EDITORIAL

EL DESAFIO POBLACIONAL

Desde esta tribuna reitero mi compromiso por honrar los Principios, Estatutos, Programa de Acción y Código de Ética del PRI, así como servir a nuestra militancia.

Por qué calificar a la población como desafío? Por la manifiesta desigualdad social. Su integración demanda una política de largo alcance que cruce al conjunto de las políticas de desarrollo. En el análisis de los elementos constitutivos del Estado, el Pueblo atrae la mayor atención; es quien ocupa el Territorio del país; para él, y por su decisión, se constituye un Gobierno legítimo. "Que el poder sirva a la gente", dice Francisco Labastida Ochoa, y eso significa aceptar que la palanca que mueve al gobierno es la población: sus necesidades, demandas, aspiraciones y distintas formas de ser y quehacer. La participación social responsable, crítica y consciente, se vincula a la existencia, funcionalidad y vigencia del Estado.

La población mexicana, con ligero predominio numérico femenino, se cuadruplicó de 1950 a nuestros días (de 25.8 millones a casi 100), debido a la creciente urbanización del país y a la consecuente concentración poblacional con acceso masivo a la salud pública, que junto con los programas de seguridad social, ha extendido la esperanza de vida hasta los 75 años, cifra cercana a la de los países más desarrollados. Paralelamente, se ha estabilizado una tendencia irreversible a la baja, dada la proliferación de programas educativos, de planificación familiar y por la incorporación femenina masiva al mercado laboral. Así, la tasa de crecimiento se ha contraido de 3.2% anual a 1.5%, y la de fecundidad, de 7 hijos a 2.48 por mujer, de manera que en los próximos 50 años, creceremos entre 38 y 39%; inclusive, nuestra tasa de crecimiento en el año 2050, se estima negativa (-0.20% anual). El grupo de edad predominante en 1950, era de 0 a 15 años; ahora lo es de 5 a 20 años, e irá aumentando paulatinamente hasta ser, en 2050, de 50 a 65.

Al término del próximo sexenio (2006) seremos 108 millones de personas (77.8 millones urbanos), con una tasa de crecimiento de 1.2%, fecundidad de 2.11 hijos por mujer, esperanza de vida de 78 años y grupo de edad predominante entre 10 y 25 años. Se está dando una mutación al pasar de los estratos infantiles a juveniles, para ubicarnos en la adultez en breve lapso; es decir, nos convertiremos rápidamente de menores en ciudadanas y ciudadanos que forman parte de la Población Económicamente Activa (PEA).

Sin embargo, los promedios no reflejan el mosaico de la realidad nacional: sectores y grupos sociales marginados y regiones enteras, particularmente del sur y sureste de la república, como bien señala nuestro candidato, se encuentran gravemente rezagados respecto de los números nacionales. Habrá de realizarse un esfuerzo supremo para acercarlos al desarrollo general. En este entorno, Partido y candidato establecerán compromisos específicos para abatir la pobreza y hacer de la justicia social una realidad; promover la inversión estratégica, a fin de generar empleos remuneradores en cantidad suficiente para una población mayoritariamente joven. El hecho obliga a modificar el perfil de la educación pública: multiplicarla en los niveles medio, medio superior y superior, y descentralizarla de forma que responda a requerimientos regionales y microregionales, en el marco de la globalización.

El mejoramiento de la calidad de vida de la población requiere de aquella racionalidad que conjuga experiencia, conocimiento y aptitud de realización; un liderazgo sensible a las necesidades del pueblo. El desafío poblacional es evidente y su atención será exitosa al abordarlo democráticamente. El nuevo gobierno habrá de garantizar estabilidad política y económica, junto con movilidad social, esto es, gobernabilidad. El PRI asume esta responsabilidad.

Dulce María Sauri Riancho
Presidenta del Comité Ejecutivo Nacional