7 DE NOVIEMBRE: LOGROS Y COMPROMISOS
La
jornada electoral del 7 de noviembre manifiesta el cambio hacia
una nueva cultura política al interior de nuestro Partido,
con repercusiones favorables al Sistema Político Mexicano.
Si nuestra aspiración es permanecer en el poder con el
propósito de continuar sirviendo a México desde
una perspectiva nueva, nos transformamos convencidos de acudir
a la sociedad para intentarlo juntos. La respuesta del electorado
fue contundente. Fuimos capaces de encontrarnos con sus aspiraciones
democráticas y asumir un compromiso practicable de solución
a sus demandas; aquel que implica una corresponsabilidad entre
gobierno y sociedad.
La
situación actual de México, ampliamente abordada
por los cuatro contendientes a la candidatura a la Presidencia
de la República, indica la necesidad de recuperar el
crecimiento económico para atender a la gran mayoría
de la población sin desperdiciar recursos, incidiendo
en la nutrición, la salud y fundamentalmente en la inversión
educativa, considerando el empleo pleno, sin perder de vista
los grandes desafíos de la globalidad y las impresionantes
revoluciones científica y tecnológica. Ello obliga
a reflexionar sobre el vínculo indisoluble entre la ética
y la política.
Sin
el apego a la legalidad, es imposible lograr cambios cualitativos
en nuestra convivencia diaria. En un Estado de Derecho, se impone
aplicarlo sin distingos. Hacerlo, derivará en un rechazo
social a la impunidad y a la corrupción; un más
acabado sistema de justicia y un abatimiento de la inseguridad
pública. Los valores y principios de la Revolución
Mexicana: Soberanía, Libertad (es), Democracia, Justicia
Social, Derechos Individuales y Sociales, ahora los Derechos
Humanos y la Protección al Medio Ambiente, entre otros,
siguen vigentes en una sociedad tan desigual y a la vez tan
dinámica. Posibilitar las prácticas democráticas,
requiere su aplicación desde los ciudadanos; lo mismo
demanda a las instituciones públicas, privadas y sociales;
el ejemplo debe ser de los partidos políticos. La democracia
necesita marcos normativos de actuación que guarden una
congruencia entre los fines que se propone y los medios para
alcanzarla.
Más
allá de opiniones en contrario, en la elección
interna del PRI todos honramos nuestro compromiso con México:
el Presidente de la República al haber dado un paso gigantesco
en la construcción del presidencialismo democrático;
las bases del Partido y el Consejo Político Nacional,
al definir el mecanismo idóneo para replantear nuestros
propósitos desde una plataforma legitimada por el voto
popular y así reposicionarnos como la vanguardia política
en nuestro país; los cientos de miles de militantes que
colaboraron eficazmente en la organización del proceso,
en la jornada y en la movilización de la comunidad; los
cuatro correligionarios que participaron, y sobre todo, el electorado
que acudió por millones, ordenada y responsablemente,
a depositar su voto.
Francisco
Labastida Ochoa fue el elegido. Con él, nos queda el
reto de ganar la elección constitucional del año
2000. Tenemos un sólido candidato dueño de una
legitimidad con la que no cuentan nuestros adversarios. Para
cerrar el círculo virtuoso que hemos desencadenado, exigiremos
lo que ofrecemos: tolerancia, respeto y civilidad. Singularmente,
planteamientos de desarrollo y bienestar social cuya consecución
no solo es deseable, sino debe ser posible con el concurso de
todos. La fuerza de la historia está con nosotros, actuaremos
responsablemente con creatividad y sensibilidad para merecer
el triunfo.
José
Antonio González Fernández
Presidente del Comité Ejecutivo Nacional
