LA ELECCIÓN INTERNA DEL PRI Y LA CONSOLIDACIÓN
DEL PROYECTO DE NACIÓN

ENRIQUE KU HERRERA, Secretario de Acción Indígena del CEN del PRI; diputado federal; Presidente del Consejo Indígena Mexicano y Presidente del Parlamento Indígena de América.

El proceso que vivimos los priístas y toda la sociedad nacional, al elegir a nuestro candidato a la presidencia de la República, marca la pauta para una nueva etapa en la historia del priísmo y de los partidos en México. Se trata de una elección inédita y sin comparación con episodios anteriores en la experiencia de los mexicanos. En los párrafos siguientes habremos de realizar algunas consideraciones sobre la singularidad de esta elección y su impacto en la vida interna del Partido y en el sistema político mexicano.

1. La elección interna del PRI permitió reiterar la firme voluntad de cambio democrático que caracteriza a los priístas. El PRI ha sido, desde su fundación, el principal impulsor de la democracia tanto en la nación como en sus asuntos domésticos. Una de las constantes que se pueden identificar en el desarrollo histórico del Partido es el gradual perfeccionamiento de sus métodos de convivencia interna, no exento de dificultades y tropiezos, pues se ha transitado de la radicalidad de las balas a la efectividad del voto.

Esta elección hace justicia a las luchas de miles de militantes que, por muchas décadas, pugnaron por reformas profundas a la estructura verticalista de la toma de decisiones fundamentales en nuestra organización política. Significa, por eso, la satisfacción de una aspiración añeja de las muchas generaciones de priístas convencidas de la necesidad de que el PRI fuera de los ciudadanos.

No existen modelos únicos para el ejercicio democrático. Cada pueblo, en el transcurso de su propio desarrollo, crea el modelo que más se ajusta a sus características y a la voluntad de sus ciudadanos. Por eso el método que adoptó el PRI para avanzar en su democracia tiene que ser juzgado por el consenso que logró crear, tanto en el interior del Partido como entre toda la ciudadanía. Y ese juicio es claro: la opción priísta se vio refrendada con la prueba de garantizar la unidad interna del Partido y, por supuesto, con los casi 10 millones de votos obtenidos.

Las grandes transformaciones ocurridas en el trinomio PNR-PRM-PRI no se dieron sólo por el voluntarismo de algún gran político. Corresponden en realidad a recomposiciones profundas en la sociedad y en el Partido Revolucionario. Cada una en su momento obedeció a severas crisis del modelo partidario de cara a la cambiante realidad nacional, a las cuales fue necesario responder con inteligencia, visión de largo plazo y honda responsabilidad.

Por eso el Partido logró adaptarse siempre a situaciones cambiantes, respondiendo a movimientos de la sociedad para no rezagarse de los nuevos tiempos que vivía cada generación, y colocándose al mismo tiempo a la vanguardia de los cambios, impulsándolos, no sólo en su ámbito interno, sino también permeando todo el conjunto social.

Para el priísmo la democracia es, precisamente, un macro acuerdo social. Por eso debe responder siempre a la expectativa de los militantes y los ciudadanos, y a las condiciones objetivas del desarrollo político de la ciudadanía, de lo contrario se corre el riesgo de implementar reformas con poca aplicabilidad o condenadas a crear desequilibrios sociales y el consecuente fracaso de esas reformas.

El método aprobado por el Consejo Político Nacional para elegir al candidato priísta a la presidencia de la República fue el resultado del trabajo de muchos militantes que, con aguda visión, entendieron que sólo con procedimientos participativos, transparentes y con reglas claras se estaría en posibilidad de reposicionar al Partido como la mejor opción política del país.

2. La elección priísta es trascendente porque permitió reconfigurar los roles tradicionales de poder en el sistema político mexicano. En este ejercicio electoral pudo observarse una mayor madurez política en la relación del partido con el presidente de la República, la cual se basa en el profundo respeto mutuo.

Así, el Presidente pasó a ser, de protagonista principal en todas las decisiones internas del Partido, a un militante distinguido con amplia autoridad moral y política para garantizar la correcta aplicación de las normas internas del proceso. Esta nueva relación puede ser sustentable porque hay ahora un mayor desarrollo de la cultura política de los priístas, capaz de encarar semejante desafío, evitando sus riesgos y peligros. Hemos aprendido así que un sistema democrático sólo puede reemplazar los autoritarismos mediante la participación responsable de todos los actores involucrados.

La nueva relación del Partido con el Presidente de la República abre la oportunidad al priísmo de consolidarse como un organismo con vida propia, con solidez programática y de ideas y, por lo tanto, configurarse como un partido apto para la competencia y más cercano a las demandas de los ciudadanos.

La elección interna priísta permitió ver también un ejercicio del poder con claras definiciones democráticas, pues al cancelarse la figura de "el gran elector", refiriéndose a las atribuciones metaconstitucionales del Presidente de nombrar a su sucesor, se posibilitó que las decisiones recayeran en los ciudadanos, con lo que se estimula su participación, además de otorgarle mayor credibilidad al proceso.

El Presidente de la República, con un alto sentido de la responsabilidad histórica, optó por aportar al próximo milenio un PRI más moderno y democrático, en vez de continuar la secuencia de entregar a la nación un candidato más.

3. Esta elección reveló la capacidad del priísmo para responder con eficiencia a las expectativas de los ciudadanos.

Con una desacreditación oficiosa de todo lo que olía a priísmo, los demás partidos apostaban a que los días del PRI estaban contados. Así lo mostraban también las tendencias electorales, en las que, con la excepción de los 17 millones de votos que obtuvo el presidente Zedillo, el número de sufragios a favor del PRI iba en constante decremento, llegándose al grado de perder la mayoría relativa en la Cámara de Diputados y entregar a los adversarios políticos estados tan priístas como Zacatecas o Tlaxcala.

Sin embargo, la recuperación priísta se construyó identificando lo que la ciudadanía esperaba del Partido, conformándose así una estrategia para perfilar un organismo político que se pusiera del lado de las causas más justas y nobles de los mexicanos; que devolviera la esperanza por un futuro mejor; que mostrara la congruencia democrática, tanto en su discurso como en sus hechos y que abriera sus puertas a la participación amplia de todos los ciudadanos.

El PRI respondió al interés nacional al incorporar a los ciudadanos sin militancia a su decisión más importante: elegir al candidato a la Presidencia de la República. Para ello, tuvo que vencer inercias y costumbrismos, pues aún al interior del Partido existían sectores que no creían en los procesos abiertos, aduciendo la posibilidad de la fractura interna y también estuvo presente el escepticismo de sectores tradicionales del partido y de las oposiciones que arguían que se trataba de una simulación prefabricada.

No se trata, como algunos suponen, de cambios cosméticos, sino que se ha empeñado el trabajo para que las transformaciones sean de fondo y duraderas. Por supuesto que falta mucho por hacer, pero lo que se ha demostrado es que existe una recia voluntad para seguir cambiando, ya que la vida democrática no es un fin en sí mismo, sino que es la vía para lograr más progreso y acabar con tanta pobreza, desigualdad y marginación que todavía hoy provocan la indignación de los priístas y de todos los mexicanos.

4. Con el proceso interno para elegir al candidato priísta a la presidencia de la República se han dado los pasos necesarios para institucionalizar los métodos democráticos en todos los niveles e instancias de la toma de decisiones del Partido.

Para ello se requiere, en primer lugar, que los ciudadanos y militantes reconozcan la vía democrática como el único instrumento para la toma de decisiones. Así lo hicieron los militantes al acatar las reglas que se establecieron para normar este proceso. En segundo lugar, es indispensable la participación de la ciudadanía en el proceso, ya que un episodio democrático que se desarrolle sin el concurso de todas las fuerzas sociales, difícilmente será lo suficientemente legítimo como para cohesionar las voluntades mayoritarias en un proyecto común. En tercer lugar, debe haber permeabilidad, comunicación y coincidencia entre la ciudadanía y los militantes en torno a los valores democráticos, es decir, a la asimilación de una cultura política que determine las formas en que se toman las decisiones y el actuar ético y político de cada militante priísta. Por último, la aceptación de los resultados de la elección, incluyendo la derrota, lo cual es un elemento inherente a la democracia.

El PRI ha dado con éxito un paso adelante en su refundación democrática. No se puede dar marcha atrás. Ahora es necesario seguir perfeccionando los mecanismos para la selección de candidatos, aplicándolos para otros tipos de decisiones, como la selección de candidatos a gobernadores, presidentes municipales, senadores, diputados y, también, para renovar a las dirigencias del partido, aplicando siempre los mecanismos más consensados, con mayor participación y más transparentes que cada elección permita.

5. La elección interna priísta demuestra que la Revolución Mexicana sigue viva en las convicciones de todos los priístas y del pueblo de México. Los principios que dan sustento al PRI, resumidos en la máxima de "democracia y justicia social", son banderas que guían la acción del PRI y los gobiernos que de él emanan. Por varios años la ciudadanía percibió al Partido alejado de sus principios y distante de la sociedad, lo que se tradujo en una menor efectividad electoral, más por la disminución de votos de los mismos simpatizantes priístas que por el aumento de la participación electoral de las oposiciones. Esto refleja el fuerte vínculo y simpatía de la ciudadanía por un PRI fiel a las ideas democráticas y promotor de una mejor calidad de vida para los mexicanos.

Mientras el PRI continúe perfeccionando los métodos democráticos de toma de decisiones, también la ciudadanía respaldará la acción priísta, no sólo con el voto, sino incentivando su participación en una militancia comprometida, responsable y conciente de la demandas de la sociedad.

La elección presidencial del año 2000 será sin duda muy competida. El PRI lleva ya una fuerte delantera para conquistar las preferencias electorales, pero esto no debe llevarnos a pensar que se ganará por inercia o asumir posturas triunfalistas prematuramente, sin importar que nuestros adversarios se encuentren a la zaga y confusos por el nuevo impulso que ha tomado el priísmo. Por el contrario.

Hay que mostrar ahora que la democracia sirve a los intereses del pueblo y de toda la nación. Hay que incorporar a la plataforma partidaria las demandas y necesidades más hondamente sentidas por la ciudadanía, especialmente por los más pobres que, siendo mayorías, tienen también mayores derechos y mayor poder en una estructura política verdaderamente democrática.