina bien.

*Político y servidor público.