ELECCIONES INTERNAS.
UN DÍA DESPUÉS.

EDMUNDO GONZÁLEZ LLACA*

Imagino que al día siguiente de la elección de nuestro candidato presidencial, informamos a la militancia y a la sociedad los resultados de la jornada. La infraestructura electoral planeada por el PRI, se cumplió prácticamente al cien por ciento. Se instalaron las 65 mil urnas, se distribuyeron las cerca de 16 millones de boletas, asistieron los doscientos mil militantes previamente capacitados y las quinientos mil guías para los integrantes de las mesas receptoras del voto.

Imagino al partido respondiendo a las voces de suspicacia, de algunos líderes de los partidos opositores o voceros de ciertos medios de comunicación quienes, por algunos prietitos en el arroz, vociferan de que hubo fraude. Imagino la respuesta concluyente. Con 65 mil mesas receptoras del voto integradas por cerca de doscientos mil funcionarios y trescientos mil representantes de todos los precandidatos. Con el aval de observadores nacionales y extranjeros. Sin duda, en la historia moderna, las elecciones internas de un partido más controladas y vigiladas.

Imagino a los candidatos y representantes de los candidatos de los Estados en lo que existen impugnaciones y donde, por lo reñido de las votaciones aún no se saben los resultados, haciendo un llamado a la prudencia y solicitando la confianza de los militantes en la Comisión para el Desarrollo del Proceso Interno.

Imagino a los tres candidatos perdedores reconociendo los resultados y bebiendo con dignidad el cáliz amargo de la derrota. Dando testimonio de que sus quejas quedaban atrás y se comprometían a que sus simpatizantes y todo su patrimonio político formado en la contienda se sumaría al candidato ganador.

Imagino al candidato ganador elogiando a sus tres adversarios, aceptando que tanto ellos como sus propuestas, serán integrados a su próximo equipo de campaña y a su plan de trabajo. Lo imagino ofreciendo disculpas por alguna crítica o ironía, producto del fragor de la batalla. Lo imagino informando, ratificando o rectificando su declaración pública patrimonial y manifestando su compromiso de publicarla, una vez más, al iniciar la próxima campaña electoral.

Imagino a todos los candidatos y a sus representantes, dando las gracias a la militancia y a la sociedad por su participación libre e intensa, más de siete millones de votantes, en el proceso priísta. Invitando a sus simpatizantes a mantener la nobleza en el triunfo o la resignación temporal en la derrota. Dispuestos todos a apoyar y a vigilar en sus compromisos al candidato ganador. Imagino a los cuatro saliendo a las calles, quitando la propaganda, limpiando o restaurando los lugares, dejando las ciudades igual o mejor que antes de la lucha electoral.

Imagino a la estructura electoral del partido, sin estridencias ni protagonismos, anunciando los resultados, denunciando y aplicando las sanciones muy contadas a la violación de los reglamentos y acuerdos, producto más de la ignorancia que de la mala fe. Imagino a la Comisión para el Desarrollo del Proceso Interno, avalando unánimemente la credibilidad y transparencia de todo el proceso interno y comprometiéndose a presentar un proyecto de reformas que supere las pequeñas fallas detectadas.

Imagino a los medios de comunicación haciendo una evaluación objetiva de la elección del candidato presidencial del PRI. Los imagino, sin regatear méritos, destacar el ejemplo que representa para otros partidos y el avance en la cultura política del país. Reconociendo que el partido mayoritario se mantiene en la vanguardia de los cambios democráticos, lo que le asegura prácticamente el triunfo en las elecciones oficiales.

Imagino a la dirigencia del partido, reconociendo la importancia que tuvo el legado histórico de Luis Donaldo Colosio en todo este cambio, aprovechando la ocasión para exigir el esclarecimiento de su ejecución. Imagino a esta dirigencia convocando a toda la militancia a la unión, a la autocrítica, a la reforma interna de nuestros estatutos y al compromiso de ampliar la elección democrática a todos los niveles, pues sí podemos lo más, podemos lo menos.

Imagino a todos los priístas ratificando nuestro apoyo al Presidente de la República y al candidato ganador, pero sobre todo, ratificando nuestra fe en el diálogo y en la política, comprometiéndonos a subordinar nuestros intereses personales y de grupo, para que imperen en México la paz, la justicia y la democracia.

*Político Queretano; Diputado Federal a la LIII Legislatura.