México y Europa: Una realidad nueva
en una realidad universal
anticomplaciente

Antecedentes de una revolución:
La creación de la Europa de los Postguerra

JUAN MARÍA ALPONTE*

El 30 de abril de 1945, a las 3:30 de la tarde, se suicidaba Adolf Hitler en su última morada: un bunker a 32 metros de profundidad en el área de la Cancillería de Berlín. El 8 de mayo de 1945 el III Reich -cuya duración, según Hitler sería de mil años- se rendía incondicionalmente a los Aliados. La II Guerra Mundial, en Europa, se terminaba*.

Las destrucciones, en el cuadro de la guerra industrial avanzada, habían sido gigantescas. Las pérdidas humanas enormes, pero también, por vez primera en la historia, las bajas en las retaguardias (la logística industrial y económica que hacían posibles los frentes de guerra) fueron mucho mayores. Era la guerra total. No hubo fronteras civiles. Véase el Cuadro I

* Japón se rindió incondicionalmente, en el acorazado Missouri, anclado en la Bahía de Tokio el 2 de septiembre de 1945. El 6 de agosto Japón recibió la primera bomba atómica en Hiroshima y la segunda, en Nagasaki el 9 de agosto. El 15, por vez primera en la historia, el Emperador de Japón se dirigió a los japoneses, por radio, para decir a su pueblo, que era preciso "tolerar lo intolerable y aceptar lo inaceptable".

Las pérdidas materiales fueron gigantescas y la crisis política paralela. La URSS, que fuera aliada de Alemania desde el 23-24 de agosto de 1939 (Pacto de No Agresión y Cooperación firmado en Moscú por Von Ribbentrop y Molotov en presencia de Stalin) hasta la invasión de la URSS por Hitler el 22 de junio de 1941, sin mediar ni la declaración de guerra, apareció en la postguerra, después de las Conferencias de Yalta y Potsdam como un poder decisivo. La Europa Oriental, liberada por las tropas soviéticas, fue dejada al margen de la reconstrucción democrática y sus países transformados en Repúblicas Populares; Alemania dividida en 4 Zonas de Ocupación. Las 3 Zonas de Ocupación Occidental -Estados Unidos, Inglaterra y Francia-, fusionadas en 1949, generaron la República Federal Alemana. La Zona de Ocupación soviética se transformó en la República Democrática Alemana.

La Guerra Fría institucionalizó tres niveles de conflicto: primo, el político; secundo, el armamentista*; tertio, el económico-ideológico.

* La superioridad atómica norteamericana duró 4 años: desde su primera prueba atómica el 16 de julio de 1945 a la primera prueba nuclear soviética del 23 de septiembre de 1949; Inglaterra 1952; Francia 1960; China 1964; India 1974.

La trágica situación económica de Europa, en virtud de las destrucciones, la aniquilación de la infraestructura y el orden productivo planteó la posibilidad de que los partidos comunistas, bajo el liderazgo de la URSS, fueran el factor resolutivo de la postguerra en Europa Occidental. Fue un serio problema, primero económico y, en segundo lugar, ideológico. La URSS se transformó en el centro de un nuevo discurso.

En consecuencia, definida ya la crisis de los bloques y la ayuda militar a Grecia y Turquía por Estados Unidos*, que implicó la contención militar de la URSS en Europa Oriental, el 5 de junio de 1947, en la Universidad de Harvard, el secretario de Estado, general Marshall, ofreció la creación de un Plan de Ayuda para la Reconstrucción de Europa que fue denominado Plan Marshall. En 1948 el Plan entró en vigor en el cuadro de un sistema complejo cuya eficiencia fue extraordinaria**.

La memoria histórica de los países industriales, la extraordinaria preparación y formación de sus sociedades hicieron posible -capital humano, instituciones y organización- la reconstrucción. Alemania, destruida, vencida y ocupada, sólo recibió del Plan Marshall 3,500 millones de dólares. Fue suficiente para la mutación. México ha pagado en intereses al exterior, en los últimos 20 años, casi 10 veces el Plan Marshall.

* Doctrina Truman del 12 de marzo de 1947.
** El 19 de diciembre de 1947 el Congreso autorizó los primeros 17,000 millones de dólares, por 4 años, para el Plan Marshall. En su totalidad no excedieron de 23,500 millones.

LA PRIMERA RESPUESTA EUROPEA
A LA CRISIS: LA UNIÓN DEL CARBÓN Y EL ACERO

En 1951 seis países europeos, que se habían combatido implacablemente en dos guerras mundiales*, llegaron a un acuerdo asombroso: poner bajo una sola autoridad los dos recursos claves de la Revolución Industrial: el Carbón y el Acero. Los "Seis" fueron Alemania, Francia, --"los enemigos hereditarios", frase tumultuosa y estúpida que paraliza el progreso y el cambio- Italia, Holanda, Bélgica y Luxemburgo. El éxito fue impresionante**. En consecuencia, los seis países del Tratado del Carbón y el Acero firmaron, en 1957, el Tratado de Roma que creaba la Comunidad Económica Europea que fue conocida, universalmente, como Mercado Común.

Su eje económico era triple: la progresiva (digo progresiva y a lo largo de tres decenios) decisión de establecer la libre circulación de las mercancías; la libre circulación de los capitales y la libre circulación de los hombres.

* Alemania y Francia (al margen de las guerras históricas del siglo XVI al XVIII) esto es, sufrieron dos guerras mundiales y la de 1870 entre Prusia y Fran cia. Ésta última significó la caída del Imperio francés (Napoleón III) y la creación, en Versalles, del imperio alemán que sería derrocado en 1918, a su vez, al producirse la rendición alemana en la Primera Guerra Mundial.

** En 1950 la producción de Europa excedió la previa a la II Guerra Mundial.

Esa triple realidad incorporaba plazos anuales, paulatinos, de desmantelamiento aduanero (dada la diversidad económica de los firmantes) y la creación de instituciones comunes cuyo orden jurídico traspasaba el cuadro nacional de soberanía para imponer, democráticamente, por consenso, un nuevo orden legal general. El Consejo de Ministros común; el Parlamento común (que sanciona las decisiones de la Comisión Europea que es el órgano de proposiciones de gobierno) y los órganos jurídicos rectores crearon un nuevo sistema supranacional determinado, parlamentariamente, por sociedades de histórica tradición democrática.

Los seis países del Tratado del Carbón y el Acero; los Seis primeros países del Mercado Común son hoy los 15 países de la Unión Europea de los cuales 11 han establecido ya una moneda común (el euro) y un Banco Central que regula el orden financiero de la Comuni dad de los Once con lo cual, sin abandonar los mecanismos consensuales de la democracia, Europa ha generado un nuevo sistema jurídico-político de consecuencias, aún, incalculables en términos de una nueva soberanía supranacional.

Los "Quince" son, hoy, -conjuntamente- el primer mercado mundial de exportación e importación y, Alemania y Francia, los "enemigos hereditarios", gobernados por el Centro-Derecha o el Centro-Izquierda, o al revés, han pasado a ser los Estados decisorios en el equilibrio europeo y del ascenso hacia un nuevo orden jurídico-político. Lectura crítica y lúcida de la realidad contemporánea. Los "enemigos hereditarios" han pasado a ser el corazón del equilibrio europeo y Alemania la primera potencia europea.

Los "Quince": su realidad
económico-social

Los primitivos "Seis" y los actuales "Quince" forman parte de la Organización Económica de Cooperación y Desarrollo (OECD). Su estructura económica y socio-cultural se explicita en las siguientes características:

Las exportaciones mexicanas de 1998 supusieron 117,500 millones de dólares. Incluyen: 52,863 millones de las maquiladoras. Para producir, "en tránsito", esa cifra importaron las maquiladoras 42,556 millones de dólares (el promedio mexicano en esos insumos importados es aproximadamente de 2.7%) y, por tanto, el saldo real fue de 10,307 millones de dólares.

Para producir ese saldo (10,307 millones de dólares) trabajaron en 1998, como promedio, 1,008.031 trabajadores mexicanos (las mujeres, superexplotadas, ascendieron a 462,855) que, en julio de 1999, constituyeron una cifra de 1,155.056 personas (522,838 mujeres). Últimos datos de INEGI septiembre de 1999.

La inclusión de la industria maquiladora en las cifras del comercio exterior de México enmascara, muy posiblemente, el verdadero significado de las exportaciones como revela el saldo real después de los insumos requeridos para generar las mercancías en tránsito exportables.

A precios de 1994, verdadero resumen crítico de la realidad (año en que la población trabajadora mexicana en la industria maquiladora fue de 583,044) los sueldos pagados a los obreros de las maquiladoras fueron de 8,461 pesos (a precios repito, de 1994) frente a 10,267 en 1987 y, aún, 9,554 en 1994.

Como conjunto total (empleados, obreros y técnicos de producción) los salarios de 1998 (a precios de 1999) eran inferiores, todavía, a los de 1994 y notoriamente más bajos que en 1980 (INEGI, Industria Maquiladora de Exportación, septiembre de 1999). Es indispensable saberlo. Sobre todo, por sus consecuencias sociales sobre la frontera.

Es de hacer notar, a su vez, que la polémica sobre los precios altos o bajos de la "mezcla" mexicana del petróleo de exportación (que no se refleja en los precios que pagan los consumidores mientras es lo contrario en todos los países consumidores) no permite objetivar sus consecuencias, a la vez, sobre el balance comercial y los ingresos presupuestarios. Debería obligar a la reflexión.

Es necesario no eludir que en 1997 (el total exportado de petróleo fue de 11,323 millones de dólares) el crudo representó 10,333 millones de dólares y los derivados del petróleo, (valor añadido) sólo 711.7 millones de dólares y los productos petroquímicos solamente 277.7 millones de dólares. Sin embargo, México importó, en 1997, 2,514.9 millones de dólares de derivados del petróleo y 1,217 millones de productos petroquímicos.

En 1998, año a la baja del precio del crudo (con 6,380 millones de dólares de crudo; 592.1 de derivados del petróleo y 174.4 de petroquímicos), México importó, aún, 2,318.7 millones de dólares de derivados del petróleo y 1,187 millones de petroquímicos. Se evidencia, clara y firmemente, que en razón de la gigantesca transferencia de recursos de Pemex al Estado (llegó a representar el 38% de sus ingresos fiscales) y por ausencia de una verdadera reforma fiscal, México exporta crudo e importa valor añadido o agregado que es la verdadera clave de una economía.

En suma, Pemex carece de recursos reales para su propia autotransformación industrial pese a la indisputable aucumulación de talento y experiencia de sus cuadros profesionales, técnicos y científicos. El resultado es grave.

En orden a la industria química, uno de los ejes de la transformación moderna de la economía, México importó, en 1997, 8,225.9 millones de dólares y, en 1998, 9,157.0 millones de dólares. Exportó, en orden a ese sector, 4,403.2 millones de dólares en 1997 y 4,609.5 en 1998.

Es indisputable que en un área donde, por sus recursos históricos, México deberá haber resuelto, a su favor, el proceso de autonomía e independencia financiero-científico-tecnológica esa situación no se ha producido al no existir, aún, una verdadera reforma fiscal y una mutación de la base social impositiva. Ésta ha sido empobrecida en los últimos decenios y es, fundamentalmente, objeto del subsidio y no de la inversión productiva.

A todo ello es preciso añadir lo que nunca se dice, o muy pocas veces se tiene el valor de confrontar: "que continúa creciendo la importación de bienes intermedios y de capital. Y preocupa que el coeficiente de bienes intermedios que se importan para las manufacturas que se exportan vaya en aumento… En otras palabras, preocupa que mientras en 1997, por cada 100 dólares de manufacturas que se exportaban se tuvieron que importar 98.70 dólares de bienes intermedios. El año pasado para exportar esos mismos 100 dólares de manufacturas se tuvieron que importar 102.60 dólares de esos mismos bienes intermedios. Eso quiere decir que incluso la oferta interna está utilizando cantidades crecientes de bienes intermedios importados. Y si se toma en conjunto el valor de las importaciones de bienes intermedios y de capital se obtiene su relación con el valor de manufacturas exportado, se ve que tanto en 1997 tales importaciones ascendían a 129 dólares por cada 100 de manufacturas exportadas. En los primeros ocho meses de este año esa relación llegó a 134 dólares de importaciones por cada 100 de exportación de manufacturas".

Lo anterior indica "que a medida que exportamos más productos manufacturados, mayores importaciones estamos haciendo de bienes intermedios y de capital…" (El Inversionista Mexicano, 25 de octubre de 1999. Recomiendo también, de El Inversionista Mexicano, su magnífico libro anual sobre la economía mexicana. El último es "México, Banco de Datos 1999". Hugo Ortiz Dietz).

En suma, una planta industrial no integrada y, en consecuencia, doblemente dependiente. En el mismo número de El Inversionista Mexicano se añade (de cara a Europa el cuestionario es sobresaliente) lo siguiente: "…No se ve con qué otras exportaciones podrá hacerse disminuir el déficit (de manufacturas) que sigue aumentando y que no tiende a decrecer…".

Las realizaciones de México con los grandes mercados mundiales
Estados Unidos y Europa

Es indisputable que el establecimiento de un cuadro normativo del comercio mexicano con Esta dos Unidos (+ Canadá) era un tema de absoluta e imperiosa racionalidad.

La diferencia específica y central del Tratado de Libre Comercio Mexicano con Estados Unidos y Canadá, con el proceso del Tratado del Carbón y el Acero, Comunidad Económica Europea (Mercado Común); Unión Europea y Europa de la moneda única, estriba en dos supuestos (existen muchos más) decisivos y centrales que es necesario destacar:

Primo: que el desmantelamiento aduanero, en Europa, fue progresivo y durante décadas hasta llegar al nivel cero, esto es, la libre circulación de mercancías, capitales y hombres. Tuvieron, pues, la posibilidad de experimentar y corregir los defectos y crear instituciones supranacionales. Aceptándose, claro es, que México no deseaba ese proceso comunitario, parece ostensible que hubo, en el caso de México, una extrema aceleración del proceso de desmantelamiento arancelario entre dos economías extremadamente desiguales y asimétricas.

Secundo: los europeos tuvieron muy en cuenta que el Pacto Comunitario Jurídico-Político se hacía entre desiguales y, por tanto, actuaron con inteligencia para impedir que, la "libre circulación" significara la inmigración masiva hacia los países ricos desde los pobres o una crisis económica que acentuara las desigualdades.

Por tanto, se estableció un sistema riguroso de ayuda racional, por Sectores Productivos y Regiones, a los países menos desarrollados, por los más avanzados de la Comunidad -con las aportaciones de los más ricos- para impedir los procesos migratorios y construir un tejido social de trabajadores prósperos que contribuyeran, de un lado, al consumo y, del otro, a la estabilidad social, acelerándose los subsidios a los estratos productivos (digo productivos) más precarios, para favorecer su desarrollo; no su sobrevivencia.

La extraordinaria transformación de España, Italia, Irlanda y Grecia es el resultado de esa experiencia de solidaridad racional-productiva.

Es evidente que podía -debía- haberse negociado con Estados Unidos (+ Canadá) un mecanismo de apoyo, ordenado, riguroso, a los estados mexicanos que tienen mayor proporción (ineludible hoy y mañana) de trabajadores migratorios hacia Estados Unidos hecho que envenena, a la vez, la visión reduccionista, en la frontera, de una guerra entre "ricos" y "pobres" con las caudas, paralelas, del crimen organizado y el narcotráfico. Temas geoestratégicos cada vez más graves.

No hubo previsión de casi ninguna de las consecuencias sociales y maquiladoras que el Tratado (necesario) implicaba.

Se paga, esa imprevisión, con una dependencia acrecentada, agravada por los enclaves geo-exportadores, dueños de la tecnología más avanzada y de créditos inmediatos de los cuales carece, a tasas adecuadas, la industria nacional condenada a ser exportadora (sin poder serlo en ciertas estructuras productivas) mientras el mercado nacional es representante del subconsumo.

Téngase en cuenta que el mercado nacional interno sigue atenido, en México, a la precariedad. Véase el Cuadro III.

Indisputable pauperización del mercado interno, pese al enorme crecimiento y dinamismo del comercio exterior (considerando el caso de las maquiladoras y el papel del petróleo) que, en gran medida, controlan los grandes sistemas transnacionales. La aportación nacional requerirá una revolución financiera y bancaria hoy, todavía, impensable.

No obstante, un hecho es determinan te: la dependencia de México a un sólo mercado dominante lo que, estratégicamente, y al margen de cualquier maniqueísmo (siempre estúpido) constituye, para cualquier país, un problema serio; para México, en la edad de la controversia migratoria, el narcotráfico y el crimen organizado es un tema político de la mayor y más grave dimensión. Véase el Cuadro IV.

No es preciso excederse en la palabra para hacer un balance histórico preciso: dependencia a un mercado que es el primero del mundo, con el cual es necesario e indispensable, cierto, la convergencia monetaria y el flujo de recursos de inversión, pero no deja de ser una situación preocupadora. Cualquier crisis menor en el otro lado del Río Grande supone inmensos quebraderos de cabeza y, a la vez, apoyos inmediatos de recursos en casos de crisis mayores (como en 1995), pero en un cuadro de debilidad institucional y de crecientes tensiones políticas, policiacas y de escándalos pertinaces sobre el modelo nacional y con evidente deterioro moral de ciertos e importantes grupos de la clase dirigente mexicana.

La realización de un Acuerdo de Comercio con Europa es, a todas luces, en teoría, un factor indisputable de equilibrio en el cuadro geoestratégico de México, pero no podemos olvidar las tendencias de las empresas: el casi irrefrenable impulso hacia el mercado estadunidense: lo más fácil.

No es posible eludir, a su vez, que la Unión Europea de los Quince es el mayor mercado comercial del mundo. Véase el Cuadro V.

En suma, la Unión Europea cuenta en sus filas a la tercera potencia industrial del mundo (Alemania Federal) y al segundo exportador del mundo (Alemania con 539,689 millones de dólares) y sus primeros 5 países en términos de población exportan más que Estados Unidos y Canadá que, en cierta medida, conforman un mercado, entre sí, poco disociable. Véase el Cuadro VI

La Unión Europea, en su conjunto, sobre todo los grandes países industrializados, posee agriculturas (como todos los grandes países desarrollados) extremadamente productivas y competitivas con sólo el 5.5% de la población activa, como promedio, en el Sector Primario y sin poder resolver el problema de sus excedentes, enormes, por su alta productividad.

Toda la agricultura, esto es, todo el régimen agropecuario europeo está subsidiado (para mantener los niveles de vida del sector urbano-industrial) y viviendo ya la crisis con el otro poder agrario mundial (Estados Unidos que no subsidia las exportaciones agrarias sino la producción) que es decisivo en los granos. Estados Unidos tiene en su agricultura sólo el 2.5% de su PEA; México el 23%.

El problema agrario e industrial de México respecto a Europa tropieza, de un lado, con esa superestructura económica global, y con un régimen de subsidios (tema capital de la Conferencia del Comercio Mundial en Seattle, destruida por los movimientos acéfalos de protesta que no entendieron que era la hora de las propuestas y no la hora de dejarles las manos libres) que es indisociable de un sistema financiero extremadamente sólido y unas tasas de interés (precio del dinero) mínimas que posibilitan mutaciones muy rápidas en la inversión y en el régimen de propiedad*. Lo contrario, absolutamente, que en México.

* Aumenta progresivamente la superficie (y no el minifundio) de las granjas.

El Acuerdo Comercial entre México y Europa se culminará en el año 2007. Es decir, siete años que, en nuestro tiempo, son un siglo. Los grandes países industrializados avanzan rapidísimamente, con la ciencia y las telecomunicaciones ciberespaciales en sus manos, hacia mutaciones transgénicas y biológicas en el campo de los alimentos. Otro de los temas básicos de discusión en Seattle que el acefalismo histérico impidió tratar cuando era un problema capital que puede dejar a la agricultura de los países en desarrollo (sobre todo en el área de las nuevas semillas) en la prehistoria.

Siete años que, por sí, obligarán a un ejercicio intelectual gigantesco para ofrecer una alternativa real a la industria y la agricultura de México. Desde una perspectiva positiva la apertura hacia Europa (con la cual se mantienen relaciones económicas "rituales" como con América Latina) es una ventana abierta, a la vez, hacia la posibilidad y la incertidumbre. Hay que inventar, seriamente, el porvenir.

La Revolución del Conocimiento es la Revolución del futuro. Sabemos bien, con toda claridad, que los choques del futuro, para hacerles frente requerirán:

a) Que la creación, la formación y la investigación sean los verdaderos centro del poder; b) Que sólo la cohesión social, fundada en una educación liberadora y una sociedad establecida sobre bases de solidaridad ética en la redistribución de la riqueza podrá hacer frente a las mutaciones científicas y, por tanto, económicas, sociales y culturales que "invadirán" el próximo decenio.

Pensemos lo que ello significa en términos de investigación y ciencia.

En la última Conferencia Mundial de Ciencia y Tecnología, celebrada en Budapest en junio de 1999 -sin que sus revelaciones pasaran realmente por México- se hizo explícito el control multinacional, de un lado, y supranacional, del otro, en orden a la Investigación y Desarrollo. Véase el Cuadro VII.


Estudio realizado por el profesor Juan María Alponte, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y Director del Centro de Documentación y Estudios, S.C.