Las resultantes y los resultados
JOSÉ
ELÍAS ROMERO APIS, Abogado y Presidente de la Academia
Nacional, A.C.
Con
las elecciones internas del PRI -verdaderas primarias- comenzó
una nueva era en la vida política de México. Ello
constituyó un suceso precursor en nuestro devenir colectivo.
Mucho se ha dicho sobre lo que constituye este proceso insólito
y la importancia que representa como el primer hecho fundacional
que se da en el sistema político mexicano, después
de 65 años de no existir ningún otro suceso precursor.
En
el siglo XX mexicano acontecieron siete sucesos, sin cuya visión
clara difícilmente se podría entender lo que ha
sucedido en México durante el presente siglo ni lo que
habrá de suceder durante el XXI. Ellos son el estallido
revolucionario de 1910; la proclamación del Plan de Guadalupe
y la consecuente revolución constitucionalista; la renovación
constitucional de 1917; la gestión presidencial de Plutarco
Elías Calles con la consolidación de las instituciones
fundamentales y la fundación del PNR; el asesinato de
Álvaro Obregón con la entronización del
Maximato; la derrota del callismo con la consolidación
del poder presidencial y, por último, en nuestros días,
la inauguración de la transformación democrática
del Partido Revolucionario Institucional.
El
resultado de la jornada electoral interna del PRI es, a todas
luces, un éxito innegable. Más allá del
escepticismo, sistemático y no razonado de sus opositores;
más allá, también, de las posibles deficiencias,
desde luego superables en el futuro, de un procedimiento innovador.
Más allá de diversos aspectos que los priístas
todavía tendrían que alinear para lograr sus propósitos
electorales del 2000; más allá de todo eso, el
PRI tuvo tres docenas de logros a partir de los elementos forjadores
de las resultantes.
En
primer lugar, pueden mencionarse las resultantes de origen del
proceso:
1.
La decisión presidencial de no participar en el proceso
partidista interno de selección de candidato, lo cual
constituye un verdadero cambio fundacional.
2.
La actitud del Partido de asumir, de manera plena, una actitud
democratizadora.
3.
La resolución de optar por la consulta a la base y no
los inconvenientes de una convención o de una auscultación.
4.
La audacia democratizadora de ir a una verdadera consulta abierta
y no tan solo para militantes, que hubiese caído en suspicacias
y en descrédito.
En
segundo lugar, habría que mencionar los resultantes de
organización:
5.
La adopción de reglas específicas para la realización
de un proceso interno.
6.
La concurrencia de varios participantes en la precandidatura
que, sin caer en la multiplicidad, forjaron un espectro de posibilidades.
7.
La condicionante de que los contendientes se separaran de los
cargos públicos que, en su caso, estuvieran ejerciendo.
8.
Las limitaciones y prohibiciones para la adhesión, el
apoyo y el concurso de los funcionarios públicos y de
los dirigentes, durante el desarrollo del proceso interno.
9.
El establecimiento de una comisión organizadora y vigilante
del procedimiento interno, con independencia de la dirigencia
del Partido.
10.
En el mismo rango de independencia, puede mencionarse el establecimiento
de una comisión juzgadora de inconformidades y de irregularidades.
11.
En ese mismo tenor, el establecimiento de una comisión
fiscalizadora de ingresos y de gastos.
12.
La adopción de una regulación relativa a la propaganda.
13.
La incorporación de reglas de proselitismo.
14.
El establecimiento de regulaciones del financiamiento.
En
lo que corresponde a las resultantes vertidas en la campaña,
puede observarse:
15.
La intensidad de las campañas realizadas, en cuanto a
enfoque y perfil.
16.
El sentido abiertamente competitivo de los precandidatos y de
sus equipos.
17.
La transformación del discurso tradicional del Partido,
para adaptarse a las condiciones actuales de la ciudadanía.
18.
El cambio de tono, en cuanto al enfoque de las posiciones de
los precandidatos respecto a su coincidencia o divergencia con
los del gobierno.
19.
El cambio de ademán, en todo lo referente a la toma de
actitudes más coincidentes con la receptividad del electorado
potencial.
20.
La realización de un debate que atrajo poderosamente
la atención general y que produjo impactos de fondo en
el ánimo y en la selectividad de la opinión pública.
21.
La celebración conjunta de los eventos de rendición
de protesta y de cierre de campañas, donde se generaron
los mensajes indubitables de unidad partidista.
22.
La ausencia de un debate ideológico, que hubiese sido
inoportuno y estéril dentro del ámbito de una
contienda interna.
23.
La elusión de una contienda de ofertas filosófico-políticas
que hubiese confundido y hasta hubiere hecho recelar a los militantes
y a los simpatizantes.
En
cuanto a las resultantes relacionadas con el desarrollo del
procedimiento, valdría destacar las siguientes:
24.
La no inhibición ni limitación del impulso de
contienda, lo cual permitió un muy razonable y amplio
espacio de maniobra a los contendientes.
25.
La no sobrepenalización de la vida partidista que hubiere
llevado a un enjuiciamiento global y, eventualmente, a una descalificación
total.
En
lo referente a los resultantes del servicio electoral que fue
organizado, podrían mencionarse los aspectos a continuación:
26.
La amplitud de cobertura que tuvo el propio servicio.
27.
La exigencia de requisitos mínimos para votar.
28.
La comodidad que fue brindada a los electores en cuanto a información,
ubicación, acceso, horarios y otros aspectos.
29.
La adopción de los más confiables sistemas de
seguridad electoral.
30.
La cancelación de avisos o discursos postelectorales
que hubieren llevado a la desorientación o al descrédito
del proceso.
31.
La rapidez con la que fluyeron, hacia el electorado, los resultados
de la elección.
32.
La generación de una amplia confiabilidad en el proceso
electoral.
Por
último, en cuanto a las actitudes postelectorales deben
resaltarse las siguientes resultantes:
33.
La postura seria e imparcial de una dirigencia que se limitó
al cumplimiento de sus encomiendas, sin compartir los resultados
anímicos de los contendientes.
34.
La posición de los contendientes, dirigida a privilegiar
la unidad partidista, una vez concluida la contienda interna
y aprestándose a la campaña contra los partidos
opositores.
35.
La actitud de partidarios, militantes y simpatizantes que asumen
los logros y beneficios de un sistema de elección interna
y de unidad partidista.
De
todas estas resultantes se han obtenido los siguientes resultados:
En
primer lugar, se logró desarrollar una campaña
interna que permitió, durante varios meses, atraer poderosamente
la atención de la opinión pública en general.
Esto representa una estrategia de primer orden. Por efecto de
esta intensa actividad proselitista, las imágenes de
los aspirantes de otros partidos se difuminaron durante medio
año. Sin este acopio de atención, los reflectores
de la opinión pública se hubieren centrado en
los candidatos opositores, con consecuencias que pudieran ser
de medianas a mayores pero, en cualquier caso, irreversibles.
En
segundo lugar, porque se logró realizar un proceso electoral
con la suficiente dosis de competitividad que permitió
entusiasmar los ánimos y afianzar las preferencias de
los militantes y de los simpatizantes. En tercer término,
por haber logrado organizar un eficiente servicio electoral
que permitió la integración de un ejército
de participantes en casi 65 mil secciones electorales que componen
el país, lo cual implicó un esfuerzo organizativo
de estructura sólo comparable al del sistema electoral
de la nación.
En
cuarto lugar, porque la actitud de la dirigencia fue lo suficientemente
imparcial y ello generó credibilidad y confianza en el
proceso, sin caer en una sobrepenalización de la vida
partidista que lo llevara a convertirse en un partido recargado
de acusaciones y castigos.
En
quinto lugar, porque hubo una actitud madura de triunfadores
y derrotados, demostrando la seriedad de reconocerse como un
solo partido, asumiendo su respectiva posición de correligionarios,
lo cual resulta esencial.
En
sexto lugar, hay que subrayar que cerca de diez millones de
votos representan una actitud electoral de la opinión
pública que superó, con mucho, las expectativas
más optimistas, lo cual refleja un importante posicionamiento
en el ánimo ciudadano.
Por
último, en séptimo lugar, debiera mencionarse
que, sin éste proceso el PRI no tendría el razonable
optimismo que hoy posee para la consecución de los mayores
éxitos electorales en el año venidero y no sería
más que un partido que no habría salido aún
del estado catatónico en que se encontraba, técnicamente,
a principios de este año.
Todo
ello -y muchos logros más, omitidos por síntesis-
puede tener muy legítimamente satisfechos a la dirigencia,
a los participantes, a quienes lo promovieron, a quienes lo
organizaron, a quienes contendieron y a los millones de militantes
y simpatizantes, por haber acuñado la gestación
de un nuevo y vigoroso PRI.
