Apuntes a una campaña de ideas: el PRI

Jorge López Portillo Tostado*

Con el surgimiento de los partidos como medio para encausar la lucha política entre distintos grupos de una manera no violenta, se inauguraba el ciclo de instituciones sustentadas en ideas, que con su fuerza han contribuido a forjar el pensamiento político contemporáneo que hoy nos permite enriquecer el debate y los acuerdos sustantivos para la nación. Derivado de estos acuerdos, el sistema político mexicano experimenta transformaciones importantes que han permitido al sistema de partidos una apertura democrática basada en la pluralidad y la tolerancia, que articula consensos y permite el "libre juego" de las fuerzas políticas en las contiendas electorales en un marco de diálogo y respeto.

Los tiempos que se viven hoy en México resultan particularmente complejos, especialmente en el campo político-electoral, que, con la amplia gama de contendientes, refleja la amplitud y diversidad de intereses que existen dentro de la sociedad, y que corresponde a los partidos abanderar en función de su experiencia, voluntad y capacidad para transformar las demandas sentidas en realidades vividas, más allá de la campaña electoral o el ejercicio gubernamental. La redefinición de los paradigmas tradicionales y la estructura orgánica de los partidos implica una nueva perspectiva que señala un compromiso permanente de trabajo conjunto con la sociedad en función de los problemas prioritarios de la nación.

Esta nueva visión de lo político para mirar a la política contempla la necesidad partidaria de incorporar métodos competitivos, ordenados y eficiente, como lo ha hecho el Partido Revolucionario Institucional, en sus mecanismos para seleccionar a los candidatos a puestos de elección popular.

Acorde con la realidad política nacional, el Partido Revolucionario Institucional ha desarrollado mecanismos innovadores en la arena política nacional, que además de ser competitivos y competidos también han sido eficientes como factor de unidad y fortalecimiento partidario. Esto ha colocado a los candidatos del PRI en una situación favorable en las preferencias electorales respecto a los demás contendientes de otros partidos que participarán en el proceso electoral. De esta manera, las campañas emprendidas por todos los candidatos del Revolucionario Institucional implican un compromiso permanente con el Partido, que los postuló, y la ciudadanía que los eligió democráticamente como candidatos a distintos cargos de representación popular.

Así, la campaña desarrollada por los candidatos del PRI no es meramente una situación político-electoral, sino una forma de ver y sentir la política, que sugiere el imperio de las ideas como el único mecanismo de acceder a la victoria en las elecciones y en el debate nacional, pues los comicios del año 2000 serán el estigma que defina las directrices del proyecto de país que queremos los mexicanos.

Bajo esta premisa, las campañas políticas de los candidatos del PRI implican una enorme responsabilidad, pues se requiere saber y sentir los problemas más apremiantes de la gente, para proponer ideas y acciones que de manera conjunta reviertan los efectos negativos de las adversidades que se viven en México. Dando así la oportunidad, a los candidatos de hoy y servidores públicos de mañana, de encarar el reto histórico de transformar, desde los espacios públicos que la política les confiera, los elementos estructurales que sean necesarios para caracterizar y orientar el rumbo nacional en el siglo XXI. En esta visión, la orientación del proyecto nacional representará el triunfo de los ideales y la materialización de las ideas del PRI, de la sociedad y del conocimiento, que ampliamente contiene la Plataforma Electoral del Partido Revolucionario Institucional.

Poniendo especial énfasis en la justicia social, la democracia, la soberanía y las libertades como principios esenciales, esta plataforma representa la idea de un México nuevo, alejado de la violencia y las provocaciones procaces, que nos permita a todos los mexicanos forjar un país diferente al que tenemos, donde las desigualdades entre pobreza y riqueza no sean abismales, y los hijos de nuestros hijos puedan estar seguros y orgullosos de la patria en la que viven. Tomando estos principios como estandarte, la campaña del PRI será indudablemente para llevar no solo a los priístas a la victoria, sino también al país en su conjunto, pues la justicia social es uno de los reclamos imperativos que se requieren para erradicar la marginación, disminuir la pobreza y abatir los índices de baja calidad de vida que padecen varios grupos mexicanos.

La justicia social del PRI representa una de las oportunidades históricas para todos los candidatos del partido, pues representa un llamamiento al renacimiento y el trabajo permanente por México para la construcción de nuevos sujetos sociales que interactuen de manera dinámica y permanente con el gobierno y la ciudadanía en la consolidación de realidades tangibles y concretas que, al igual que el poder, sirvan a la gente. Pues solo así, poniendo el poder al servicio de la gente, y con la gente, es como la justicia social adquiere su verdadera significación en una dimensión humana que construye permanente consensos para resolver problemas derivados de la convivencia nacional e internacional.

Finalmente, de cara a los comicios las postulaciones de los militantes del Partido revolucionario Institucional se perfilan como candidaturas altamente atractivas, pues cuentan con las condiciones necesarias para enfrentar y vencer en la contienda político-electoral del 2 de julio, y hacer de la fuerza las ideas un principio triunfante que aliente los procesos democráticos y estimule la participación ciudadana en todos los asuntos relacionados con la esfera pública en México.

*Economista, maestro universitario y servidor público.