LABASTIDA, CANDIDATO
El
miercoles 17 de noviembre de 1999, La Comisión para el
Desarrollo del Proceso Interno, en
la X Sesión Extraordinaria del Consejo Político
Nacional, se entrego al licenciado Francisco Labastida Ochoa
la constancia que lo acredita como candidato del PRI a la Presidencia
de la República.
A
continuación se presenta el mensaje del licenciado Fernando
Gutiérrez Barrios,
presidente de la Comisión para el Desarrollo del Proceso
Interno.
En
esta sesión extraordinaria del Consejo Político
Nacional, que se reúne para conocer el acuerdo tomado
en esta fecha, durante la última sesión de la
Comisión para el Desarrollo del Proceso Interno, me permito
hacer ante ustedes algunas reflexiones.
La
elección interna que ha vivido el Partido Revolucionario
Institucional, constituye un parteaguas histórico. En
el que se define el término de una época que corresponde
al final del siglo XX, y al inicio de otra que empieza con el
nuevo milenio que está por arribar.
La
trascendencia sociopolítica de este hecho, determina
una indiscutible modernización institucional, modernización
que se finca en el principio esencial de nuestra unidad política,
en la que el PRI adopta un nuevo perfil con el impulso de cambio
surgido de la misma sociedad.
El
ejercicio de la democracia es riesgo y es oportunidad. Por eso,
con visión de futuro, el Presidente de la República
alentó la democratización de su partido. La impulsó
consciente de que por encima de su imagen personal, estaba la
exigencia de interpretar el sentir mayoritario de los mexicanos.
En
un momento en que las demás organizaciones políticas
evitaron los riesgos de una elección abierta, nuestro
partido asumió el reto de la democracia. Decidió
consultar a priístas y no priístas obteniendo
como resultado la participación de cerca de 10 millones
de ciudadanos, que emitieron su voto el pasado 7 de noviembre.
Por ello, nuestro más amplio reconocimiento al Presidente
Ernesto Zedillo.
El
parteaguas al que me he referido determina un nuevo desafío.
Desafío que debemos aceptar, sobre todo, después
de una jornada cívica exitosa en que se confirmó
la capacidad de convocatoria, y la credibilidad que tiene el
PRI en una sociedad despierta, demandante y plural.
La
responsabilidad y la ética, fueron factores preponderantes
en la conducción de esta contienda inédita. La
magnitud y complejidad organizativa de este proceso, estuvo
enmarcada por los principios de la legalidad y equidad, imparcialidad
y transparencia, así como por el respeto absoluto a la
voluntad libre y soberana de cada ciudadano.
El
resultado de esta consulta tuvo un saldo favorable: el triunfo,
inobjetable y contundente, en el que se sustenta la legitimación
democrática de nuestro candidato a la Presidencia de
la República: Francisco Labastida Ochoa.
Por
ello, en este acto, hacemos entrega de la constancia de mayoría
a quien obtuvo la victoria en el mayor número de distritos,
en la elección interna realizada, lo que demuestra la
fuerza indiscutible de nuestro Instituto Político.
Francisco
Labastida Ochoa, quien abanderará a nuestro Partido en
las próximas elecciones constitucionales, es garantía
para continuar el esfuerzo nacional y el progreso del país.
Lo es por la firmeza de su convicción democrática,
su respeto a las instituciones, su claro sentido de la justicia
social, y por su permanente anhelo de que México siga
siendo un país libre, digno, independiente y soberano.
Con
plena certidumbre afirmamos, que con el voto de los mexicanos,
será el próximo Presidente de la Nación.
El
PRI jamás ha actuado de manera hermética ni excluyente,
a lo largo de su historia se ha caracterizado por interpretar,
fielmente, las demandas y los anhelos del pueblo. Ha sabido
adecuarse al ritmo de los tiempos. Esta capacidad de adaptación
ha logrado que permanezca en el poder, porque sabe escuchar,
palpar y sentir, el pulso de la sociedad.
Sin
embargo, esto ya no era suficiente para una época marcada
por las transformaciones globales, los avances técnicos
y la consolidación de las democracias, se hizo necesaria
la creatividad y la imaginación, para responder a una
sociedad emergente, y a las características de un nuevo
ciudadano.
Por
ello afirmamos, categóricamente, que el nuestro es un
organismo político vertebrado, vivo, sustentado en una
clara ideología. Es un partido político democrático,
cuya voluntad irrenunciable es profundizar cada día en
las demandas y reclamos de carácter social, de ahí,
para nosotros, no es válido descartar sino incluir, sumar
y multiplicar, nunca dividir.
Hoy
la opinión pública está consciente de que
el PRI se renueva. De que el PRI es capaz de definir una ruta
de transformación, en el orden, la civilidad y el voto
respetado. La política, y con ella la imagen de nuestro
Partido, se ha vigorizado. Hemos demostrado, una vez más,
que el Partido revolucionario Institucional ha sido y seguirá
siendo, la vanguardia de las fuerzas sociales del país.
Compañeras
y compañeros de Partido:
Culminamos
un procedimiento, inédito e histórico, en la vida
de nuestro Partido y en la vida del país. Se cumplieron
cada una de las etapas que le dieron forma y contenido. En ellas
prevaleció la legalidad, el respeto y la imparcialidad.
Cuando
damos constancia de los actos que definen el triunfo de nuestro
candidato, en una justa que hizo del Partido el centro del interés
nacional y del análisis externo, nos damos cuenta, recapitulando,
que hoy contamos con un nuevo PRI.
Un
PRI proyectado hacia el futuro. Un PRI cohesionado, vigoroso
y profundamente democrático.
Estos
meses de intensa y ardua labor, me brindaron la oportunidad
de formar parte de un equipo de trabajo cuya generosidad y apoyo
han sido invaluables, por eso quiero agradecer la confianza
que en mí depositara este Consejo Político, así
como el Comité Ejecutivo Nacional, principalmente, su
dinámico presidente, José Antonio González
Fernández, a quien reitero mi reconocimiento y afecto.
Mi
reconocimiento también, a la Secretaria General de nuestro
Partido: a Dulce María Sauri, dama talentosa y de profunda
convicción partidista, quien ha puesto al servicio del
Partido su experiencia y dedicación.
A
la convocatoria del cambio que se hizo hace pocos meses, se
sumaron con entusiasmo los Sectores, Organizaciones y Movimientos,
que forman parte fundamental de la estructura política
del Partido.
Se
sumaron también los mejores talentos de nuestro Instituto
Político, quienes se integraron a la Comisión
para el Desarrollo del Proceso Interno. A todos ustedes, a todos,
les agradezco su elevado espíritu de colaboración,
su prudencia, sensatez y comprensión, consciente de que
colocaron siempre sobre la indiferencia la convicción,
y sobre las divergencias la conciliación.
A
la Secretaría Técnica de esta Comisión
encabezada por Felipe Solís Acero, le agradecemos su
valiosa e incansable participación.
Deseo
destacar la capacidad y profesionalismo de los miembros de la
Comisión de Equidad y Justicia y del Comité de
Fiscalización, encabezados por el maestro Juan Moisés
Calleja y el doctor Héctor Luna de la Vega, así
como de los Secretarios de Acuerdos y Ejecutivo de estos órganos,
Morelos Jaime Canseco Gómez y Alfredo Salgado Loyo. En
igual forma quiero resaltar el trabajo realizado por el Secretario
de Elecciones, el doctor Carlos Almada, cuyo esfuerzo y dedicación
tuvieron especial importancia en el desarrollo de esta consulta.
Quiero
reconocer el esfuerzo y vocación partidaria de todos
los integrantes de los Comités Electorales Locales y
Distritales, que fueron la estructura básica de esta
contienda, así como a los presidentes de los Comités
Directivos Estatales, a los Delegados, a los Coordinadores y
a los miles de funcionarios que estuvieron al frente de las
mesas receptoras del voto.
A
los periodistas de prensa, radio y televisión, a los
camarógrafos y fotógrafos que nos acompañaron
a lo largo de esta encomienda, mi más sincero agradecimiento.
Hoy,
al concluir las funciones de la Comisión para el Desarrollo
del Proceso Interno, concluye también esta transcendente
e importante responsabilidad.
En
este lapso he aprendido. He apreciado el talento, la convicción
y la fuerza de voluntad de estas nuevas generaciones que conforman
la sólida estructura de nuestro Partido. El Partido que
aceptó el reto del cambio y la renovación. El
Partido que confió en la capacidad y visión de
sus dirigentes y de sus bases. El Partido que enfrentó
la difícil tarea de remontar suspicacias, pero sobre
todo, que supo desechar el temor a las inercias del pasado.
Así,
emprenderá una nueva y trascendental función:
conducir la lucha electoral que se avecina, y lograr el triunfo
que será indiscutible e inobjetable, en las próximas
elecciones constitucionales del año 2000.
