Las Elecciones en Uruguay
SAMUEL
PALMA CÉSAR*
La
República de Uruguay reúne condiciones que le
otorgan una gran peculiaridad política; entre ellas pueden
destacarse: su sistema electoral de doble voto simultáneo,
la antigüedad de su institución encargada de la
regulación de los comicios, la estabilidad de un sistema
bipartidista que data del siglo pasado y que a partir de la
década de los 70 evolucionó con la incorporación
del Frente Amplio hasta constituir, recientemente, un sistema
de tres partidos.
La
diversidad de aspectos peculiares, tal vez haga que la mejor
manera de referir las condiciones propias de la política
uruguaya sea intentar responder a la pregunta de cómo
hicieron posible la derrota del plebiscito que la dictadura
les presentó en 1980. Esa formulación es importante
en virtud de las limitaciones que enfrentaron para promover
el voto para oponerse a los deseos de los militares.
Como
se recordará en condiciones muy similares, los chilenos
en ese mismo año de 1980 aprobaron la propuesta del gobierno
de Pinochet, respecto de la Constitución que el mismo
general golpista había preparado. Así la pregunta
debe intentar responder a las razones que llevaron a que no
obstante circunstancias semejantes, la conclusión fuera
diferente en el caso de Uruguay.
Parece
ser que una de las claves se encuentra en que los militares
uruguayos nunca gozaron de popularidad y aceptación social,
y en que el repudio político a su gobierno encontró
el acuerdo de todas las fuerzas políticas; pero la respuesta
también se encuentra en la confiabilidad de la institución
electoral uruguaya.
En
efecto, la Corte Electoral de Uruguay fue instaurada en la primera
mitad del siglo y rápidamente ganó respeto y confiabilidad
en su tarea, de modo que en Uruguay prácticamente no
se conocieron conflictos a propósito de los comicios.
La Corte ha sido la encargada de la organización, realización
y juicio de las votaciones para la renovación del gobierno
y de la representación nacional en el Congreso. Sus facultades
llegan a determinar que son la instancia definitiva para la
resolución de quejas e inconformidades que formulen los
partidos.
La
referencia es importante porque el plebiscito uruguayo de 1980
fue organizado por la Corte Electoral, lo que generó
una situación de confianza respecto de la legalidad del
proceso, así como en que se aseguraría el secreto
de los sufragios. En ese ambiente, los uruguayos realizaron
una campaña silenciosa por el "no" a la constitución
que les era sometida a votación.
Ahí
tomaron una decisión que los puso en un camino diferente
al de los entuertos que la Constitución de Pinochet les
dejó a los chilenos, y que no les ha permitido terminar
su transición. A diferencia de ellos, los uruguayos ganaron
el "no", con lo que la dictadura quedó distante
de la pretendida legalidad a la que aspiraba.
Un
nuevo proceso de elecciones en 1982, donde se elegiría
a la directiva de cada partido, mostró el rechazo de
la ciudadanía a los militares, lo que llevó a
la recuperación democrática de 1985, con el primer
gobierno de Sanguineti.
Para
el período 1990-95 llegaría La calle al gobierno,
con lo que se culminaba un ciclo de alternancia entre colorados
y blancos, desde que en 1984 se retomaron las elecciones. Más
adelante, de nueva cuenta ganaría Sanguineti la presidencia,
realizando así su segundo período de gobierno
con el partido colorado.
Los
comicios del domingo 28 de noviembre anterior pusieron en competencia
las candidaturas de Jorge Batlle por la coalición del
Partido Colorado y el Partido Blanco, y la de Tabaré
Vázquez por el Encuentro Progresista- Frente Amplio.
Así,
se pusieron en marcha las reformas constitucionales que se habían
aprobado en el plebiscito de 1996, entre cuyas modificaciones
más importantes se encuentra la regulación sobre
las primarias de los partidos para postular candidato a la Presidencia
de la República, así como el llamado ballotage
o segunda vuelta electoral, a realizarse en el supuesto de que
ninguno de los candidatos inscritos por los partidos alcanzara
más de la mitad de la votación total.
Las
nuevas disposiciones pusieron en práctica tres fases
para los comicios presidenciales: el primero efectuado el 25
de abril pasado, fecha en la que se celebraron las elecciones
primarias de los partidos para postular a sus respectivos candidatos;
es de destacarse que tales procesos se realizaron el mismo día
y en forma simultánea por todos los partidos, siendo
organizados, regulados y controlados por la Corte Electoral.
La segunda parte se efectuó el 31 de octubre, día
en que los electores asistieron a las urnas para sufragar por
el candidato a la Presidencia de la República. Por último,
y una vez que ninguno de los que compitieron por la Presidencia
alcanzó la mitad más uno de los votos, el 28 de
noviembre se desarrolló la segunda vuelta que dio como
ganador a Jorge Batlle, quien asumirá su cargo en marzo
del año 2000.
A
pesar de la derrota que la izquierda tuvo con Tabaré,
sus avances son considerables ya que se constituyeron como la
primera fuerza política en el Congreso uruguayo, quedando
pendiente el resultado de las elecciones que tendrán
lugar en el primer semestre del año que entra, para elegir
intendentes de los departamentos, lo que es equivalente a nuestros
gobernadores de las entidades federativas.
La
discusión uruguaya borda ahora sobre la polémica
respecto de la pertinencia de los cambios constitucionales que
se llevaron a plebiscito en 1996, y que, entre otras cosas,
instauraron la segunda vuelta electoral para las elecciones
presidenciales, por primera vez en la historia del país.
Dicen
que en política no existen "los hubiera", pero
en el supuesto de la inexistencia de la segunda vuelta, la presidencia
la ocuparía próximamente Tabaré Vázquez,
ya que obtuvo la mayor cantidad de votos en las primarias del
31 de octubre. Por otra parte, no deja de ser paradójico
que los rivales que se disputaron el poder en más de
un siglo de bipartidismo (los colorados y los blancos), se hayan
aliado y que así se termine el siglo con un Batlle en
el poder, siendo que inició con otro Batlle en la Presidencia,
que fue antecesor del actual ganador de las elecciones, y que
por quinta vez compitió por el cargo, siendo derrotado
en las cuatro precedentes.
Uno
de los temas de reflexión que nos dejan los uruguayos,
tiene que ver con la regulación de las llamadas primarias
de los partidos, aspecto que se encuentra en las materias futuras
del debate sobre eventuales reformas electorales. Los uruguayos
resolvieron regular los procesos partidistas para la postulación
de los candidatos presidenciales, al grado de resolver a través
de la Corte Electoral, los casos de controversia e inconformidad.
Son
muchas las aristas desde las cuales sería posible enfocar
el tema, por lo pronto quedan grandes interrogantes sobre el
futuro del sistema de partidos, una vez que una de las grandes
fuerzas políticas tradicionales, los blancos, ya no pudieron
participar directamente en la segunda vuelta electoral, teniendo
que hacerlo asociados con los colorados. Las elecciones departamentales
de abril del año que entra despejarán muchas de
las incógnitas.
* Coordinador Nacional Editorial del CEN del PRI.
