EL CASO DE LAS TRABAJADORAS MIGRANTES

Cruzar el río también es cosa de mujeres

CARLOS FUENTES*

Tradicionalmente se ha considerado que la presencia activa de las mujeres en la emigración de mexicanos a Estados Unidos es poco significativa, y que cuando ésta se registra suele relacionarse con la migración de sus padres, hermanos o esposos, y en este último caso con el propósito de reunificar a la familia en el país vecino.1

Estudios recientes han destacado que desde los años ochenta se está erosionando ese patrón tradicional de la migración femenina a raíz del papel cada vez más activo y dinámico que están jugando las mujeres jóvenes y solteras que se trasladan a EU con el propósito de trabajar o buscar trabajo.

Contamos con la Encuesta sobre Migración en la Frontera Norte de México (EMIF) para analizar la migración femenina.2 Sobre esta fuente de información es necesario tener en cuenta que sólo observa a quienes cruzan por vía terrestre la frontera, lo cual puede conducir a subestimar la cuantía del fenómeno migratorio circular total. En el mismo sentido, cabe mencionar el hecho de que si los migrantes prolongan su estancia en el país vecino o deciden quedarse a vivir allá, se reduce la probabilidad de ser observado y cuantificado.

No obstante las limitaciones mencionadas, la EMIF es una valiosa fuente de información que capta al migrante en el momento mismo del desplazamiento y permite conocer los patrones de continuidad y cambio de la migración temporal de carácter laboral, las causas que lo sostienen e impulsan, el impacto de las políticas migratorias de Estados Unidos, así como indagar sobre las pautas de conducta de los migrantes en coyunturas determinadas, como puede ser la evolución económica de ambos países, entre otras cuestiones relevantes sobre las que no existen fuentes de información continuas y de cobertura nacional.

Más jóvenes y mejor preparadas que los hombres

En el cuadro 1 pueden compararse algunas características de las mujeres y los varones migrantes que se dirigen a las localidades fronterizas del norte de México con la intención de cruzar a EU para trabajar o buscar trabajo. En primer lugar, destaca que tres cuartas partes del total de mujeres tienen menos de 35 años de edad, mientras que en el caso de los hombres dicha proporción se estima en dos tercios. Ello se debe a que en las mujeres el grupo entre 12 y 24 años de edad tiene más importancia relativa que en el masculino (34% y 29%, respectivamente).

A diferencia de los varones, casi la mitad de las mujeres migrantes provienen de la región norte (48%), seguida a cierta distancia de quienes residen en la región tradicional de migración (39%). Aunado a ello, debe advertirse el predominio de las mujeres de origen urbano frente a quienes provienen de localidades con menos de 15 mil habitantes, composición también contrastante con la del flujo migratorio masculino.

Seguramente asociado a su composición por edades, su origen preponderantemente urbano y la mayor cobertura que ha alcanzado en las últimas décadas el sistema educativo nacional en las ciudades del país, las mujeres tienen un grado de escolaridad mayor que los varones (6.6 y 6.0%, años de escolaridad promedio, respectivamente).

También relacionado con la composición por edad y la tendencia nacional de las mujeres a posponer la edad de la primera unión, la proporción de mujeres solteras que se aventuran en la migración a EU es sensiblemente mayor que entre los varones (66% frente a 38%, respectivamente), así como de quienes no son jefas de hogar (52% y 31%, respectivamente).

Aún cuando la participación de la mujer en la actividad productiva está aumentando en el país, sólo 43% de las mujeres migrantes temporales tenía empleo en su lugar de residencia en los 30 días previos al inicio de su viaje a las localidades fronterizas del norte de México; y de ellas, la mitad se empleaba en los servicios. Se trata de un contraste significativo con la población de migrantes masculinos, pues para más de dos tercios de los varones la migración es una estrategia para mejorar ingresos (puesto que se tenía empleo en México) y en el caso de las mujeres parece ser una opción de empleo.

Las características mencionadas de las mujeres migrantes determinan que la proporción de las que cuentan con experiencia migratoria previa al periodo de observación sea notoriamente menor que la de los hombres, situándose en poco más de la mitad frente a 71% de los varones, lo cual a su vez muestra la menor intensidad de la participación de la mujeres en el flujo migratorio temporal.

Las mujeres migrantes que deciden abandonar sus lugares de residencia para cruzar a EU y trabajar o buscar trabajo allá tienen características que las distinguen de los migrantes varones, lo cual las convierte en una fuerza de trabajo con un gran potencial productivo. En ello influye no sólo la menor edad promedio de las mujeres respecto de los varones, así como su mayor grado de escolaridad, sino también el hecho de que proyectan una estadía más prolongada en el país vecino.

Sin embargo, las mujeres comparten con los varones características de vulnerabilidad en el intento de cruce al país vecino, las entidades de destino y los sectores de actividad en que pretender trabajar. Así, no parece existir un diferencia significativa en cuanto al arrojo para enfrentar la adversidad que entraña la migración no autorizada, particularmente en lo que hace a los riesgos de devolución, la violación de sus derechos humanos y los intentos de cruce por lugares peligrosos.

En efecto, como los varones, una de cada dos mujeres que se traslada a las localidades fronterizas del norte de México con la intención de internarse en el país vecino carece de documentos. Ahora bien, del subconjunto de mujeres que cuenta con documentos para ingresar a EU, sólo 35 por ciento los posee para trabajar. El hecho de que dicha proporción sea sensiblemente menor que en los varones (66%), en parte refleja tanto la reciente incorporación de las mujeres al flujo laboral y su menor edad promedio, como la madurez del flujo masculino.

Las mujeres migrantes tienen lugares de destino semejantes a los varones, observándose una preferencia mayor por el estado de Texas sobre California, aun cuando poco menos de un tercio no tiene definido la entidad de destino, lo cual seguramente se relaciona con la mayor presencia de mujeres sin experiencia migratoria. En cambio, en relación al tiempo que esperan permanecer en el vecino país del norte, destaca que 49 por ciento de ellas proyectan una estancia lo más larga que se pueda, frente a 39% en el caso de los hombres.

Nuevos patrones de la mujer migrante

- Información de la EMIF sobre el flujo de migrantes devueltos por la patrulla fronteriza sugiere la hipótesis de que el patrón de la migración femenina ha estado transformándose, pues, como se aprecia en el cuadro 2, en los últimos años destaca la creciente importancia de las mujeres jóvenes, solteras, con escolaridad semejante a la de los varones, quienes sin tener documentos toman la decisión de cruzar a Estados Unidos para trabajar o buscar trabajo, asumiendo con ello las penalidades que entraña esa modalidad migratoria.

- La magnitud de las devoluciones de mujeres indocumentadas en la primera y segunda fase de la EMIF (1993-1995) mantuvo cierta estabilidad y se ubicó en torno a 100 mil, representando alrededor del 15% del total. El importante descenso (30%) para la tercera fase de la encuesta (1996-1997) contrasta con las devoluciones masculinas en ese año y no necesariamente sugiere un menor número de migrantes mujeres, pues la disminución puede deberse también a que: a) hayan cruzado con documentos o habiéndolo hecho sin ellos tuvieran más éxito que en 1995, es decir que no fuesen aprehendidas por la patrulla fronteriza; b) que realizaran menos intentos para alcanzar el objetivo.

- No se aprecian diferencias significativas entre hombres y mujeres en el total de devoluciones por edad y escolaridad; como los hombres, las mujeres son en su mayoría jóvenes, con una edad media de 26 años. Asimismo, llama la atención la semejanza de las proporciones en todos los niveles de escolaridad entre hombres y mujeres.

- En el total de devueltas, la importancia de las mujeres solteras está creciendo paulatina pero persistentemente, aún cuando no alcanzan a superar a las unidas (55%); para éstas, por cierto, el vínculo conyugal está dejando de ser un impedimento para aventurarse.

- La importancia de las mujeres devueltas jefes de hogar, en franco contraste con las tendencias masculinas, está descendiendo: alcanzó 25% en la tercera fase de la EMIF, cuando en la primera fase representaba un tercio del total.

- Las mujeres indocumentadas son más proclives a cruzar acompañadas. La proporción de las que optan por la compañía aumentó de 50 a 59% entre la primera y segunda fase de la EMIF, y en la tercera se estabilizó en torno al último valor. En cambio, la proporción de los varones acompañados aumentó lentamente, pero aún en el último año de la encuesta era todavía sensiblemente menor (38%) al observado entre las mujeres.

- Una de cada cinco mujeres devueltas experimenta por primera vez las penalidades que por lo general acompañan a la devolución. Al parecer, una vez tomada la decisión de migrar, las mujeres que han vivido la experiencia de la devolución lo reintentan al menos una vez: poco más de la mitad tenía experiencia de una devolución, y sólo 12% tres veces o más en la tercera fase.

- Seguramente asociado a la menor presencia de mujeres devueltas jefas de hogar y al crecimiento de las solteras, la compañía de menores, ya en sí misma pequeña desde la primera fase de la EMIF, descendió a 16% en la tercera; entre los varones devueltos es ínfima la proporción de quienes llevan el resguardo de menores en su estrategia de cruce (6%).

- No existen diferencias significativas entre mujeres y hombres en cuanto al uso de "polleros" para cruzar la frontera. La proporción tiende a decrecer en ambos grupos, siendo ligeramente superior (14%) entre las mujeres; la baja proporción de los capturados con paga a "polleros" es congruente con la información de la sección anterior, referida a que 40% de los migrantes indocumentados que cruzaron con éxito a Estados Unidos utilizaron este recurso. Sin embargo, debe advertirse que 60 por ciento cruzaron exitosamente sin la "ayuda" de éstos, mostrando de ese modo que la información y las redes sociales con que cuentan los migrantes juegan un papel importante en la experiencia de la migración indocumentada.

- Aún cuando hombres y mujeres comparten el predominio urbano del lugar de residencia, parecen insinuarse tendencias contra puestas: mientras entre los varones devueltos está disminuyendo la proporción de los residentes en localidades no urbanas, entre las mujeres crece ligeramente. En cambio, existen proporciones semejantes en cuanto a la zona de residencia, salvo en la segunda fase de la EMIF cuando la presencia de las mujeres residentes en municipios fronterizos disminuyó 9%, mientras que entre los varones la proporción se redujo cinco puntos porcentuales.

- En el periodo reciente también ha aumentado el número de migrantes indocumentadas devueltas por la patrulla fronteriza. Así, la importancia de las que se internan con fines laborales aumentó entre la primera y tercera fase de la encuesta de 57 a 67%, observándose además que el mayor cambio se produjo después de 1995.

- Las mujeres muestran sistemáticamente una tasa de ocupación menor que los hombres (43 y 75% en la tercera fase de la EMIF, respectivamente), y en ambos grupos creció la proporción de los desocupados durante 1995, aunque con mayor intensidad entre las mujeres.

- Las mujeres que cuentan con experiencia migratoria previa están perdiendo importancia y cada vez es mayor el peso relativo de las que se incorporan al flujo por primera vez. En contraste, los hombres devueltos con experiencia parecen haber estabilizado su participación en alrededor de 45% del total.


* Subdirector de Migración, Consejo Nacional de Población.

1 Asimismo, suele señalarse que el papel de la mujer en la migración no se limita a ese "patrón tradicional", sino que deben considerarse las responsabilidades que ella asume cuando el jefe varón abandona el hogar para trasladarse a los EU, particularmente en lo que se refiere al cuidado y educación de los hijos, las funciones productivas que debe desempeñar (sobre todo en el medio rural) y la administración de los activos familiares y que confieren a la migración el carácter de una estrategia familiar para obtener recursos económicos.
2 Esta encuesta es levantada en forma conjunta por el CONAPO, Secretaría del Trabajo y Previsión Social, Instituto Nacional de Migración y El Colegio de la Frontera Norte.