La Leyenda del Quinto Sol
SALVADOR
ORTIZ MONTERO*
Fin
de siglo, medición inteligente de la sucesión
de días y noches. Ocasión para reflexionar, para
buscar respuestas. Tal como lo hicieron nuestros ancestros,
quienes con fascinante poesía explicaron los misterios
del universo. Muestra de ello es la leyenda del Quinto Sol,
inspiradora de sentimientos de renovación. De la cual
ofrezco a nuestros lectores estos fragmentos:
Habían transcurrido cuatro eras, marcadas por la existencia
y extinción de sucesivos soles: en el primero, Sol de
Agua, los hombres, creados por Quetzalcóatl, sólo
sabían comer hierbas y raíces, apenas habían
descubierto el maíz fueron arrasados por un diluvio,
acaso el universal, y terminaron convertidos en peces.
Para la segunda época, se crearon nuevos hombres, pero
eran imperfectos, rígidos gigantes; si alguno caía,
irremediablemente era devorado por fieras, ya que no podía
ponerse de pié por sí mismo, todos acabaron así.
El sol se extinguió en la fecha cuatro tigre.
En el tercer sol, el perseverante dios hizo hombres diminutos,
que fueron arrasados por una lluvia de fuego, las entrañas
de la tierra arrojaron su furia, los volcanes escupieron incandescentes
rocas y cenizas que todo alcanzaban; las peque-ñas criaturas
buscaron inútil refugio bajo los magueyes, bajo las biznagas,
sólo algunos se salvaron convertidos en pájaros.
El cuarto sol trajo consigo una época feliz, los hombres
ya eran iguales a nosotros, Quetzalcóatl les enseñó
el cultivo de la tierra, el curtido de pieles, la construcción
de viviendas; Tezcatlipoca, Señor de la oscuridad, invadido
de celos engañó a los vientos, éstos soplaron
furiosos huracanes que asolaron la tierra; los hombres fueron
convertidos en monos; el sol, desfallecido, detuvo su andar.
El mundo entró en la oscuridad, en silencio absoluto,
en quietud aterradora. Los escasos sobrevivientes tenían
hambre, frío, nunca dormían, penaban en los yermos
valles, en las desnudas montañas; los dioses, ante ese
sufrimiento, se convocaron, se reunieron en Teotihuacan...
Se decían entre ellos:
-Ved a los hombres errantes, sedientos, temerosos. ¿Qué
haremos para remediarlos? ¿Han perdido los dioses su
compasión? ¿Quiénes se sacrificarán
por ellos?
Un dios bello, fuerte, orgulloso, Señor del lugar de
caracoles, eleva su voz: - Yo me ofrezco. Yo iré a la
hoguera del honor. Otro dios, modesto, enfermo, se ofrece también.
Los dioses se ríen, se burlan de él.
Quetzalcóatl les reprende: -¿Desde cuándo,
señores, se mira con desprecio a los enfermos? Éste,
al que escarnecen, es tan dios como ustedes. Callan los dioses,
se avergüenzan, aceptan el sacrificio.
El Señor de los caracoles se adorna con un tocado de
plumas de garza y pájaros multicolores, mantas de algodón,
se punza con agujas de jade. Nanahuatzin, que así se
llamaba el humilde dios, vestido con corteza de amate, se sacrifica
con púas de maguey, con trozos de caña de maíz.
La sangre brotó igual de sus cuerpos, igual corrió
por su piel, los dos se purificaron, los dos se prepararon.
Llega el momento del acto supremo. Dioses y diosas se acercan,
esperan. Las sombras de los dioses crecen y se reflejan en los
cerros coloreados por el fuego. Las llamas sagradas crepitan,
animadas por el viento extienden sus lenguas hasta el borde
del risco. El dios joven inicia su camino hacia el abismo de
fuego... titubea, teme, tiembla... no se arroja. ¿Dónde
está tu valor? -le increpan. ¡Inténtalo
otra vez! -le animan. Así lo hace hasta cuatro veces,
en la orilla detiene su paso, se acobarda.
Ahora tú -los dioses dan oportunidad a Nanahuatzin. Él
obedece con decisión, animoso enfila al sacrificio, lo
reciben las llamas, lo abrazan, lo abrasan.
¿Qué
sucederá ahora? -se preguntan los dioses. Escudriñan
en la negrura de la noche. Unos miran al sur, otros al oriente,
hay quienes observan el poniente, pocos ven hacia el norte,
el lugar de los muertos, donde el cielo es más oscuro.
Por cualquier parte del horizonte puede surgir la aurora.
Nace el quinto sol, Sol de Movimiento, tiñe de mil colores
el paisaje de oriente, la luz inunda el firmamento, el transparente
azul alegra la vista. ¡Es el nuevo amanecer! ¡Allí
está el nuevo sol! ¡Es la nueva era! ¡El
quinto sol nació allá en Teotihuacan!
Renacimiento. Inicio de milenio. Cuarta etapa, amalgama de decisiones
políticas, de voluntades. Elecciones, renovación,
esperanza, realidades. Que sea para bien de México.
*Colaborador
de examen.
Versión libre del autor.
