MENSAJE DEL LIC. JESÚS SILVA-HERZOG EN LA TOMA DE PROTESTA COMO CANDIDATO DEL PRI A LA JEFATURA DE GOBIERNO DE LA CIUDAD DE MÉXICO.
20 DE NOVIEMBRE DE 1999.

Con orgullo y convicción de Partido, hoy he rendido protesta estatuaria como candidato del nuevo PRI al gobierno de la Ciudad de México. Lo hago con entera conciencia histórica, en una valoración objetiva del proceso de cambio que vive el Partido y, sobre todo, con todo el ánimo puesto en la construcción de un mejor futuro.

Ser candidato del nuevo PRI implica ser parte del cambio; exige asumir la responsabilidad de encabezarlo y orientarlo hacia los fines más nobles de nuestra lucha política en la capital de la República; significa darle un contenido cierto y progresista a nuestra transformación política, y hacerlo con la claridad que reclama una militancia cada vez más activa y exigente.

Nuestro Partido, el Revolucionario Institucional, ostenta un legado insuperable; es heredero de la Revolución y, por ello, asidero ideológico de la lucha por la libertad humana y la justicia social. Hoy, en un aniversario más de esa lucha que tanto le ha dado al país, todos los priístas refrendamos nuestra vocación: revolucionaria ayer y hoy, como actitud de buscar el cambio; revolucionaria en el futuro, como actitud de inconformidad frente al mundo que nos rodea.

Pero además, nuestro Instituto Político ha sido tierra fértil para la transformación y el cambio: nuestro camino no ha sido el de un compromiso ciego y lejano a la realidad; hemos sabido transformarnos para transformar a México; hemos logrado enfrentar los retos históricos con dinamismo, en defensa de los valores e intereses nacionales y, sobre todo, con un gran amor por nuestra Patria.

Nadie va a engañarse, sin embargo: hemos cometido errores, y sería insensato venir y olvidar todas aquellas deficiencias que nos alejaron de muchos mexicanos, aquellas prácticas que nos restaron credibilidad y aquellas faltas de congruencia entre el discurso del Partido y las acciones del gobierno, que tantas críticas nos han merecido.

Admitimos todo eso, porque ahí está el primer paso para superarlo. Hoy nos unimos todos los priístas, en un análisis autocrítico, sobrio y congruente de nuestra actuación colectiva: hoy nos perfilamos como una fuerza de cambio, de reflexión y de liderazgo, que quiere seguir siendo la mejor alternativa política para México y los mexicanos.

Por eso, ahora los priístas estamos dispuestos a reconocer nuestra realidad, de ayer y de hoy; vamos a acabar con fantasmas y simulaciones; vamos a desterrar la retórica y la propaganda engañosa. Amar a México y amar al Partido no quiere decir ocultar sus problemas; amar a México y amar al Partido es empeñarlo todo para buscar una acción y democráticamente. Amar a México y amar al Partido es enfrentar el cambio con solidez, con unidad y con claridad de miras; es hacerlo todos juntos en un enorme esfuerzo por contagiar a todos los ciudadanos de este gran ánimo de cambio, de esta fuerza vital que hoy nos une y nos enorgullece.

Hace seis años, una voz lúcida, aguerrida y visionaria se levantó entre el desasosiego y la incertidumbre para lanzar una iniciativa de cambio. Hace seis años, el PRI ungió a Luis Donaldo Colosio como el candidato de la unidad y la esperanza. Hoy, tiempo después, podemos al menos celebrar que esa voz no cayó en el vacío; hoy ha nacido el nuevo PRI, como fuerza de transformación, como impulso de futuro y como tribuna de progreso.

El nuevo PRI es el Partido de la unidad y la esperanza; el partido que hoy nos exige estar a la altura de la democracia; que nos inspira vientos de cambio; que tiene candidatos fuertes y que los tiene por voluntad democrática de millones de mexicanos.

Honor a quien honor merece: primero, a todos nuestros militantes que con energía, talento y participación, han secundado y realizado esta transformación de Partido: a nuestros dirigentes políticos, que han sabido asumir la responsabilidad histórica que significa la apertura y la imparcialidad; a todos los ciudadanos, por confiar en el proyecto, por inundar las urnas con sus votos de esperanza; por creer en el nuevo PRI y por albergar una nueva expectativa de futuro: la del cambio en serio, la de la transformación que tiene rumbo y responsabilidad.

Pero no olvidemos, en el afán republicano y en la distancia mal entendida, que un hombre, en particular, ha sido promotor estratégico de la democratización definitiva del Partido: hace unos pocos años, el Presidente de la República elegía o influenciaba directamente en la elección de los candidatos. Y eso no era producto de un simple capricho o de excesos de poder: era, entonces, el medio conocido y eficaz para construir equilibrios políticos y para seleccionar a los mejores hombres.

Hoy, en cambio, los priístas hemos encontrado nuevos mecanismos de cohesión interna; logramos construir el nuevo fiel de la balanza, que ahora es la voluntad libre y democrática de nuestros militantes.

Con la misma honestidad intelectual con la que aceptamos deficiencias y señalamos errores, hay que reconocer que el Presidente de la República promovió este cambio, que lo secundó y que supo actuar con visión de estado. Cumplió su compromiso y eso merece nuestro reconocimiento y nuestro aplauso.

Hay quien, ante el éxito ajeno, no puede más que recurrir a la descalificación fácil y a la manipulación pública: para esos oídos sordos, habrá votos y más votos: cada uno, un grito de esperanza; cada uno, la prueba fehaciente de que hoy somos muchos los mexicanos que creemos en este proyecto, y que seremos más en el nuevo milenio.

Queda claro: el nuevo PRI estará siempre al frente si sabemos encauzarlo, si entendemos que nuestra transformación no se limita a un procedimiento de elección de candidatos, sino que involucra a todas las esferas de nuestra actuación institucional.

El nuevo PRI, exige una renovación estructural de su clase política, sobre todo a partir de un nuevo cambio de actitud en todos los que hoy lo conformamos. El compromiso, de aquí en adelante, será entender a la democracia como una forma de vida, como una pauta de actitud política y como el mejor motor de las transformaciones de futuro. El nuevo PRI es, por ello, una nueva militancia; una militancia comprometida, pero también capaz de la autocrítica y la reflexión libre; una militancia que abandere convicciones y valores, que grite con dignidad que es priísta y que lo es por convicción.

El nuevo PRI, tiene que plantearse una nueva visión de la política y su ejercicio. Tenemos que reivindicar al espíritu de servicio como el ingrediente esencial de toda aspiración política y de todo proyecto colectivo: ¡Fuera del PRI las ambiciones desmedidas y las demagogias electoreras! ¡Vamos a cumplirle a la gente, vamos a honrar cada voto en los hechos, en soluciones, en acciones de gobierno que respalden un nuevo discurso de partido!

El nuevo PRI, es el partido que sembrará los cimientos de una nueva sociedad en la Ciudad de México y en todo el país. Una nueva sociedad, que recupere su vocación solidaria, la armonía, la convivencia pacífica, el respeto por las leyes y las instituciones. Una nueva sociedad, que destierre de su escala de valores el materialismo puro, la ambición y el egoísmo; una sociedad que abra oportunidades, que discuta, que proponga y que participe. Una nueva sociedad mexicana, que se eduque, que cultive los valores nacionales, que se reencuentre con la gloria de la historia patria y, sobre todo, que sepa proyectarla en un nuevo milenio de prosperidad y oportunidades para todos.

El nuevo PRI, quiere ser también un espacio renovado de diálogo ciudadano; quiere recuperar el máximo atractivo histórico de nuestra organización, que es la inclusión de todas las mexicanas y todos los mexicanos en su proyecto. Promoveremos una discusión política sin dogmas, sin preconcepciones y sin verdades absolutas; una discusión que acabe con los mitos y los tabúes de la política; una discusión que abra la sociedad y que genere nuevas ideas, mejores proyectos y más consenso: una discusión, en suma, que apuntale la unidad en la diversidad, pero en torno al acuerdo y no a la imposición.

Ese nuevo PRI es el Partido que quiere, una vez más, luchar políticamente para ser y construir un gobierno: pero ahora vamos a trabajar todos por un nuevo gobierno en la Ciudad de México; un gobierno más limpio, más huma no y más sensible a las necesidades de la gente; un gobierno que deje atrás las decisiones de escritorio, que salga a las calles y que conozca el valor de escuchar a los ciudadanos. Un gobierno que rescate la confianza ciudadana, que es el único sustento de la participación política; que reivindique la dignidad y la fortaleza de las instituciones, no como un espacio para realizaciones personales, sino como el mejor mecanismo para frenar los abusos y asegurar el futuro.

El nuevo PRI, por todo ello, es mucho más que una elección y candidatos democráticos: el nuevo PRI es una auténtica fuerza de cambio: el nuevo PRI es el Partido de la unidad y de la esperanza: estaremos a la altura; sabremos asumir el compromiso y ¡vamos a cumplir!.

Vamos a cumplir, porque el priísmo de esta Ciudad así lo exige; porque ya estuvo bien de falsas promesas y de espejismos electorales que se desvanecen con mentiras; basta ya de prometer al aire y de apostar a que la gente pierda la memoria con campañas publicitarias.

No es así, y los capitalinos lo saben bien: los problemas no se resuelven de la noche a la mañana: no hay soluciones mágicas y el que las ofrece no respeta a los ciudadanos, quiere poder por el poder; lo quiere para servirse y no para servir.

Por eso, mi campaña partirá siempre de la honradez y la responsabilidad. El nuevo PRI exige que sus candidatos tengan el valor y la humildad de hablar con la verdad; exige respeto por sus militantes y por sus electores, y ese respeto sólo es posible si uno es realista y asume la política con seriedad.

La Ciudad es azotada por rezagos históricos; está secuestrada por la violencia y la impunidad; está estancada en el crecimiento económico y no ha logrado ofrecer los empleos que sus ciudadanos le demandan. La Ciudad está amenazada por la destrucción sistemática de su medio ambiente, por el uso irracional de sus recursos naturales y por el enorme desperdicio de agua, que pone en jaque nuestro futuro inmediato; el área metropolitana impone condiciones de transporte que no responden a la dinámica de una ciudad activa, conurbada y moderna. Peor aún, tenemos cinturones de miseria que han sido el gran olvido en los programas de desarrollo de los últimos años: somos contraste de riquezas inmensas y pobrezas infrahumanas; hay gente que vive en la calle o en tuberías; vemos niños que se sumen en la drogadicción y la delincuencia, porque no tienen esperanza ni oportunidades...

Tenemos en suma, una Ciudad que hoy es hostil con sus ciudadanos; una ciudad desnaturalizada y ajena a la mayoría de los capitalinos; una Ciudad que ha dejado de ser nuestra y que ya es tiempo de rescatar. ¡Vamos a rescatar esta Ciudad; vamos a convertirla, una vez más, en NUESTRA Ciudad!

Para ello, actuaremos con plena voluntad política con coraje y valentía, con todos los instrumentos del gobierno, y sobre todo, con el apoyo decidido e implacable de los capitalinos. Actuaremos con todo y con todos, para resolver los problemas más apremiantes del Distrito Federal. Que no quede ninguna duda: hay soluciones reales, y hay maneras de realizarlas: sólo falta una visión clara y mucha, mucha energía.

Tenemos que reformar nuestro gobierno y nuestra forma de gobernar: hoy tenemos un gobierno capitalino obeso, ineficiente y lejano de la gente; un gobierno que no logra encontrar el equilibrio entre la participación ciudadana y la responsabilidad pública; un gobierno que cada día sirve menos, que se estanca en prácticas añejas y que ha perdido fuerza y presencia ante los grandes intereses y los sistemas de corrupción.

Construyamos, por ello, un nuevo gobierno, más limpio y más humano: vamos a rediseñarlo por completo, evaluando y fortaleciendo lo que sirve, y cambiando todo lo que no funciona.

Todas las reformas se encaminarán al largo plazo; hoy los capitalinos abandonamos la falsa concepción de la política a partir de proyectos personales o tan solo sexenales; ahora tendremos diseño institucional para el futuro.

Hay que rediseñar el gobierno, para que los problemas no nos rebasen; para que los delincuentes dejen de secuestrar nuestra tranquilidad; para que no haya más miedo ni impunidad; para que las mentiras y las falsas promesas dejen su lugar al honor de la palabra seria y a los hechos concretos de gobierno; para que todos tengan oportunidades y vivan dignamente; para que las mujeres vivan en igualdad y no sólo entre discursos y reivindicaciones vacías; para que nuestros jóvenes tengan oportunidades, hagan de su inquietud la fuerza del presente y dejen de esperar el futuro prometido que los desplaza y los desalienta; hay que rediseñar al gobierno, para que los campesinos de la Ciudad encuentren un verdadero aliado en sus esfuerzos productivos, y no una amenaza constante a su tierra y a su estilo de vida; para que los niños de la calle tengan oportunidades y recuperen la esperanza, en vez de quedarse en los mensajes humanitarios y en las ofertas caritativas; para que nuestros mayores reencuentren un espacio y continúen produciendo, en vez de resignarse a la espera y la inactividad.

Vamos a rediseñar este gobierno, para que la Ciudad y sus autoridades sean nuestros: para rescatar la esperanza y la confianza; para creer en algo y hacerlo realidad todos los días.

Ése es el cambio que necesitamos y yo estoy dispuesto a emprenderlo; estoy preparado para dejar el alma en la travesía de hacer gobierno y de hacerlo bien. Tengo ánimo y tengo esperanza. Para encauzarlos, hoy tengo también una candidatura, que honraré siempre con verdades y propuestas; que iré construyendo con todos los priístas y que representará siempre una oferta de presente y de futuro para los capitalinos. ¡Esta candidatura es de todos los priístas: ustedes la construyeron y ustedes están al frente!

Empeñaré toda mi trayectoria, toda mi experiencia y toda mi capacidad en esta gran aventura de rescatar nuestra Ciudad: gobernarla, ciertamente, es enfrentarse a intereses y romper con inercias destructivas: gobernarla es tener la fuerza y el respaldo ciudadano para cambiar todo lo que no funciona, para desterrar la impunidad y para romper la corrupción.

Sumemos todos nuestra voz a la construcción de un nuevo porvenir: afirmemos con certeza que ya es suficiente de falsedades y decepciones; apuntalemos todos nuestra esperanza en la viabilidad de un proyecto y en la generosidad de una oferta de futuro; seamos, desde hoy, una fuerza en positivo, una gran energía de transformación de la Ciudad; una propuesta innovadora y progresista; incluyente, abierta, democrática y plural; una voluntad unitaria que retumbe en todas las calles y que contagie a todos los Ciudadanos: ¡Seamos el cambio y pongamos nuestra Ciudad en buenas manos!

De aquí en adelante, vamos juntos a hacer la campaña; vamos a comprometer realidades y no falsas promesas; vamos, con la verdad, a comunicar la esencia del nuevo PRI; vamos a convencer, para vencer en las urnas y construir así ese gobierno que todos los capitalinos se merecen.

El próximo 2 de julio, vamos por todo en la Ciudad de México. Vamos por los cuarenta distritos locales; vamos por la mayoría en la Asamblea Legislativa; vamos por las 16 delegaciones políticas; ¡Vamos por la Jefatura de gobierno de la Ciudad!

¡Vamos, con Francisco Labastida, a ganar la Presidencia de la República!

Vamos por todo, porque ése será sólo el principio; vamos a gobernar en serio, con fuerza, con votos, con democracia y con responsabilidad.

Levantemos, por ello, todos nuestras manos. Levantemos el ánimo de cambio; levantemos la unidad y la esperanza; levantemos el espíritu y el talante de triunfo; que se oiga claro este grito de esperanza; que retumbe y que convenza; que motive y que se sienta en todos los corazones: ¡En el siglo XXI, esta Ciudad estará en Buenas Manos!

Levantemos juntos nuestras manos; hagámoslo con el nuevo PRI, por la Ciudad y por México.