EDITORIAL
LA CUARTA ETAPA
La
historia política de México en el siglo XX se explica
por la recia presencia en el poder del Partido Revolucionario
Institucional durante 70 años ininterrumpidos. Hoy llega
a la cuarta etapa de su fecunda historia.
La
primera etapa es la de su creación como Partido Nacional
Revolucionario (PNR) cuando concilia los factores del poder para
conducir la lucha por la civilidad y la paz social. Con originalidad
responde a la especificidad de las necesidades propias del México
19281929. Un partido de quienes hicieron la Revolución
con el propósito de cambiar el régimen y construir,
precisamente, una democracia de partidos.
La
segunda etapa, ya como Partido de la Revolución Mexicana
(PRM) en 1938, asume la organización social de la población
para fundirla con la del Partido y el programa de gobierno, de
largo aliento, reivindicador de las aspiraciones y programas
expresos en la Carta Magna: educación, protección
a los trabajadores, reforma agraria, libertades...
La
tercera etapa, de 1946 a la fecha, es la del Partido Revolucionario
Institucional (PRI). Concuerda con la modernización del
país y está abocada a fortalecer las instituciones,
crear más y mejores a favor del bienestar general. Entre
otras cosas, se cambio la faz rural por la urbana con 20 millones
de habitantes en 1930 y 100 millones en el año 2000 y
se propició por muchos y complejos caminos, la formación
de una clase media participativa, crítica y exigente de
sus derechos.
Con
el concurso de varios actores políticos, sin que el PRI
deje de protagonizar el papel más relevante, se han ido
creando instituciones igualmente originales, de carácter
netamente político. En un proceso gradual, incluso pedagógico
desde el punto de vista de la cultura política, ellas han
abierto la competencia electoral, la representación proporcional,
la alternancia en el poder público. El orden constitucional
se ha mantenido durante 70 años, a pesar de diversas vicisitudes
en los ámbitos internacional y nacional.
Es
el único partido en el mundo que se ha mantenido en el
poder por 70 años; su longevidad no le resta eficacia dada
su adaptabilidad y flexibilidad; su lucidez para leer la realidad,
interpretar lo que la gente quiere y actuar en consecuencia.
La
democracia en el Sistema Político Mexicano se ve enriquecida
por una decisión dual: con realismo político el
presidente de la República determinó no utilizar
su prerrogativa de nombrar al candidato del PRI para ocupar el
Ejecutivo Federal. Concomitantemente, el Partido ha dado otro
gran paso histórico: su democratización interna,
sin duda la cuarta etapa en su evolución, impulsada, reiteramos,
por Ernesto Zedillo Ponce de León.
De
entre las opciones de nominación de candidatos que enfrentan
todos los partidos del mundo cerradas, semiabiertas y abiertas,
nuestro Partido optó por la más amplia: la consulta
a la base militante y a los ciudadanos. Es el único partido
mexicano que lo ha hecho. La filosofía que subyace en esta
decisión, consiste en promover la competencia interna para
obtener mayor cohesión, consistencia, mejores candidatos,
y sobre todo, unidad para vencer a los otros partidos.
Se
apuntala así un presidencialismo democrático y el
PRI, una vez más, se aviene a los deseos y aspiraciones
de la mayoría de la sociedad mexicana. En síntesis,
no se puede entender a nuestra sociedad moderna, plural, crítica
y tolerante, construida por los mexicanos del siglo XX, sin las
aportaciones definitivas que el PRI ha formulado y realizado a
favor de la nación mexicana.
¡Qué
feliz ocasión para celebrar con este cambio fundamental
los diez años de examen!
José
Antonio González Fernández
Presidente del Comité Ejecutivo Nacional