Por un proyecto de país que tenga alcance de 30 años
ROBERTO
MADRAZO PINTADO
Amigas
y amigos, compañeros todos de partido, el 19 de julio
en el evento de registro de mi candidatura, ante la Comisión
para el Proceso Interno, hice entrega de aportaciones para el
debate de la plataforma electoral de nuestra organización
política. Con esa base he recorrido el país, discutido
con la gente sus ideas, tomado sus anhelos, sus sueños,
compartido sus reclamos y sus aspiraciones por un cambio para
nuestro país.
Hoy,
como resultado, precisamente de ese intercambio, vengo a presentar
al Partido el conjunto de aportaciones que junto a al gente
hemos logrado construir durante estos meses de trabajo.
México
se encuentra en el umbral del nuevo milenio, lo hace ante la
posibilidad histórica de cambiar, de tomar un nuevo sendero
para encontrar verdaderas soluciones a sus más urgentes
problemas. Hoy los derrotados suman millones y los triunfadores
apenas unos cuantos. Es imprescindible reconocer los avances
para fortalecerlos y los errores para enmendarlos, resarcir
los daños y restañar las heridas de la sociedad
para poder así, con el Partido, construir a su lado una
nueva nación mexicana.
Los
priístas que hemos sido siempre priístas hemos
encabezado las luchas sociales, así lo demuestra la historia
del Partido, lo ha hecho construyendo gobiernos que permitieron
a las familias vivir en paz, a las mujeres y a los hombres tener
trabajo y ahorro, a los jóvenes tener esperanza y al
país progresar. Lo hemos hecho antes y estoy convencido
que lo podemos hacer de nuevo. Nuestro Partido tiene hoy la
opción de convencer con la verdad para construir el cambio
del futuro, para realizar los sueños y las esperanzas
de su militancia largamente esperados.
De
la unidad del Partido y de sus triunfos dependerá la
posibilidad de cambiar al ritmo que exige hoy la sociedad mexicana.
Ha llegado el tiempo de convocar a un gran debate nacional para
construir el Estado imprescindible del futuro, un debate libre
y concreto, que ayude para construir entre todos la nueva oportunidad
que requiere el país, que constituya la oportunidad seria
para que la sociedad misma reafirme sus logros, fortalezca sus
instituciones y decida el rumbo futuro del cambio; cambio al
que me propongo contribuir con las ideas y las propuestas que
he recogido en todos los rincones de la República.
Ya
no se trata simplemente de expresar buenos deseos y metas distantes
en renglones críticos como la inseguridad, el campo o
la economía. No basta con decir que haremos más,
sino explicar cómo lograrlo, más de lo mismo ya
no es respuesta. Hablar de cifras mayores sin una propuesta
de cambio con certidumbre, es un acto de deshonestidad evidente.
Cuando
los logros sociales son magros y la polarización va en
aumento, tenemos nosotros que pensar en el cambio para el país.
La
plataforma de nuestro partido debe considerar una nueva visión
para el Estado Mexicano, un estado imprescindible, pleno de
autoridad moral y derivado del consenso popular. Un Estado que
cree, cumple y hace cumplir fielmente la Constitución,
un Estado que renueve y mantenga vivo el pacto social fundamental
transmitiendo certeza en la aplicación de la ley y garantizando
igualdad de todos ante ella.
Un
Estado fortalecido para la democracia, para lograr así
el desarrollo humano del pueblo mexicano; un Estado ubicado
en el contexto del nuevo milenio, capaz de enfrentar exitosamente
los problemas de fin de siglo, entre los que se encuentra el
problema ecológico, el problema demográfico y
el terrible problema de desigualdad entre los pueblos y entre
los seres humanos.
Ese
es el Estado que debemos construir: un Estado que exige replantear
sus elementos constitutivos para cumplir sus fines, aquellos
por los que surgió y que no deben cambiar jamás.
Es
el gobierno quien primero que nadie debe inspirar confianza,
dar certidumbre, mostrar honradez, lealtad, dignidad y eficiencia.
A él le tocará, muy pronto, concretar una transformación
estructural de perfiles sustantivos, para que la sociedad sea
cada vez más gobierno.
En
el cambio, la sociedad participará más con el
propio gobierno, desde el combate al crimen y la recuperación
de la seguridad, hasta el rumbo y las características
de la economía; desde los contenidos educativos, hasta
el otorgamiento del servicio de salud, la atención de
los grupos vulnerables y de las personas con alguna discapacidad.
Todos los temas serán consultados con la sociedad.
El
cambio representa la creación de un nuevo modo, de un
nuevo método, un estilo de administración para
satisfacer las grandes demandas de la población.
Un
gobierno decidido a terminar con los mitos y empeñado
en promover nuevas instancias públicas, sin crear más
burocracia ni dilapidar los recursos públicos.
Estamos
ante la gran oportunidad de transformar a México: primero
tenemos que recuperar el gran valor de la política, para
llegar a un alto consenso social que permita la gobernabilidad
democrática.
Los
mexicanos podemos alcanzar ese nuevo acuerdo, ajustando la política
a las necesidades de la gente. Por eso hoy, en todo el país,
los priístas debemos cambiar construyendo a partir de
nuestros principios, de nuestro propio Partido con la participación
de la gente.
Políticas
-todas ellas- de Estado, de largo plazo y que respondan a la
gente, que respondan a esas expectativas que largamente han
acariciado y definan el nuevo rumbo de la nación que
debemos construir.
Los
principios del Partido son la base del cambio y sus militantes
la fuerza motriz para llevar su mensaje a toda la población.
Así,
nuestro Partido impulsará un cambio que buscará
sumar -respetuosa y razonadamente- todas las voces de México,
que promoverá el debate para concluir la reforma del
Estado mexicano.
Construiremos
así un México unido por la conciliación
, por un nuevo pacto político nacional que dé
sustento a nuestra vida republicana.
El
federalismo es nuestra gran oportunidad. Desde que la República
surgió, estamos luchando por concretarlo en la práctica.
Un federalismo real, que no solamente se traduzca en modificaciones
presupuestales, sino que también reconozca y aliente
la diversidad de las regiones, desconcentrando y descentralizando
la vida política del país.
Un
federalismo que la gente advierta como el mejor sustento de
la nacionalidad común, que haga responsable a la Federación
de cumplir con las regiones y a éstas, solidarias con
los grandes problemas que la Federación enfrente, ante
el reto de la transformación para ingresar al siglo XXI.
Si
logramos un gobierno eficiente, moderno, sin fundamentalismos,
abierto al cambio y deseoso de incorporarlo a la sociedad en
la toma de las grandes políticas, habremos dado un paso
importante: estaremos mejor posicionados para cumplir exitosamente
nuestro encuentro con las naciones del mundo.
Somos
una nación que podría estar mejor sí todos
decidiéramos dejar el egoísmo individual, la polarización
excesiva de la economía para encaminarnos a una gran
oportunidad de encuentro con el rumbo que México reclama
para el nuevo milenio.
El
Partido está nuevamente en el centro de esta lucha del
pueblo de México. Lo hace para garantizar su soberanía,
su nacionalidad, sus valores y sus grandes principios.
Un
partido incluyente, que ha escrito grandes páginas de
nuestra historia y ha tenido sabiduría para entender
los cambios y adelantarse a ellos permanentemente.
Los
priístas optamos por las reformas necesarias, no queremos
cambiar para seguir igual. Queremos cambiar para que México
mejore y las familias vivan mejor.
Queremos
construir un futuro en torno de una política económica
de Estado, convenida con las fuerzas políticas y con
los agentes económicos del país.
De
esa pluralidad, sin duda surgirá la gobernabilidad democrática
que todos anhelamos y que la sociedad reclama.
Consolidar
el equilibrio macroeconómico es imperativo para mantener
la estabilidad, tanto como fortalecer el mercado interno.
No
podemos permitir que cada vez se cierren más nuestros
márgenes de acción.
En
1980, a partir de entonces, cada 10 años se ha duplicado
el número de mexicanos que viven en la pobreza, hasta
llegar hoy a la mitad de la población de México
que vive como en el siglo XIX.
Ante
esta situación, construiremos el consenso nacional para
concluir la definición de un proyecto de país
que tenga un horizonte de 30 años, donde haya lugar para
todos y a partir de lo cual se determine el programa del nuevo
gobierno, con las aportaciones que se han recogido por el partido.
Sólo
entonces estaremos en condiciones de terminar las reformas políticas,
económicas y jurídicas que no se han realizado
y de conformar verdaderas políticas de Estado, de largo
plazo, de largo aliento que piensen en la gente y que otorguen
certeza a la reconstrucción del país.
Para
fortalecer nuestra oferta de predictibilidad, consistencia y
confianza en a economía, conformaremos un Consejo Nacional
de las Regiones para la política económica de
Estado, donde participen todos los sectores de la economía
nacional.
Establecer
un nuevo catálogo de derechos sociales y ambientales
del ciudadano, restituir el Estado de Derecho y la eficacia
y eficiencia de la ley.
De
esta manera, podremos construir el modelo de desarrollo descentralizado,
equitativo y democrático que necesitamos para disminuir
la gran brecha que hoy existe entre nuestros indica-dores económicos,
los propios de la vida social, de la parte ambiental, de la
seguridad pública y los de la realidad de los mexicanos.
Hacerlo también con la de nuestros socios comerciales.
Un
modelo para el futuro, que se sustente en el crecimiento sostenido
de una economía en equilibrio dinámico, con estabilidad
de precios, apoyada en el vigor de las regiones, el uso racional
de los recursos naturales y la mejora constante de la calidad
de vida de los mexicanos.
Un
modelo que avance hacia mayor autonomía financiera de
los estados y municipios del país, para que cumplan con
sus metas y compromisos sociales. Y hacerlo a través
de la revisión de la coordinación fiscal, del
manejo y cálculo de las participaciones y de los propios
impuestos.
Mi
propuesta es lograr una macroeconomía balanceada en crecimiento
y una microeconomía competitiva en la apertura, que se
recupere en la tasa histórica de crecimiento del país
de 6.4 por ciento con estabilidad de precios y un tipo de cambio
competitivo que permita el desarrollo que el país reclama.
Hoy,
para lograrlo, requerimos no seguir aplazando lo que tanto tiempo
hemos hecho. Requerimos un política de competitividad:
una política que se fundamente en reformas profundas,
de carácter fiscal, financiero, laboral, administrativo
y en paralelo cumplir con el reclamo de la sociedad para iniciar
la reforma judicial, impulsar la reforma educativa de ciencia
y tecnología que México exige para competir en
la globalidad y que el eje de nuestra propuesta económica
pueda dar respuesta al beneficio y al desarrollo social.
La
alternativa es construir un esquema productivo descentralizado,
con responsabilidad social; una propuesta democrática,
cuya prioridad económica sea siempre le gente: primero
la gente y después la economía, primero la gente
y después las cosas.
El
cambio reconoce en los objetivos sociales la única expresión
válida de las metas económicas. El cambio económico
consiste en atacar frontalmente las causas de la pobreza para
garantizar las condiciones básicas que permitan un desarrollo
humano integral a todos los mexicanos y no seguir atacando sólo
los efectos y mitigando sus resultados, sino orientar los esfuerzos
a la verdadera causa que origina la pobreza del país.
El
cambio será posible con la participación corresponsable
de grupos sociales, de la familia, la comunidad y los sectores
social y privado en los programas de gobierno, el cambio nos
hará una sociedad con el desarrollo humano que merece
México; el cambio en política social será
lograr mejores niveles de vida, mediante la promoción
de programas y acciones que permitan el desarrollo humano de
los ciudadanos pero que surjan de la vida comunitaria y no de
los escritorios de una burocracia insensible a los principios
del Partido.
Se
trata de un cambio en el que el Estado garantice a los ciudadanos
el respeto a sus derechos y obligaciones, que propicie espacios
de participación a la sociedad en el diseño y
aplicación de los programas e incorpore en ellos las
diversas características regionales y culturales que
tiene México.
El
constante crecimiento de la pobreza es la más evidente
muestra de las políticas sociales y económicas
insuficientes hasta el día de hoy.
Es
claro que la pobreza es el reflejo vivo de la carencia de condiciones
básicas para el desarrollo humano como son la educación,
la salud, el empleo, el salario y la nutrición.
Por
eso debemos cambiar: para que el desarrollo humano de los mexicanos
sea el eje de una nueva política económica y un
nuevo compromiso social; el cambio que yo propongo del recorrido
nacional que expresa la gente, es el cambio que hay que realizar
mediante la aplicación de programas que habrán
de generar impacto específico para crecer en el empleo
y definir lo que la sociedad merece para poder subsanar las
carencias y la desigualdad.
Sin
duda que hoy el cambio es que la política social garantice
sin distinción la igualdad ciudadana entre género,
ubicación geográfica y etnias. El cambio requiere
que las comunidades indígenas de México estén
incorporadas al desarrollo nacional reconociendo sus derechos
políticos, sociales, económicos y culturales.
Si al país le va mal a los indígenas les va peor.
Por eso el cambio para lograr el objetivo social, es indispensable.
Amigas
y amigos todos, compañeros de Partido:
Hoy
se trata de cambiar o de seguir igual, de cambiar obteniendo
de nuestra historia lecciones que por su aliento de dignidad
merecen ser recordadas o permanecer igual, atrapados en un perpetuo
atraso.
Hagamos
el cambio con la oportunidad de este proceso. México
ya no puede seguir esperando más, México tiene
prisa y merece un futuro mejor. Aquí en el Partido me
he formado desde mi juventud, sé trabajar con lealtad
por el Partido y sus principios, lo he hecho siempre, lo sé
hacer y lo haré siempre por mi Partido.
Lo haré por ustedes que representan la expresión
organizada de una militancia que le da vida y organización
al Partido, sin la militancia el Partido sería tan solo
un cascarón vacío. La militancia es lo que permite
abrazar la esperanza de cambio e impulsar la transformación.
La militancia es la que permite recorrer los caminos señalando
el rumbo en base a la historia y al origen que tenemos. La militancia
es lo que convierte la acción de este cambio en propuesta
de gobierno, el militante es un agente permanente de la Revolución
Mexicana.
El
militante sabe que en el tiempo de hoy el Partido unido podrá
salir adelante, la unidad que se desprenda de la democracia
viva, la unidad que surja del cambio de forma, métodos
y pensamiento, la unidad que nos permita desterrar la sumisión
a la actitud fácil pero indigna, la unidad que nos permita
recuperar la voluntad para poderla hacer firmeza y no dejar
que la flexible convicción de algunos traicione nuestra
conciencia que como Partido tenemos o el corazón voluble
que no respete sus emociones se aleje de las convicciones de
Partido que le han dado sentido y rumbo a la Nación Mexicana.
Mantengamos
en este proceso la mirada alta en el porvenir y veamos hacia
el frente, hagamos que México avance porque tiene que
cambiar y hagamos de la democracia la piedra angular para ello,
para lograr así que el Partido conquiste el futuro y
ganemos todos con la democracia.
Seamos
capaces de comprometernos con el cambio, el cambio por la gente,
el cambio para la gente, el cambio con la gente. La democracia
no divide al Partido, lo une y lo fortalece. La democracia y
la competencia interna lo hacen avanzar y no retroceder. La
democracia permite construir la unidad que requiere el Partido
para diseñar la visión del futuro que México
espera.
El
Partido, sus militantes, no habremos de fallar, juntos, unidos,
ganaremos en el 2000 para que el Partido gobierne la próxima
administración.
