EL ENCANTO DEL POPULISMO DE DERECHA

Diez lecciones de los comicios en Chile

SAMUEL PALMA CÉSAR*

En octubre de 1999 la concertación, con Lagos como candidato, reportó un margen de diferencia de aproximadamente 20 puntos porcentuales sobre Joaquín Lavín; al cabo de dos meses esa distancia había desaparecido, tal y como lo mostraron los resultados de la primera vuelta electoral el 12 de diciembre de 1999.

Las razones de esa modificación en las preferencias del electorado no responden a un factor único, ya que seguramente influyó el comportamiento negativo de la economía, que a pesar de una recuperación en los tres últimos meses del año, venía arrastrando un crecimiento negativo, producto de los problemas del mercado asiático y de la situación por la que atravesó Brasil; se considera que una de las variables que influyó en ello fue el estilo de campaña de Lavín, quien procuró distancia respecto de los partidos, se mostró ajeno a un discurso ideológico, al tiempo que repudió los raseros de clasificación entre izquierda, centro y derecha.

El lema de campaña de Lavín fue "cambio" sin establecer con claridad los contenidos de esa propuesta, y el despliegue propagandístico fue impresionante. Otro de sus rasgos fue mostrarse como un cristiano comprometido y militante. Más que definiciones, la derecha reportó una gran capacidad para eludir la adopción de posiciones, especialmente en el caso de Pinochet y respecto de la historia. La idea fue mirar hacia adelante sin trabas y explotando, a partir de la propaganda y de la mercadotecnia, los sentimientos y las sensaciones de la sociedad.

Los actos que realizó fueron de corte populista y muy esforzados en el contacto personal. Ese estilo contrastó con el de la Concertación que se orientaba a un discurso más general y estructurado, pero que parecía lejano respecto de los sentimientos de la gente.

LA POLÍTICA DE ALIANZAS

Una de las cosas que había fallado al interior de la Concertación fue la estrategia de alianzas, ya que se generó una división importante en la Democracia Cristiana, desde donde habían surgido los anteriores candidatos presidenciales (Patricio Aylwin y Eduardo Frei); adicionalmente el Partido Comunista marcaba su distancia resolviendo lanzar a un candidato propio.

Se asume que en la primera vuelta el voto de la Democracia Cristiana se dispersó, y que sólo pudo retomarse cuando se incorporó a la cabeza del comando de campaña de Lagos a la esposa del presidente de ese partido. La captura del voto de los comunistas, que habían alcanzado el 3% en la primera vuelta, tuvo que hacerse con mesura ya que una alianza franca con ellos polarizaba a los electores y hacía perder votos dentro de la concertación.

CAPACIDAD DE RECUPERACIÓN DE LA CONCERTACIÓN

La primera vuelta dio visibilidad a las regiones en las que se encontraban las preferencias de los dos candidatos que contenderían en las elecciones del 16 de enero de 2000. Así, cada uno se dedicó a tratar de llamar los votos que podrían mejorar sus posibilidades. Jorge Lavín confió en la estrategia que lo había llevado a la segunda vuelta y que le permitió obtener un porcentaje de votos más alto que los 43% obtenidos por Pinochet en 1988, nivel que ningún partido de derecha había alcanzado desde ese entonces (Lavín obtuvo el 47.51% del total en la primera vuelta).

Por su parte, Lagos hizo un cambio completo de su comando de campaña, colocando al frente de la misma a Soledad Alvear que se desempeñaba como ministra de justicia en el gobierno de Frei, que tenía la mejor calificación en el equipo de gobierno, y esposa del presidente de la democracia cristiana, Gutenber Martínez.

El discurso giró a las propuestas concretas como el seguro del desempleo, el abatimiento de los tiempos de espera para lograr atención médica y la generación de empleos.

LA EFICIENCIA EN EL SISTEMA ELECTORAL

Las mesas de sufragios deben instalarse a las 8.00 horas del día de las elecciones y permanecen abiertas cuando menos 8 horas, de modo que algunas cierran a las 16.00 horas, situación que hace posible que a las 18.00 horas ya se conozca un primer corte de resultados correspondiente al 10% de las casillas. Los anuncios posteriores son cada hora, lo que permite que el desenvolvimiento de los resultados pueda seguirse con precisión y que el mismo día de las elecciones se puedan tener números casi definitivos.

Por otra parte, las mesas se encuentran concentradas en lugares (generalmente liceos) que reúnen no menos de 10 mesas de sufragios, lo que facilita la logística de recolección y transmisión de las votaciones. El centro de cómputo empieza a transmitir resultados ininterrumpidamente desde las 18.00 horas, lo que hace que la información electoral oficial concentre la atención de todos los medios de información. En tales circunstancias, la oferta comunicacional desplaza cualquier intento de amarillismo o de especulación irresponsable.

RECONOCIMIENTO DEL TRIUNFO

A pesar de que la diferencia entre Lagos y Lavín no fue amplia, en tanto el primero logró obtener un poco más del 51% de los votos, y su rival el 48% restante, a las 21.00 horas del día de las elecciones, el derrotado acudió al centro de operaciones de su rival a reconocer el triunfo que éste último había alcanzado. Debe destacarse la lección de civilidad que dejó el reconocimiento que Lavín hizo respecto de su derrota, así como del discurso que pronunció en el que se declaró listo a colaborar en las tareas que se le requirieran. Rápidamente quedaron descalificadas las especulaciones respecto de un conflicto electoral que llevaría a grandes disputas y complejas negociaciones.

EL DEBILITAMIENTODE LA IDENTIDAD DE LOS PARTIDOS

El hecho de que la concertación haya permanecido por más de 10 años, involucrando a diversos partidos en su estructura de alianzas, ha debilitado las fronteras ideológicas entre ellos, así como la identidad entre cada uno.

En Chile se habla de horizontalidades para hacer referencia a las diferencias en los puntos de vista sobre aspectos políticos, con ello se hace alusión que las perspectivas ya no se establecen a partir de los pronunciamientos partidistas, sino en torno a los temas.

La derecha enfrenta problemas de una participación que tenga futuro y que sea capaz de superar el tema de Pinochet. Es paradójico que su candidato más exitoso (Lavín) no tenga vínculos con ninguno de los partidos que lo apoyaron.

La izquierda se encuentra encajonada en una concertación que fue diseñada para ganar el plebiscito de 1988, y lograr el triunfo en las primeras elecciones democráticas (1989) para dejar atrás a la dictadura.

LA TRANSFORMACIÓN DE LOS PARTIDOS

Desde el momento que triunfó la Concertación, se ha especulado en la prensa sobre la aparición de un partido que integre a todas sus fuerzas y que las sustituya; en efecto esa parece ser una de las posibilidades ya que la Concertación ha sido hasta ahora muy eficiente para la conquista del poder, pero ha mostrado grandes limitaciones para producir los consensos requeridos en la tarea de gobierno.

Parece inevitable un nuevo diseño de partidos que respondan al debate actualizado sobre el futuro del país, y que pueda superar la actual visión maniquea que muestra los rescoldos no superados de lo que se ha llamado el Chile del sí y el Chile del no, a propósito de lo que fue el plebiscito sobre la permanencia de Pinochet en el poder en 1988.

LAS IMPLICACIONES DE LA SEGUNDA VUELTA ELECTORAL

El pasado domingo 16 de enero del 2000, fue la primera vez en toda la historia de Chile en que se realiza una segunda ronda de elecciones para Presidente de la República.

Antes de la Constitución de 1980, se estipulaba que en el caso de que ninguno de los candidatos alcanzara más del 50% de los votos en las elecciones presidenciales, el Congreso resolvería el nombre de quien sería el jefe del gobierno y del Estado, decisión que debería tomar entre los dos que hubieran alcanzado las votaciones más altas.

En todas las ocasiones en que el Congreso intervino en la elección presidencial, el nombramiento recayó en quien había obtenido el primer lugar en las elecciones; así fue como llegó Salvador Allende al poder en 1970, a pesar de especulaciones en el sentido de que Jorge Alessandri, que había alcanzado el segundo lugar en esas votaciones, fuera el favorecido.

Lo previsto en la constitución de 1980 no se había requerido, en tanto en 1989 como en 1993, respectivamente Patricio Aylwin y Eduardo Frei alcanzaron más del 50% de los votos, de modo que no fue necesaria la segunda vuelta. Una vez que ésta se practica, se ponen en evidencia algunas de sus implicaciones:

- En el caso de elecciones tan competidas como las de Chile, el método no produce una diferencia capaz de asegurar contundencia en las preferencias.

- Su aplicación lleva a la bipolaridad ya que propicia la confrontación entre dos grupos de fuerzas.

- En tales condiciones, los efectos de la victoria y de la derrota pueden ser dramáticos, ya que como se trata de un sistema presidencial, el que triunfa se lo lleva todo y el que es derrotado lo pierde todo. Así, el grupo perdedor se ve empujado a una crisis que puede ser corrosiva hacia los partidos que la conforman.

- La doble vuelta pretende resolver el problema de la legitimidad, pero acaba siendo un método de alianzas coyunturales y meramente electorales para el arribo al poder, pero que no resuelve el tema de la gobernabilidad.

UNA SOCIEDAD CONFRONTADA

La huella de la dictadura con sus métodos brutales de sometimiento y persecución, así como el profundo desprecio a la legalidad, expuesta de forma dramática en esa frase pronunciada por Pinochet y tomada de Napoleón "quien salva a la patria no comete ningún delito", dividió a la sociedad entre quienes apoyaban al dictador y los que lo repudiaban. Así lo expuso el plebiscito de 1988 que señaló a un 43% de los chilenos a favor del general golpista, respecto de poco más del 57% en contra.

Las elecciones de 1989 y las de 1993 rondaron cerca de esos mismos porcentajes, pero ahora representados entre quienes apoyaron a los candidatos de la concertación y por quienes se pronunciaron a favor de sus oponentes.

Una nueva fotografía presenta los recientes comicios de enero del 2000, y ésta es que la división en mitades casi perfectas se ha profundizado como queda expuesto en los números alcanzados por Lagos y Lavín. Nuevamente el Chile del sí y el Chile del no, lo cual presenta riesgos de confrontación extrema y de radicalismo excluyente.

Con todo, se presenta también una nueva esperanza a partir de la posición asumida por el candidato derrotado (Lavín) cuyo discurso de aceptación de los resultados destacó por su cordialidad y mesura, lo que abre nuevas posibilidades de acuerdo para que por fin puedan producirse los cambios constitucionales que puedan acabar con los enclaves autoritarios dejados por Pinochet con los senadores designados, la falta de sometimiento de las autoridades militares la poder civil, el papel de órgano de poder del Consejo de Seguridad Nacional y el sistema binominal en la elección de los miembros del Congreso.

EL ESCLARECIMIENTO

La corrupción, la tortura, el asesinato y la persecución, son saldos que el pasado dejó, pero que constantemente son traídos al presente. La construcción del futuro que quieren los chilenos requiere de una resolución esclarecedora sobre esos difíciles hechos.

*Coordinador Nacional Editorial del CEN del PRI.