Una opinión Independiente
ALGUNAS
RAZONES DEL DOMINGO SIETE
ALFONSO
ZÁRATE. Académico, actor político y analista
de los fenómenos del poder; dirige el Grupo Consultor
Interdisciplinario, S. C., que edita la Carta de Política
Mexicana.
Una
pregunta -realmente dos- reclama respuestas. ¿Cómo
explicar casi 10 millones de votos y la contundencia de 273
distritos en favor de Francisco Labastida y apenas 21 por Roberto
Madrazo? La mayoría de las interpretaciones van de un
extremo ("fue una farsa"), al otro ("es el mayor
quiebre histórico en la historia del PRI"). Las
dos maniqueas, ambas simplificadoras.
Quizás
la respuesta se encuentre en la compleja articulación
de una constelación de variables:
En
primer lugar, todo lo que cabe en una sola palabra, el aparato:
una maquinaria político-electoral que incluye desde el
Poder Ejecutivo de la Unión, hasta gobernadores y líderes
regionales, pero que abarca también lo que queda de la
estructura corporativa, la cargada mediática, empresarios
de todos los tamaños, ministros religiosos, intelectuales
orgánicos... Sumado a ello, el trabajo inteligente, moderno,
de ingeniería electoral diseñado e instrumentado
eficientemente.
Pero
allí no podría agotarse la explicación.
Están, sin duda, otros datos: la auténtica novedad
del proceso. La apertura generó expectativas en las filas
del PRI y en sectores de la sociedad y las expectativas se tradujeron
en participación. También tuvo que ver la rispidez
de la lucha entre los dos principales contendientes, que aportó
credibilidad (llegó, incluso a poner en riesgo el proceso)
y llevó a promover el voto a los partidarios de uno y
otro precandidato.
Tampoco
puede olvidarse el papel de los medios que posicionaron la elección
interna del PRI en la opinión pública y fueron
un factor relevante en el alto nivel de concurrencia y, finalmente,
el peso de la psicología social: "Somos parte de
una gran maquinaria que hoy pretendemos considerar ajena...
el pueblo acepta en la práctica el sistema que con sus
palabras señala que lo tiene cansado".1
Por
lo que toca a los resultados, además del peso del aparato,
las razones podrían encontrarse, entre otras, en las
siguientes causas:
Un
voto reflexivo que identificó a Labastida como el precandidato
que ofrecía oficio, equilibrio y madurez.
El
agotamiento de la estrategia ruda y confrontadora de Madrazo
y su incapacidad para saltar a otra etapa, constructiva.
Se
quedó atrapado en la lógica de la beligerancia.
Los
límites de la mercadotecnia y los riesgos de convertir
a un publicista en estratega político.
Pero
más allá del "impresionante" triunfo
de Francisco Labastida contabilizado por distritos (273), no
puede omitirse un dato mayor: lograr alrededor de 2 millones
y medio de votos, como lo hizo Madrazo, no es cualquier cosa.
Muchos proyectos pueden sustentarse en semejante base electoral.
LOS
SALDOS
En
1997 la declinación del PRI era notable, pocos anticipaban
su recuperación. Hoy, sin embargo, parece haber construido
la base de una nueva institucionalidad y una expectativa seria
de triunfo para el 2000.
Del
procedimiento de sucesión más autoritario, ha
transitado -sin soslayar mediaciones e imperfecciones- al más
abierto; de la indisciplina y el riesgo de ruptura ha pasado
al procesamiento institucional del conflicto entre los contendientes;
del déficit en inteligencia política a la puesta
en marcha de un plan de "democratización controlada";
de la balcanización del priísmo a la demostración
de su capacidad articuladora de intereses y movilizadora de
votos. No es poca cosa.
Esta
operación le deja al PRI varios activos políticos:
Después
de tres meses de campaña interna pasa de 44 a 47 por
ciento en intenciones de voto, mientras el PAN baja de 35 a
32 por ciento2, y logra mejorar su imagen lo mismo en Estados
Unidos que en Europa.
Levantó
un padrón que no tenía, con lo que esto implica
en términos de insumo para el trabajo político
("tiros de precisión") hacia un universo de
militantes y simpatizantes que ahora tiene identificado.
Movilizó
a una enorme estructura -200 mil funcionarios para las mesas
receptoras sin incluir a los representantes de los precandidatos-
que queda bien entrenada para lo que viene (capacitó,
organizó el trabajo, actualizó redes logísticas
e informativas, etc.).
La
elección interna le ha permitido -como antes en Chihuahua
y otras entidades- reposicionarse antes del proceso constitucional.
ÚLTIMAS
PALABRAS
Hay
PRI para rato. El viejo PRI mostró un sorprendente conocimiento
de la realidad y una capacidad de cambio que podrían
llevarlo a refrendar su predominio en la sociedad mexicana el
próximo 2 de julio.
Resulta
un exceso hablar del supuesto reemplazo del "dedazo"
por la "cargada" o, peor aún, de un "quiebre
histórico". Lo que se puso en marcha no fue sino
una variación, -ciertamente audaz porque ensanchó
el margen de incertidumbre- del ejercicio unipersonal del poder
presidencial.
De
ahí que sea posible leer los sufragios a favor de Roberto
Madrazo, Manuel Bartlett y Humberto Roque -alrededor del 40%-
como un voto contra la "línea", la "cargada"
y el modelo económico vigente.
Si
la oposición se conforma con un análisis simplista
y superficial y no hace una lectura inteligente de este proceso
y reformula sus estrategias para el proceso electoral del 2000,
va a presentar malas cuentas.
1 Así explica el doctor Armando Barriguete (desde una
perspectiva psicosocial) el fenómeno de la votación
del domingo 7 en entrevista concedida a Ivonne Melgar, "La
maquinaria somos todos" , Reforma, 9 de noviembre, p. 10A.
2 VÉASE Milenio, 8 de noviembre de 1999.
