Partidos con ideas
LAURA
BACA OLAMENDI*
En
estas semanas ha iniciado la presentación de las plataformas
político-electorales de los distintos partidos ante el
Instituto Federal Electoral. Esta es una práctica establecida
por la ley y con la misma da inicio la parte propiamente político-programática
del proceso electoral, que verá como protagonistas principales
de los próximos meses a las organizaciones de partido.
Más
allá de los formalismos que regularmente acompañan
este proceso, llama la atención la presencia de ideas
novedosas por parte del PRI para enfrentar los desafíos
y problemas que caracterizan los tiempos actuales. Temáticas
tan importantes como son las referidas al sector social de la
economía, a los derechos humanos, a los grupos vulnerables,
a los tiempos de trabajo y a la organización urbana,
a la ingeniería genética o al medio ambiente aparecen
en la Agenda del PRI en el México del Siglo XXI. Estos
nuevos problemas representan sólo algunos de los ámbitos
en los cuales los partidos de oposición aparecen dramáticamente
en retraso con respecto a las nuevas condiciones del país.
Por ejemplo, un problema fundamental sobre el que se pueden
pronosticar amplias discusiones a lo largo de la próxima
confrontación política es el relativo a la creciente
desigualdad social que ha prevalecido durante los últimos
años en México.
Al
respecto, mientras que el PRI habla en sus documentos programáticos
de igualdad de oportunidades, el PAN propone su añeja
tesis de la economía social de mercado (tesis que por
lo demás ya proponían los empresarios desde los
lejanos ochentas), el PRD por su parte, propone de nueva cuenta
tesis típicas de la izquierda tradicional según
las cuales es necesaria una mayor -aunque imprecisa- igualdad
social.
Como
sucede en otros países, México se encuentra inmerso
en un proceso de cambios políticos de tipo democrático.
Si pudiéramos expresar esto con una metáfora,
diríamos que el problema de cambio político en
nuestro país estriba principalmente en la construcción
de una nueva casa, en la cual sea posible que habiten distintos
huéspedes, que en el ejemplo que se propone estarían
representados por los partidos políticos. Una casa que
en su interior reconozca la posibilidad de la coexistencia en
torno a los distintos espacios colectivos. Siguiendo con la
metáfora, diríamos que se trata de una casa donde
el adversario político representa sólo un vecino
más que goza de iguales derechos para administrar el
condominio. La lucha para obtener el gobierno en un régimen
democrático se funda por lo general en un mutuo reconocimiento
entre los distintos actores. Ciertamente puede darse el caso
de que todos los huéspedes quisieran usar las instalaciones
del condominio al mismo tiempo, por lo que sólo es cuestión
de organizarse instituyendo claras reglas del juego.
Esas
reglas además de ser claras deben tener validez para
todos los habitantes del condominio de modo tal que todos pueden
hacer uso de los servicios, quizá uno a la vez.
Cambiar
significa también proponer. Una lucha política
sin ideales representa solamente pura expresión de poder
y de fuerza. El gobierno democrático es aquél
que tiene en la perspectiva el interés general de los
ciudadanos. El gobierno democrático se funda en el consenso
de hombres libres e iguales y tiene por finalidad el bienestar
de los gobernados. En el momento actual nuevas ideas son necesarias
para encontrar soluciones a los problemas que enfrenta nuestra
transición y ellas no solo vendrán de los partidos.
Ampliar el espacio del debate es tan importante como el hecho
de que los partidos políticos puedan avanzar en los planos
de la confiabilidad democrática y de la credibilidad
como fuerza de gobierno, pero esto solo sucederá si los
diversos actores fundan su política en propuestas alternativas
que contemplen las necesidades de la colectividad.
Muchas voces han manifestado su preocupación por el bajo
nivel político que la actual campaña electoral
puede adoptar por virtud de los caudillismos y personalismos
típicos de la oposición. Frente a la situación
como la mexicana, llena de problemas que necesitan soluciones
urgentes, sorprende la ausencia de propuestas claras por parte
de los candidatos opositores. El tono de sus campañas
simplemente no es propositivo, evidenciando algo más
que carencia de imaginación.
Durante
los últimos tiempos hemos visto proliferar sólo
polémicas inútiles, típicas de nuestros
ancestrales sectarismos políticos. La ausencia de diálogos
y de un comportamiento civil y democrático entre los
diferentes partidos políticos hace que se incremente
el riesgo de transformar la actual lucha política en
una "guerra total" entre concepciones y maneras de
ver el país que son antagónicas.
Por
otro lado, dejar de lado la discusión pro-gramática
para ir solamente a los mercados ó a las plazas públicas,
tiene más un sabor a tradición que a innovación.
Todos los días observamos en los medios de comunicación
que el debate se reduce a la agresión personal. Tales
ataques ilustran muy bien la manera tan elemental con la que
algunos políticos buscan ganar las elecciones a toda
costa, sin lograr impactar verdaderamente a la ciudadanía
y presentando, al mismo tiempo, una imagen degradada de la política.
Una
política como confrontación estéril solo
conduce al aumento de la apatía y la indiferencia por
parte de la población. Algunos sostienen que los ataques
entre los candidatos constituyen parte natural de las campañas
para adquirir publicidad política y para inducir el voto.
Sin embargo, al afirmar tal cosa se debe asumir también
que las agresiones sistemáticas tienden a empobrecer
la calidad de nuestras prácticas democráticas.
Es
necesario limpiar el terreno político de una lucha entre
valores que parecen absolutos. Existe una preocupación
excesiva por el adversario, por lo que hace o deja de hacer,
en lugar de orientar la acción política al establecimiento
de nexos con los ciudadanos, quienes son los que en última
instancia decidirán con su voto cuál de los partidos
tendrá la mayoría.
De
frente a las próximas elecciones, los ciudadanos debemos
preguntarnos sobre la calidad del gobierno que una situación
como la mexicana requiere. Dicho de otra manera, cómo
se gobernará, es decir, sobre la base de cuáles
propuestas se va a ejercer el poder. He aquí la paradoja
que existe entre la pobreza de las actuales oposiciones y la
necesidad de respuestas a los nuevos desafíos. La democracia
ofrece un precioso campo de batalla para cualquier reforma razonable
de la política, dado que ella permite la instrumentación
de reformas sin violencia. Recordemos que la superioridad de
la democracia en relación con otros regímenes
políticos radica, precisamente, en la calidad de la renovación
periódica del consenso y de los gobiernos que emanan
de una competencia libre y responsable entre partidos. Por ello
resulta fundamental que aumente la calidad de las propuestas
de los distintos candidatos.
*Estudiosa
de la Democracia Contemporánea
