CERRAR BRECHAS

NICANDRO ÁVALOS*

Dentro de este tránsito entre los siglos y los milenios, el proyecto mexicano de nación libre, democrática y justa nos obliga a pararnos a pensar, a reflexionar sobre lo logrado y lo pendiente, a realizar el diagnóstico y a aportar elementos para una propuesta viable que formule el priísmo y su candidato, a la luz de los desafíos y exigencias de los tiempos por venir, donde la sociedad cada vez gana más terreno en su empeño de asumirse, no sólo como destino, sino también como origen del cambio.

Hoy la imagen del mexicano estoico que difundiera Octavio Paz en El laberinto de la soledad, va palideciendo. Ese estoicismo, que tiene poco que ver con la virtud moral de la firmeza y mucho con la incapacidad expresiva, producto de siglos de represión, cede poco a poco ante el empuje de la autoconciencia nacional.

En las últimas décadas, se desdibuja la incapacidad crítica del mexicano y su correlativa incapacidad democrática y emergen formas de participación, organización e interlocución política que enriquecen nuestro régimen de partidos y la formación de órganos plurales de representación popular.

De tal manera las voces y las verdades de los mexicanos y las mexicanas se escuchan en las calles y en las plazas, en los foros y en los medios de comunicación, en los congresos locales y en el Congreso general de la República. El ciudadano ya sabe que su voto cuenta y que con él puede optar entre proyectos alternativos de gobierno.

De ahí el interés de los partidos políticos de ofrecer la propuesta más seria y atractiva para vencer y convencer en la justa electoral intensa y reñida que se avecina.

Seguramente, el candidato y el partido que logre la mayor claridad en el diagnóstico, la propuesta y el discurso serán los que logren la victoria.

EL diagnóstico

¿Quién pondría en duda la dificultad de evaluar con corrección y brevedad la situación actual de la sociedad mexicana? Heterogeneidad, diversidad, complejidad, pluralidad... expresan mucho, pero al mismo tiempo dicen demasiado poco.

En el afán de describir a México y los desafíos que enfrenta su población, algunos recurren a la formulación de un catálogo de problemas. Así, nos hablan de crisis moral y de valores, persistencia de la corrupción, alta inseguridad pública, confrontación de los mexicanos por la acumulación de problemas, división de México en dos por las diferentes velocidades de desarrollo del norte y del sur, concentración de la riqueza y consecuente desigualdad social.

Evidentemente hay otros diagnósticos más optimistas centrados en los avances acumulativos de la política social.

De tal manera nos recuerdan que el gasto social ha ido incrementándose en relación al volumen del producto interno bruto. Así, mientras en 1988 este gasto representó el 5.8 % del PIB, en 1998 la proporción se elevó hasta el 8.9%.

Además, en 1999 el 60.3% del gasto programable se asigna a acciones de desarrollo social, lo que constituye un significativo avance, pues hace apenas diez años este porcentaje representaba sólo el 36%.

Quienes siguen esta línea de diagnóstico nos llaman la atención sobre las modificaciones que se han experimentado en la proporción de gasto entre la federación y los estado y municipios, tomando como base la cifra de un peso.

Visión de FLO

Luego de rendir protesta como candidato presidencial, Francisco Labastida Ochoa efectuó una evaluación seria y valiente de la situación que atraviesa el país. Quedan para el análisis la propuesta de gobierno y la estrategia de desarrollo social futuro, los conceptos vertidos por nuestro candidato.

Recordamos que ante miles de priístas afirmó el pasado 20 de noviembre: "...a lo largo de este siglo han habido avances. Hemos pasado de un país eminentemente rural, analfabeto, insalubre e incomunicado, a ser una nación urbana y alfabetizada, con educación y salud, con una economía abierta al mundo y una población que trabaja principalmente en la industria y los servicios... Pero digámoslo con verdad y honestidad: el número de pobres ha aumentado. Somos una nación con profundas desigualdades... México crece a dos velocidades: el sur y el sureste están rezagados... La población rural vive cada vez más dispersa en pequeñas comunidades difíciles de atender... Hay insuficiencia de empleos bien remunerados y muchas familias viven hacinadas por escasez de viviendas..."

Con el frío lenguaje de los números pueden probarse las principales tesis de Labastida antes citadas. El crecimiento poblacional en México ha sido sorprendente. Tomando como referencia algunas fechas de significación para la historia nacional, tenemos lo siguiente:

Desde luego puede hablarse de avances en salud y educación. En las últimas 6 décadas, la esperanza de vida se ha incrementado en 6 meses por año, hasta sobrepasar hoy los 75 años. En 1910 la población alfabetizada era del orden del 10 %, porcentaje que hoy en día se atribuye al analfabetismo.

Sobre la concentración-dispersión de los asentamientos humanos también hay datos elocuentes. Las cuatro zonas metropolitanas de la Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey y Puebla concentran el 27 % de la población nacional, en tanto que un porcentaje similar se asienta en comunidades rurales de 2,500 habitantes o menos, calculándose que el número de éstas asciende a 200 mil con una población promedio de 120 habitantes.

Ahora bien, la participación regional en la formación del Producto Interno Bruto (PIB) es en extremo desigual: el centro contribuye con un 60%, el norte con el 27% y el sur con el 13% restante.

Respecto a la pobreza el siguiente dato es contundente: En 1984 13.3 millones de mexicanos vivían en condiciones de pobreza extrema. Tres lustros después la cantidad se ha duplicado

Su propuesta

La democracia está presente, la justicia social pendiente. Con esta frase de múltiples lecturas, Labastida ubica al desarrollo social como un elemento de subrayada importancia para el régimen presidencial que se propone encabezar.

En términos de política social su propuesta puede englobarse con los conceptos siguientes, expresados el 20 de noviembre: "...La justicia social y la seguridad pública son mis compromisos ineludibles...Convoco a que luchemos contra la pobreza extrema que padecen millones de mexicanos...Me comprometo a impulsar los programas que mejoren la educación la alimentación y la salud...Vamos a impulsar el desarrollo de las zonas pobres del país, del sur y del sureste de México. Apoyaré a los campesinos a producir más alimentos... Apoyaré a nuestros hermanos indígenas a que juntos superemos las condiciones de marginación, pobreza y atraso que muchos padecen... Vamos a cambiar de un país de desigualdades a un país de oportunidades..."

Los desafíos

A manera de conclusión, hay que decir que, en medio de la ineludible globalización de las economías y de sus crisis, la población mexicana va transformándose, cosechando en el camino logros importantes y dejando también exigencias pendientes y un acumulado de desafíos que nos hablan de la importancia de cerrar brechas. Cerrar brechas entre la miseria y la opulencia, entre las carencias y las oportunidades, entre la dispersión y la concentración de los asentamientos humanos.

Se trata de lograr un crecimiento económico que dé sustento a una política social capaz de manejar la curva demográfica que tenemos a la vista, así como de atender la pobreza generando más opciones productivas, manteniendo desde luego la atención a grupos vulnerables. Todo ello dentro de un marco que atempere los desequilibrios regionales y sectoriales. Esas tareas atañen a la sociedad y al Estado, cuya sinergia alentará sin duda, nuestro proyecto de nación dentro de un horizonte de largo aliento.