SE CREAN 27 DIARIAS EN EL PAÍS

Las localidades pequeñas entre dos milenios

En el fin de siglo se ha consolidado el carácter urbano del poblamiento de México.
En las localidades pequeñas el índice de dependencia es mayor.

JOSÉ LUIS AVILA*

Introducción

La dinámica del poblamiento de México ha tenido cambios importantes en el último medio siglo. Como puede verse en el cuadro 1, en el lapso comprendido entre 1950 y 1995 se registran dos fases. La primera abarca las décadas de los cincuenta y sesenta y se caracteriza por la estabilización del número de localidades en menos de 100 mil; la segunda fase comprende las dos décadas y media posteriores, cuando se produjo un significativo crecimiento de los asentamientos humanos. En efecto, en los años setenta y ochenta aumentó en alrededor de 25 mil el número de localidades, y entre 1990 y 1995 parecen haberse creado cerca de 50 mil asentamientos humanos. De tomarse a pie juntillas esta cifra, significaría que en el quinquenio de referencia en México se habrían creado en promedio 27 localidades por día.

La distribución de la población avanzó en un sentido inverso a la evolución de las localidades, consolidándose de ese modo el carácter eminentemente urbano del poblamiento de México. Así, mientras que en 1970 en las 252 ciudades, es decir localidades con 15 mil y más habitantes, vivían 18 millones de personas, diez años más tarde el número de ciudades aumentó en 81 al situarse en 333, donde residían 35 millones de personas, es decir, más del doble que diez años atrás. La tendencia se consolidó en los quince años posteriores, de forma que en 1995 en 347 ciudades vivían poco más de 58 millones de personas.

En apretada síntesis, puede decirse que el carácter urbano del poblamiento de México se consolidó durante los 25 años de observación, al concentrar 46 por ciento de la población total de 1970 a 64 por ciento en 1995. En cambio, el número de ciudades aumentó de 161 a 347, las cuales representaron 0.25 y 0.18 por ciento del total de localidades de 1970 y 1995, respectivamente.

En cuadro 1 también puede apreciarse que las localidades pequeñas, es decir los asentamientos humanos con menos de 2 500 habitantes, fueron los protagonistas del impresionante aumento del número de localidades en el país. En 1970, 95 mil localidades tenían menos de 2 500 habitantes, en 1990 154 mil, y en 1995 198 mil. En cambio, la población que reside en dichas localidades aumentó sólo en cinco millones de personas, al pasar de 18 millones en 1970 a casi 24 millones en 1995. En consecuencia, la densidad media de las localidades pequeñas fue en franco descenso al pasar de 208 a 121 habitantes, respectivamente.

Diversos factores de índole económica, demográfica e incluso cultural influyen en la tendencia a multiplicar el número de asentamientos, tanto en la conformación de grandes metrópolis como en su dispersión en el medio rural. Sin embargo, antes de formular hipótesis al respecto, debe considerarse la gran importancia que tiene el cambio de concepto de localidad utilizado en los censos, así como la mejor cobertura que sus levantamientos han venido alcanzando desde 1950. Mientras el primer aspecto conduce a una sobreenumeración de las localidades,2 el segundo refiere a que gracias al avance científico y técnico, así como al fortalecimiento institucional, el número de localidades se cuenta mejor ahora que en el pasado. No obstante la importancia de ambos factores y otros que no es el caso analizar aquí -como pueden ser las implicaciones que en la enumeración de localidades rurales tiene el cambio de fechas de levantamiento de los censos-, el alto crecimiento reportado a partir de los años setenta es evidencia de que está aumentando el número de localidades, aún cuando su magnitud es difícil de precisar. Sin duda, el fenómeno plantea la necesidad de profundizar en el estudio de los factores que impulsan la dispersión de la población en el medio rural, así como de revisar el papel que han tenido y puede desempeñar la política social y desarrollo rural en su contención.

Características de las localidades pequeñas

Estructura por edad de la población. Un acercamiento a los retos que plantea la multiplicación y dispersión territorial de los asentamientos humanos a la acción pública puede apreciarse al
comparar la pirámide por edad de la zona metropolitana de la ciudad de México, el área más avanzada en la transición demográfica, donde vivían poco más de 17 millones de personas en 1995, con la correspondiente a la de localidades con menos de 2, 500 habitantes, en las cuales en el año de referencia habitaban 23 millones de personas. El contraste más evidente de las gráficas 1 y 2 se localiza en la amplitud de la base de la pirámide de las localidades con menos de 2, 500 habitantes, explicada por elevadas tasas de fecundidad y logros alcanzados en la reducción de la mortalidad infantil, frente a su estrechez en la ZMCM, el área con los mayores logros demográficos en el país. Así, en la ZMCM el grupo de 0 a 14 años de edad representa 20 por ciento de la población, frente a 41 por ciento en las localidades con menos de 2, 500 habitantes.

En las gráficas también se aprecia que entre los residentes de la ZMCM de 10 a 29 años de edad existe equilibrio entre hombres y mujeres, mientras que en los asentamientos pequeños es evidente la mayor presencia del sexo femenino, lo cual se debe a la migración de la población masculina en edades productivas. Seguramente asociado en el caso de las localidades pequeñas a la emigración de población joven, mientras que en la ZMCM refleja ante todo el estadio avanzado de la transición demográfica. Debido al gran diferencial de recursos de que se dispone en las ciudades y en el medio rural, también llama la atención que los adultos mayores tengan una importancia relativa semejante tanto en los asentamientos donde se viven los mayores rezagos demográficos y la zona más avanzada desde el punto de vista demográfico, económico y social.

Dada la diferente estructura por edad, las localidades con menos de 2, 500 habitantes tienen una proporción de población en edades productivas menor a la imperante en la ZMCM, pues mientras en la primera los 13 millones de personas representan 54 por ciento del total de la población, en la segunda es de 11 millones que representan 64 por ciento. Así, la razón de dependencia demográfica es sensiblemente mayor en las localidades pequeñas (0.80) que en la ZMCM (0.56).

Como puede verse, la importancia de la población menor de edad y de mujeres en edad fértil en las localidades con menos de 2, 500 habitantes plantea demandas de servicios básicos como educación, salud, vivienda, equipamiento e infraestructura, semejantes a las que debieron atenderse en los núcleos urbanos hace unas cuantas décadas. Asimismo, debe destacarse que los adultos en edades teóricamente productivas enfrentan en las pequeñas localidades mayores responsabilidades asociadas con la manutención y cuidado de los niños y adultos mayores.

Distribución del ingreso de los hogares en localidades pequeñas

Como resultado de factores de índole estructural relacionados con la mayor disponibilidad de infraestructura, capitales invertidos y productividad del trabajo en las ciudades, los hogares que viven en localidades con menos de 2, 500 habitantes tienen las condiciones más adversas en cuanto a la percepción de ingresos. Como se deduce del cuadro 2, el ingreso corriente total trimestral promedio que obtuvieron los hogares de México en 1996 fue de 11 mil pesos. Sin embargo, ese promedio tiene profundas diferencias regionales. Así, mientras los hogares metropolitanos alcanzaron un ingreso promedio anual de 14.5 mil pesos, los que viven en localidades pequeñas percibieron 5.7 mil pesos, es decir casi la mitad del promedio nacional y 39 por ciento del ingreso de los hogares metropolitanos.

Una apreciación de la distribución por deciles de ingreso de los hogares deja ver las enormes disparidades que existen en el país, y con ello las desigualdades en las oportunidades de participación en los beneficios del desarrollo. En efecto, mientras que en las zonas metropolitanas los hogares ubicados en el decil de menor ingreso promedio obtuvieron 3.3 mil pesos, los hogares ubicados en el decil de mayor ingreso alcanzaron un promedio de 50.2 mil pesos. En las localidades con menos de 2, 500 habitantes las diferencias de ingreso promedio de los hogares son menores, pues los hogares del decil con menor ingreso ganaron 1.3 mil pesos y los hogares con mayor ingreso obtuvieron 18.4 mil.

Ese patrón de la distribución del ingreso de los hogares determina que la concentración del ingreso sea menor en las áreas metropolitanas y en las localidades con menos de 2, 500 habitantes que en los promedios nacionales. En efecto, mientras que en los datos nacionales el coeficiente de Gini3 es 0.455, en las áreas metropolitanas es de 0.428 y en las localidades pequeñas de 0.395. Así, los montos y el patrón de distribución del ingreso de los hogares según el tamaño de la localidad de residencia determina una situación aparentemente paradójica. Por un lado, una considerable brecha de ingreso a favor de los hogares metropolitanos, y por el otro los hogares que viven en las localidades menores de 2, 500 habitantes son menos lacerados por la desigualdad de ingresos, pero su atención es urgente debido a la pobreza extrema, la marginación y al rezago sociodemográfico que ahí predominan.

Situación geográfica e incidencia de la marginación en localidades pequeñas

Debido a que las condiciones de mayor rezago económico, social y demográfico se viven en las localidades pequeñas, su ubicación geográfica tiene una importancia decisiva para determinar la estructura de oportunidades a la cual tiene acceso la población. En el caso particular de quienes viven en localidades con menos de 2, 500 habitantes, la cercanía o alejamiento de las ciudades, así como la disponibilidad de vías y medios de comunicación, determinan oportunidades diferentes de obtener un empleo bien remunerado, una vivienda adecuada a las necesidades de las familias y acceder a servicios básicos como educación y salud, entre otros bienes y servicios esenciales cuya carencia compromete el presente y futuro de millones de mexicanos.

En ese sentido, el diseño de estrategias y programas públicos de apoyo a la población con mayores rezagos requiere de estudios que dimensionen adecuadamente las necesidades de la población y consideren su situación geográfica, pues además de lo oneroso e inviable que resultaría pretender llevar todos los servicios a todas las localidades del país, las necesidades de la población tienen diferencias significativas, derivadas de entre otros aspectos, de la cultura, las costumbres y su ubicación geográfica. Asimismo, debe considerarse que el conocimiento del tamaño de la localidad, si está situada cerca de núcleos urbanos o alejados de ellos, tiene gran trascendencia para la planeación del desarrollo regional sustentable y para la evaluación de los costos directos e indirectos que su atención supone.

El sistema de información geográfica ayuda a conocer la diversidad de situaciones microrregionales que forman los asentamientos pequeños, los cuales convencionalmente son clasificados como rurales. En efecto, en los mapas 1, 2 y 3, así como en el cuadro 3, puede verse que de las198 mil localidades con menos de2, 500 habitantes que reporta el Conteo de 1995, 71 mil están situadas en el área de influencia de las ciudades, y en ellas viven 10.5 millones de habitantes.4 De esta forma, el mundo urbano de México estaría integrado por las 14, 277 localidades con 15 mil y más habitantes que integran las 347 ciudades del sistema nacional urbano, así como por las 71 mil localidades situadas cerca de ellas, es decir por 42 por ciento del total de las localidades del país. Con ello, el volumen de población urbana ascendería a 68.5 millones de personas, y no únicamente por los 58 millones de personas que se encuentran establecidas en localidades con más de 15 mil habitantes.

A su vez, del total de localidades con menos de 2, 500 habitantes que están fuera del área de influencia de las ciudades, 55 mil se encuentran cerca de una carretera, y alrededor de 69 mil están aisladas, es decir alejadas de las ciudades y de carreteras. En consecuencia, los asentamientos ubicados fuera del área de influencia de las ciudades asciende a 123 mil y en ellos viven 7.2 millones de personas, de los cuales 6.6 millones residen en localidades aisladas

De las características de las localidades pequeñas según su ubicación geográfica, debe destacarse que las situadas en el área de influencia urbana, una de cada 3 tiene grado de marginación alto y muy alto. En cambio, 60 por ciento de las localidades ubicadas lejos de las ciudades pero cerca de una carretera tienen grado de marginación alto y muy alto, pero sin duda los residentes en localidades aisladas son quienes viven en condiciones de mayor privación, pues 70 por ciento de ellas tiene grado de marginación alto o muy alto.

Otro aspecto que ayuda a dimensionar la índole de las dificultades que enfrenta la acción pública para atender a la población que reside en localidades pequeñas, es el hecho de que conforme los poblamientos se alejan de las ciudades su densidad media disminuye. Así, mientras en las localidades situadas en el área de influencia de las ciudades tienen un promedio de dos mil habitantes, las ubicadas cerca de carreteras alcanzan un promedio de 700 habitantes y las localidades aisladas de 120. De esta forma, el aprovechamiento de las economías de aglomeración es factible en los asentamientos más próximos a las ciudades, pero sumamente difícil en los que están alejados de ellas.

Como puede verse, el uso de los sistemas de información geográfica revela diferencias importantes entre las localidades pequeñas, rurales y aisladas, realidades que en los análisis convencionales suelen englobarse en el concepto dispersión de la población. Pero más allá de las cuestiones estrictamente conceptuales, conviene destacar que el reconocimiento de la diversidad de situaciones que se vive en localidades de un mismo tamaño, la identificación de su situación geográfica, las características demográficas, sus condiciones de vida, así como del entorno económico y la dotación de recursos naturales de las microrregiones, aporta información valiosa para la planeación del desarrollo regional e invita a ensayar nuevas estrategias de intervención pública.


1 Director de Estudios Socioeconómicos y Regionales, Consejo Nacional de Población.

2 Los cambios en el concepto de localidad en los levantamientos censales desde 1950 pueden conducir a una sobreestimación de su número. Por ejemplo, en 1950 una localidad se definía como todo sitio o lugar que tenga 1) edificios, casas, chozas, construcciones de cualquier clase, más o menos agrupadas; 2) que esté habitada permanentemente, periódica o transitoriamente o que haya sido habitada; 3) que tenga nombre; y 4) que tenga una categoría política basada en la ley o la costumbre. En 1960 se mantuvo esa definición agregándole al inciso 1: "o formando bloques o manzanas". El concepto de localidad cambió en forma significativa en 1970, y en 1980 se definió de la siguiente forma: "una vivienda o conjunto de viviendas que están cercanas unas a otras y donde por lo menos una esté habitada; además, el lugar es reconocido comúnmente por un nombre dado por la ley o la costumbre (nombre regional)". Un análisis de los cambios del concepto de localidad y de sus implicaciones en la enumeración de localidades puede verse en CONAPO, Distribución de la población en México por tamaño de localidad, octubre de 1995, inédito.

3 Recuérdese que el coeficiente de Gini es una medida de concentración cuyo valor varía entre 0 y 1; 0 indica igualdad o equidistribución y 1 la máxima concentración.

4 Una explicación de la metodología para estimar el área de influencia urbana para las 347 ciudades que integran el sistema nacional urbano, puede verse en CONAPO, La Situación Demográfica de México, 1998, p. 71-77.