EL PAIS, CON OTRO ROSTRO
Entrados
en años...
*
Perspectiva demográfica del envejecimiento en México
en el nuevo milenio
* La presencia creciente de personas senescentes en la sociedad
conlleva cambios profundos en distintas esferas de la organización
comunitaria: la familia,
la economía, la salud, la cultura, etc..
POR
VIRGILIO PARTIDA BUSH*
Desde
la óptica demográfica, el envejecimiento consiste
en el aumento gradual de la proporción que las personas
de edad avanzada representan de la población total. Este
proceso generalmente está ligado a un marcado descenso
en la fracción correspondiente a los niños y jóvenes.
Esta continua transformación de la estructura por edades
es una clara expresión de la llamada Transición
demográfica, concebida como el paso de niveles de mortalidad
y natalidad altos a niveles bajos. La prolongación de
la supervivencia -derivada del descenso de la mortalidad-, por
un lado, origina que cada vez más individuos lleguen
con vida a los 65 años o a edades más avanzadas;
la disminución de la fecundidad, por el otro, propicia
una reducción paulatina de la relación numérica
que guardan los niños y jóvenes con sus padres
(adultos) y abuelos (viejos).
Una
migración intensa puede dejar huella también en
la composición por edades en el largo plazo, ya que la
movilidad territorial se concentra comúnmente en las
personas de edades jóvenes adultas y, en muchos casos
en su progenie, que en su mayoría se ubica en los primeros
años de vida. No obstante, el proceso de envejecimiento
se origina principalmente en el descenso de la mortalidad y
la fecundidad.
La
presencia creciente de personas senescentes en la sociedad conlleva
cambios profundos en distintas esferas de la organización
comunitaria: la familia, la economía, la salud, la cultura,
etcétera. Esta profunda transformación social,
de un mundo donde predominan los niños y jóvenes
a uno donde la presencia de los viejos se ha vuelto gradualmente
más copiosa, requiere cada vez más de estudios
y análisis que no sólo profundicen en el conocimiento
de las demandas emergentes de los viejos, sino que también
anticipen con claridad sus necesidades en el mediano y largo
plazos.
Las
previsiones demográficas
Las
proyecciones de la población son un ejercicio de larga
data en nuestro país; se encuentran frecuentemente en
la bibliografía desde hace casi me dio siglo. Con el
paso de los años se advierten cambios, no sólo
en la metodología y las premisas sobre el futuro comportamiento
de las variables demográficas, sino también en
el reconocimiento de los ejercicios prospectivos como una herramienta
útil para la planeación social y económica.
La
evolución demográfica de México se conoce
cada vez con mayor precisión debido, por un lado, a la
creciente cantidad y calidad de las fuentes de datos y, por
el otro, al desarrollo de metodologías más completas
y apegadas a la realidad demográfica. Si bien actualmente
se pueden elaborar proyecciones de población sobre bases
más sólidas, las previsiones del futuro comportamiento
de la fecundidad, la mortalidad y la migración siguen
revistiendo cierto grado de complejidad y, en ocasiones, continúan
siendo motivo de discusión.
De
acuerdo con previsiones del Consejo Nacional de Población
la esperanza de vida aumentaría de 73.6 años en
1995 a 75.3 en 2000, 80.4 en 2020 y finalmente a 83.7 años
en 2050. Los aumentos previstos para la vida media equivalen
a una reducción en el riesgo de fallecer de 55 por ciento
entre 1995 y 2050, es decir un promedio anual de 1 por ciento.
La reducción adoptada implican que la tasa de mortalidad
infantil descendería de 31 decesos de menores de un año
de edad por cada mil nacimientos en 1995 a 25 en 2000, 18 en
2010, 13 en 2020 y 7 en 2050 (Véase cuadro 1).
En
las proyecciones de la fecundidad se supone que se alcanzará
el reemplazo intergeneracional en 2005, el cual corresponde
a la meta establecida en el Programa Nacional de Población
1995-2000. El promedio de hijos por mujer a lo largo de su vida
fértil que satisface ese reemplazo intergeneracional
es de 2.11; en el largo plazo se prevé que este indicador
descenderá a 1.68 hijos en 2030 y a partir de entonces
se mantendrá constante hasta 2050.
El
futuro de la migración internacional es indudablemente
más difícil de prefigurar, debido a que es complicado
anticipar cambios en los complejos y variados factores que inciden
en el cuantioso éxodo de mexicanos hacia los Estados
Unidos. Así, en la proyección programática
se ha preferido suponer que los niveles recientes de la movilidad
territorial externa de México se mantendrán constantes
a lo largo del horizonte de la proyección.
Si
se cumplieran las premisas establecidas para la fecundidad,
la mortalidad y la migración internacional, la población
del país aumentaría de 92 millones de habitantes
a mediados de 1995 a 99.6 millones en 2000, 112.2 en 2010, 128.9
en 2030 y 131.6 millones en 2050, según se aprecia en
el cuadro 2 y en la gráfica 1. La tasa de crecimiento
a su vez descendería de 1.73 por ciento en 1995 a 1.44
en 2000, 0.99 en 2010, 0.39 en 2030 y ?0.20 por ciento en 2050.
El incremento anual de personas disminuiría gradualmente
de poco más de un millón y medio en 1995 hasta
tornarse nulo o ligeramente negativo en la década de
los cuarenta del próximo siglo.
Mayores
en edad y cantidad
El
descenso de la fecundidad y el alargamiento de la sobrevivencia
traerán consigo un continuo proceso de envejecimiento
de la población de nuestro país: una presencia
cada vez menor de niños y jóvenes y una proporción
notoriamente creciente de adultos y sobre todo de ancianos.
Este proceso se advierte claramente en la secuencia de pirámides
de población que se muestra en la gráfica 2. Hasta
2010, el cambio más notable consiste de la reducción
de la base originada en el descenso de la fecundidad. A partir
de 2020 es evidente la presencia de la inercia del acelerado
crecimiento del pasado, la cual se desplaza progresivamente
hacia la cúspide de la pirámide, hasta que la
población envejecida llega a representar la cuarta parte
del total en 2050.
La
población en edad preescolar (0 a 5 años) disminuirá
a lo largo del periodo de proyección y el número
de niños y jóvenes en edades escolares (6 a 14
años) alcanzará un máximo histórico
de 20 millones en 1999, año a partir del cual empezará
a disminuir. Las personas en edades laborales (15-64 años),
en cambio, aumentarán progresivamente hasta alcanzar
80.8 millones en 2031 para luego descender gradualmente. La
población senescente (65 años o más) será
demográficamente la más dinámica, ya que
no sólo aumentará continuamente su magnitud a
lo largo del horizonte de la proyección, sino que además
lo hará de manera rápida.
El
acelerado crecimiento de la población de la tercera edad
implica que entre 1995 y 2014 duplicará su tamaño,
cuando su volumen ascenderá a 8.1 millones, prácticamente
se habrá quintuplicado en 2034 (20.2 millones) y se habrá
multiplicado hasta ocho veces al final de la proyección
(2050), cuando el monto supere 32 millones y represente la cuarta
parte del total. El proceso de envejecimiento propiciará
un gradual aumento en la edad media de la población de
25.2 años en 1995 a 26.7 en 2000, 30.3 en 2010, 38.1
para 2030 y 45.1 años en 2050.
De
acuerdo con previsiones del CONAPO, la tasa de crecimiento de
la población de adultos mayores aumentará gradualmente
hasta alcanzar su máximo histórico de más
de 4.6 por ciento entre 2020 y 2027, y en los años siguientes
empezará a desacelerarse para registrar 2.1 por ciento
medio anual en 2050.
En
la gráfica 3 se contrastan las pirámides de población
en 1995 y la proyectada para 2050. Se advierten dos claras transferencias
en la composición por edad. La primera, de la población
infantil y juvenil (0-14 años) a la de adultos mayores,
donde el decremento de 14.2 millones en los primeros se equipara
casi al incremento de 14.5 millones entre quienes tienen de
65 a 75 años de edad. La segunda, de los individuos de
las primeras dieciséis edades activas (15-30) a la población
de las siguientes quince edades laborales (31-45 años),
donde ahora la pérdida de 6.86 millones de los más
jóvenes se ve prácticamente compensada con la
ganancia de 6.81 millones de los de edad más avanzada.
El
ámbito familiar experimentará un profundo cambio.
En 1950, por cada cien niños y jóvenes menores
de 15 años de edad, apenas vivían 15 mayores de
65 años; de ellos 14 tenían entre 65 y 84 años
y sólo uno superaba 85 años. Un siglo después
estas proporciones de ancianos aumentarán a 168, 140
y 28, respectivamente, Mientras nuestra infancia y juventud
transcurrió entre varios hermanos padres y quizás
un abuelo; la de nuestros bisnietos transcurrirá con
hermano, padres, abuelos y uno o dos bisabuelos.
Es
indudable que la satisfacción de las demandas de los
adultos mayores debe trascender las esferas personal y familiar
y concebirse como un asunto que compete a toda la sociedad.
Es impostergable el diseño de programas y la puesta en
marcha de acciones encaminadas a dar respuesta con oportunidad
y eficiencia a las demandas que implicará el proceso
de envejeciento demográfico.
