LA TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA DEL PRI

SABINO BASTIDAS COLINAS, Secretario Adjunto del Comité Ejecutivo Nacional y Consejero Político Nacional del PRI

"La democracia es una costumbre: costumbre de tolerancia, de lealtad, de buena fe y de respeto. Las elecciones son conjuntamente la prueba y el resultado y constituyen también su principal apoyo." Norberto Bobbio.

I. MEMORIA DEL MAÑANA

Por fin llegó el 7 de Noviembre. Los priístas, militantes, simpatizantes y los ciudadanos interesados en el Partido, con nuestra credencial para votar con fotografía, acudimos a una cita que el PRI se impuso. Una cita con la democracia interna. Una cita con la modernidad.

Votamos por primera vez para elegir al candidato del PRI a la Presidencia de la República. Asistimos y somos parte de un cambio histórico, que esperamos irreversible e indudablemente de fondo en el PRI, pero al mismo tiempo, vemos que algo cambió para siempre en el sistema político mexicano.

Al margen de lo sucedido, en México y en el PRI se han materializado varios cambios. El más importante sin duda, es que la elección del candidato del PRI y con ella la sucesión presidencial en México, dejó de ser un proceso cerrado y cupular, para ser un proceso abierto, con reglas y sujeto al escrutinio de las urnas y de los votos.

Se trata de un proceso democrático que el PRI asumió con gran responsabilidad, seriedad y profesionalismo. Un proceso electoral interno que desde el principio, atrajo el interés de la sociedad y reposicionó al Partido en los medios de comunicación. Un ejercicio que ha legitimado democráticamente al candidato del PRI a la Presidencia de la República.

El 7 de noviembre vimos mesas receptoras de votos, mamparas y resultados. Concluimos los debates, campañas, espectaculares, propaganda, giras y propiamente las precandidaturas . Paisaje electoral al que los mexicanos nos hemos acostumbrado y del que nos hemos hecho expertos. Democracia en que opinamos y que se ha vuelto parte de nuestra cotidianeidad, de nuestra normalidad, pero que no debemos olvidar, es muy reciente y necesita todavía mucho trabajo, tolerancia y buena fe, para consolidarse y convertirse en la única vía para tomar las decisiones en nuestro país.

Federico Reyes Heroles recientemente nos regaló varias reflexiones en su Memorial del mañana. Texto indispensable para pensar nuestro fin de siglo mexicano. En este libro, y a partir de las travesuras intelectuales de un Borges centenario, que define la esperanza como "memoria del mañana", Reyes Heroles escribe que "Recordar es retomar lo que hemos sido, recuperarlo para otear el futuro."1

Si hoy recordamos un poco, entenderemos mejor el presente y podremos asomarnos al futuro.

No tenemos que remontarnos a los discursos, a las luchas y demandas de los priístas de muchas regiones del país, de hace mucho tiempo. Tomemos brevemente, como referente, la XIV Asamblea Nacional del PRI de septiembre de 1990.

Hace tan solo nueve años, en aquella simbólica Asamblea Nacional presidida por Luis Donaldo Colosio, los priístas de todo el país pedíamos a gritos: ¡Cambio! y ¡Democracia! En aquellas memorables sesiones, fuimos muchos los que condenamos el dedazo.

El PRI venía de una dolorosa fractura y de severos cuestionamientos a su viabilidad derivados de la elección de 1988. Habíamos perdido por primera vez una gubernatura, la de Baja California. La democracia y la competencia empezaban a ser valores con sentido y significado en nuestra cultura política. La democracia de la Constitución y de las leyes, se actualizaba. Era la etapa de los conflictos poselectorales.

Luis Donaldo Colosio y Rafael Rodríguez Barrera, Presidente y Secretario General del PRI, respectivamente, leyeron bien su tiempo y organizaron una Asamblea abierta, incluyente y de propuestas. Estaban dispuestos a abrir la discusión de los temas y a verbalizar todos los problemas del Partido. Fue una catarsis colectiva. Fue una Asamblea distinta. Hablamos todos y de todo. Se movilizó el Partido: trabajo, reuniones, críticas y corrientes internas.

Las bases del Partido, los priístas de carne y hueso, los líderes de las colonias y de los ejidos, los líderes reales de comités seccionales, esos hombres y mujeres que son la fuerza real que hacen ganar al PRI cada vez que viene una elección, exigían democracia interna.

Muchos recordarán anécdotas de aquella Asamblea. La demanda central y de fondo fue la de siempre: democracia interna. Pero no llegó.

El PRI en la XIV Asamblea, se quedó corto en los resultados. Corto frente a las expectativas. No podemos negar la apertura, la libertad y los méritos de aquel ejercicio en 1990, pero las bases tuvieron que esperar.

Nueve años después de aquellos reclamos, de aquellas exigencias públicas de democracia y de apertura, asistimos a lo que constituyó la primera elección democrática interna nacional del PRI, y la primera elección primaria con voto ciudadano universal, libre y secreto, en la historia de los partidos políticos en México.

Esos son los hechos y los momentos que hoy se contrastan, que merecen reflexión y un análisis ponderado.

Para esta elección, lo hecho, hecho está. El esfuerzo y el entusiasmo, los aciertos y los errores. Han sido semanas y meses muy intensos para el PRI. Pero se ha iniciado una nueva era en la historia del partido. Una nueva etapa en la que no decide uno o unos cuantos, en la que a partir del pasado 7 de noviembre deciden todos.

Cuando llegamos al partido, el pasado 1 de abril con José Antonio González Fernández y Dulce María Sauri Riancho, el debate político giraba en torno a la elección del candidato del PRI a la Presidencia de la República. Las interrogantes que surgieron fueron: ¿cómo hacerlo? ¿cuándo empezar? ¿quién o quiénes lo eligen?

El Presidente Ernesto Zedillo, decidió no elegir al candidato del PRI. Lo que sin lugar a dudas constituyó un cambio histórico y de fondo dentro de las reglas tradicionales del sistema político mexicano.

El reto era enorme y los caminos muchos. Se valoraron opciones, se pensaron escenarios. Conpoco tiempo. Con los ojos de muchos, propios y extraños, analizando lo que se construía. Se hizo una rápida y apretada consulta a los 32 Consejos Políticos Estatales. La pregunta: ¿Cómo elegimos al candidato del PRI a la Presidencia de la República?

Incredulidad. Dudas. Sorpresa. Recuerdo el comentario de un amigo priísta muy experimentado: "No pregunten así", "siembren alguna línea", "induzcan puntos de vista". Empero, la democracia se planteó como un ejercicio serio y de origen.

Ante esta oportunidad de practicar la democracia, el priísmo de todo el país se pronunció, como era de esperarse, por una consulta directa. El priísmo pidió lo de siempre: democracia y ser tomados en cuenta.

Finalmente la decisión se tomó bajo una sencilla premisa general: "Si uno no decide, decidamos todos".

José Antonio González Fernández lo dijo en estos términos: "Si el Presidente de la República no decide por su convicción democrática y por su deseo de acotar con la ley y con la democracia el presidencialismo, entonces ¿quién debe decidir? ¿un pequeño grupo? ¿quiénes conformarían ese grupo? ¿con qué criterio los escogemos y les damos tal influencia y responsabilidad? Entre uno y unos pocos, la decisión debe ser de todos."Así fue.

El Consejo Político Nacional, el 17 de mayo, en una sesión memorable, definía el procedimiento y en un mes, el PRI elaboró una normatividad equivalente al Cofipe, una organización tan importante como la del IFE y el TRIFE, guardando la proporción por la escasez de recursos, y se organizó una consulta nacional similar en magnitud de una elección federal.

Se tomaron varias decisiones. Se inscribieron cuatro precandidatos para la consulta nacional y tres para la consulta en el Distrito Federal. Se iniciaron campañas y un meticuloso y cuidadoso trabajo de organización electoral. Cientos de detalles para atender la demanda de siempre de las bases del Partido.

La meta: la mejor democracia posible. Un proceso que poco a poco fue sumando a miles de priístas; que se organizó de buena fe y con tolerancia; que tuvo como principio general la igualdad de oportunidades, y que constituye, para la historia, la primera vez de muchas cosas en la vida del PRI.

Estos son los hechos de la historia inmediata. El resultado se vio el 7 de noviembre, en ese día los nueve millones 722 mil 576 ciudadanos que acudieron a las urnas nos mostraron que si el PRI abre un espacio a la sociedad, la sociedad responde, esta es una garantía del futuro democrático que el PRI esta abriendo.

Pero de lo que estamos hablando, sin lugar a dudas, es de un cambio muy importante para el sistema político mexicano. De 1990, a 1999, advertimos este cambio. Estamos hablando de la transición democrática de México y de la transición democrática del PRI.

II: REFLEXIONES EN TORNO A LA TRANSICION
DEMOCRATICA DE MEXICO Y DEL PRI

México está viviendo una transición democrática. El tránsito de un régimen político con elementos autoritarios, hacia un régimen más democrático, participativo y plural.

Los conceptos se ajustan a la experiencia mexicana: Transición "Intervalo que se extiende entre un régimen político y otro, siendo la característica más relevante que en el transcurso, las reglas de juego no están definidas".2

Estamos viviendo un cambio en el ordenamiento político real de nuestro país. Hemos accedido a un régimen más democrático, plural, legal y libre.

La democracia ha actualizado muchos apartados de la Constitución y les ha dado una nueva y real aplicación y dimensión. El federalismo, la división de poderes, el trabajo entre ambas cámaras, el sistema de pesos y contrapesos y el accountability, de la Constitución de 1917, sólo por citar algunos ejemplos. Hoy, gracias a la democracia se actualizan, se practican y obtienen alcances que no habíamos advertido en este siglo.

Más aún, la democracia ha modificado el México extraconstitucional o metaconstitucional. Muchas de las reglas no escritas de la política mexicana también se han modificado, y han cedido espacio a nuevas fórmulas y prácticas más modernas y democráticas.

México ha accedido al circuito de países democráticos. No se puede negar que contamos hoy con un sistema político con mayores niveles de apertura y democracia que el que teníamos en el pasado reciente. Por lo menos en los últimos años, los cambios en nuestro sistema democrático, a nivel federal y local han sido permanentes.

Hay cambios institucionales y culturales: hoy contamos con plena libertad de expresión; alternancia en el poder; órganos electorales autónomos del poder público; cohabitación política entre poderes a nivel federal y local; elecciones libres; credibilidad social en las elecciones; cultura de voto, y pluralidad de partidos políticos.

La democracia mexicana no es obra individual cuya autoría pueda atribuirse a un hombre, un partido o un gobierno. Es una obra colectiva. La nuestra no fue una transición pactada, planeada, ordenada o conducida. Ha sido una transición gradual, pacífica e incluyente que nos ha ido colocando de lleno en la modernidad.

Es difícil ubicar a la transición mexicana en los esquemas que han estudiado los teóricos. Pasa igual con todas las transiciones. La nuestra ha sido una transición con sus propias características. Una transición democrática "a la mexicana". Con sus propios ritmos y matices. Pero una transición exitosa, ordenada, pacífica que ha desarrollado una democracia aceptable y perfectible.

Hemos vivido todas las contradicciones y los esfuerzos de una transición democrática. Hemos pasado de un sistema de partido hegemónico mayoritario como decía Sartori, a un sistema de partidos competitivo, con democracia real. La transición es irreversible. Debe serlo. Muchos dirán que aún falta mucho por avanzar. Coincido. La democracia es una obra siempre inconclusa. Pero debemos advertir el mérito, los méritos, de esta obra cultural colectiva.

Es verdad lo que apunta Carlos Fuentes: "La demanda ciudadana a favor de la democraciano fue, pues, ni una concesión desde arriba, ni un ciego impulso desde abajo: fue, ha sido y seguirá siendo, una cita concertada entre la voluntad política de un pueblo sabio y la voluntad política de gobernantes responsables."3

El PRI en este contexto de democracia, lo que ha hecho, lo que quiere consolidar es ponerse al día. Es cumplir con su parte. Aportar su propia democracia interna a la democracia general que vive nuestro país.

El PRI emprendió su propia transición democrática. Decidió, en un contexto complejo y como respuesta al reclamo democrático de la sociedad, abrir la elección de su candidato a la Presidencia de la República a todos los ciudadanos.

Se transparentó y se democratizó la sucesión presidencial. Una decisión que había sido, al decir de muchos, el eje, el punto nodal, el núcleo duro, la característica esencial del sistema político mexicano.

Se pasó del sistema del "tapado" y del "dedazo" a una elección democrática de amplia participación ciudadana. Se "derogó" la, denominada por Carpizo, facultad metaconstitucional del Presidente de la República de elegir a su sucesor.

Daniel Cosío Villegas cita en 1975 a Joseph Hodara que dice. "...el Tapadismo no es una nota accesoria y dispensable del sistema político mexicano; por el contrario, es una característica determinante, y su variación o desaparición envolvería un cambio fundamental en el conjunto de normas y de comportamientos que viene tipificando a México desde hace treinta años"4

Con variantes según el estilo personal de gobernar, el hecho real y concreto es que el Presidente saliente escogía a su sucesor, a su heredero.

Hoy en este noviembre histórico, Ernesto Zedillo y millones de priístas por decisión y convicción cambiamos para siempre el sistema tradicional. Es un hecho que el Presidente no eligió a su posible sucesor. Fueron millones de mexicanos los que con su voto lo han elegido. Millones de voluntades que han sustituido la voluntad presidencial.

González Fernández lo dijo en estos términos, en una declaración que queda para la historia: "Lo digo con claridad: El Presidente de la República, Ernesto Zedillo Ponce de León, ha roto con esa tradición y ha refrendado su vocación democrática. No será él quien elija a su sucesor. No pasa por los Pinos el nombre del hombre o la mujer que será Candidato del PRI a la Presidencia de la República. No espero, como Presidente del Partido, el telefonazo con el nombre de alguien".

Es un sistema político totalmente distinto. No hubo consultas a la familia revolucionaria. De hecho no sé siquiera, si siga existiendo esa familia revolucionaria. No hubo cargada que pesara en el secreto de la mampara, cuando cada quien, por voluntad propia, votó en conciencia por el precandidato de su preferencia. Y más aún; ahora que hemos elegido el Candidato del PRI, éste tendrá que luchar contra los candidatos de otros partidos políticos, el próximo año, para buscar la Presidencia de la República, en unas elecciones que organiza un órgano electoral autónomo.

Por supuesto que hay un cambio. En México y en el PRI.

Hoy vivimos la incertidumbre de la democracia y de las urnas. La transición democrática en el PRI es una realidad. Pero no fue nada más la democracia de las urnas la que se construyó, en unos meses, se avanzó en paralelo en la construcción democrática de una plataforma, en la realización de debates internos y en la creación de un sistema con competencia real.

Dejamos atrás el sistema político que se explicaba a partir de dos ejes: El presidencialismo y el Partido Revolucionario Institucional; para acceder a un sistema político que se explica a través de un presidencialismo transformado, un sistema plural de partidos y democracia.

III. LA DEMOCRACIA Y LOS DEMÓCRATAS

El nuevo sistema político mexicano, el nuevo régimen, la nueva democracia mexicana deberán consolidarse. Entendiendo como consolidación la situación "en que ninguno de los actores políticos más importantes, partidos o intereses organizados, fuerza o instituciones considera que existe alternativa al proceso democrático para llegar al poder, y (...) ningún grupo o institución política tiene la prerrogativa de vetar la acción de los gobernantes democráticamente electos (...) Para decirlo de manera más simple, la democracia se considera "the only game in town"5

Es decir la democracia irreversible. La democracia para siempre. La democracia fuerte de instituciones, que se perfecciona, que mejora, pero sobre la que no hay marcha atrás.

Es la democracia que no alteran ni los mesianismos, ni los iluminismos. La democracia que genera debate de ideas, pero que no está a debate. Consolidar la democracia es afianzar en la Constitución y en las leyes, un sistema político que no este a merced de personajes como Fujimori ó Chávez. Es crear una democracia segura, defendida por todos, porque es de todos y para todos.

Es crear una democracia capaz de generar acuerdos en lo fundamental, que garanticen la gobernabilidad y la continuidad de los programas y de un proyecto nacional.

Es tener una democracia que brinde la legitimidad y la fuerza suficiente para aplicar eficazmente la ley.

Aspiramos a ella. La queremos hoy y siempre. Dentro y fuera del PRI.

Pero la democracia se construye con demócratas. No es verdad de Perogrullo. Una nueva democracia, exigirá también nuevas virtudes y cualidades democráticas de parte de los políticos y de los ciudadanos. Necesitamos políticos democráticos que sepan ganar y que sepan perder. Los primeros con humildad, los segundos con dignidad.

México y el PRI necesitarán demócratas para su democracia, que hagan del respeto y de la tolerancia cualidad; del apego a las reglas del juego democrático punto de partida; del debate y la propuesta afán cotidiano; y de la lucha política, oportunidad para construir.

La democracia no es sólo los votos y urnas. Los mexicanos hemos centrado la discusión, lógicamente, en este primer requisito indispensable, pero tenemos que avanzar. Dar el siguiente paso. Tenemos que trabajar en el segundo piso dela democracia electoral, que se refiere a la cultura y las virtudes democráticas.

Ya hay democracia en México. Mucha democracia. Una gran cantidad de democracia. Bien, pues ahora el reto es pensar y trabajar en su calidad, en su perfeccionamiento y consolidación.

La democracia y la libertad son bienes que, cuando se tienen, muchas veces se toman ala ligera, pero cuando se pierden se extrañan, se lloran.

La democracia no es nada más libertad, es también responsabilidad. Podemos esperar mucho de todos los participantes en el proceso del PRI y de todos los mexicanos que hasta el 2 de julio del 2000, vamos a trabajar en, con, por y para la democracia mexicana. Ojalá que todos estemos a la altura del momento que nos tocó vivir.

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1 F. Reyes Heroles, Memorial del Mañana, México, Taurus, 199, p. 12.
2 Guillermo O'Donell y Philippe C. Schmitter, Transiciones desde un Gobierno Autoritario, Buenos Aires, Paidós, 1988, p. 19.
3 Palabras pronunciadas el 7 de octubre de 1999, al recibir de manos del Presidente Ernesto Zedillo, la medalla Belisario Dominguez.
4 Daniel Cosío Villegas, La Sucesión Presidencial, México, Ed. J. Mortiz, 1975, pp. 30 y 31.
5 Juan Linz, Transitions to Democracy, "Washington Quarterly 13", N° 3 1990, p. 156.